Narco-novelas e historia inmediata | Razón Pública
Inicio COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA NARCO-NOVELAS E HISTORIA INMEDIATA

NARCO-NOVELAS E HISTORIA INMEDIATA

Escrito por Vladimir Montana

La próxima emisión de una narco-novela protagonizada por Sofía Vergara y la publicación del libro de Carlos Lehder, han hecho que vuelva a colación la vieja disputa entre los defensores de la honra nacional y los adeptos al libre mercado de nuestra imagen-país.

Sin ninguna duda la historia del narcotráfico debe conocerse, y no porque “quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo” como expiaron sus culpas –en forzado cliché- los creadores de El Patrón del Mal, sino porque esta lectura del pasado permitirá resolver algunas dudas de nuestra situación presente como país, como región, como comunidad, como barrio, como familia e incluso como personas. La sociedad colombiana requiere, y merece, escuchar las historias de los mafiosos para entender el contexto de la muerte de algún vecino, el enriquecimiento o la desaparición súbita de un amigo del barrio.

Demeritar las narconovelas por razones moralistas y no técnicas o estéticas, sobre todo en una defensa chauvinista, le ayuda muy poco a un país que requiere recuperar su memoria cotidiana. El predominio del tema narco en televisión no obedece solamente a una lucha entre lo comercial y el orgullo nacional, sino al contraste entre las crisis y contingencias de unas disciplinas históricas que no han podido divulgar y hacer circular sus conocimientos entre públicos más amplios. Comencemos.

Como primera medida, debemos tener en cuenta que tenemos un nuevo escenario historiográfico relativo a nuestra historia reciente. Hoy han aparecido relatos de testigos o supuestos testigos privilegiados que otrora parecían inaccesibles. Esto se debe a factores contingentes como la salida de presos de cárceles, la muerte de los viejos capos, el encarcelamiento o muerte de los segundones o “lava-perros”, el debilitamiento de sus estructuras y el afán de lucro de sus familiares, exesposas, amantes, infiltrados, etc. El punto es que tenemos una nueva raza traquetos devenidos “escritores” que, desde la comodidad del exilio, se hacen llamativos por hurgar el pasado de algún político corrupto. Por su parte, toda esta gente encontró, de repente, que la “literatura” (bueno, digamos, mejor: el asociarse a un editor para que organice sus infaustas experiencias) representa un excelente plan de jubilación para volver, de alguna manera, a la celebridad en otra dimensión del bajo mundo.

Estos relatos, que por razones de seguridad habían estado cerradas a procesos académicos de investigación, logran fácilmente la atención de editores y productores de televisión. De manera concomitante, la ausencia de contexto y la orfandad en cuanto a mecanismos de ponderación de verdades o explicaciones, han propiciado el advenimiento de un sin número de youtubers que explican “quién es quién” en cada narco-novela, acondicionando sus contrastes con otras producciones de televisión. Son los creadores de contenido y no los académicos, entonces, quienes están coadyuvado a construir los relatos de historia inmediata.

Las historias académicas, pues, se niegan a reconocer que el éxito de las series históricas (ver el éxito de Vikingos) tiene que ver con la resistencia narrativa de los caudillos, mártires y anti-héroes o el desarrollo de hechos atroces que llaman el interés por el pasado. Estamos en una época en que las narrativas de personajes con caracteres éticos y morales completamente definidos no resultan creíbles.  En efecto, la “opinión pública” se interesa cada vez más por antihéroes que le identifiquen y es por ello que no pierde el interés en personajes y acontecimientos nefastos.

Y mientras las narco-narrativas se expanden, en la academia estamos amarrados a una repulsión al acontecimiento y al personaje, tal como lo enseñó la teoría histórica del siglo XX, y principalmente de la Escuela de los Anales. Se me dirá que confundo History con Story, lo cual es cierto en alguna medida, pues supongo que el hacer historia es traer el pasado al presente y no difuminarlo en investigaciones futuras.

En cierta medida, la incapacidad de las disciplinas históricas para leer esta nueva cultura mediática sobre la historia inmediata tiene explicaciones en la crisis misma del sistema universitario. De un lado, tenemos aquella endogamia del campo académico, que limita el ejercicio y reconocimiento profesional a quienes triunfan en esas revistas indexadas en Estados Unidos, restringiendo el acceso tanto a autores como a públicos neófitos. Del otro lado, y no es menos significativo, tenemos la sobrevivencia de un sesgo epistemológico que se relaciona con el fetiche del historiador a trabajar sobre fuentes y fondos documentales de naturaleza serial, desconociendo y prejuzgando el lugar de las narco-obras (y similares) como fuentes de atención científica.

La escasa divulgación y circulación de saberes, y el nimio interés por generar estrategias de divulgación del saber académico, ha llevado entonces a que sean los guionistas y narco-autores quienes asuman la tarea de abordar la historia inmediata del país. Mucho se criticó la presentación del Matarife en el CNMH, y aunque dicho documento es una compilación de refritos del narco-mundo que rodea a Uribe Vélez, y no presenta nada nuevo, es inobjetable que, en sus primeras entregas, proporcionó una síntesis y alcance que ojalá hubieran tenido los informes de la Comisión de la Verdad.

El divorcio de las narrativas académicas con los relatos hegemónicos es una realidad cada vez más evidente, y la clave para interrumpir este problema es lograr entrar en el mundo del audiovisual.  Investigaciones relevantes como La Parábola de Pablo o La Mala Hierba, solamente trascendieron a públicos más amplios después de convertirse en narco-novelas.

El impulso a la historia inmediata, como alternativa a la narco-novela, implica, sin embargo, generar una apertura metodológica que asuma la nueva realidad historiográfica, incluyendo las “historias” del Tik-Tok de algún político convicto o el canal Youtube del narco-finado Popeye. De no asumir esta nueva realidad historiográfica, la historia inmediata la seguirán escribiendo narcos, guionistas y youtubers. No puede olvidarse que la historia reciente de Colombia es, en gran medida, la historia del narcotráfico.

Artículos Relacionados

1 Comentario

Miguel Ángel Vargas enero 23, 2024 - 11:26 am

Muy novedoso e interesante punto de vista sobre la construcción y apropiación de la historia inmediata en Colombia. La imagen de Pablo Escobar no parte de los estudios académicos sino de la narco novela El patrón del.mal. Griselda Blanco entrará en la historia nacional a través de la série de Netflix.

Responder

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies