La Política arancelaria de Donald Trump: ¿un retorno al proteccionismo o una estrategia de negociación?
Foto: The White House: Wikimedia Commons

La Política arancelaria de Donald Trump: ¿un retorno al proteccionismo o una estrategia de negociación?

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La manera como Trump ha manejado el tema ha llevado a muchos analistas y políticos a preguntarse si en realidad se trata de una estrategia de política comercial sólida o simplemente de una táctica de negociación para obtener beneficios de otros países.

Como ya lo había anunciado en su campaña presidencial, desde el 20 de enero Donald Trump retomó la política comercial basada en aranceles que ya había aplicado durante su primer mandato (2017-2021). No sin razón ha señalado en diversas ocasiones que su palabra favorita es aranceles, la “más bonita del diccionario”. Y ha declarado que el 2 de abril será el “Día de la Liberación”, fecha en la que planea una escalada radical de su política comercial, al imponer aranceles a los principales socios comerciales de Estados Unidos y acabar con las normas que rigen el comercio global.

Los aranceles son impuestos que se aplican a los bienes importados de otros países. Generalmente, estos aranceles representan un porcentaje del valor del producto. Las empresas que importan estos productos deben pagar el impuesto al Gobierno, y es posible que trasladen parte o la totalidad de este costo a los consumidores.

Sin embargo, la manera como Trump ha abordado el tema ha llevado a que los analistas y políticos se pregunten si se trata verdaderamente de una estrategia de política comercial o simplemente de una táctica de negociación para obtener algo de otros países. La crítica principal radica en que no se percibe una línea clara entre la protección de intereses económicos y la búsqueda de concesiones políticas. Tal vez, la “palabra más bonita del diccionario” es también la más polémica. Veamos qué tan válidos son estos cuestionamientos. 

La política comercial de “América Primero”

El enfoque de política comercial de Trump está basado en la idea de que otros países, especialmente China, se han beneficiado de acuerdos comerciales injustos en detrimento de la economía y los trabajadores estadounidenses. Para resolver este problema ha propuesto una estrategia comercial, America First Trade Policy, que persigue tres objetivos principales:

  1. Reducir el déficit comercial: Estados Unidos ha mantenido por décadas un déficit comercial elevado, especialmente con China. Trump busca revertir esta situación mediante aranceles que encarezcan las importaciones y fomenten la producción nacional.
  2. Proteger la industria manufacturera y el empleo: Argumenta que la competencia extranjera, especialmente desde China y México, ha debilitado sectores clave como la manufactura y la producción de acero.
  3. Forzar renegociaciones de acuerdos comerciales: También busca utilizar los aranceles como herramienta de presión para renegociar tratados como el  Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que fue reemplazado por el  Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El principal instrumento para la implementación de esta estrategia es la imposición de aranceles. Lo cual, sin embargo, no es tan simple si se tiene en cuenta que actualmente los aranceles se encuentran regulados por la Organización Mundial del Comercio y los acuerdos regionales. 

Por tal razón, y para evadir cualquier demanda ante estas organizaciones, la imposición de aranceles que se inició a partir del 20 de enero de este año se ha justificado primordialmente con base en la seguridad nacional del país. Para lo cual ha hecho uso de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que autoriza al presidente de Estados Unidos a tomar medidas para ajustar las importaciones de bienes o materiales si se considera que la cantidad o las circunstancias de dichas importaciones amenazan la seguridad nacional. Las investigaciones son llevadas a cabo por el Departamento de Comercio y terminan con un informe del secretario de Comercio recomendando cursos de acción.

Por ejemplo, las restricciones a la importación de aluminio (11/02/2025),  la importación de cobre (25/02/2025) y a las importaciones de madera y madera aserrada (01/03/2025) se basaron en las recomendaciones que resultaron de la aplicación de este procedimiento (Sección 232),  a pesar de que claramente se trata de medidas que buscan proteger la industria nacional. 

Mas recientemente, el 26 de marzo anunció la imposición de un arancel del 25% a los automóviles y autopartes no fabricadas en Estados Unidos a partir del 2 de abril, también con fundamento en razones de seguridad nacional. Su principal objetivo es revitalizar la industria automotriz nacional al fomentar la producción y el ensamblaje de vehículos dentro del país, así como revertir los efectos de décadas de outsourcing y fabricación en países donde los costos laborales son más bajos, como México y China. Al encarecer las importaciones, se espera que las compañías automotrices se vean incentivadas a establecer plantas de producción en Estados Unidos, con lo cual crean empleo y fortalecen la economía nacional. De hecho, ya algunas empresas como Hyundai y Honda han planteado la posibilidad de iniciar inversiones en Estados Unidos.

Estos aranceles, justificados bajo la cláusula de seguridad nacional, no solo apuntarían a proteger sectores estratégicos, sino también a restablecer la competitividad de la industria estadounidense frente a sus rivales internacionales.

Foto: Ford Motors Co: Wikimedia Commons

Los aranceles como herramientas de política exterior y seguridad

Sin embargo, la cláusula de seguridad nacional también ha abierto la puerta para vincular otros criterios como la lucha contra las drogas y el terrorismo. Y es esto lo que ha llevado a que se piense que el objetivo de las medidas va más allá de los temas de comercio. Este uso amplio de la cláusula permite justificar aranceles y restricciones no solo como medidas proteccionistas, sino también como herramientas de política exterior. 

Las recientes imposiciones a México y Canadá por supuestos incumplimientos en la lucha contra el tráfico de fentanilo, y a China por el suministro de opioides sintéticos, son un buen ejemplo. Especialmente si se tiene en cuenta que estas decisiones de política han sido enmendadas posteriormente, a medida que se ha ido negociando con los respectivos países temas estratégicos para Estados Unidos. 

Otro ejemplo del empleo de aranceles con fines que van más allá del comercio ha sido la imposición de un arancel del 25% a todos los bienes importados a Estados Unidos desde cualquier país que importe petróleo venezolano, directa o indirectamente, a partir del 2 de abril de 2025. Aunque esta medida se basa también en razones de seguridad nacional, va más allá al tratarse de sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro:

“(…) DONALD J. TRUMP, presidente de los Estados Unidos de América, considera que las acciones y políticas del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela continúan representando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. Las actividades de la pandilla Tren de Aragua, una organización criminal transnacional originaria de Venezuela y designada como Organización Terrorista Extranjera y Organización Terrorista Global Especialmente Designada, han intensificado esta amenaza, como se destaca en la Proclamación 10903 del 14 de marzo de 2025 (Ley de Invocación de Enemigos Extranjeros Respecto a la Invasión de los Estados Unidos por el Tren de Aragua). Además, las continuas acciones desestabilizadoras de Venezuela, incluido su apoyo a actividades ilícitas, exigen nuevas medidas económicas para proteger los intereses de Estados Unidos”. (Traducción de la autora)

Este tipo de situaciones, al igual que el incidente con Colombia a finales de enero, cuando el presidente Petro se negó a recibir los deportados que iban encadenados y Colombia fue amenazada con la imposición de aranceles a todos sus productos, pone en evidencia cómo los aranceles y las restricciones comerciales pueden convertirse en instrumentos de disuasión y presión en la arena internacional.

Riesgos y repercusiones del uso de aranceles

El uso de aranceles como herramienta de política es una estrategia que, aunque efectiva en ciertos contextos, puede acarrear riesgos significativos para la economía y la estabilidad política. 

En primer lugar, imponer aranceles sobre productos importados puede tener un impacto directo en los precios internos. En el caso del sector automotriz, por ejemplo, un arancel del 25% sobre un automóvil valorado en US$30.000 implicaría un cargo adicional de $7.500. Este aumento en los costos se traslada inevitablemente a los consumidores, quienes deben pagar más por los bienes afectados, lo que puede llevar a una reducción de la demanda y desencadenar una recesión económica. 

Cuando los costos de producción aumentan y las importaciones se encarecen, las empresas pueden enfrentar dificultades para mantener su competitividad, lo que lleva a una disminución de la actividad económica y del empleo. En casos extremos, este tipo de medidas puede provocar una desaceleración económica generalizada que afectaría a muchos sectores. 

En Estados Unidos el riesgo de una recesión ya ha empezado a discutirse. Algunos economistas estiman una probabilidad del 40% de una recesión, citando factores como los aranceles, la incertidumbre política y la desaceleración del crecimiento económico, aunque otros siguen siendo más optimistas. Algunas previsiones apuntan a un descenso del crecimiento del PIB. Ya en el primer trimestre de 2025, los mercados financieros han mostrado signos de inestabilidad. El S&P 500 ha caído a su nivel más bajo desde septiembre del año anterior, lo que refleja las crecientes preocupaciones sobre el futuro económico. La volatilidad del mercado ha llevado a que los inversionistas sean más cautelosos, lo que reduce la inversión y afecta el crecimiento económico a nivel global.

Otro riesgo inherente al uso de aranceles es la posibilidad de generar guerras comerciales. Cuando un país impone aranceles, los países afectados suelen responder con medidas similares, creando un ciclo de represalias que perjudica a ambas partes. Un ejemplo destacado es la tensión entre Estados Unidos y China, donde la imposición de aranceles sobre productos tecnológicos y agrícolas puede llevar a una escalada de represalias que afectará a numerosas industrias y mercados globales. Por el momento China ha respondido imponiendo aranceles  del 10% al 15% sobre los productos agrícolas estadounidenses, el carbón, el gas natural licuado, las camionetas pick-up y algunos autos deportivos. Y tiene en la mira la imposición de restricciones a empresas estadounidenses de aviación, defensa y tecnología y ha anunciado una investigación antimonopolio contra Google. Canadá, por su parte, también les impuso aranceles del 25% a los bienes importados de Estados Unidos a partir del 4 de marzo de 2025. Estos aranceles permanecerán vigentes hasta que Estados Unidos elimine sus aranceles contra los productos canadienses. La lista de productos afectados incluye aves de corral, carne, lácteos y otros productos. Igualmente se teme que ocurra con la Unión Europea, que ya está preparando medidas para responder a los aranceles al sector automotriz que entrarán en vigencia la próxima semana. 

Las guerras comerciales también pueden tener repercusiones en la economía global, como se mostró en los años 30, cuando contribuyeron a extender la duración de la Gran Depresión. La incertidumbre generada puede desestabilizar mercados financieros, alterar cadenas de suministro y disminuir la inversión extranjera. La falta de previsibilidad y la posibilidad de cambios drásticos en las políticas económicas disuaden a los inversionistas, quienes requieren un entorno estable y seguro para realizar sus inversiones. Sin la seguridad necesaria, las inversiones se vuelven escasas y, en consecuencia, el crecimiento económico se ve seriamente afectado. Así mismo, la volatilidad que estas medidas introducen en el mercado puede exacerbar los problemas económicos existentes y crear un ciclo de inestabilidad difícil de romper.

Por lo pronto, solo queda la esperanza de que el “día de la liberación” no se transforme en la “noche de la incertidumbre”.

Le recomendamos: La segunda era Trump: estigmatización y criminalización de la migración venezolana

Acerca del autor

Marcela Anzola
marcelaanzola@razonpublica.org.co | + posts

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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