Ana María Bejarano Sandoval: In Memoriam (Bogotá, marzo 6 de 1962-Toronto, marzo 28 de 2017) - Razón Pública
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Ana María Bejarano Sandoval: In Memoriam (Bogotá, marzo 6 de 1962-Toronto, marzo 28 de 2017)

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Andrés DávilaDe la política y la ciencia política como una razón de vida. Esta es la huella que deja Ana María entre sus amigos, sus colegas, sus alumnos   y sus lectores. Paz en su tumba. 

Andrés Dávila*

“Aunque todas las democracias felices se parecen unas a otras, cada democracia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Con esta paráfrasis de las primeras líneas de Ana Karenina, la novela de León Tolstoi, Ana María Bejarano logró resolver uno de los retos más difíciles que afrontó en su destacada experiencia como politóloga e investigadora de nuestra realidad política. En efecto, y como ella misma lo relata en el libro citado, gracias al “principio de Ana Karenina” encontró el hilo que le permitió desenredar el ovillo de la comparación entre Colombia y Venezuela y más exactamente, entre lo que denominó sus democracias precarias.

Este estupendo trabajo de investigación comparada, que le sirvió como tesis doctoral en la Universidad de Columbia en Nueva York, fue solo uno de sus aportes, siempre rigurosos, siempre oportunos y siempre generadores de nuevos conocimientos; alimento de miradas mejor elaboradas sobre las vicisitudes de esa Colombia que tanto quiso y que tanto le dolía.

Inició sus estudios de Ciencia Política en la Universidad de los Andes en 1983. Culminó su formación en 1987 con su trabajo de grado sobre el proceso de paz bajo el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986). De inmediato ingresó como asistente de investigación al entonces recién creado Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (Iepri) que en aquel momento se caracterizó como un lugar de reunión de algo así como la “selección Colombia” de las ciencias sociales; bajo la acertada dirección de Francisco Leal Buitrago, Ana María comenzó sus trabajos sobre la violencia, de la mano de Alejandro Reyes, hoy experto en la problemática de tierras.

Luego de tres años en esta institución, inició sus estudios de posgrado en la Universidad de Columbia, los cuáles terminó en el año 2000 con la ya dicha tesis sobre Colombia y Venezuela., que años después fue publicada en español. Este trabajo, culminado luego de experiencias vitales muy desafiantes, fue una muestra palmaria de su insuperable capacidad de lucha.

Ana María también fue investigadora y profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, donde dejó en sus estudiantes, sus colegas y todos aquellos con quienes trabajó, una impronta de compromiso, disciplina, capacidad de trabajo y, sobre todo, humanidad. Ana María fue ante todo una gran persona, buena consejera y ejemplo como profesora, buena amiga de los colegas y más, buena jefa de sus subalternos. Por eso ante su ausencia no dejan de llegar mensajes de condolencia, solidaridad y tristeza. Fue, también, investigadora del Centro de investigación y Educación Popular (Cinep) y allí, junto con el padre Fernán González, cofundador además de Razón Pública, Ana María tejió varias de sus grandes amistades y ayudó a forjar las líneas de investigación sobre el Estado y la violencia en ese centro de pensamiento tan fundamental para una mejor comprensión del país. Fue directora del Centro de Investigaciones Sociojurídicas (Cijus)   de la Universidad de los Andes, donde logró impulsar un equipo de jóvenes investigadores que hoy ocupan lugares importantes no solo en el mundo académico.

Ana María, sin prisa pero sin pausa, y con el tesón y denuedo que siempre la caracterizaron, superó valientemente todos los obstáculos. Afrontó el parto de su único hijo, Federico, en simultánea con la aparición de una grave enfermedad y poco tiempo después, el atentado contra Eduardo Pizarro, su pareja de entonces, que los obligó a salir de Colombia y a reiniciar una vida en el exilio. No solo los obstáculos de su vida personal, sino las propias lógicas políticas de sus dos casos objeto de estudio, se convirtieron en retos repetidamente desafiantes. 

Ya fuera del país, estuvo primero en el Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame, más adelante en la Universidad de Princeton hasta que, finalmente, se radicó en Canadá en la Universidad de Toronto. Allí, nuevamente, se destacó como una excelente docente y tenaz y prolífica investigadora. De nuevo, preocupada por Colombia pero definitivamente desde una perspectiva comparada, como se constata en The crisis of democratic representation in the Andean Region, publicada conjuntamente con Scott Mainwaring y Eduardo Pizarro.

Con esporádicas visitas a la Universidad de los Andes, su alma mater, dedicó sus más recientes esfuerzos de investigación a los cambios institucionales y la ampliación de la democracia en los países andinos.

Durante 18 años, -los que hoy orgullosamente tiene su hijo Federico-, Ana María fue también una madre abnegada. A ello habría que agregar que fue también una hija y una hermana ejemplar. Una mujer capaz de amar sin exigir nada a cambio. Los que fuimos sus amigos podemos dar fe de ello.

La enfermedad, sin embargo, ganó la batalla y luego de un largo y difícil año de lucha final, falleció el pasado 28 de marzo acompañada por su hijo, su mamá, sus hermanas y algunos de sus más cercanos amigos. Descansó, sin duda, esta luchadora de la vida, la democracia y la ciencia política.

Ana María, “Nene”, como le decían sus más cercanos, deja un legado y muchos retos. Representante destacada de la generación de politólogos uniandinos de los años ochenta, cuando todavía esta disciplina era pionera y solo se ofrecía en aquella universidad, delineó un camino a seguir y dejó una senda que recoge muy bien lo que este país necesita: estudiosos serios y comprometidos, educadores dedicados y ejemplares, seres humanos profundamente generosos, de razón y de corazón. Ojalá que su nombre y su memoria, así como su obra, no solo reciban el merecido reconocimiento, sino que sirvan para establecer referentes significativos que sirvan de guía a las nuevas generaciones de politólogos.

 

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

Acerca del autor

Andrés Dávila
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*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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