La singular visita de Duque al papa Francisco entre camisetas y olivos - Razón Pública
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La singular visita de Duque al papa Francisco entre camisetas y olivos

Escrito por Andrés Dávila
Iván Duque en el Vaticano

Iván Duque en el Vaticano

Andres DavilaUna crónica divertida y serísima sobre las visitas del presidente Duque y de sus dos antecesores, las visitas de los papas a Colombia, lo que dicen las unas y las otras acerca de Colombia –y lo que dicen acerca de los tres presidentes-.

Andrés Dávila*

El peculiar regalo

Dos meses y medio después de su posesión, el presidente Iván Duque viajó a Europa para cumplir con la cita que el papa Francisco le había concedido. Hasta hace poco, encontrarse con un papa parecía un imposible para un mandatario que apenas comienza su gestión.

Duque aprovechó el viaje para visitar Bruselas y reunirse con las autoridades belgas, de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y de la Unión Europea.

La reunión entre Duque y el papa empezó con un inesperado regalo: el presidente le llevó al papa una camiseta de la selección autografiada por James Rodríguez. Por su parte, el sumo pontífice le regaló un medallón con un árbol de olivo con dos ramas que unen dos partes separadas.

El mensaje del medallón es claro: Colombia debe buscar la unidad y culminar la tarea iniciada por Santos. El papa dijo que es fundamental darle continuidad a lo acordado en el proceso de paz con las FARC y, por fin, terminar un conflicto de más de medio siglo.

Estado confesional, sociedad religiosa

Visita papa Francisco 2017
Visita papa Francisco 2017
Foto: Presidencia de la República

Empecemos por la historia, la de Colombia y la de Duque.

No sobra recordar que la relación entre Estado e Iglesia en Colombia ha sido, y sigue siendo, sumamente estrecha. Todavía hoy estamos lejos de un poder laico.

Tampoco sobra recordar que entre finales del siglo XIX y finales del siglo XX, el Estado colombiano y la Santa Sede tuvieron un Concordato para corroborar el carácter confesional del Estado. A esto se le suma que el Preámbulo de la Constitución de 1886 comience por “en nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad”.

Todavía hoy estamos lejos de un poder laico.

Y si bien durante el siglo XX se adoptaron paulatinamente medidas para profundizar la separación entre Estado e Iglesia, todavía a final de siglo se estaba completando una tarea que innegablemente fue tardía y que legó profundos arcaísmos de dependencia de la religión católica.

Apariencia laica

Pero la Constitución de 1991 trajo consigo la explícita aceptación de la libertad de cultos. Esto, sumado a la irrupción de las múltiples iglesias cristianas, introdujo cambios importantes y una afirmación del carácter laico del Estado que la Corte Constitucional en general ha ido corroborando en varios respectos.

Aun así, el final del siglo y lo que va corrido del nuevo milenio han dejado ver tensiones, además de un juego de avances, estancamientos y retrocesos. Retrocesos impulsados especialmente por altos funcionarios conservadores (aunque no todos sean miembros de este partido) cuyas políticas nos remiten, cuando menos, a mediados del siglo pasado.

Además, las agendas político-religiosas de las iglesias cristianas, aún más conservadoras y tradicionalistas han ocupado espacios políticos dejados por el catolicismo. Tienen la capacidad para lecturas que falsean realidades, como sucedió con la supuesta “ideología de género” del Acuerdo de La Habana.

Puede leer: Las iglesias cristianas y la política en Colombia.

Tres visitas, tres mensajes

No en vano, visitar al papa y ser visitado por él constituyen hechos políticos de singular importancia. En la historia colombiana, las tres visitas papales han tenido significados diferentes pero relevantes. En orden cronológico tenemos:

  1. En 1968 Pablo VI vino en pleno gobierno de Carlos Lleras. Fue bastante sorprendente pues en aquella época no eran comunes ese tipo de visitas.
  2. En 1986, Juan Pablo II, el papa viajero, le dio un cierre menos desesperanzador al gobierno de Belisario Betancur. Su visita suscitó muchas polémicas por su intervención en las negociaciones de paz. El papa intervenía cuando Colombia parecía distanciarse de Estados Unidos mediante dos iniciativas: el Grupo Contadora y su ingreso al Movimiento de Países No Alineados (NOAL). La visita del papa alivió los impactos de la “toma” y contratoma del Palacio de Justicia y de la avalancha que destruyó a Armero.
  3. El año pasado el papa Francisco puso en juego su capacidad para legitimar el proceso de paz y dejar mensajes e indicaciones a favor de la paz. Lo hizo, incluso con la oposición larvada de la cúpula eclesiástica que nunca apoyó, realmente, las negociaciones y los acuerdos.

Las impresionantes demostraciones de religiosidad, todavía católica, del pueblo colombiano, en todos y cada uno de los lugares por donde estos pontífices pasaron, obligan a señalar que en términos de construcción de una sociedad laica falta un largo trecho por andar.

Tres presidentes en el Vaticano

Reseñar las visitas a los papas sería más dispendioso porque prácticamente todos los presidentes incluyen en su agenda el obligado paso por la Audiencia que se les ha otorgado.

Pero vale la pena, simplemente, recordar las más recientes, dado que involucran a los protagonistas que hoy se disputan por el poder.

Álvaro Uribe, fiel a su explícita fidelidad a la religión, no fue una, ni dos, sino tres veces. La primera en 2004 y se reunió apenas 10 minutos con Juan Pablo II, ya envejecido y desgastado. En este caso, el regalo del presidente no fue una camiseta de la selección, sino un carriel paisa. En 2006 fue a la misa con que Benedicto XVI inició su papado. Y en 2009 volvió a visitarlo sin que haya anécdota particular. Volvió como senador y expresidente por iniciativa del Vaticano. Visitó al papa junto a Juan Manuel Santos el 17 de diciembre de 2016 y adivinen qué le llevó de regalo: una camiseta de la selección Colombia.

Las agendas político-religiosas de las iglesias cristianas, aún más conservadoras y tradicionalistas han ocupado espacios políticos dejados por el catolicismo.

Juan Manuel Santos fue también un visitante asiduo. Igual que Uribe visitó al papa en tres ocasiones: 2013, 2015 y 2016. El motivo de sus visitas siempre giró alrededor de las negociaciones con las FARC. A diferencia de Uribe y de Duque, los regalos de Santos revelaron un estilo cuidadosamente estudiado: llevó siempre regalos asociados simbólicamente con la paz.

La visita conjunta de Uribe y Santos sí fue muy novedosa. Los dos líderes que polarizan la política colombiana fueron juntos a Roma en diciembre de 2016. El motivo era llegar a acuerdos sobre el papel del papa como intermediario. Pero ya al salir de la reunión y oír lo que decía Álvaro Uribe se sabía que ni entonces, ni después, ni hoy, ni los buenos oficios del Sumo Pontífice, ni la profunda fe católica de por lo menos una de las partes harían mella en la obstinación uribista en contra de la paz.

Le recomendamos: La política del Papa Francisco.

Duque el cristiano

Duque y los rectores de universidades públicas
Duque y los rectores de universidades públicas
Foto: Ministerio de Educación

Por último, Iván Duque comenzó a dar muestras tempranas de su estilo como visitante.

Durante la campaña y dada la presencia del hoy embajador Ordóñez en su entorno, no faltaron los gestos religiosos, las misas e invocaciones en discursos importantes a Dios y a la Iglesia.

Aunque dados sus beneficios electorales, el Centro Democrático tiene relaciones estrechas con varias iglesias cristianas, se cuidó de que los símbolos usados en su campaña no desafiaran la fe cristiana. Como lo ha señalado el hoy senador Uribe, “hay que cuidar los voticos”.

En definitiva, las políticas de Duque, como la intención de crear un ministerio de la Familia dejan claro que estamos lejos de un Estado desvinculado de la Iglesia. El gobierno de Duque revela un “acendrado” conservatismo religioso que está lejos de construir una sociedad laica. En un Estado que no le suelta la mano a la Iglesia, la política se convierte en un acto de evangelización.

Lo más laico —o por lo menos lo más light— del gobierno de Duque ha sido el saludo de “tocayo” que le dio un impávido secretario general de la Presidencia, Jorge Mario Eastman, al papa.

No obstante lo anterior, existen diferencias entre Duque y sus predecesores:

  • Álvaro Uribe fue acompañado de comitivas pequeñas donde no estaban incluidos ni siquiera sus hijos. Duque llevó desde su familia ampliada hasta al ministro de Comercio, José Manuel Restrepo, al canciller Carlos Holmes Trujillo e incluso el escritor de los discursos presidenciales, Francisco Miranda. A su lista se sumó extrañamente Julio Sánchez Cristo, el director de noticias de La W. Julio Riaño, el embajador colombiano en el Vaticano, fue quien rompió el protocolo para ampliar la lista de invitados durante la visita. Y todos entraron.
  • En cuanto a los regalos, como ya mencioné, Duque siguió los pasos de Uribe y le dio una camiseta de la selección, aunque esta vez autografiada. La novedad fue el papel de mandadero del presidente: se la manda James, como las saludes al Rey de España. ¿Duque tiene talante de mensajero?

Hablaron del proceso de paz con las FARC, de la corrupción y de la ola migratoria venezolana que está entrando a Colombia. Finalmente el mensaje del papa fue claro: unir y dejar atrás el largo conflicto.

La visita, el diálogo y las bendiciones surtieron efectos inmediatos: un empoderado presidente llegó a reunirse con los rectores de las universidades públicas y se ha dado como noticia oficial que hubo un histórico acuerdo: la inversión en la educación pública aumentará en el IPC+3 puntos en el 2019. El árbol de olivo empezó, simbólica y políticamente, a funcionar.

Ojalá Peñalosa no lo tale.

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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