
La maratón electoral colombiana, segunda entrega y actualización
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Continuación y actualización del seguimiento al proceso electoral de 2026. Hipótesis que intentan caracterizar, anticipar y comprender adecuadamente lo que ya está sucediendo.
Proceso electoral
En once meses, Colombia habrá elegido nuevos presidente y vicepresidente y tendrá un Congreso renovado. En medio de voces que desde distintos lugares —redes, medios, instituciones— plantean escenarios distópicos, continuamos un ejercicio de seguimiento al proceso electoral de 2026. Las varias declaraciones de figuras que se lanzan como precandidatos y la periódica publicación de encuestas electorales desde hace algunos meses permiten indicar que el proceso está en marcha. Los políticos ya están en modo campaña. Los medios han aumentado su cubrimiento y lentamente la ciudadanía empieza a prestar un poco más de atención al tema de las elecciones.
El atentado a Miguel Uribe el pasado 7 de junio ha marcado un rompeaguas en el desarrollo del proceso. También, este cuestionado y criticable suceso se incorpora en la dinámica del proceso y trae a colación memorias y comparaciones, eventos y sensaciones que este ejercicio no puede desconocer.
Como parte de un ejercicio que repite lo que ya se hizo en relación con las elecciones locales y regionales de 2023, resulta pertinente y oportuno continuar el seguimiento al proceso electoral de 2026 con la formulación y revisión de un conjunto de hipótesis que, consideramos, ayudan a caracterizar y comprender adecuadamente lo que ya está sucediendo.
Detrás del seguimiento hay preguntas de fondo sobre la vigencia y tendencias de la democracia colombiana. En términos politológicos, principalmente, el proceso electoral de 2026 dará una señal clara sobre la fortaleza y la perdurabilidad de la institucionalidad democrática colombiana, en un entorno en el cual aparecen diversas amenazas y desafíos para los regímenes democráticos que paulatinamente se han configurado en el mundo en los dos últimos siglos.
Para el caso colombiano, el proceso se da en el contexto de cierre del primer gobierno de izquierda en la historia republicana, del cual en su momento habrá que hacer los correspondientes balances; con una economía que da señales positivas en varios indicadores como el crecimiento del PIB, la reducción de la inflación, la tasa de cambio en torno a los $4.000 y el desempleo disminuyendo. Pero el contexto también incluye evidentes dificultades fiscales, una situación compleja en relación con situaciones de conflicto, inseguridad y la imposibilidad de sacar adelante los propósitos de la paz total.
En el sistema electoral colombiano, los ciudadanos podrán depositar su voto en varios momentos y para varios temas:
- Elección de los Consejos de Juventud.
- Elección de representantes a la Cámara
- Donde aplica, jurisdicciones especiales de la paz.
- Elección de Senado de la República.
- Consultas para elegir candidatos presidenciales.
- Primera vuelta en mayo y, si es necesario,
- Segunda vuelta en junio.
El Gobierno continuará planteando iniciativas desordenadas y poco coherentes como una consulta popular, de la cual ya no se habla, pasando a un voto para convocar una asamblea constituyente. Todas ellas generan mucho ruido, pero lo previsible es que no sucedan y se tramiten por las vías institucionales.
Si bien estas elecciones tienen naturalezas, circunscripciones y reglas específicas acorde con los cargos en disputa, hacen parte del llamado ciclo electoral nacional que cada cuatro años renueva los dirigentes políticos y da un nuevo aire a la democracia.
Al realizar los análisis y balances es muy fácil olvidar los hechos previos al último mes de la elección, pero es claro que una elección se define en períodos más largos y, usualmente, no tiene una sola causa o explicación global. Por ello, los autores de este texto hemos decidido emprender una investigación sobre nuestra propia lectura del proceso electoral colombiano en el marco de nuestra actividad en el curso de Sistemas electorales de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Javeriana.
Hipótesis
Para hacerlo hemos construido veinte hipótesis que están sujetas a la reflexión, el monitoreo, las correcciones y ajustes de aquí a que se lleven a cabo, sin perder las referencias de lo planteado hace cuatro meses. Conservaremos una memoria sobre el cambio de nuestras reflexiones a lo largo del tiempo y la compartiremos periódicamente con los lectores de Razón Pública.
Solo por dar un ejemplo, a principio de enero era muy poco probable que el tema de las relaciones con Estados Unidos fuera un elemento central del proceso electoral colombiano. Pero luego de la crisis de un domingo que no fue, es claro que el tema adquiere una importancia inesperada, aunque falta ver si impacta, y cómo, el proceso electoral. En el momento de la actualización, han salido fichas del Gobierno que parecían imprescindibles, se desató y contuvo una crisis más con Estados Unidos, la salud y la recuperación de Miguel Uribe siguen en ciernes, y se aproxima el cierre del tercer año de gobierno.
Aquí van las veinte hipótesis actualizadas:
- Colombia tendrá un proceso electoral ajustado a los términos institucionales, con múltiples competidores, altamente competitivo y con resultados inciertos. De hecho, el registrador nacional del Estado Civil expidió el calendario electoral, y diversas instancias de coordinación interinstitucional han comenzado sus labores, no sin dificultades y tensiones. Pero han comenzado.
- Habrá una transición pacífica del poder, tanto en el Congreso como en la Presidencia y la Vicepresidencia, así triunfen fuerzas políticas distintas y opuestas. En Colombia se percibe la democracia como una fiesta, y en 2026 se llevarán a cabo las elecciones para tres partes fundamentales del sistema
político colombiano: para la Presidencia hay 94 precandidatos, 42 por firmas.
Para el Senado se estiman setecientos candidatos, y 1.300 para Cámara de Representantes. - Los resultados de consultas, primera y segunda vuelta (si es necesaria) se conocerán la noche de las elecciones y sus resultados serán aceptados.
- En el caso del Senado habrá disputas, denuncias y demandas legales para menos del 5% de las curules. En el caso de la Cámara ello sucederá para las últimas dos curules en las circunscripciones más grandes.
- El presidente de la República continuará con su intento de cuestionar la credibilidad de las elecciones y algunos de sus críticos extremos intentaran hacer lo mismo.
¿El Centro Democrático cuenta con garantías para las elecciones de 2026? Estos son los interrogantes desde el partido de oposición.
Revista Semana, 16 de junio de 2025
Sectores políticos piden al presidente Petro garantizar elecciones de 2026 tras poner en duda su transparencia.
EL TIEMPO, 09 de julio de 2025
6. La elección presidencial se definirá en un proceso de cuatro etapas: 1) La primera culmina entre octubre y diciembre de 2025, momento en el cual los partidos políticos darán a conocer sus candidatos de partido, y aquellos que quieran conseguir las firmas exigidas para inscribir la candidatura tendrán que presentarlas. Eventualmente, algunos partidos harán su consulta interna. 2) La segunda, en marzo, con las consultas que se hacen simultáneamente el día de las elecciones para Congreso. 3) La tercera, en mayo, en la llamada primera vuelta, con más de seis candidatos en el tarjetón. 4) Finalmente, en junio, la segunda con los dos finalistas.

7. En febrero había 63 precandidatos presidenciales posibles (en un artículo también publicado en Razón Pública en octubre de 2024 se identificaron 51), a la fecha hay 94 autodeclarados, 42 de ellos por firmas.


8. No habrá ganador en primera vuelta. Por los resultados de 1994, 1998, 2010, 2014, 2018, 2022 parece una hipótesis plausible. Se requiere que un candidato obtenga 10,5 millones de votos en primera vuelta, lo cual hoy parece poco probable.

9. La incertidumbre sobre los dos candidatos finalistas se extenderá hasta la tercera semana de mayo. Lo sucedido en 2014, 2018 y 2022 puede repetirse.
10. En marzo de 2026 se llevarán a cabo entre cuatro y seis consultas de las distintas coaliciones para elegir sus fórmulas presidencial y vicepresidencial.
11. Las encuestas electorales continuarán siendo parte del sistema electoral y serán objeto de fuertes críticas y disputas, y la nueva ley aprobada sobre el tema genera una nueva realidad: veda de encuestas de intención de voto hasta diciembre y una serie de restricciones que las hacen más costosas. Por ello, es previsible que en el marco de la nueva regulación tengamos muchas menos encuestas públicas.

12. El Pacto Histórico no mantendrá ni sus veinte curules en Senado ni las 27 en Cámara. Ese volumen disminuirá.
13. Un septeto de partidos dominará más del 76% de las curules y ninguno será dominante sobre los otros (Pacto Histórico, Alianza Verde, Partido Liberal, Partido de La U, Cambio Radical, Partido Conservador y Centro Democrático).

14. El Partido Comunes perderá su representación en el Congreso.

15. El impacto de la violencia y la movilización social sobre el proceso electoral se refleja en niveles críticos de agresiones contra personas con liderazgo
político. Luego de treinta años se ha vuelto a atentar contra la vida de un precandidato presidencial. El impacto sobre el proceso electoral está por determinar. En todo caso, no estamos en los niveles de 1989-1990.
16. Los discursos radicales dominarán la agenda, pero sus candidatos más extremos no llegarán a segunda vuelta.
17. Tendremos una nueva ola de líderes nativos digitales elegidos en el Congreso y su volumen aumentará.
18. Las crisis internacionales y de política exterior no afectarán el resultado de las elecciones.
19. La participación electoral en primera vuelta será superior al 52%.
20. Colombia mantendrá su relativa excepcionalidad y diferencia respecto de las tendencias prevalecientes en la región y en el mundo. Y esto ameritará una reflexión de fondo sobre el sistema político, el sistema de partidos, el sistema electoral y las condiciones de su funcionamiento. Pero en ello será fundamental desmontar dos ideas banales, entre varias: clientelismo no es corrupción, aunque estén muy cerca; que existan figuras que parecen líderes no implica que no haya partidos. La idea de personalismos es una idea peregrina.
La formulación de hipótesis, herramienta clave para la investigación en ciencias sociales, implica también la adopción de una posición frente a la realidad. En las veinte hipótesis queda claro que tenemos una perspectiva distante de varias distopías planteadas por sectores de oposición al actual gobierno. Y que, eventualmente, tenemos una confianza excesiva en la fortaleza institucional y la inercia con la cual funciona nuestro sistema político y electoral. Estaremos atentos a revisar lo planteado.
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