Elecciones en Estados Unidos: gobernabilidad sin control político
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Elecciones en Estados Unidos: gobernabilidad sin control político

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La victoria de Trump podría intensificar la polarización y la concentración de poder, afectando la democracia y las relaciones internacionales. Colombia podría enfrentar menos apoyo en seguridad y desarrollo.

Gobernabilidad y democracia 

La contundente victoria de Donald Trump, aunque anticipada por algunos, ha sorprendido al ser la primera en dos décadas en la que un candidato republicano no solo gana el voto popular, sino que además asegura una mayoría significativa en el Congreso. En contraste con las predicciones de los analistas, que auguraban una contienda muy reñida, los resultados han sido claros y decisivos, dejando lecciones importantes, así como consecuencias y desafíos inmediatos que merecen un análisis profundo.

La elección de un presidente con el respaldo del voto popular y el control mayoritario del Congreso son eventos trascendentales en cualquier sistema democrático. Este fenómeno trae implicaciones profundas para la gobernabilidad, el equilibrio de poderes y la calidad democrática. Cuando un presidente cuenta tanto con el apoyo mayoritario del electorado como con una mayoría en el Congreso, se facilita la implementación de su agenda política. No obstante, esta situación también conlleva riesgos debido a la posible concentración de poder.

En una democracia, la separación de poderes es esencial para prevenir el abuso de autoridad y asegurar la representación de diversas voces y perspectivas. Un Congreso dominado por el mismo partido del presidente puede reducir los contrapesos efectivos, permitiendo la aprobación de políticas sin el debido escrutinio y debate. Lo anterior podría debilitar la calidad de la democracia al disminuir el equilibrio entre las ramas del gobierno y aumentar el riesgo de una «dictadura de la mayoría».

En el caso particular de Donald Trump, estos riesgos son especialmente reales, ya que cuenta con la legitimidad y el margen de gobernabilidad suficientes para llevar a cabo sus polémicas propuestas de campaña. Si a esto se suma que dispondrá de una Corte Suprema en la que seis de los nueve jueces fueron nominados por su partido —tres de ellos seleccionados por él mismo en su mandato anterior—, es muy probable que pueda imponer su agenda con pocos obstáculos.

No se debe pasar por alto que la victoria de Trump en estas elecciones fue el resultado de factores estratégicos y contextuales que le permitieron recuperar la presidencia. A pesar de un entorno mediático adverso y de varios desafíos legales, Trump logró galvanizar a sus seguidores con una narrativa nacionalista y autoritaria.

Su nacionalismo se basa en la exaltación del patriotismo y la soberanía, priorizando los intereses de Estados Unidos sobre los acuerdos internacionales y las alianzas tradicionales. Esta postura ha resonado entre aquellos que sienten que la inmigración, la globalización y las políticas de libre comercio han provocado desindustrialización y pérdida de empleos en varias regiones del país. 

Trump ha sabido capitalizar este descontento, prometiendo devolver la grandeza a Estados Unidos a través de políticas proteccionistas, restricciones migratorias y un discurso que subraya la identidad y la unidad nacional frente a amenazas tanto externas como internas.

A esto se suma su carácter autoritario, marcado por una tendencia a concentrar poder y desestimar los mecanismos de control y equilibrio establecidos en el sistema político estadounidense. Durante su mandato anterior, mostró inclinación por gobernar mediante decretos, minimizando el papel de las instituciones democráticas y debilitando la independencia judicial.

Consecuencias internas 

La concentración de poder en el ejecutivo y el legislativo podría tener profundas y variadas consecuencias para Estados Unidos. En el ámbito interno, la falta de un contrapeso efectivo podría facilitar la implementación de políticas unilaterales que profundicen la polarización social y política, así como acciones para extender estas políticas más allá del mandato presidencial. 

Por ejemplo, ya se está discutiendo la posibilidad de asegurar una Corte Suprema con mayoría republicana a largo plazo. Algunos asesores de Trump incluso sugieren que los jueces Alito y Thomas, de 74 y 76 años respectivamente, se retiren, permitiendo así nombrar sus reemplazos mientras el Congreso mantiene la mayoría.

La retórica polarizadora y agresiva que caracteriza a Trump podría llevar a un escenario en el que se deslegitime a la oposición, a los medios críticos y a las organizaciones civiles, en detrimento de los principios de una democracia pluralista. Lo anterior podría traducirse en un ambiente político más tenso y conflictivo, donde el diálogo y la cooperación entre partidos se vean obstaculizados. La falta de consenso y la imposición de medidas sin un debate amplio y representativo pueden resultar en una gobernabilidad ineficaz y en la adopción de políticas que no reflejen las necesidades y preocupaciones de todos los ciudadanos.

Las políticas económicas proteccionistas que propone Trump, aunque podrían beneficiar a ciertos sectores industriales a corto plazo, pueden tener efectos negativos a largo plazo. En junio de este año, 16 economistas galardonados con el Premio Nobel firmaron un comunicado alertando sobre el riesgo de inflación que representan estas políticas. Es probable que las medidas arancelarias y las restricciones al comercio internacional se intensifiquen, afectando el crecimiento económico global y exacerbando las disputas comerciales existentes.

El enfoque unilateral y proteccionista de Trump podría intensificar las tensiones comerciales con potencias como China y la Unión Europea, afectando negativamente las exportaciones estadounidenses y encareciendo los productos importados. Se anticipa que dicha medida provocará un aumento en los precios para los consumidores y una desaceleración del crecimiento económico. Además, la falta de cooperación internacional en materia económica podría reducir la competitividad de Estados Unidos en un mercado global cada vez más interconectado.

En cuanto a la política migratoria, las restricciones y la retórica anti-inmigrante de Trump podrían tener consecuencias sociales y económicas significativas. La deportación masiva que propone, junto con las barreras a la entrada de inmigrantes, afectaría a sectores clave de la economía que dependen de la mano de obra extranjera, como la agricultura, la construcción y los servicios. 

Además, se ignora que, debido a la pirámide etaria cada vez más envejecida, la inmigración es crucial para financiar la seguridad social y los costos asociados a los jubilados. Por otro lado, la estigmatización de los inmigrantes podría alimentar el racismo y la xenofobia, debilitando la cohesión social y exacerbando las divisiones dentro de la sociedad estadounidense.

Foto: Wikimedia Commons - Desde ya se está hablando de la necesidad de asegurarse una Corte Suprema con mayoría republicana a largo plazo.

Consecuencias externas

En el ámbito de la geopolítica, las políticas de Trump podrían desencadenar un realineamiento de los poderes globales. Rusia y China podrían aprovechar las tensiones internas y las políticas aislacionistas de Estados Unidos para expandir su influencia en regiones estratégicas como el Medio Oriente, África y América Latina. Este escenario podría llevar a una reconfiguración del orden mundial, caracterizada por una disminución relativa del poder y la influencia estadounidense.

La retórica nacionalista y polarizadora de Trump podría intensificar las divisiones globales y alentar el surgimiento de movimientos populistas y autoritarios en otros países. El ejemplo de Trump podría ser utilizado por líderes de todo el mundo para justificar la erosión de las instituciones democráticas y la concentración de poder, lo que pondría en riesgo la estabilidad y la democracia en diversas regiones.

En términos de alianzas tradicionales, la OTAN y otras asociaciones multilaterales podrían verse debilitadas. Trump ha criticado reiteradamente a la OTAN, exigiendo que los aliados europeos aumenten su gasto en defensa. Dicha postura podría generar fricciones y desconfianza entre los miembros de la alianza, lo que, a su vez, afectaría la cohesión y la eficacia de la OTAN.

En cuanto a la disputa entre Ucrania y Rusia, se espera que la postura de Trump sea menos confrontacional con Rusia en comparación con la administración anterior. Durante su primer mandato, Trump mostró una disposición a mejorar las relaciones con Rusia, lo que generó críticas tanto a nivel nacional como internacional. Es probable que su enfoque en un segundo mandato siga una línea similar, buscando reducir las tensiones mediante negociaciones bilaterales y limitando el apoyo militar y económico a Ucrania. 

Ese enfoque podría provocar un cambio en la dinámica del conflicto, con posibles concesiones a Rusia que podrían ser vistas como una traición a los intereses ucranianos y a los principios de soberanía territorial defendidos por otros aliados occidentales. No obstante, esta postura también podría generar fricciones con los miembros de la OTAN, que han mantenido una postura más firme contra la agresión rusa. 

La percepción de una política exterior estadounidense menos comprometida con la defensa de Ucrania y más inclinada hacia el aislamiento podría debilitar la cohesión entre los aliados y aumentar la presión sobre los líderes europeos para que asuman un papel más activo en la resolución del conflicto.

En lo que respecta al conflicto entre Israel y Palestina, se espera una inclinación aún más pronunciada hacia Israel. Durante su primer mandato, Trump trasladó la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, reconoció los Altos del Golán como territorio israelí y presentó un plan de paz que fue ampliamente rechazado por los palestinos, quienes lo consideraron excesivamente favorable a los intereses israelíes. 

Es probable que estas políticas refuercen las posiciones de Israel y promuevan la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados. Dicha postura podría aumentar las tensiones en la región al provocar una mayor resistencia por parte de los palestinos y posibles enfrentamientos. La falta de un enfoque equilibrado y la marginalización de los intereses palestinos reducirían las posibilidades de una negociación efectiva y duradera, exacerbando la inestabilidad, la radicalización de las facciones más extremistas y el aumento de la violencia.

Además, la política exterior de Trump, caracterizada por un enfoque unilateral y transaccional, podría implicar menos cooperación con la comunidad internacional en la búsqueda de una solución al conflicto. La retórica y las acciones de Trump podrían erosionar aún más la confianza en el proceso de paz, alejando la posibilidad de una solución de dos estados y perpetuando el ciclo de violencia y represión.

En cuanto a las posibles consecuencias para Colombia, la postura de Trump hacia la región podría afectar la cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Aunque durante su primer mandato Trump mostró interés en abordar estos problemas, es posible que adopte una política más aislacionista y reduzca el apoyo financiero y logístico a Colombia. 

Si se debilitan los esfuerzos del país en la lucha contra estos desafíos, podría aumentar la violencia y la inseguridad interna. Además, se anticipa una reducción en la cooperación en áreas clave como el medioambiente, los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

En resumen, el próximo mandato de Trump podría marcar un periodo de incertidumbre y volatilidad, con repercusiones que se sentirían en múltiples frentes, tanto nacionales como internacionales. La incertidumbre y los desafíos que se avecinan exigirán una capacidad de diálogo y negociación para enfrentar los problemas con eficacia y equidad, una habilidad que Trump no ha demostrado manejar con destreza. 

El principal desafío será ver cómo se reconfigura el tablero político y cómo las fuerzas gobernantes logran trabajar juntas en un entorno de alta polarización. La preocupación radica en que la falta de un contrapeso efectivo podría dar lugar a decisiones unilaterales y a una mayor división en la sociedad estadounidense.

Le recomendamos: Elecciones en Estados Unidos: un proceso electoral complejo y desafiante

Acerca del autor

Marcela Anzola
marcelaanzola@razonpublica.org.co |  + posts

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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