La crisis del sistema internacional - Obsolescencia de las naciones unidas
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LA CRISIS DEL SISTEMA INTERNACIONAL Y LA OBSOLESCENCIA DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS

Escrito por Marcela Anzola

El ataque del ejercito israelí a la ONG World Central Kitchen  mientras prestaba ayuda alimentaria en Gaza, además de desatar la ira del mundo, pone en evidencia el desprecio cada vez más arraigado por  las reglas del sistema internacional encargadas de regular los conflictos internacionales.

Es innegable que uno de los grandes avances del siglo XX fue la consolidación  de un sistema internacional con el objeto de promover la cooperación, el diálogo y la solución pacífica de las controversias entre los estados y los demás actores internacionales. Esta labor se encargó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fundada en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la cual estaba compuesta por un conjunto de órganos encargados de facilitar el cumplimiento de sus funciones: a) La Asamblea General, b) el Consejo de Seguridad, c) el Consejo Económico y Social d) El Consejo de Derechos Humanos, e) La Corte Internacional de Justicia, y la f) la Secretaría.

Después de su creación y a lo largo del siglo XX, la ONU experimentó un proceso de expansión y adaptación a las nuevas circunstancias. El número de estados miembros  aumentó de 51 en 1945 a 193 en la actualidad. Así mismo, la ONU creó diversos órganos especializados, fondos y programas para abordar temas específicos, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre otros.   Entre 1948 y el año 2000, también desplegó más de 70 operaciones de mantenimiento de la paz, proteger a los civiles y asistir en los procesos de transición política. Como resultado, recibió el Premio Nobel de la Paz en cuatro ocasiones: en 1954, por la labor de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados; en 1965, por la contribución de las fuerzas de paz; en 1988, por el apoyo al proceso de desarme; y en 2001, por su trabajo en pro de un mundo mejor organizado y más pacífico.

Su actividad se ha fundado en la idea de crear un orden mundial más justo, democrático y solidario, mediante la acción conjunta y el cumplimiento del derecho internacional. Sin embargo, sus labores empezaron  a verse truncadas con el comienzo del nuevo siglo.

Esto se hizo evidente después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando el entonces presidente George W. Bush decidió invadir Afganistán e Irak sin el respaldo explícito del Consejo de Seguridad de la ONU, argumentando que se trataba de una acción preventiva y legítima para defender los intereses nacionales y la seguridad global. Hasta la fecha, el Consejo de Seguridad, era el encargado de mantener la paz y la seguridad internacionales mediante la adopción de  medidas coercitivas para prevenir o resolver conflictos armados, según lo establece el capítulo V de la Carta de las Naciones Unidas.

Esta decisión socavó la autoridad y la credibilidad del Consejo de Seguridad y abrió la puerta a otras violaciones unilaterales del derecho internacional por parte de actores estatales e internacionales, como efectivamente ha venido ocurriendo en los conflictos entre Ucrania y Rusia e Israel y Palestina.

En estos casos el Consejo de Seguridad, se ha visto paralizado por el veto o la amenaza de veto de sus miembros permanentes, que actúan según sus intereses nacionales y no según los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Así, Rusia ha vetado o bloqueado cualquier resolución que condene su anexión de Crimea o su apoyo a los separatistas del este de Ucrania, mientras que Estados Unidos ha hecho lo mismo con cualquier resolución que critique la ocupación israelí de Palestina o su uso desproporcionado de la fuerza contra los civiles palestinos.

Estas actuaciones han impedido que la ONU pueda ejercer su papel de mediadora, imponer sanciones o enviar misiones de paz a las zonas en conflicto, lo que ha erosionado la credibilidad y la legitimidad de la organización. Además, han supuesto una violación flagrante del derecho internacional, que prohíbe la agresión, la anexión, la ocupación y las violaciones de los derechos humanos.

Algunos de estos problemas se derivan de la propia estructura y funcionamiento de la organización, que refleja el orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial y que otorga un poder desproporcionado a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Otros problemas se deben a las acciones unilaterales y violatorias del derecho internacional de algunos estados, que ignoran o bloquean la voluntad de la mayoría de la comunidad internacional y actúan según sus propios intereses.

Todo esto exige una respuesta urgente y consensuada de la ONU y sus estados miembros, con una propuesta de reforma profunda y democrática de la organización y un compromiso con unos principios y valores que reflejen las necesidades y retos  siglo XXI. De lo contrario, la ONU corre el riesgo de desaparecer.

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