El Pico y placa en Bogotá: ¿una Tragedia de los Comunes? - Razón Pública
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El Pico y placa en Bogotá: ¿una Tragedia de los Comunes?

Escrito por Marcela Anzola
Marcela Anzola

marcela anzolaMás que un asunto de derechos de propiedad o de ejercicio de la libertad, la congestión de tráfico en Bogotá plantea un problema  de consenso sobre la necesidad de racionalizar el uso de un bien público escaso: las vías de la ciudad.

Marcela Anzola

Bogotá y un señor Hardin

Las  discusiones, marchas y protestas que han suscitado  las recientes medidas adoptadas por la Alcaldía Mayor para restringir el tránsito vehicular privado traen a la mente un artículo publicado por  Garret Hardin en 1968  bajo el titulo de "The Tragedy of Commons"[1]. En este artículo Hardin analiza el problema del crecimiento demográfico como un asunto de administración de recursos escasos – territorio y  alimentos, principalmente- cuya solución no se encuentra en el área de la ciencia y la tecnología, sino en la aceptación de ciertas restricciones que tienen por objeto reglamentar el uso de los bienes públicos (espacio, medio ambiente y otros).              

Del artículo de Hardin es importante subrayar dos conclusiones básicas: primera,   el hecho de que muchos problemas que se plantean en la vida real no tienen una solución técnica; y segunda, que un concepto de libertad sin restricción  alguna  puede conducir a la pérdida de libertad en otros ámbitos de la vida.

La parábola de los pastores

Hardin ilustra el problema mediante una parábola:

"(…) Imagine un pastizal abierto para todos. Es de esperar que cada pastor tratará de mantener en los prados comunes tantas cabezas de ganado como le sean posibles. Este arreglo puede funcionar razonablemente bien durante siglos, gracias a que las guerras tribales, la caza furtiva y las enfermedades mantendrán los números tanto de hombres como de animales por debajo de la capacidad de carga de las tierras. Finalmente, sin embargo, llega el día de ajustar cuentas, es decir, el día en que se vuelve realidad la largamente soñada meta de estabilidad social. En este punto, la lógica inherente a los recursos comunes inmisericordemente genera una tragedia. Como un ser racional, cada pastor busca maximizar su ganancia. Explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente, se pregunta, ¿cuál es el beneficio para mí de aumentar un animal más a mi rebaño? Esta utilidad tiene un componente negativo y otro positivo:

1. El componente positivo es una función del incremento de un animal. Como el pastor recibe todos los beneficios de la venta, la utilidad positiva es cercana a +1.

2. El componente negativo es una función del sobrepastoreo adicional generado por un animal más. Sin embargo, puesto que los efectos del sobrepastoreo son compartidos por todos los pastores, la utilidad negativa de cualquier decisión particular tomada por un pastor es solamente una fracción de -1.

Al sumar todas las utilidades parciales, el pastor racional concluye que la única decisión sensata para él es añadir otro animal a su rebaño, y otro más…  Pero esta es la conclusión a la que llegan cada uno y todos los pastores sensatos que comparten recursos comunes. Y ahí está la tragedia. Cada hombre está encerrado en un sistema que lo impulsa a aumentar su ganado en forma ilimitada en un mundo limitado. La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta en la ruina para todos."

Los pastores y los bogotanos

Si esta situación se traslada a la del tráfico vehicular en Bogotá, el resultado es el siguiente.  Para nadie que deba movilizarse en la ciudad es un secreto que el tráfico es un caos: distancias que en situaciones normales podrían recorrerse en 10 ó 15 minutos pueden tomar horas,  incluso en horas no pico. Se han adoptado algunas medidas, sin éxito alguno: restricciones  durante las horas  pico, mejoras en el servicio público –  Transmilenio – y ampliación y modernización de las redes viales.

El poco impacto de estas medidas se debe a que cada día aumenta más y más el parque automotor. El bajo precio de los automóviles (producto de la revaluación del peso en los pasados años) así como los bajos precios de los combustibles han incentivado la adquisición de automóviles. Y así como los pastores de la parábola de Hardin, los ciudadanos han encontrado beneficios individuales en la adquisición de un auto: comodidad en el transporte, reducción de gastos, facilidades para movilizarse cuando se trabaja a domicilio, etcétera.

Sin embargo, y siguiendo con la parábola de Hardin, el problema es que todos estos posibles beneficios no son exclusivos de una persona, sino que todos los ciudadanos pueden estar en condiciones de percibirlos, y por tanto todos tienen incentivos para adquirir un auto. A medida que más y más habitantes adquieren un auto y lo utilizan más intensamente, la movilidad se va volviendo más y más difícil.

Esto lleva a preguntarse si el ejercicio ilimitado del derecho a poseer y usar un auto no estará actuando en forma perversa, afectando la productividad y la competitividad de la ciudad, con fuerte detrimento en el patrimonio de los individuos. Esto sin tener en cuenta los efectos sobre el medio ambiente, producto de la superpoblación vehicular. ¿Por qué en la Capital las enfermedades de las vías respiratorias están entre las de mayor incidencia? 

La libertad tiene límites

No es fácil solucionar  un problema de este tipo, puesto que cualquier camino que se tome implicará la pérdida de beneficios individuales inmediatos, como es  el derecho a usufructuar  un automóvil, bien sea como herramienta de trabajo o de esparcimiento.

Pero hay que tener en cuenta que cuando todos los ciudadanos ejercen su derecho al mismo tiempo sobre un bien que es limitado -en este caso, el espacio- la única solución posible es restringir el uso de manera coordinada, de modo tal que todos puedan hacer uso del espacio público, pero en tiempos diferentes, limitados por el derecho de los otros. De lo contrario, en el mediano plazo si todos ejercen sus derechos al mismo tiempo, el derecho quedará prácticamente  anulado o más restringido por la imposibilidad de movimiento. 

Se trata básicamente de lograr un consenso sobre la necesidad de que el manejo del parque automotor esté sujeto a medidas restrictivas, incluso más fuertes que las actuales. Esto implica además un compromiso por el cumplimiento de las mismas. Sólo si se logra  este consenso podremos tener   una ciudad más vivible y funcional para el desarrollo de las actividades económicas. De  lo contrario la ciudad se verá abocada a un caos en un plazo no muy lejano, con consecuencias graves para la economía y el medio ambiente. De acuerdo con esto las actuales propuestas deberían orientarse a exigir un mejor transporte público, más seguridad en las calles, y la búsqueda de otras alternativas al uso del  automóvil privado.             

Finalmente, parafraseando a Hardin, la única manera en que en un mundo con recursos escasos se puedan preservar las libertades más preciadas -como la salud o la movilidad – es renunciando parcialmente a otras libertades como el usufructo de ciertos derechos de propiedad, y mas bien comprender que "la libertad es el reconocimiento de la necesidad". Solamente así se podrá poner fin a la tragedia de los recursos comunes. 

 

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL.M. Universidad de Heidelberg, Lic.oec.int Universidad de Konstanz, se desempeña como consultora en las áreas de comercio internacional, inversión extranjera y corrupción.           

twitter1-1@marcelaanzola

Nota de pie de página


[1]Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248.

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