La adhesión inconveniente de Iván Duque a Donald Trump - Razón Pública
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La adhesión inconveniente de Iván Duque a Donald Trump

Escrito por Marcela Anzola
Marcela Anzola

La aparente intervención del gobierno colombiano o del Centro Democrático en la política interna de Estados Unidos podría traernos graves consecuencias.

Marcela Anzola*

Apoyo desatinado

El apoyo del gobierno de Colombia al candidato estadounidense Mauricio Claver-Carone a la Presidencia del Banco Interamericano Desarrollo (BID), así como los rumores sobre el presunto “apoyo a la reelección del presidente Trump” por parte del gobierno del presidente Duque y de su partido, el Centro Democrático, suscitan dudas sobre la conveniencia y la posibles consecuencias que tendrían estas acciones en un futuro de cara a las relaciones con los Estados Unidos, como también con sus homólogos latinoamericanos.

Ruptura de la unidad latinoamericana

El apoyo colombiano a Claver-Carone fue muy polémico: por tradición, el presidente del BID debía ser un latinoamericano, y el vicepresidente, un estadounidense. Tanto es así que los expresidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ernesto Zedillo (México), Felipe González (España), Ricardo Lagos (Chile), Juan Manuel Santos (Colombia) y Julio María Sanguinetti (Uruguay) emitieron una declaración conjunta: según ellos, la postulación es una «agresión a la dignidad latinoamericana».

Trump, sin embargo, decidió romper con esta tradición, después de haber nominado en dos ocasiones (2018 y 2019) a Claver-Carone a la vicepresidencia y de que Luis Alberto Moreno —presidente de la entidad— lo rechazara. Moreno, aparentemente, consideraba que Claver-Carone no tenía «el conocimiento ni la formación ni la experiencia, pero sobre todo el temperamento, para ese cargo».

Un voto equivocado

Para elegir al presidente del BID se necesita el voto de la mayoría de los países, cuyos aportes de capital además representen el 75% del patrimonio de la institución.

Estados Unidos hizo una campaña electoral intensa entre los países latinoamericanos, e incluso se rumora que le ofreció la vicepresidencia ejecutiva a Brasil y un alto cargo a Jamaica. Al final, Claver-Carone tenía la victoria casi asegurada, gracias al apoyo de Estados Unidos (30 % de los votos); Brasil (11,3 %); Colombia (3,1 %), y otros países, como Ecuador, Bolivia, Paraguay y El Salvador. El candidato estadounidense fue elegido a pesar de la oposición de varios países: Argentina (11,3 % de inversiones en el BID) y México (con casi el 7,3 %).

En términos de geopolítica, la decisión de Trump se ha explicado como un intento de contrarrestar la influencia de China en América Latina; pero también se teme que Claver-Carone pueda convertir al BID en una rama del gobierno de Trump. Además, si Trump pierde las próximas elecciones, no es muy seguro que el gobierno demócrata esté dispuesto a apoyar un BID bajo la presidencia de Claver-Carone.

Desde la perspectiva de Colombia, ¿para qué apoyar tan abiertamente esta candidatura? Aparentemente, no era necesario hacerlo, menos en el contexto de una campaña presidencial tan compleja. Algunos argumentan que la certificación antidrogas que Estados Unidos renueva cada año sería un motivo para secundar a Trump; pero no hay una relación clara, ya que desde 1997 Colombia no ha sido descertificada ni ha recibido sanciones. Otros especulan que, tal vez, un colombiano podría ser vicepresidente del BID. Esto último es probable, pero todo dependerá de las aspiraciones de Brasil.

Este apoyo, sin embargo, parece estar más en línea con el deseo del Centro Democrático, y del actual gobierno, de mostrarse abiertamente a favor de las políticas y decisiones del presidente Trump, así como de su reelección.

Colombia en la campaña americana

Es cierto que Colombia y Estados Unidos han tenido mejores relaciones bajo gobiernos republicanos que bajo gobiernos demócratas, incluyendo al gobierno Clinton, que promovió el Plan Colombia.

El partido demócrata ha sido más crítico de Colombia en relación con el comercio y los derechos humanos. Por ejemplo, se mostró reacio al TLC, con el argumento de proteger a sus trabajadores. Recientemente, congresistas demócratas han expresado su preocupación por los derechos humanos en Colombia.

Pero eso no significa que Colombia deba adherirse a un partido político ni, menos aún, intervenir en las elecciones de Estados Unidos. En términos de política puede haber más afinidad con unos que con otros; pero no por eso debe perderse la neutralidad —como ha ocurrido con Venezuela— ni opinar sobre la situación interna del otro país. Esto último podría calificarse como una violación del principio de no intervención.

Estimulado por la actitud del presidente Duque, Trump a su vez ha tomado partido en la política interna de Colombia. Esta misma semana en la Florida, donde el voto latino es decisivo, acusó a su rival Joe Biden de apoyar el proceso de La Habana que entregó el país a los narcotraficantes y disparó los cultivos de coca; luego añadió que Biden había recibido la adhesión del “socialista” (Gustavo) Petro. Él, en cambio, se “alineó con nuestros socios para decomisar más de 720 toneladas de cocaína” y presumiblemente para combatir la amenaza castro-chavista que Petro representaría en Colombia.

foto: Pixabay Si se comprueba que el gobierno colombiano, o el Centro Democrático, están ejerciendo algún tipo de influencia o de apoyo al presidente Trump, podría haber consecuencias para Colombia, aun si el presidente Trump es reelegido.

Intervención prohibida

El derecho internacional sanciona la interferencia en las elecciones de otro país; en Estados Unidos esa intervención es objeto de sanciones internas. La aparente intervención de Rusia en las elecciones del 2016, por ejemplo, se ha calificado como una amenaza a la seguridad nacional.

De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (Department of Homeland Security), la interferencia en las elecciones consiste en «acciones malignas tomadas por gobiernos extranjeros o agentes designados para sembrar discordia, manipular el discurso público, desacreditar el sistema electoral, sesgar el desarrollo de políticas o perturbar los mercados con el propósito de socavar los intereses de Estados Unidos y sus aliados».

Las interferencias pueden tomar muchas formas, pero la meta es una misma: influir en una institución para que se mueva según intereses externos.
Si se comprueba que el Gobierno colombiano o el Centro Democrático están interfiriendo —por medio de propaganda o de apoyo sutil a Trump—, podría haber consecuencias graves para Colombia, aun si el Trump es reelegido. Si gana el candidato demócrata, la situación podría empeorar.

Parece que el Gobierno colombiano ha olvidado la importancia del Congreso de Estados Unidos en la política internacional y que en este participan dos partidos: hay que tener buenas relaciones con ambos. Las alianzas con el poder ejecutivo no son suficientes cuando sus decisiones dependen de la aprobación de leyes.

Un socio desleal

Esta forma de hacer política internacional puede ser peligrosa para el futuro de Colombia: un país cada vez más aislado de sus vecinos latinoamericanos y cada vez más vulnerable frente a Estados Unidos.

Para empezar, relacionarse con Trump no es lo mismo que relacionarse con Bush o Clinton —como ocurrió con Uribe y Pastrana, respectivamente, que mantuvieron buenas relaciones personales con ellos—. Aunque ahora haya una relación cordial, Trump no dudará al sacrificar su relación con Colombia, según sus intereses.

Basta recordar que, en abril, Trump dijo que el presidente Duque no estaba haciendo nada ante el narcotráfico. En la Asamblea de Naciones Unidas, el pasado 24 de septiembre, reiteró que Estados Unidos estaba primero (America first) y que los demás países debían hacer lo mismo y ocuparse de sus propios intereses. No sobra recordar que America first ha sido su lema de campaña.

El partido demócrata manifestó su malestar por la injerencia del Centro Democrático en la campaña, sobre todo respecto de cómo ha descalificado al candidato Biden —según ellos, un «castrochavista»— con el propósito desestimular el voto hispano.

¿Qué estaría persiguiendo el gobierno colombiano con esta estrategia, si es que hay alguna estrategia? ¿Se trata más bien de una improvisación basada en la ignorancia de la realidad estadounidense?

Estados Unidos es un aliado importante de Colombia y, hasta ahora, su principal socio comercial: hay que cuidar y mantener esta relación. Pero, por las mismas razones, las decisiones de política deben pensarse y calcularse con especial cuidado, ya que el más pequeño error puede ser muy costoso para el país.

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