El poder de los símbolos: a propósito del sombrero de Pizarro

El poder de los símbolos: a propósito del sombrero de Pizarro

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El reconocimiento que hizo el Presidente Petro del sombrero del excomandante del M-19 Carlos Pizarro Leongómez como “patrimonio cultural”, desató una polémica esta semana. Tanto que el Ministerio de Cultura tuvo que salir a aclarar que el sombrero no constituye como tal un “bien de interés cultural”, pero tiene “un valor simbólico como representación de la paz y objeto de memoria”.[1]

Esta no es la primera vez que el Presidente acude al uso de símbolos asociados a su pasado con el M-19.  Lo hizo el día de su posesión como Presidente, cuando ordenó llevar la espada de Bolívar a la Casa de Nariño, y más recientemente cuando decretó como día cívico el 19 de abril, fecha de la fundación del M-19, y ondeó su bandera en algunas demostraciones.[2]

Cabe recordar que el M-19 desapareció como grupo el 9 de marzo de 1990, cuando dejo las armas y firmó el Acuerdo Político Final con el gobierno colombiano, al cual se sumó un compromiso de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Por tanto, cabe preguntarse, ¿qué busca el Presidente reviviendo la historia de un grupo que se ha diluido con el pasado de los años, bien porque algunos de sus integrantes fueron asesinados, o porque los que aún quedan han tomado diversos rumbos, algunos bastante lejanos del ideario político original?  La respuesta a estos interrogantes puede tener dos lecturas.

La primera puede estar alineada con la aclaración que hizo el Ministerio de Cultura sobre el reconocimiento del sombrero de Pizarro. Es decir, que se trata simplemente de un acto de reconocimiento y valoración del legado del grupo guerrillero en la historia política y social del país, sin implicar una apología al delito ni una exaltación de la violencia. Esta lectura se basa en la premisa de que el M-19 fue un actor relevante en el conflicto armado colombiano, que tuvo una propuesta política y social alternativa, y que contribuyó a la apertura democrática y a la reforma constitucional de 1991.

Esta lectura, sin embargo, para algunos, deja por fuera que el M-19 cometió graves violaciones de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, que deberían ser investigadas, juzgadas y reparadas.

La segunda, un poco más críptica, puede estar asociada a la discusión que se ha venido dando alrededor de una asamblea constituyente como corolario de la firma del proceso de paz con las Farc. Donde el Presidente, mediante el uso de los símbolos del M-19, estaría haciendo un paralelo con lo ocurrido en ambos procesos de paz, equiparándolos para justificar su idea de convocar una posible asamblea constituyente por fuera de los canales constitucionales, pero con base en el acuerdo de paz.

No obstante, la posibilidad de un asamblea constituyente por esta vía plantea varios problemas, que se pueden resumir así:

  • Puede generar una crisis institucional al poner en riesgo la estabilidad y la vigencia de la Constitución de 1991, que ha sido considerada como un marco normativo garantista de los derechos humanos y las libertades fundamentales.
  • Puede abrir la puerta a intereses particulares o sectarios que busquen modificar la estructura del Estado, el régimen político o el ordenamiento jurídico, sin tener en cuenta el consenso social y el pluralismo democrático.
  • Puede deslegitimar el papel del Congreso de la República como órgano representativo y legislativo, al relegarlo a un segundo plano o suplantarlo por una instancia provisional y transitoria.
  • Puede generar una polarización política y social mayor, al crear expectativas y demandas que no puedan ser satisfechas o que generen resistencias y rechazos de otros sectores de la sociedad.
  • Puede retrasar o entorpecer la implementación de los acuerdos de paz, al desviar la atención y los recursos hacia una reforma constitucional que no es necesariamente esencial para la consolidación de la paz.

Las anteriores, son solo algunos ejemplos, de las posibles lecturas que se le puede dar al uso de la simbología del M-19 por parte del Presidente, así como de las críticas y reacciones que pueden suscitar.  No debe dejarse de lado que el empleo de símbolos no es neutro.  Los símbolos son mucho más que imágenes o signos, son portadores de significados profundos, algunas veces escondidos en el inconsciente social de la ciudadanía, que trascienden el tiempo y el espacio. Pueden transmitir mensajes explícitos o implícitos, y pueden evocar emociones, actitudes o valores, pero también pueden provocar conflicto, rechazo o controversia, dependiendo de quien los interprete.

En un contexto de posconflicto, donde la sociedad está tratando de superar las heridas y las divisiones del pasado, hay que tener cuidado en el uso de símbolos políticos.  Los símbolos pueden ser una herramienta para promover la reconciliación, el reconocimiento y la inclusión, pero también pueden generar polarización, rencor y exclusión, si no se usan con responsabilidad y sensibilidad. Se debe evitar el uso de símbolos que puedan interpretarse como una apropiación indebida o una manipulación de la memoria histórica. En su lugar, se debe buscar el uso de símbolos que reflejen los valores democráticos, la diversidad y el respeto por los derechos humanos, y que contribuyan a la construcción de una cultura de paz.

[1] https://www.mincultura.gov.co/prensa/noticias/Paginas/aclaracion-sobre-el-reconocimiento-del-sombrero-de-carlos-pizarro.aspx

[2] https://www.infobae.com/colombia/2024/05/01/petro-saco-la-bandera-del-m-19-y-envio-contundente-mensaje-no-se-esconde-se-levanta/

Acerca del autor

Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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