Ataque al Congreso de Estados Unidos: ¿el ocaso de Trump? - Razón Pública
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Ataque al Congreso de Estados Unidos: ¿el ocaso de Trump?

Escrito por Marcela Anzola
Marcela Anzola

Con el ataque al Congreso de Estados Unidos, Trump superó las expectativas: se esperaba que fuera caótico, pero no tanto…Hasta su vicepresidente dejó de apoyarlo.

Marcela Anzola*

Trump, cuatro años como presidente

El próximo 20 de enero, cuando Joe Biden se posesione como presidente, concluirá uno de los periodos más polémicos en la historia de Estados Unidos: cuatro años tormentosos  que llevaron al límite la tolerancia de los ciudadanos ante las extravagancias de su presidente; ante los excesos de la policía con la población afroamericana, y ante el aumento de los tiroteos masivos, en los que murieron 261 personas.

A esto se suma el manejo negligente y burdo de la pandemia: se han perdido 380.000 vidas.

En un clima donde cualquier cosa era posible, no sorprendió la renuencia del presidente Trump a reconocer su derrota electoral. Pero la prueba final para las instituciones vendría el 6 de enero cuando el Congreso debía protocolizar los votos del Colegio Electoral.

Después de haber perdido cerca de 80 demandas que objetaban la validez de las elecciones en varios estados y ante diversas cortes —incluida la Corte Suprema— y de tratar de presionar infructuosamente a varios funcionarios estatales para que cambiaran los resultados, Trump intentó jugarse una última carta.

Cuatro años tormentosos acaban el 20 de enero que llevaron al límite la tolerancia de los ciudadanos ante las extravagancias de su presidente

Presiones sobre el Congreso

Durante varias semanas, Trump convocó a sus seguidores para que se hicieran presentes en Washington; les pidió que protestaran contra de la certificación de Joe Biden como nuevo presidente.

La idea era que apoyaran a los congresistas republicanos que iban a objetar la elección, así como al vicepresidente Pence. De acuerdo con la Constitución, Pence debía presidir la sesión ceremonial del Congreso donde se ratifican oficialmente los votos electorales.

El 5 de enero, Trump le propuso al vicepresidente que se rehusara a certificar los votos del Colegio Electoral de varios estados donde perdió las elecciones: Arizona, Georgia, Michigan, Minnesota, Wisconsin y Pensilvania.

Pence había sido sumamente leal al presidente; aun así, se negó y publicó una carta explicando sus razones y reiterando su respeto a la Constitución: “Mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide atribuirme autoridad unilateral para determinar cuáles votos electorales deben contarse y cuáles no”.

Algunos congresistas republicanos imitaron la actitud de Pence, aunque también eran aliados incondicionales de Trump; esto enardeció los ánimos del presidente. Como resultado de esto, se presentó ante una multitud de seguidores reunida en un punto cercano a la Casa Blanca; allí les dirigió un discurso que parecía incitarlos a que irrumpieran en el Congreso e impidieran la certificación.

De este modo, lo que supuestamente debía ser una protesta pacífica se convirtió en un intento de toma del Congreso; algunos lo califican como un intento de golpe de Estado orquestado por el mismo Donald Trump.

Foto: Wikipedia - La turba ingresó al Capitolio e irrumpió la sesión del Congreso en la que se ratificaría la victoria Biden.

Confederados en el Congreso… más de un siglo y medio después

La turba irrumpió en las instalaciones del Congreso, interrumpiendo la sesión de certificación que había comenzado minutos antes. Las instalaciones del Capitolio, paradójicamente, contaban con una guardia precaria; esto ha despertado suspicacias, especialmente cuando se compara con el número de efectivos que protegieron la Casa Blanca durante las protestas para reivindicar los derechos de los afroamericanos frente a los abusos de la policía (Black Lives Matter).

Como resultado, al día siguiente los oficiales encargados de la seguridad del recinto fueron separados del cargo y se abrieron las respectivas investigaciones.

El hecho de que los sediciosos portaran banderas de los estados confederados también causó profundo rechazo. La bandera confederada se considera un símbolo de opresión racista y de supremacía blanca; se ha usado más recientemente para representar la oposición al avance de los derechos civiles.

Al final de la tarde se pudo controlar la situación y evacuar a los intrusos, una vez que llegaron refuerzos policiales y la Guardia Nacional (una fuerza de reserva estatal constituida por voluntarios). Como resultado, murieron cuatro civiles y un policía; apenas uno de los civiles murió a causa de los enfrentamientos.

El Congreso pudo continuar con el proceso de certificación; las deliberaciones concluyeron hacia las 4:00 a. m. del 7 de enero, declarando a Joe Biden y a Kamala Harris como presidente y vicepresidenta de Estados Unidos.

La bandera confederada se considera un símbolo de opresión racista y de supremacía blanca

Una agresión contra Estados Unidos

Este hecho sin precedentes fue un duro golpe para el pueblo estadounidense, equiparable a lo ocurrido en Pearl Harbor o a los ataques del 11 de septiembre. Esta vez, el ataque lo perpetraron ciudadanos norteamericanos, desde adentro.

Como resultado, varios senadores y representantes a la Cámara decidieron no objetar las elecciones de algunos estados donde Trump había perdido, aunque tenían planeado hacerlo; además, varios legisladores republicanos y demócratas condenaron las acciones y culparon al presidente por haber incitado la toma del Congreso.

Pence y los recursos legales

El descontento y estupor es tal que han pedido al vicepresidente que invoque la sección 4 de la enmienda 25 de la Constitución para remover a Trump del cargo.

La enmienda 25 se introdujo en 1967, después del asesinato del presidente John F. Kennedy, en 1963; define el procedimiento en caso de ausencia o incapacidad del primer mandatario en funciones. La sección 4 establece que el vicepresidente y la mayoría de los funcionarios del gabinete pueden votar para declarar la incapacidad del presidente para el cargo.

Después del voto, el vicepresidente y la mayoría del gabinete deben manifestar su decisión enviando una carta a los presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes; entonces, el vicepresidente asumiría la presidencia de inmediato. De aplicarse este procedimiento, la presidencia interina de Estados Unidos pasaría al vicepresidente Mike Pence; él estaría al frente del gobierno hasta el 20 de enero, fecha de posesión del nuevo presidente electo.

La segunda opción que se está analizando es abrir un proceso de destitución (impeachment) contra Trump; en este caso, se lo acusaría de fomentar alzamientos violentos. Este proceso podría comenzar el lunes 11 de enero; si tiene éxito, Trump quedaría inhabilitado para participar en política.

Una tercera opción es pedirle que renuncie y se retire del cargo; en este caso, el vicepresidente asumiría el cargo hasta el 20 de enero.

La urgencia por removerlo del cargo se debe al estupor que causó su conducta y, aún más, al temor por lo que pueda hacer, especialmente con respecto a la seguridad nacional. Se teme que use las armas nucleares bajo su control y comience una guerra para crear una situación de emergencia nacional que le permita quedarse en el poder.

Trump: la soledad del poder

Actualmente, Trump está cada vez más aislado. Varios funcionarios de su equipo han renunciado en rechazo por sus acciones; por ejemplo, dejaron el cargo las secretarias (ministras) de Educación y de Transporte. Sus antiguos aliados en el Congreso evitan que los asocien con él. Sus canales de comunicación se han bloqueado: Facebook, Instagram y Twitter decidieron cerrar sus cuentas, al considerar que podría seguir incitando a la violencia.

Además, es posible que enfrente acusaciones de carácter penal. Por lo tanto, se rumora que ha contemplado un “autoindulto” que lo blinde ante cualquier acusación.

Después de los hechos, Trump se ha pronunciado pocas veces en público: la primera en un video pregrabado, donde prometió la transición pacífica del poder y condenó los hechos ocurridos el 6 de enero; la segunda, para anunciar que no asistiría a la ceremonia de posesión del próximo 20 de enero.

No es muy claro si Trump podrá recuperarse de esto ni si tendrá un futuro político, a pesar del apoyo de buena parte de la población. Lo que sí es claro es el daño que les infirió a las instituciones y a la imagen de su país como un modelo de democracia y un líder de la protección de los derechos individuales; para Estados Unidos no será fácil recuperarse a corto plazo.

Solo queda la esperanza de que el país reconozca los profundos problemas que esta dolorosa y vergonzosa experiencia manifiesta y de que tome las debidas acciones para solucionarlo.

Coda: lamentablemente, Trump superó las expectativas; se esperaba que fuera caótico, pero no tanto.

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