Una democracia activa y con altos niveles de participación
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Una democracia activa y con altos niveles de participación

Escrito por César Caballero

El pasado domingo, 23 millones de personas salimos a votar. Eso, según el cálculo oficial, es una participación del 59%. Nada mal para un sistema electoral que no contempla el voto obligatorio.

Pero hay un elemento adicional y es la discusión sobre la posible “sobre estimación” del volumen total del censo electoral. Aunque se trata de un instrumento técnico certificado por la Registraduría, presenta una serie de limitaciones que han generado dudas sobre las estimaciones de la población que propone.

La discusión empezó en 2003, cuando la Registraduría Nacional y el DANE, que en ese momento estaba bajo mi dirección, firmaron un documento técnico en el que reconocieron la existencia de una posible sobreestimación del censo electoral. Dicho documento salió a la luz pública el 25 de octubre de 2003, cuando el entonces presidente perdió el referendo y afirmó que se había fraguado un fraude y que el censo electoral estaba inflado.

Más allá́ de las discusiones políticas, es cierto que, al comparar los datos de la Registraduría con los del censo de población realizado por el DANE aparecen diferencias importantes en que podrían explicarse por las siguientes razones:

  •  Se calcula que hay cinco millones de colombianos en el exterior, pero solo un millón se ha registrado en los consulados, por lo cual hay un subregistro de migrantes.
  •  El registro de las defunciones en el caso del DANE se actualiza de forma sistemática y periódica, pero en la Registraduría depende, en buena medida, de la decisión de las familias de oficializar la muerte legal de sus parientes.
  •  Los desaparecidos que, según fuentes oficiales, pueden alcanzar el millón de personas y que, por la misma razón, no pueden ser dados de baja en el censo de la Registraduría.

En palabras sencillas, esto implica que podría haber cerca de cinco millones de colombianos en el exterior sobre los que existen dos grandes dudas: no sabemos si siguen vivos o no, pues si fallecieron su defunción no se contabiliza en las estadísticas oficiales del país, y tampoco sabemos qué tan vinculados están a su nuestro país. Lo que sí sabemos es que pese a tener la posbibilidad legal de inscribirse en el consulado, han preferido no hacerlo.

Reconociendo las bondades de un diseño garantista del sistema electoral, creo que es necesario propiciar la discusión sobre los criterios que empleamos para establecer el universo real, pues sobre él se realizan los cáculos de participación y de abstención electoral.

El DANE y la Registraduría, realizaron en 2022 un ejercicio técnico en el que plantean de forma transparente y rigurosa estas diferencias: dos censos realizados por dos entidades distintas con propósitos diferentes que muestran diferencias importantes a lo largo del tiempo. En ambos casos, la legislación ha impuesto una serie de reglas de procedimiento que dificultan conciliar estos datos. No obstante de forma analítica, si es posible afirmar que el censo electoral está sobre estimado.

Como se observa en la siguiente tabla, al ajustar los datos del censo electoral usando los datos de colombianos en el exterior del DANE, la ONU y la OIM la tasa de participación aumenta hasta niveles del 62.4% .

Año  % Participación Participación ajustada Diferencia
1986 46,3 49,9 3,6
1990 42,5 47,8 5,3
1994 43,3 49,3 6,0
1998 41,0 46,2 5,2
2002 46,5 52,2 5,7
2006 45,1 50,9 5,8
2010 44,3 50,6 6,3
2014 41,0 44,2 3,2
2018 53,0 57,0 4,0
2022 58,2 62,4 4,2
2023 59,2  61,1 1,8

Nota. Datos tomados de la Registraduría Nacional, DANE, MOE, OIM y ONU (1986-2022)

Con base en estos cálculos, es posible afirmar que en los últimos cuarenta años la participación política ha estado alrededor del 50 %, siendo 44,2 % el porcentaje más bajo (obtenido en las elecciones de 2014) y 62,4 % el más alto (alcanzado en las elecciones de 2022).

Repensemos la afirmación según la cual uno de los problemas de nuestra democracia son los altos niveles de abstención pues, contrariamente a lo que sostienen algunos analistas en las últimas diez elecciones, una cantidad importante de colombianos, casi siempre más de la mitad de los autorizados para hacerlo, han salido a votar de forma recurrente. Estas cifras sugieren que el sistema electoral colombiano es mucho más vital y legítimo de lo que suele creerse.

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