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Economistas vs. epidemiólogos: pelea de tigre con burro amarrado

Escrito por Andrés Dávila
Economistas vs. epidemiólogos

Andres DavilaDe esta pelea injusta queda una cosa en claro: el sentimiento de superioridad intelectual común a muchos economistas colombianos.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara*

La pelea

El coronavirus puso de moda un debate entre dos disciplinas que habría sonado inverosímil tres meses atrás: epidemiología versus economía.

El debate entre ellas se conoce popularmente como el dilema entre salud y economía, y gira en torno a la tensión entre el confinamiento y la crisis económica.

Había preferido guardar silencio sobre el virus porque creo que existen enormes vacíos de información y que ni aquí ni en ninguna parte estábamos preparados para enfrentar una situación como esta.

La incertidumbre es tal que ni siquiera en la ciencia política –el ámbito en el cual supuestamente soy experto- tengo mucho que decir. No sé si el capitalismo está encarando su crisis última ni si los regímenes autoritarios van a derrotar a las democracias liberales occidentales, y mucho menos, si después de esto seremos mejores o peores personas.

Sin embargo, decidí escribir sobre el debate en cuestión porque creo que amerita una reflexión juiciosa sobre el papel de las opiniones de los economistas en la sociedad colombiana.

Muchos de ellos han enjuiciado de forma despiadada a los epidemiólogos que, de la noche a la mañana, dejaron de ser desconocidos para convertirse en asesores políticos reconocidos. Al hacerlo, parecen olvidar que los epidemiólogos enfrentan una situación sumamente compleja dado que deben tomar decisiones difíciles basándose en información incompleta que cambia permanentemente.

Así mismo, los economistas parecen haber olvidado que no siempre han tenido el reconocimiento y la importancia social que tienen actualmente y, sobre todo, que ellos mismos se adjudican.

Un poco de historia

Como señala Malcolm Deas, a finales del siglo XIX Colombia era un territorio de gramáticos, pero en el siglo XX ocurrió un cambio interesante: su lugar de privilegio pasó a ser ocupado por abogados y, posteriormente, por los que entonces se llamaron “economistas jóvenes”.

El resultado fue una burocracia que derivó en tecnocracia guiada por las opiniones de la nueva élite, a la que Marco Palacios denomina de los “nuevos mandarines” o de los “economistas-administradores”.

El historiador colombiano señala que durante y después del Frente Nacional este grupo logró hacerse un lugar en los principales ámbitos de decisión pese a que los políticos-abogados mantuvieron el control del poder y de los grandes recursos.

A diferencia de los economistas, los epidemiólogos no pontifican ni concluyen, sino que sugieren, reconocen sus limitaciones y manifiestan abiertamente sus dudas

Fue entonces cuando los arrogantes economistas o economistas arrogantes (que tal vez no sean una misma cosa) lograron un lugar importante en la sociedad colombiana. En ese entonces, los abogados –especialmente los magistrados– ganaron más autonomía y aumentaron sus cargos, créditos y réditos.

Algunos ingenieros lograron sobresalir en el curso de esa historia: Laureano Gómez, Gustavo Rojas Pinilla, Virgilio Barco y… Alejandro Gaviria, un ingeniero que parece economista. Los cuatro son capaces de tomar decisiones crudas sin titubear. Mucho más recientemente, algunos sociólogos, psicólogos, politólogos y antropólogos han obtenido un lugar destacado dentro de la sociedad colombiana. La historia se encargará de juzgar sus aportes, contradicciones y desengaños.

Los economistas hoy ocupan posiciones de poder

Foto: Presidencia de la República
Los economistas hoy ocupan posiciones de poder y por eso sus reclamos son mucho más rimbombantes.

Tigres y burros

Volviendo al debate entre economistas y epidemiólogos, es innegable que los primeros tienen mucha más visibilidad y reconocimiento que los segundos en Colombia.

Con frecuencia, vemos economistas que asesoran a los dirigentes y leemos sus opiniones en los medios más importantes. En contraste, rara vez vemos epidemiólogos –y médicos en general– en la esfera pública. Mientras que los primeros son oradores expertos, los segundos son científicos tímidos que no saben dirigirse al público no especializado.

Antes que nada, es importante reconocer que el manejo de la salud en Colombia ha estado en manos de expertos y no de politiqueros durante varias décadas. Prueba de ello es que tanto el primer ministro de Duque como Fernando Ruíz, su reemplazo, son expertos en salud pública. Y eso se nota: Ruíz ha logrado manejar el virus de forma exitosa pese a tener una gran carga partidista.

Casi tres meses después de la llegada del virus a Colombia, muchos economistas –entre ellos el ingeniero Gaviria– la emprendieron contra los epidemiólogos porque las cifras actuales de contagio y de muertes distan de las que sus modelos pronosticaron inicialmente. Varios economistas han usado esa disparidad para afirmar que la cuarentena fue impuesta de forma apresurada, y unos cuantos se han arriesgado a insinuar que la crisis económica es culpa de los epidemiólogos.

Aunque la disparidad de las cifras es innegable, el juicio de los economistas es injusto, pues la cuarentena se impuso basándose en los modelos y las cifras de países que estaban a punto de llegar al punto crítico de contagio en ese momento como Italia y España. Además, de no ser por la cuarentena temprana, seguramente las cifras de Colombia serían aterradoras en estos momentos.

No contentos con criticar injustamente a los epidemiólogos, la mayoría de los economistas no dejan espacio para las dudas ni las preguntas en sus análisis: se limitan a hacer afirmaciones tajantes como si tuvieran en su poder verdades absolutas e incuestionables. Casi todos actúan como si supieran perfectamente qué hacer y cómo hacerlo.

Lea en Razón Pública: Principios éticos para manejar la pandemia en Colombia

Entre pontífices y científicos modestos

Además de criticar a los epidemiólogos y sus modelos, los economistas se han ensañado con los gobernantes de turno.

Al hacerlo, olvidan que esos modelos fueron elaborados con menos información de la que tenemos ahora, y que el virus ha obligado a los gobernantes a tomar decisiones difíciles en poco tiempo. Actúan como profetas de lo que ya pasó.

Con esto no quiero decir que debamos confiar ciegamente en los modelos epidemiológicos y en los gobernantes, sino que debemos reconocer que ni los unos ni los otros la han tenido fácil en los últimos meses.

Los epidemiólogos

Foto: Alcaldía de Cali
Los epidemiólogos en lugar de pontificar se han dedicado a tratar de asesorar y advertir sobre las decisiones con la información disponible.

No es momento de pontificar, sino de hacer aportes modestos que reconozcan nuestras limitaciones.

Vale la pena mencionar que, a diferencia de los economistas, los epidemiólogos no pontifican ni concluyen, sino que sugieren, reconocen sus limitaciones, mantienen la cordura y manifiestan abiertamente sus dudas. Por ejemplo, en Twitter, Zulma Cucunubá se ha esforzado por mantener la sensatez y la humildad intelectual.

Los economistas aprovechan que tienen mucha más visibilidad e influencia política que los epidemiólogos para humillarlos. Y esto no es nuevo: durante años, han despreciado a los demás científicos sociales alegando que la economía es la disciplina idónea para guiar las decisiones políticas como si se tratara de un oráculo irrefutable.

Todo esto confirma que guardar silencio ha sido una decisión sensata de mi parte. ¿Acaso alguien tiene la fórmula mágica para superar la crisis? ¿Quién sabe cuándo reabrir y cómo hacerlo? No es momento de pontificar, sino de hacer aportes modestos que reconozcan nuestras limitaciones. Es hora de dejar de fingir que una ciencia incuestionable nos ilumina.

Insisto en subrayar la diferencia fundamental que existe entre los dos ‘bandos’: los economistas tienen poder y prestigio, y muchas veces los usan sin prisa, sin pausa y, sobre todo, sin responsabilidad. En cambio, los epidemiólogos, no tienen voz ni espacio. Y como no son prepotentes, ni omnipotentes, ni quieren figurar, llevan las de perder.

¿Qué gracia tiene ganar una pelea contra un burro que no puede devolver los golpes? Quizás sea hora de que el gremio de los economistas pronuncie un mea culpa

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México. Profesor asociado de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana.

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5 Comentarios

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Martha Lucia junio 15, 2020 - 7:09 pm

Bien toda la razón. Los epidemiólogos y todo el personal de la salud están inmerso en el tratamiento, la prevención de más contagios, el manejo de la epidemia y la búsqueda de soluciones que evite las pérdidas humanas. Los Economistas están atascando para evitar las pérdidas empresariales. En el país de los ciegos el tuerto con voz es Rey. El colmo. Hoy otro médico de la U del Rosario falleció por tratar pacientes con Covid como pueden llegar los crispados economistas. Insensatos e insensibles.

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Myriam Orostegui. Enfermera Epidemiologa junio 16, 2020 - 12:51 am

Excelente artículo sobre epidemiologos y economistas. Para nosotros, siempre estan presenten esos dilemas del bien individual y el bien público, el riesgo individual y el riesgo colectivo. Entre muchas otras.
Y en estos tiempos de pandemia, se suma el conflicto economía vrs salud colectiva.

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Luis Carlos García Lozano junio 16, 2020 - 11:31 pm

Los dilemas entre la salud pública y la economía no son nuevos; recientemente se han vivido dos, uno de ellos mas bien reciente en Colombia. El más antiguo se dio en EEUU a comienzos de este siglo y no comió mucha prensa acá, pero fue un episodio crítico: la fiebre porcina que forzó la renovación de toda la población de cerdos de los criaderos de ese país. El segundo caso ocurrió en Colombia hace un par de años y tuvo incluso, como pasa hoy con el coronavirus, connotaciones políticas; se trata de la epidemia de fiebre aftosa que forzó soluciones drásticas y violaciones a las normas y todas las demás consecuencias previsibles cuando se trata de poner orden y disciplina en medio de la barahunda. En ambos casos hubo una «pelea» para usar las palabras del autor, entre el mecánico que arregla el auto (el epidemiólogo) y el vendedor de autos (el economista) que quiere a la fuerza endeudarte con un auto nuevo. Cada quien quiere tener la razón y lo dice ferózmente. Yo, personalemente, prefiero el mecánico.

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Carmenza Saldias junio 17, 2020 - 12:19 am

Olvidas mencionar que hay una rama de la economía, economía de la salud, en la que economistas y epidemiólogos trabajan juntos, sin tantos protagonismos. Como veras, la mayoría de los fanáticos, son administradores e ingenieros, ni siquiera son economistas. Aunque entre estos hay algunos muy sobrados, en general, hombres.

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Cecilia Maria Martínez D junio 17, 2020 - 1:37 am

Excelente artículo, entre otros argumentos, reconoce el papel de los epidemiologos, tan olvidado y subestimado luego de que la salud pública desapareció del contexto debb en los países que reformaron su sistema de salud b basados en el pensamiento economicista

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