Andrés Dávila, autor en Razón Pública
Foto: Facebook: Selección Colombia

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La Selección de futbol de Colombia, de mujeres y de hombres, cierra el año con equipos sólidos y organizados para enfrentar los retos que se avecinan.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara*

Un algo común

Culmina el 2023, un año lleno de eventos deportivos donde cada tanto algún seleccionado colombiano apareció para recordarnos que, bajo su égida, su capacidad de generar sentimientos e imaginarios compartidos, los colombianos podíamos sentirnos parte de un algo común.

Pero también los hechos políticos, económicos y sociales, del conflicto, estuvieron allí para recordarnos que parte de eso inasible que es el ser colombiano, se negaba a contentarse con tales emociones y que prevalecían los factores de desunión.

El año comenzó con un suramericano juvenil (sub-20) de fútbol, jugado por hombres, que se desarrolló en varias ciudades colombianas. El seleccionado juvenil de Colombia clasificó a la ronda final y, aunque estuvo lejos de conseguir el título, logró la clasificación en dicha categoría al mundial en Indonesia.

También por aquellos días, el presidente Petro decidió salir al balcón, ahora el de la Casa de Nariño. Sorpresivamente en una izquierda que se nutrió del fútbol como el opio del pueblo (ignorando la enorme utilización del deporte que adelantaron los regímenes comunistas en su vigencia), la esposa y la hija portaban, así como así, la camiseta de la selección.

Puede leer: Las mujeres y el fútbol: una revolución contra el patriarcado

Novedades en la selección

Semanas o meses después la selección Colombia de mayores, del fútbol practicado por hombres, aparecía en partidos preparatorios ante seleccionados de diversas partes del mundo.

Varias novedades se manifestaban en tales confrontaciones. De una parte, nuevamente un argentino encargado del ser colombiano: Néstor Lorenzo. Una propuesta interesante en términos futbolísticos, basada en mezclar a los experimentados, aprovechando sus calidades y trayectorias, con los jóvenes.

Lo cierto es que el equipo culmina el año de tercero, es el único invicto en la Conmebol y, aunque habrá que ver cómo está dentro de un año, luego de la Copa América en Estados Unidos, deja buenas sensaciones, perspectivas y expectativas.

Selección de fútbol de Colombia
Foto: Facebook: Selección Colombia - En Colombia y en varios países del mundo el fútbol jugado por mujeres tuvo un alcance que implicó una revolución femenina en un mundo heteropatriarcal y machista.
La selección obtuvo resultados interesantes con Japón, Corea del Sur, Irán y Alemania, a la cual derrotó, preludiando una crisis que incluyó la salida del técnico teutón.

Culminadas esas jornadas de amistosos, llegaron los mundiales. En el juvenil, que por razones políticas se trasladó a Argentina para que Israel pudiese participar, se tuvo un buen desempeño en el grupo, pero le correspondió enfrentar a una Italia poderosa, que finalmente perdería la final contra Uruguay.

Situación diferente se experimentó en el mundial femenino de mayores, del fútbol practicado por mujeres. La reconfiguración de lo que hace unos 11 a 13 años se conoció como las “chicas superpoderosas”, permitió contar con un seleccionado que, sin lugar a dudas, hizo historia.

La selección sub-17 de fútbol jugado por mujeres logró lo que ningún otro seleccionado antes: llegar a la final. La de mayores clasificó de primera en su grupo, luego de vencer a Corea del Sur y Alemania. En octavos derrotó a Jamaica y en cuartos fue derrotada por 1 a 0, por la luego finalista Inglaterra.

Como en varios países del mundo, estos seleccionados del fútbol jugado por mujeres tuvieron un significado, un simbolismo y alcance que puso en juego varios procesos en curso: sin duda, la profunda revolución femenina en un mundo heteropatriarcal y machista; y la paulatina ampliación de los seguidores que, en un caso como el nuestro, tuvimos que madrugar o pasar derecho para ver los partidos.

Aun con la eliminación frente a Inglaterra, el equipo fue bien recibido y la identidad nacional se alimentó de lo hecho por las 24 mujeres. El homenaje se caracterizó por elementos muy destacables y por hechos muy cuestionables, vivo retrato de las tensiones y paradojas que la irrupción del fútbol jugado por mujeres causa en un ámbito tradicional y exclusivamente masculino.

El asesinato del hermano de Yorelín Carabalí nos recordó que estamos en Colombia y que lo bonito y positivo del sentimiento nacional no podía ignorar este componente de nuestra realidad.

En septiembre comenzaron las eliminatorias para el Mundial de Fútbol de mayores, jugado por hombres, que se llevará a cabo en tres países: Estados Unidos, Canadá y México, al cual asistirán por primera vez 48 seleccionados. Eliminatorias que, desde mi punto de vista, incluso en las actuales condiciones, son difíciles. Aunque clasifiquen directamente seis y uno por repechaje, el carácter competitivo y trabajoso se mantendrá.

Así van las eliminatorias

Hasta ahora se han jugado seis partidos pero ya existe una diferencia con la última eliminatoria en la que se suspendió un partido entre Brasil y Argentina pero nunca se jugó, no fue necesario, debido a la superioridad de estos equipos.

En esta ocasión, las dos potencias del Cono Sur lideran: la Argentina campeona del mundo con 15 puntos y Uruguay, dirigido por un gran técnico argentino, Marcelo Bielsa, con 13 puntos. Cabe advertir que un largo invicto de Argentina lo perdió de local, en la cancha de La Bombonera del Boca Juniors, ante el combinado charrúa, por 0 a 2.

Pese al triunfo contra Brasil, Argentina sufrió dos circunstancias extrañas. Primero, la violenta represión de la policía militar brasileña a sus hinchas presentes en el Maracaná, después de agresiones entre hinchas de los dos países. La situación fue tan escandalosa que los jugadores argentinos se retiraron y amenazaron con no jugar. Finalmente y con retraso, el partido se jugó y reflejó las tensiones previamente vividas.

Argentina supo ganar este partido áspero, lleno de faltas e interrupciones. En medio de la celebración, el técnico argentino, Lionel Scaloni, cuestionó su continuidad en el cargo al parecer por incumplimientos del presidente de la Federación y solicitudes no aceptadas para que el seleccionado apoyara al derrotado excandidato presidencial Massa. Dos hechos en los que la política y el orden público se han mezclado con el transcurrir de la eliminatoria.

Sigue luego la Gran Colombia, con 12 puntos Colombia está en tercer lugar; Venezuela cuarto, con ocho puntos; y Ecuador quinto, con siete. Ecuador debería tener 10 puntos, pero se le ha castigado con la pérdida de tres puntos por la inscripción irregular de un jugador nacido en Colombia en las anteriores eliminatorias.

Colombia ha mostrado un equipo que mezcla a los veteranos de dos mundiales con las figuras en auge, casi todos en ligas foráneas. Pese al rechazo de algunos sectores, Lorenzo ha logrado conformar un grupo que se ve sólido y solidario y en el cual, ante las lesiones de Ospina y Cuadrado, el liderazgo y el buen desempeño se marca desde James y Luis Diaz y se irriga a los demás.

Lo cierto es que el equipo culmina el año de tercero, es el único invicto en la Conmebol y, aunque habrá que ver cómo está dentro de un año, luego de la Copa América en Estados Unidos, deja buenas sensaciones, perspectivas y expectativas.

Esta vez, el aporte colombiano corrió por cuenta del secuestro del papá de Luis Diaz, por parte del ELN. Con una guerrilla supuestamente en negociación, uno de sus frentes con presencia en La Guajira y en la frontera con Venezuela cometió el ilícito. La reacción gubernamental, de la fuerza pública y de la comunidad internacional, incluido el Liverpool y la Liga Premiere, propiciaron una entrega sin consecuencias. Por si faltara poco, Luis Diaz anotó los dos goles con los cuales se derrotó por primera vez a Brasil en eliminatorias.

Todo sucedió en el mismo estadio en que se coreó en contra de Petro y su gobierno y se maltrató a su hija menor de edad por parte de “una caterva de energúmenos”, como lo escribió Ana Bejarano en su columna en Los Danieles, de “hooligans que las seguían con sus consignas” a la salida del estadio. Coincido en que “ojalá no la hubiesen escupido (la lección) en tu cara unos orates desbocados a tus 15 años”.

Venezuela y Ecuador, con distintas historias y procesos, han encontrado buenas generaciones de futbolistas y con técnicos argentinos, la primera, y español, la segunda, parecen dirigirse sólidamente hacia una posible clasificación. Pero claro, faltan todavía 12 partidos por disputarse.

El asesinato del hermano de Yorelín Carabalí nos recordó que estamos en Colombia y que lo bonito y positivo del sentimiento nacional no podía ignorar este componente de nuestra realidad.

Brasil apenas ocupa el sexto lugar, con 7 puntos. Empató con Venezuela de local y ha perdido consecutivamente con Uruguay, Colombia y Argentina. Con un técnico interino, muchos jugadores lesionados y el anuncio no confirmado de la contratación de Carlo Ancelotti, hoy técnico del Real Madrid, se vive una situación que comienza a ponerse crítica.

Paraguay es, por ahora, el séptimo e iría a repechaje. Ya cambió de director técnico y tiene varios lesionados, entre ellos dos de sus figuras de ataque: Almirón y Enciso, que se han destacado en sus equipos en Inglaterra.

Y cierran los equipos del Pacífico: Chile, Bolivia (si tuviese salida al mar) y Perú. Todos han perdido ya a los técnicos con los que iniciaron las eliminatorias y enfrentan verdaderas dificultades para hacer el tránsito de generaciones destacadas (Chile y Perú) a una confusa renovación.

Así culmina el año de las selecciones suramericanas, con una Colombia que, a nivel de mayores, hombres y mujeres, se ve sólida, lo ha hecho bien y tiene retos inmediatos: Copa América los hombres; Olímpicos y mundial sub 20 en Colombia, las mujeres. Por ahora y aunque seguramente moleste la frase y resulte bastante casual la cuestión, al primer gobierno de izquierda no le va mal en términos de la selección Colombia de fútbol.

Vea en Razón Pública: Colombianas en el fútbol: ¿cómo va el partido?

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Twitter: Carlos F. Galán

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Los resultados de Bogotá quieren leerse como una muestra de la percepción sobre la gestión del gobierno Petro, pero los resultados en todo el país son diversos y expresan tensiones, sorpresas, continuidades y cambios.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara*

Unas elecciones significativas

El pasado 29 de octubre se desarrollaron las elecciones locales y regionales, las cuales desde 2003 se fijaron para el año siguiente al relevo presidencial y del Congreso. Con varias incertidumbres y el afán de varios sectores –no solo los de oposición–, se ha pretendido mostrar esta jornada electoral como un balance de la percepción frente a la gestión del gobierno. En otras palabras, los resultados quieren leerse como un definitivo plebiscito antipetrista. ¿Será cierto?

En primer lugar, debe mencionarse que esta jornada electoral se llevó a cabo de manera exitosa y con más de 23 millones de electores, poco más de un 59 % de participación –al menos en el caso de la votación por alcaldes en 1102 municipios del país–.

Sin embargo, no puede pasarse por alto que la inseguridad y la situación que persiste en algunas regiones del país tuvieron cierta incidencia. Además, se presentaron hechos lamentables como el incendio de la sede de la Registraduría en Gamarra, en el que una funcionaria de la Registraduría murió.

En los concejos y asambleas las bancadas tradicionales, Liberal y Conservadora, mantienen una plena vigencia.

En cualquier caso, se mantuvo una alta participación lo que es significativo en un país donde el voto no es obligatorio y se vota con tanta recurrencia. El mismo presidente destacó que durante la jornada electoral no se presentó ningún hecho violento asociado con el conflicto armado ni tampoco ningún homicidio.

Aunque en el momento de escribir este artículo todavía se adelanta el preconteo, a continuación expongo algunos de los principales resultados y un análisis que no pretende lanzar conclusiones apresuradas que apliquen de manera homogénea a todas las regiones.

Foto: Facebook: Juan Daniel Oviedo - El resultado de Juan Daniel Oviedo refleja que muchos votantes no querían que la segunda vuelta fuera una oportunidad para el candidato de Gustavo Petro.

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Las sorpresas en Bogotá

El resultado más notable fue el triunfo del candidato Carlos Fernando Galán en primera vuelta, quien después de tres intentos será el alcalde de Bogotá a partir del primero de enero de 2024. Con casi un 50 % de los votos, Galán logró un resultado inesperado y muy contundente frente a la posibilidad de una segunda vuelta.

Debido a que en anteriores oportunidades varios alcaldes ganaron con un poco más del 30 % de los votos, se adoptó la doble vuelta en las elecciones para la alcaldía de la capital del país bajo el argumento de querer propiciar un ganador con más gobernabilidad.

Aunque en las dos últimas semanas las encuestas mostraron que el triunfo de Galán en primera vuelta era posible, no se pensó que lo hiciera con tal margen de ventaja: casi 30 puntos porcentuales de diferencia sobre el segundo y el tercero.

De otra parte, el segundo lugar obtenido por Juan Daniel Oviedo –director del DANE durante el gobierno Duque y candidato que se presentó por firmas como independiente– resultó relativamente sorprendente. Logró evitar exitosamente que se hiciera visible su cercanía con fichas uribistas reconocidas.

Sin embargo, la noticia fue la derrota con el tercer lugar del candidato de la coalición del Pacto Histórico, Gustavo Bolívar, quien era la apuesta del petrismo en Bogotá.

Este solo resultado, que llama mucho la atención por ser en Bogotá, parecería servir para confirmar lo que algunos plantearon como un plebiscito antipetrista. No obstante, este es un asunto que exige una mirada pausada y un análisis cuidadoso.

Pérdidas para el Pacto Histórico y el Partido Verde

Si la victoria de Galán fue una sorpresa contundente, claramente el resultado de Oviedo muestra que muchos votantes no querían que la segunda vuelta fuese siquiera una oportunidad para el candidato de Petro.

Estos resultados también confirman la dificultad del Pacto Histórico y del Partido Verde para encontrar un candidato con verdaderas posibilidades de triunfo. La alcaldesa saliente y su bancada no lograron encontrar una figura que pudiera disputar la alcaldía.

El presidente y su coalición tuvieron que acudir a una figura interesante pero que comenzó tarde y no logró superar el techo de la izquierda en Bogotá. Bolívar tampoco logró superar los temores que su figura y la del presidente causaban en muchos sectores. Por lo tanto y como ha sucedido en ocasiones anteriores, el electorado bogotano se negó a apoyar al candidato del presidente.

En cualquier caso, la primera gestión del alcalde electo será la de conformar una coalición mayoritaria en el Concejo. Aunque no es un hecho menor que el Nuevo Liberalismo puede triplicar sus curules, el Concejo está fragmentado y ninguna bancada tendrá más de ocho concejales. Esto no es una novedad en Bogotá.

Sin embargo, el Partido Verde no pudo consolidar una presencia importante como en 2019. De hecho, perdió más curules en comparación con las demás bancadas, aunque algunas de sus figuras representativas quieren hacer de la derrota un triunfo.

El Pacto Histórico tampoco obtuvo un número significativo de curules como para consolidar una oposición consistente.

Por lo sucedido en alcaldías anteriores, Galán no tendrá que preocuparse por sumar –cosa que claramente hizo en campaña–, sino por mantener una coalición aceitada y que respalde sus iniciativas, algunas de ellas en proyectos que han sido de amplio debate e imposibilidad de construir consensos durante varios períodos.

Otros resultados

Algunos resultados fueron poco novedosos, como el de las alcaldías de Barranquilla, Medellín, Cartagena y el de gobernaciones como la del Valle del Cauca, Cundinamarca y Atlántico.

Otros resultados favorecieron a candidatos que no venían punteando en las encuestas o presentaban situaciones de competencia cerrada, como sucedió en Cali y en Antioquia. En Cali y Medellín, existe una clara reacción contra los alcaldes salientes, quienes además eran cercanos de la izquierda y del presidente Petro.

En varios municipios se presentaron situaciones de muy poca diferencia. Entre estos se destaca Santa Marta, proceso afectado por la revocatoria de la candidatura de la aspirante que punteaba en las encuestas. Estas situaciones necesitan resolverse y acudir al proceso formal de escrutinio.

Estas situaciones hacen cuestionar el alcance y sentido de las decisiones del Consejo Nacional Electoral (CNE) al revocar candidaturas en períodos muy cercanos al desarrollo de los comicios, aspecto criticado por el presidente Petro en su cuenta de X.

De la misma forma, hay que esperar las noticias para ver si las cifras de violencia contra las urnas electorales, las sedes de la Registraduría o las alcaldías se repitieron o aumentaron respecto de lo sucedido en 2019.

¿Se reafirma el status quo?

Algunos medios destacan que los resultados son una reafirmación del status quo político. Aunque deben hacerse muchas precisiones e incluir múltiples condiciones locales y regionales y considerarse que un alto número de gobernantes tienen el respaldo de coaliciones de diferentes bancadas y movimientos, lo cierto es que los comicios de 2023 no tuvieron una notoria presencia de candidatos antipolíticos o independientes como en 2015 y 2019. En general las figuras conocidas y con trayectoria fueron las preferidas.

Aunque no es un hecho menor que el Nuevo Liberalismo puede triplicar sus curules, el Concejo está fragmentado y ninguna bancada tendrá más de ocho concejales. Esto no es una novedad en Bogotá.

En los concejos y asambleas las bancadas tradicionales, Liberal y Conservadora, mantienen una plena vigencia. En la mayoría de los pequeños municipios que conforman los departamentos conservan el peso electoral y político; siguen allí en la Colombia profunda. Tampoco sobra advertir que el uribismo sigue vivo, como lo muestran Antioquia y Santander, Medellín y Bucaramanga.

En definitiva, muchos de estos planteamientos exigen decantar resultados y cifras definitivas. En un sistema con múltiples bancadas ampliado por el CNE a instancias de la decisión de la Corte Constitucional respecto de la Unión Patriótica, el sistema político parece haberse adaptado y se prepara para un nuevo cambio en el cual sectores tradicionales y conocidos por el electorado han vuelto a ocupar los puestos de gobierno y de representación. Después de un reconocimiento democrático de los resultados, habrá que ver cómo se establecen las relaciones con el gobierno nacional.

Puede leer: ¿Qué le espera a Bogotá?

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Facebook: Selección Española Femenina de Futbol

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Como vimos en el último mundial, el fútbol jugado por mujeres ha tenido gran avance. Pero queda un partido muy difícil contra un potente adversario: el machismo.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara*

El último mundial

Entre el 20 de julio y el 20 de agosto pasados se disputó el IX Mundial Femenino o Mundial de Fútbol practicado por Mujeres en la categoría de mayores. Australia y Nueva Zelanda acogieron por primera vez 32 selecciones de las distintas confederaciones que regionalmente conforman la FIFA.

Salvo los países sede, las selecciones clasificaron de acuerdo con el torneo organizado por cada Confederación:

  • 12 países europeos, entre ellos la campeona España;
  • 6 países por Centro, Norte América y el Caribe (CONCACAF);
  • 6 países asiáticos;
  • 4 países africanos;
  • 3 países suramericanos;
  • 1 por Oceanía.

Países que divididos en 8 grupos disputaron la –ahora– muy preciada copa.

Esta participación refleja un hecho relevante que también está presente en el fútbol practicado por hombres: el predominio europeo. De hecho, tres de las cuatro semifinalistas fueron de este continente.

La presencia de las demás regiones es diferente. Hay una alta representación de los países de la CONCACAF, porque Estados Unidos ha ganado más mundiales que los demás. Suramérica y la CONMEBOL tienen apenas un 50% de los representantes que tiene el fútbol masculino y aún no han conseguido un título mundial. África también se ve afectado, mientras que Asia muestra su poderío.

Puede leer: Conclusiones del mundial femenino

Una historia en construcción

El fútbol practicado por mujeres tiene una larga historia, que se remonta a los propios orígenes del deporte, pero su historia en los mundiales disputados es mucho más corta.

La profesionalización es un hecho reciente y hay grandes brechas respecto de lo que por mucho tiempo se concibió como un coto exclusivo de los hombres. A partir de la década de 1990, el fútbol practicado por mujeres ha tenido un rápido crecimiento en un mundo marcado por las claves de lo heteropatriarcal y el machismo.

Ese proceso implica una profunda revolución que amenaza con derribar, corroer y obligar a transformar los cimientos del fútbol mundial so pena de que, en unas cuantas décadas, el jugado por hombres pueda verse superado –y por qué no– reemplazado por el jugado por mujeres o por el jugado por todes.

En términos sociales, políticos, culturales, económicos, institucionales, este proceso ofrece una rica, paradójica, simbólica, violenta y no violenta revolución en pro de la igualdad de género y géneros, la equidad y la superación de brechas.

Esta participación refleja un hecho relevante que también está presente en el fútbol practicado por hombres: el predominio europeo.

Foto: Facebook: Selección Colombia - Aunque el homenaje a la Selección Colombia de mujeres fue bueno pues no hubo protagonismo de funcionarios públicos ni directivos de fútbol, hubo machismo en el show musical.
Además, cuenta con la profundidad y fragilidad, la fuerza y las debilidades que implica trastocar siglos del orden heteropatriarcal, sexista y racista a partir de la práctica de un deporte y sus efectos en quienes lo practican, lo siguen, lo hacen parte de su vida.

El clasismo es tal vez la única categoría en la que no se enmarca, pues el fútbol ha tenido un carácter histórico igualador y antielitista después de que abandonó las schools inglesas. Solo que el fútbol jugado por mujeres tiene su propia ruta al respecto.

Por tanto y en medio de muchas convulsiones, asistimos a procesos, a dinámicas, a una verdadera revolución que se introduce por los intersticios de ese orden mencionado y derriba —de manera concreta y con hechos e imaginarios— el orden existente.

Todo el alcance de este proceso no cabe en un solo artículo. Por lo que señalaré algunos rasgos con énfasis en la selección Colombia y el triunfo de España —la padre-madre patria o la madre-padre patria–.

La evolución de Colombia

En Colombia llaman la atención los logros de sus selecciones y sus equipos en medio de condiciones muy desfavorables y antagónicas.

Los resultados de las colombianas en el fútbol son todo un milagro, un hecho excelso. Sin tener una infraestructura mínima o una liga profesional —por lo menos una magra versión—, han participado en mundiales de varias categorías y en olímpicos, han triunfado y destacado en la Copa Libertadores. ¿Cómo fue posible? ¿Por qué?

La respuesta está en las pioneras y en las jugadoras que desde 2011 han representado a Colombia con logros muy importantes. Lo ejemplifico con tres referencias:

  • El fútbol jugado por mujeres ha alcanzado logros que las selecciones de los hombres no han logrado: una final en un mundial sub-17, octavos en un mundial sub-20 y cuartos de final en mayores, además de un subcampeonato en la Copa América. Todo en un año y en perspectiva para la participación en 2024 en los Olímpicos de París y el mundial sub-20 en el cual seremos anfitrionas.
  • Sorprendentemente, el profesor Abadía, director Técnico de la selección cuartofinalista, renunció después de estos logros y dejó el camino a su sucesor, posiblemente el profesor Paniagua. No obstante, dado a lo que viene sucediendo en España, el hecho no ha sido destacado: quien dirigió a las exitosas jugadoras se va y la vida sigue. No hay escándalo. Las directivas y Abadía expresan tranquilidad, pero habrá que ver qué pasará con las jugadoras, aunque algunas que ya no lo son o fueron vetadas se han manifestado. En todo caso, parece lejano tener una directora técnica.
  • El recibimiento en el Movistar Arena al equipo de mayores por su desempeño en el mundial fue bueno en tanto que se desarrolló sin protagonismos de funcionarios públicos ni directivos del fútbol, con el reconocimiento a las jugadoras.

Sin embargo, el show musical probablemente fue organizado por una logia de machos: ¿Por qué les pareció adecuado y halagador presentar un cantante que tuvo a bien referirse dos veces a las jugadoras como “mamacitas” y quien cerró su presentación con una canción que pedía a gritos que le trajeran mujeres? Le falto decir “hembras” … ¿Acaso no había otros cantantes y otras canciones?

En fin, habrá que ver de qué manera, como sociedad y como país, nos apropiamos de un hecho que no logramos dimensionar: Colombia es potencia mundial del fútbol jugado por mujeres.

Entre el triunfo y el patriarcado

En medio de esta necesidad de afirmarse y reconocerse, España –la madre-padre patria– ganó la Copa Mundial Femenina de 2023. Aparecieron dos países con pretensiones y ligas profesionales importantes: Inglaterra y España. Y después de superar obstáculos llegaron a la final.

El triunfo español, producto de lo jugado, fue del todo merecido. Excelente juego, gran disposición estratégica y táctica, destacado desempeño técnico de todas sus jugadoras. Además, ganaron también en la sub-17 (a Colombia 1 a 0 en la final) y en la sub-20. Sus equipos de clubes dominan los torneos internacionales y sus jugadoras son reconocidas a nivel mundial.

Sin embargo, hay una trasescena compleja. Meses antes del mundial, quince jugadoras se quejaron y al menos doce no volvieron a la selección. Hay malestares y algunas respuestas.

A lo cual se suma que, en la celebración del triunfo, el presidente de la RFEF, exfutbolista y conocido por manifestaciones espontáneas, se coge sus partes para significar que hay un triunfo gracias a los güevos. Lo hace a poca distancia de la infanta Sofía, menor de edad, y de la reina Letizia. Pero el fútbol es así… O era.

Allí no paró la cosa y en la efusiva entrega de medallas el mismo personaje le dio un “piquito” a la número diez del seleccionado, Jennifer Hermoso. Entonces, vinieron la celebración y la debacle. En la llegada a Madrid, el manejo fue muy apropiado incluso en cantantes y canciones, mensajes y discursos. Pero el beso y el macho poniéndose en evidencia hicieron todo más difícil.

habrá que ver de qué manera, como sociedad y como país, nos apropiamos de un hecho que no logramos dimensionar: Colombia es potencia mundial del fútbol jugado por mujeres.

Hoy Rubiales está sancionado, el director técnico despedido y reemplazado, la víctima cuestionada, las jugadoras negándose a volver a la selección y la liga suspendida. La gran pregunta: ¿Qué sigue?

Al final uno no sabe y una no sabe si lo sucedido fue lo mejor o lo peor. ¿No sería mejor que España pudiera celebrar el mundial y cosechar que son las dueñas del fútbol jugado por mujeres hoy? ¿Cuándo lo celebrarán? ¿No sería mejor ir a las premiaciones y dar continuidad a un proceso in crescendo? ¿No sería mejor…?

No. Rubiales, el piquito, sus explicaciones, sus decisiones hacen que la otra revolución —no la del fútbol jugado por mujeres, sino la de las mujeres rompiendo el orden heteropatriarcal— sea necesaria y exija desnudar macros y micromachismos para interpelar las defensas de los machos amenazados: sus tibiezas, sus no posiciones, sus lastimeros reclamos en pro de la libertad de expresión, cuando no sus virulentas condenas a las “feminazis”.

Es patético (a veces divertido y a veces dramático) ver a los machos en esas, en muchos casos en el zoológico de las redes y los medios.

Veremos qué pasa entre los logros del fútbol jugado por mujeres y los ingentes recursos de los árabes ¿Se impondrá la revolución de las mujeres o la de los recursos de los jeques?

Lea en Razón Pública: Una gran jugada: la lucha feminista contra la agresión de Rubiales

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Facebook: Gustavo Petro

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El gobierno de Gustavo Petro ha estado marcado por su carácter reformista y también por los escándalos. ¿Cómo le ha ido a Petro según los petristas y cómo le ha ido según los antipetristas?

Andrés Dávila L.*

Balance temprano

Se acaba de cumplir un año del triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez en la segunda vuelta electoral de junio de 2022.

Por eso es oportuno intentar algunos ejercicios de balance, aunque todavía parezca temprano para ello, dado el carácter profundamente reformista de su propuesta y la incertidumbre que aún gravita sobre el panorama nacional.

Por primera vez en 200 años, el sistema político se ha movido levemente de la centroderecha hacia el centro. Este ejercicio de balance enfrenta las opiniones que, incluso desde hace más de un año, destaparon sus cartas entre el petrismo y el antipetrismo rampantes.

Cabe indicar que el primer gobierno reconocidamente de izquierda en el país ha enfrentado varios retos de gran magnitud y ha intentado estrategias para asegurar gobernabilidad y gestionar las reformas sociales que considera irrenunciables.

Gracias a estas estrategias consiguió inicialmente condiciones de gobernabilidad importantes, las cuales sirvieron para aprobar la reforma tributaria y para echar a andar una agenda reformista de largo alcance.

Le recomendamos: El fin justifica los medios: así se llega al poder en Colombia

Gobernabilidad, líneas rojas y economía

Después de la salida de tres ministros, en marzo se configuró una situación crítica: se pateó el tablero, se rompió la coalición de gobierno y se encareció la negociación de los apoyos en el Congreso.

Por primera vez en 200 años, el sistema político se ha movido levemente de la centroderecha hacia el centro.

Pero desde la perspectiva del círculo petrista, se reafirmaron las líneas rojas innegociables. Paradójicamente, esto implicó la salida de ministros que tranquilizaban a muchos sectores, como el de Hacienda y la de Agricultura, pero también la de Salud (supuesta adalid de la reforma correspondiente en perspectiva petrista).

El balance de la gestión gubernamental es positivo si se piensa en lo aprobado en el Congreso y en lo conseguido, no sin resquemores, dudas, improvisaciones y desconfianzas en la Paz Total.

Por otra parte, las llamadas reformas sociales presentan un panorama de luces y sombras, como también ocurre con el ritmo y avance de la gestión, pues hay muchas señales de parálisis administrativa.

Aun así, la economía presenta señales favorables, como indica que el aumento de la inflación se haya detenido, las cifras de desempleo hayan caído y el peso se haya revaluado frente al dólar. Aunque claro, esto no se debe al gobierno ni a Petro, sino al entorno internacional…

¿Para dónde vamos?

Hoy no sabemos en qué van a terminar las propuestas gubernamentales y cuál va a ser el alcance del prurito reformista.

El presidente, con una favorabilidad que ha decaído pero que parece sostenerse, insiste en un inoficioso llamado a la calle, producto de una especie de deja vu izquierdista.

Ante la pregunta de ¿para dónde vamos?, las respuestas dependen del petrista o el antipetrista ambiente y no es fácil filtrar tanto ruido para leer la situación. Pero se pueden fijar algunas claves.

A Petro hay que leerlo en tres niveles distintos: el de sus tweets, el de sus discursos en distintos foros y ante variadas audiencias, y el de su acción como presidente que, hasta el momento, ha sido fundamentalmente institucional y que, claramente, se diferencia de lo sucedido a lo largo del gobierno de Iván Duque.

Escándalos

Lo planteado en este balance sin balance muestra, ante todo, un panorama complejo, convulso per se. Pero, por si algo faltara, a este proceso y panorama se han sumado escándalos que apuntan a corrupción, clientelismo, excesos en el ejercicio del poder y otras consideraciones que ameritan algunas reflexiones.

También se han presentado escándalos y situaciones propiciadas por actuaciones de personas cercanas al presidente Petro, rápida y convenientemente convertidas en juicios morales, políticos e ideológicos en redes sociales y medios de comunicación, algunos de ellos particularmente interesados.

Escándalos y situaciones que, sería bueno recordar, han estado presentes en todos los gobiernos, aunque posiblemente con dimensiones y alcances que habría que ponderar.

El primer escándalo, destapado en febrero, fue el del hermano y el hijo de Gustavo Petro. Rápidamente, y aun con el costo familiar que ello implicara, el presidente puso las denuncias en manos de la Fiscalía y tales procesos quedaron, por tanto, bajo la responsabilidad de la institución correspondiente.

Como es obvio, esto tuvo un costo político para el presidente y significó una primera ruptura concreta con la opinión, más allá de los rumores sobre excesos e intervenciones de la primera dama y las consabidas críticas racistas y clasistas de que ha sido objeto, con prisa pero sin pausa, la vicepresidenta Francia Márquez.

También surgieron allí los primeros juicios morales sobre Gustavo Petro como el padre ausente de Nicolás Petro, diputado del Atlántico, a causa de la clandestinidad.

El segundo escándalo correspondió a la aplicación irregular de medidas como la prueba del polígrafo a una niñera que trabajaba para la entonces secretaria privada del presidente, Laura Sarabia. Este hecho adquirió dimensiones mayores por lo sucedido con el hoy exembajador en Venezuela, Armando Benedetti, que incluyó:

  • Una disputa entre estos exfuncionarios.
  • Unas entrevistas de Benedetti y de la niñera ante la directora (¿periodista?) de Semana, Vicky Dávila.
  • Chuzadas de celulares de la niñera y otras empleadas de Laura Sarabia.
  • Vuelos chárter y viajes de niñeras con embajadores.
  • Las declaraciones, anónimas o de informantes protegidos como fuente (o de espíritus del más allá), que implicaban al presidente como dueño de maletas llenas de dinero.
  • El suicidio, corroborado finalmente por Medicina Legal, del coronel Dávila.
  • La reunión del presidente con los dos funcionarios para pedirles su renuncia.
  • El allanamiento de la Casa de Nariño y otras dependencias presidenciales por la Fiscalía.
  • Las citaciones de varios implicados a lo largo de estas semanas.
  • Las reuniones, supuestas o reales, entre el presidente Petro y Armando Benedetti.

Cierro la enumeración, pero entre el momento de escribir esto y el momento de su publicación pueden surgir algunos más, atados a las ediciones dominicales, que habría que agregar pero que no modifican de fondo la situación.

Dos hipótesis

Sobre lo anterior, sugiero dos interpretaciones hechas al gusto de petristas y antipetristas.

Una primera hipótesis es para los petristas, quienes consideran que detrás de tantas denuncias y escándalos hay intereses muy fuertes que incluso cabrían en la categoría de “golpe blando” y que suman a medios y a gremios y empresarios, y a opositores explícitos e implícitos: el presidente no sabía y cuando supo, solicitó las renuncias.

Los procedimientos, en apariencia excesivos e irregulares contra la niñera y otras empleadas, correspondieron a arbitrariedades propias de la inexperiencia y juventud de alguien que de un momento a otro tiene el poder de manejar la agenda del presidente. Y como el presidente no se caracteriza por la puntualidad y el cumplimiento, la sensación y realidad de poder aumenta para quien cumple tal función.

Esto se enlazaría con el suicidio del coronel Dávila en la perspectiva de un funcionario que, por cumplir una orden proveniente de una funcionaria de presidencia, accedió a que se incurriera en una irregularidad. Ante la presión de lo que se venía, tomó tan lamentable decisión.

Evidentemente se necesita una especie de ingenuidad aprendida para conformarse con estas versiones, pero paradójicamente unas consultas informales con personas que han pasado por la Presidencia en distintos cargos apuntan a darle algún grado de credibilidad a lo planteado. Sin embargo, no parece suficiente.

Foto: Facebook: Presidencia de la República - En una primera hipótesis se afirma que los comportamientos excesivos contra Marelbys Meza y otras empleadas corresponden a la inexperiencia y juventud de Laura Sarabia, a lo que se suma la sensación de poder manejar la agenda del presidente.

Posiblemente en manos de acuerdos en la élite del poder colombiano que se sigue rigiendo por la máxima de “hagámonos pasito”.

La segunda hipótesis, de gusto de los antipetristas, se divide en tres variantes:

  1. La que señala al presidente como responsable máximo de todo lo sucedido, incluida la muerte del coronel Dávila.
  2. La que se decanta por la responsabilidad de Armando Benedetti como resultado de su malestar por el trato que le dieron tanto Laura Sarabia como el presidente Petro. En esta entran en juego los audios que implicarían al presidente hasta en temas de consumo de sustancias, como en la velada amenaza de dar a conocer cómo se financió la campaña presidencial.

Aquí, las consultas informales lo único que resaltan es que de antemano Gustavo Petro debía saber lo que implicaba darle juego y relevancia a Benedetti, así ayudara a conseguir votos y recursos para una campaña que fue muy competida.

  1. La otra variante concluye que el anuncio del cambio fue puro discurso y que estamos inmersos en la misma maraña clientelar y corrupta de siempre. Obviamente, para los antipetristas extremos, por lo sucedido solo cabe pedir la renuncia o hacer realidad el golpe.

Aislado del ruido, por ahora cabe concluir que los hechos están en manos de la Fiscalía y la Procuraduría. Posiblemente en manos de acuerdos en la élite del poder colombiano que se sigue rigiendo por la máxima de “hagámonos pasito”. Paradójicamente, pese a marchas, discursos y escándalos en redes y medios, las instituciones tienen la palabra. Y ahí vamos.

Lea en Razón Pública: El episodio Benedetti- Sarabia: ¿el final de la gobernabilidad?

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Participación Bogotá

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Este es un decálogo tentativo sobre el barrismo social en Colombia, a propósito de unas consideraciones futboleras, humanitarias y democráticas.

Andrés Dávila L.*

Primero: la violencia en el fútbol

Hay una tendencia a relacionar el fútbol, y el deporte en general, con prácticas de convivencia, de cooperación y de educación: física, mental y emocional. No obstante, como lo plantea Norbert Elías en Deporte y Ocio en el Proceso de la Civilización, la violencia es consustancial al surgimiento y desarrollo de los deportes, y el fútbol no es una excepción. Más bien es un lugar privilegiado para ver cómo se procesa y transforma esta interacción.

Por tanto y con el perdón de tantas voces que exigen eliminar la violencia del fútbol, tenemos que entender que esto no es posible, por lo cual lo sensato es encontrar formas de administrarla y, como se ha logrado en muchos casos, canalizarla, contenerla y transformarla.

Más interesante es ver cómo hay una tensión permanente entre tendencias civilizatorias y violentas en el desarrollo del fenómeno y discernir en qué estamos ahora.

Lea en Razón Pública: Fútbol, nación, violencia, balcón

Segundo: el espectáculo

En su ya más que centenario desarrollo, hay procesos complicados que muestran paradójicas relaciones. El fútbol es cada vez más un espectáculo de masas y, hoy, un espectáculo de video, casi un video juego.

Por tanto y con el perdón de tantas voces que exigen eliminar la violencia del fútbol, tenemos que entender que esto no es posible, por lo cual lo sensato es encontrar formas de administrarla y, como se ha logrado en muchos casos, canalizarla, contenerla y transformarla.

Este apunta a promover valores humanitarios y democráticos: juego limpio, eliminar el racismo, la revolución del fútbol femenino y, en la práctica, la condena y creciente eliminación de la violencia en los campos de juego (aunque siempre queden expresiones de esta).

La violencia, por su parte, tendencialmente, se manifiesta primero en la cancha de juego, se traslada después a las tribunas y más adelante a otros territorios que detallaremos más adelante.

Tercero: competencia de truhanes

El deporte de caballeros, jugado por truhanes, salta también muy rápidamente de las “schools” británicas a las industrias en auge: se populariza, se profesionaliza y es seguido por multitudes que se apasionan de manera incontrolable.

Tempranamente, en la Inglaterra de mediados del siglo XX y en otros países europeos aparecen los Hooligans, grupos de hinchas organizados que apasionadamente siguen a sus clubes y en ello añaden el uso de la violencia, de los cánticos, y de un conjunto de prácticas que se mueven entre la identidad, la pertenencia, el reconocimiento e, inevitablemente, la violencia: simbólica y material, y una que otra vez con causas políticas o ideológicas.

El fenómeno se da también en los países más futboleros de Suramérica, especialmente Argentina, en donde se les va a conocer como “barras bravas”, y en Brasil.

La violencia de las barras se va a manifestar en las tribunas, pero también en las afueras de los estadios, en las estaciones de metro o de buses y en los barrios de las ciudades a las que pertenecen los clubes.

Cuarto: el barrismo en Colombia

El barrismo toma fuerza en Colombia especialmente en la segunda mitad de la década de los años noventa. Algo parecido sucede en otros países de la región. Las antenas parabólicas, la televisión por cable y la posibilidad de ver el fútbol de Argentina parece tener un papel fundamental.

El barrismo colombiano tiene, por tanto, mucho de emulación y unas condiciones sociales que lo caracterizan: era, en sus orígenes, pluriclasista, de jóvenes, era la confluencia de múltiples fenómenos urbanos y tenía presencia minoritaria de mujeres.

Quinto: el barrismo en las grandes ciudades

El barrismo colombiano está presente principalmente en Bogotá, Medellín y Cali, con barras de los principales equipos que, rápidamente, crean facciones, disidencias y franquicias.

Este al principio fue muy violento en las tribunas. En aquella época, y pese a lo sucedido en Inglaterra, las tribunas estaban cerradas con mallas que las separaban del terreno de juego.

Después, la violencia y las tensiones se trasladaron a las afueras de los estadios, en los lugares donde las barras se reunían antes y después de los partidos. Paulatinamente, se trasladaron a los barrios en donde residían los parches originarios de las barras, especialmente en los sectores más populares.

Posteriormente, los lugares de violencias entre las barras pasaron a ser los comederos o los peajes en las carreteras, donde los buses que transportan a unos y otros se encuentran.

Sexto: ante la violencia, represión

Al principio, la reacción de la Dimayor, los clubes, la Policía y las alcaldías, fue acudir a la represión, solución desde entonces exaltada por los medios de comunicación. Ahora, como es común en Colombia, esta represión es dura por lo violenta y exagerada; pero blanda por lo poco estudiada, por la ausencia de estrategia, seguimiento y continuidad, y por la ausencia de resultados útiles y sostenibles.

Cuando el tema saltó al Gobierno Nacional, en 2005, la primera pulsión seguía solo en modo represivo. Se necesitó de la participación de los barristas y de otros sectores para llegar a un Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia y a decisiones en torno a una gestión del fenómeno con muchos más elementos que la burda represión, o aquellos propósitos, que señalan periodistas y figuras políticas, de eliminar las barras, acabar con la violencia y depurar al fútbol.

Séptimo: la lógica de la concertación

Al final, y sin suficiente coherencia y variada capacidad de gestión, muy dependiente de alcaldes, secretarios de gobierno y seguridad, presidentes de los clubes o sus delegados, comandantes locales de la Policía y líderes de las barras, se impuso una lógica basada en la concertación.

Paradójicamente, este proceso se enfrentó a dos fenómenos que lo ponían contra la pared: una legislación autoritaria y una decisión de la FIFA que hizo quitar las mallas que separaban las tribunas de las canchas.

Y, desde entonces, durante ya 12 años y en contra de los desastres que anunciaron varios de los principales periodistas deportivos del país, los hechos que lamentar han sido pocos. Se han jugado muchos torneos, muchas finales, muchos descensos, y si bien hay desmanes, son pocos respecto de la cantidad de partidos que se han jugado desde entonces.

Octavo: la política en las barras

Este y el año pasado, después de la pandemia, se han dado más hechos protagonizados por las barras. Hay que señalar que los barristas ganaron algún protagonismo en pandemia y el Paro Nacional, con acciones de índole política, que algunos señalaron como asociados con las Primeras Líneas.

Lo cierto, los barristas se unieron, pese a diferencias, para luchar por propósitos comunes. Uno de ellos fue impedir que se realizara en Colombia la Copa América, mientras el país se incendiaba.

Del año pasado a este, eventos en Santa Marta, Tuluá, Ibagué, Medellín y Manizales, vuelven a encender las alarmas y a disparar los tics autoritarios y represivos, desde un cómodo, sesgado e ignorante (o a veces claramente amañado y mentiroso) diagnóstico. En este concurren muchos de los múltiples sectores señalados.

Una primera consideración tiene que ver con que los hechos citados obedecen a situaciones y razones distintas, aunque sería importante precisar los puntos que comparten. Sobre todo, si pretendemos encontrar soluciones oportunas, pertinentes y viables.

La preocupación hoy, al menos por el ruido mediático, es encontrar soluciones definitivas que, inevitablemente, apuntan a prohibir, eliminar o cerrar. Solo que, como cualquier fenómeno social, hacerlo no es sencillo, no hay fórmulas mágicas, ni con carnetización ni con biometría, y los clubes, envalentonados en el comunicado reciente, rápidamente echarán de menos los dos mil, cinco mil, once mil o quince mil hinchas que los barristas ponen partido a partido.

Noveno: la vuelta del autoritarismo

Estamos, por tanto, ante una potencial deriva autoritaria en el manejo del tema. Deriva en la que, con seguridad, coinciden varios sectores y potencian los medios de comunicación. En esta, seguramente saldrán iniciativas como las de volver a las mallas y eliminar las barras.

Si el fenómeno fuera nuevo, sería aceptable tal reacción. Pero, además de que este tiene más de 25 años, hay que señalar que sin mallas y a punta de negociación y con pocos, aunque lamentables, hechos de violencia, se ha funcionado desde 2011.

Entonces, algo habría que aprender de lo vivido. Así como indican en otros campos: construir sobre lo construido. Por cierto, los barristas ya no son principalmente jóvenes, hay incluso abuelos y cada vez más mujeres.

Décimo: el valor de la democracia

La situación de Nacional y los del Sur tiene tintes particulares. Recoge, de formas que necesitan dilucidarse, las tensiones políticas entre la actual alcaldía y sectores tradicionales de la dirigencia antioqueña.

Foto: Alcaldía de Medellín - La situación de Nacional y Los del Sur refleja tensiones políticas entre la alcaldía de Medellín y los sectores tradicionales de la dirigencia antioqueña.

Estamos, por tanto, ante una potencial deriva autoritaria en el manejo del tema. Deriva en la que, con seguridad, coinciden varios sectores y potencian los medios de comunicación. En esta, seguramente saldrán iniciativas como las de volver a las mallas y eliminar las barras.

Esto implica que lo sucedido tiene un transfondo algo más profundo y mensajes e información poco creíble, por no decir sustancialmente falsa, de todos los involucrados y afectados.

Por ello, es muy grave que, dentro del periodismo deportivo y político, sean tan pocas las voces con capacidad de salirse del relato simplista que reitera, desde hace 25 años, que son unos pocos desadaptados, vándalos, enemigos del fútbol y que la preclara solución es eliminarlos. No sobra reiterar, aunque les disguste, que la solución es mejor si no viola ni los límites de la democracia, ni de las mínimas consideraciones humanitarias.

Puede leer: Fútbol y mujeres en Colombia: entre la resistencia y la gloria

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Alcaldía de Bogotá

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La política y el fútbol tienen una relación muy estrecha. A continuación tres episodios futboleros que reflejan la realidad de la sociedad colombiana.

Andrés Dávila L.*

La Sub 20

El pasado domingo 12 de febrero culminó, con triunfo de Brasil, el Sudamericano Sub 20 del fútbol masculino que clasificaba cuatro seleccionados al mundial Sub 20 que se realizará en mayo en Indonesia y tres a los Panamericanos en Chile, clasificatorios para los Olímpicos de Paris en 2024.

El seleccionado colombiano, pese a comenzar con algunas dudas en un grupo muy difícil por la presencia de Brasil y Argentina, consiguió obtener el tercer lugar con un buen desempeño, 10 de 15 puntos en el hexagonal final, y no perdió ante el campeón.

El seleccionado patrio ganó sin ganar y consiguió que el público colombiano apoyara masivamente al equipo, tanto en Cali como en Bogotá.

Valga decir que, en la categoría Sub 20 masculina, se han ganado tres suramericanos y que se logró la mejor posición en el plano mundial con un tercer puesto en 2003 en Emiratos Árabes Unidos.

Al igual que sucedió en 1985 en Paraguay, los juveniles colombianos lograron encender una pasión apagada por la eliminación de Qatar. A su manera, aportaron a nuestros imaginarios de nación y referentes de identidad. Ellos tuvieron tres rasgos llamativos.

El primero: un equipo compuesto por una mezcla de jugadores afro y lo que, para el vulgo futbolero, serían jugadores blancos. Provenientes de diversas regiones, incluido Bogotá, y con la novedad de varios jugadores que, si bien tienen la nacionalidad colombiana, han vivido y se han desarrollado futbolísticamente por fuera del país.

El segundo: un equipo que parece responder a condiciones del fútbol moderno. Es decir, velocidad, despliegue físico y sacrificio de los onces jugadores en cancha, con independencia de su posición y sus características. Aunque en esto hay debate pues periodistas deportivos piensan que, por el contrario, el técnico no ha llegado al siglo XXI.

Al igual que sucedió en 1985 en Paraguay, los juveniles colombianos lograron encender una pasión apagada por la eliminación de Qatar. A su manera, aportaron a nuestros imaginarios de nación y referentes de identidad. Ellos tuvieron tres rasgos llamativos.

El tercero: la personalidad, convicción y capacidad para jugar de igual a igual con cualquier rival, respetándolo, pero mostrando entereza, sacrificio y capacidad de lucha. Un hecho novedoso para el seleccionado colombiano.

Esto, incluso, en circunstancias adversas como la que tuvieron contra Brasil, después de desperdiciar un penal y, a los dos minutos, quedar con un hombre menos; ante un Brasil cargado de malas maneras se notó este rasgo.

En síntesis: tenemos un equipo que nos hará madrugar para seguirlo en lo que ojalá sean exitosas participaciones que profundicen imaginarios y referentes.

Foto: Twitter: Club Deportes Tolima - El Deportes Tolima fue sancionado con cuatro fechas sin público y una multa de más de 12 millones de pesos.

Lea en Razón Pública: Mundial de Qatar: el poder del fútbol, FIFA y soft power

Tarjeta roja

Mientras terminábamos de regocijarnos con lo nacional, en un partido entre Tolima y Millonarios, ese mismo domingo, se nos apareció la violencia. Un fanático del Tolima saltó a la cancha desde una tribuna para insultar y agredir a Daniel Cataño de Millonarios. Después de golpearlo, intentó correr de regreso a la tribuna, pero fue alcanzado por el jugador. En ese momento lo retuvo algún miembro de la policía.

Este tipo de situaciones son un buen reflejo de la sociedad, de lo que puede llegar a producir el fútbol. Hay que observar cuidadosamente  esos paradójicos y llamativos cruces entre una realidad, la de nuestra cotidianidad, y la paralela, sujeta a otro tiempo y otro espacio y otras reglas: la del fútbol.

Mientras jugadores y árbitro se dirigían hacia el lugar de acceso al campo de juego, el árbitro central, en pleno uso de su “autoridad”, mostró la tarjeta roja a Cataño por la reacción violenta ante su agresor. Este fue sacado del estadio por tres policías que lo detuvieron, mientras varios sectores de la tribuna reían con regocijo y le manifestaban masivamente su apoyo.

La razón, el jugador agredido desperdició, jugando para el Tolima, un penal hace 8 meses en la final contra Nacional y luego se hizo expulsar. Ante el ambiente enrarecido en Ibagué, se hizo un canje entre los dos equipos y Cataño vino a Millonarios.

Pero, por lo visto, el cambio no borró de la memoria lo sucedido y desde las toldas tolimenses no se ha dejado de considerar que Cataño ha sido soberbio, no ha pedido perdón y, muy en el lenguaje machista de los futboleros, no lo han bajado de “maricón”. Además, tuvo el descaro de agredir simbólicamente a unos cuantos seguidores del Tolima que lo recibieron con insultos a su llegada al hotel en Ibagué.

Volviendo al partido, el cruce entre las dos realidades continuó. Los jugadores de Millonarios dijeron que no se debería jugar el partido, que no había garantías y que era fundamental sentar un precedente. Sin embargo, el árbitro Roldán le mostró tarjeta roja a Cataño, antes incluso de que se comentara la situación y llegara a la zona técnica: un esmadárbitro eficiente.

Adicionalmente, en un afán por realizar el juego a como diera lugar, tuvo a bien recoger la opinión del coronel de la policía a cargo de la situación y señalar, equívocamente, que el agresor no tenía armas blancas en su poder. Eso sí, aclaró que el agredido, al reaccionar, no podía volver al partido.

En una línea semejante, el técnico Alberto Gamero buscó una solución intermedia: jugar el partido, pero que Cataño pudiera volver a la cancha. Fue una mala propuesta de negociación y peor ante la terquedad arbitral que deseaba aplicar el reglamento sin importar si el mundo se estuviera acabando.

En ambos casos quedó claro que, pese a sus reconocidas trayectorias, un hecho como el sucedido los superó y no tuvieron la perspectiva adecuada para adoptar las posiciones y decisiones pertinentes.

Los jugadores del Tolima, en cambio, mostraron empatía, solidaridad y resiliencia. Se sumaron a la decisión de Millonarios de no llevar a cabo el juego por la gravedad de lo sucedido y entendieron que, así como el domingo fue Cataño el agredido, en cualquier otro partido y estadio, ellos podían ser las víctimas.

Por el contrario, el presidente del Tolima sostuvo una deplorable posición. Insistió en que, si bien condenaba la acción del hincha tolimense, era necesario castigar al jugador agredido por sus reacciones previas cuando fue insultado y por reaccionar, perseguir y tumbar al agresor. Además, mencionó que debería haber sanción para Millonarios por abandonar el terreno de juego e impedir el desarrollo del partido. En su favor, contó lo difícil que fue recibir y evacuar a miles de hinchas de Millonarios y sacarlos sin violencia de la ciudad.

Lugar de apelación

A la fecha en que esto se escribe, la situación no deja de ser paradójica e interesante. El partido fue reprogramado para finales de marzo y, por tanto, el mundo del fútbol sigue.

El Tolima fue sancionado con 4 fechas sin público y más de 12 millones de pesos de sanción. El agredido, expulsado de inmediato, fue sancionado con tres fechas y algo más de 600 mil pesos de multa. Aunque el reglamento lo indica, no deja de sonar raro, por lo cual la Asociación de Futbolistas Profesionales (ACOLFUTPRO) manifestó su rechazo a la decisión. Estas sanciones seguramente serán apeladas ante la instancia correspondiente, mientras al agredido todavía le queda asistir al requerimiento de la Alcaldía de Ibagué.

Mientras lo contado sucedía en el mundo del fútbol, en la política colombiana asistíamos a una semana particularmente movida, de la cual cabe destacar el balconazo. Ese balcón no se usaba con tanto simbolismo desde cuando al presidente Barco le impusieron portar la camiseta de Lucho Herrera ganador de la vuelta a España en 1987, evento inmortalizado por la pintora Beatriz González

El agresor tiene una multa de 20 millones de pesos y no podrá entrar a ningún estadio por tres años.

En fin, la cuestión sigue en juego, aunque es inevitable sentir que se pasa por encima de códigos del sentido común en el raro entrelazamiento entre las justicias del mundo real y del mundo del fútbol. Y más en un país de energúmenos y leguleyos.

Desde el balcón

Mientras lo contado sucedía en el mundo del fútbol, en la política colombiana asistíamos a una semana particularmente movida, de la cual cabe destacar el balconazo. Ese balcón no se usaba con tanto simbolismo desde cuando al presidente Barco le impusieron portar la camiseta de Lucho Herrera ganador de la vuelta a España en 1987, evento inmortalizado por la pintora Beatriz González

En esta ocasión, vistieron la camiseta roja de la selección Colombia, la esposa y la hija del presidente Petro, mientras este hablaba por más de una hora y veinte minutos. La puesta en escena: una especie de “santísima trinidad” que ojalá algún pincel emérito retrate.

Un hito para una izquierda que, así como no ha dejado atrás la retórica del imperialismo yanqui, le cuesta apropiarse del fútbol, el sucedáneo de la religión como el opio del pueblo.

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Radio Nacional

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Pese a los esfuerzos de las últimas décadas, al compromiso internacional de Colombia y a las prórrogas que hemos recibido, será imposible quedar libre de minas antipersonal para el 2025. Este es el panorama.

Andrés Dávila*

Colombia en la Convención de Ottawa

Hace más de 30 años que Colombia entró a formar parte de los países afectados por la presencia de minas antipersonal. Esto fue la consecuencia inevitable del conflicto armado interno y la presencia del narcotráfico desde la década de 1970.

Cuando las cifras de víctimas de minas aumentaron en varias regiones del país, Colombia dio los pasos para suscribir la Convención de Ottawa o el tratado de Naciones Unidas “sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción”

En 1999 Colombia manifestó la intención de suscribir la Convención; en el 2000 se expidió la Ley 554 que ratifica la adhesión, y en 2002 se expidió la Ley 759, que dio origen a las instituciones básicas para adelantar la Acción Integral contra Minas Antipersonal.

Esto se concretó al crear la Comisión Intersectorial para la Acción contra las Minas Antipersonal, presidida por el vicepresidente de la república, y el Observatorio de Minas Antipersonal que se adscribió al entonces Programa Presidencial para la Promoción, Respeto y Garantía de los Derechos Humanos. Con esto comenzó a desarrollarse el sistema nacional, regional y local encargado de las cuatro tareas básicas en la Acción Integral:

  • el desminado humanitario,
  • la educación en el riesgo de minas antipersonal,
  • la atención y rehabilitación de las víctimas,
  • y el advocacy (abogacía).

Esta labor estuvo acompañada por la comunidad y la cooperación internacional; por instancias de Naciones Unidas, como Unmas, y de la OEA, como AICMA; y por organizaciones no gubernamentales de todos los niveles y organizaciones de la sociedad civil que, no sin tensiones y diferencias, dieron vida a lo que en su momento se denominó la Comunidad para la Acción Integral contra las Minas Antipersonal en Colombia.

Lea en Razón Pública: Las contradicciones de la Paz Total

La década de las “victorias tempranas”

Durante esa primera década se logró avanzar en diversas tareas y obtener algunas “victorias tempranas”. Se logró la destrucción de arsenales, la limpieza de bases militares protegidas con estos artefactos, la creación de capacidades mínimas para el desminado (un pelotón de desminado humanitario en el Ejército) y el principio de la Educación en el Riesgo de Minas y la atención y rehabilitación de las víctimas, activando las instancias correspondientes en los territorios.

Con la llegada del primer gobierno Santos (2010-2014), la cuestión adquirió nuevos desarrollos y problemas. La Ley de víctimas y restitución de tierras, que causó una institucionalidad a todos los niveles para el desarrollo de esas dos grandes líneas de política y que se suponía favorable a una cuestión como la de la acción integral contra MAP, MUSE y AEI, tuvo también efectos contradictorios.

Al cierre de esa primera década de trabajo, el Observatorio se había convertido en el Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal (Decreto 2150 de 2007) y, pese a algunos retrasos, se logró la aprobación del CONPES para la Acción Integral contra Minas Antipersonal (MAP), Municiones Abandonadas sin explotar (MUSE) y Artefactos Explosivos Improvisados (AEI) (Documento Conpes 3567 de 2009), con unas perspectivas presupuestales a 5 años y la correspondiente política en la materia aprobada por la Comisión Intersectorial, con una perspectiva a diez años.

En algunos departamentos, como Antioquia y Cauca, los comités respectivos operaban con alguna regularidad y seguimiento, mientras se hacían esfuerzos por comprometer a las autoridades regionales y locales en la temática.

Al final de dicho periodo, Colombia fue sede, en Cartagena y con la presidencia de Noruega, de la Segunda Conferencia de Revisión de la Convención de Ottawa. De manera paradójica, ese evento promovió la atención de diversos aspectos importantes, pero eso mismo causó la aparición de asuntos que estaban por definirse y, en principio, propiciaron tensiones y desencuentros.

La prórroga

Uno de estos fue la solicitud de una prórroga de diez años para que Colombia cumpliera su compromiso de tener un territorio libre de MAP, MUSE y AEI, la cual fue aprobada en 2011.

Con dificultad se logró aumentar paulatinamente la capacidad de desminado humanitario, al ir pasando de un pelotón a un batallón especializado en estas labores y cuyos miembros y tareas fueron finalmente reconocidos por sus superiores.

Sin embargo, cuando se aprobó el CONPES no se había considerado desde el ámbito gubernamental la realización de desminado humanitario por organizaciones no gubernamentales o empresas, tal y como se había hecho en muchos otros países del mundo.

La presencia de HALO International, especializada en la materia y con fuerte respaldo en Gran Bretaña y Estados Unidos, acabó por abrir la discusión y causar tensiones, dado que desde el gobierno se consideró procedente abrir espacio a ONG´s internacionales como HALO o Ayuda Popular Noruega, entre muchas otras, más no a empresas (algunas sudafricanas y otras croatas).

De manera inexplicable, varias ONG´s nacionales y la Procuraduría se opusieron a esta alternativa, a partir de una confusión generada en el caso de la erradicación manual de cultivos ilícitos, que empezó a convertirse en un problema al causar víctimas por estos artefactos allí donde se intervenían tales plantaciones.

Al final se impuso la sensatez, aunque con exasperante parsimonia, y se crearon unos protocolos y procesos para acreditar a las organizaciones que querían hacer desminado humanitario en Colombia.

La era Santos

Con la llegada del primer gobierno Santos (2010-2014), la cuestión adquirió nuevos desarrollos y problemas. La Ley de víctimas y restitución de tierras, que causó una institucionalidad a todos los niveles para el desarrollo de esas dos grandes líneas de política y que se suponía favorable a una cuestión como la de la acción integral contra MAP, MUSE y AEI, tuvo también efectos contradictorios.

Tanto el aumento de las capacidades de desminado como la posible acreditación a civiles, que igual tardó varios años, encontraron un respaldo interesante de la institucionalidad de restitución de tierras y apresuraron los ejercicios de focalización, priorización y microfocalización.

En víctimas y educación en el riesgo de minas, los comités departamentales tuvieron que acogerse a las nuevas disposiciones que, lamentablemente y por su dimensión, quedaron casi siempre en la cola de cualquier agenda para su tratamiento, perdiéndose en muchos casos la urgencia y pertinencia de las respuestas que allí se necesitaban.

Por otro lado, el avance de las negociaciones con las FARC en La Habana y los varios ceses unilaterales implicaron un relativo protagonismo del tema. Esto debido a que la disminución de combates condujo a la disminución de las víctimas por estos artefactos.

En el caso del desminado, se usó un novedoso ejercicio en Antioquia con la participación de la Ayuda Popular Noruega y de combatientes de las FARC que ayudaban a localizar los artefactos a destruir (experiencia que arrancó en medio de las negociaciones en marzo-abril de 2015).

Minas antipersonal: ¿cómo vamos?
Foto: Gobernación del Tolima - En los últimos años se han sembrado más minas antipersonales en Colombia y sus principales víctimas son civiles.

El país tiene de nuevo alrededor de 150 víctimas al año, entre una cuarta y una quinta parte del peor momento, de las cuales el 60 % son civiles, cuando en el histórico no superaban nunca el 30%.

No obstante, una decisión del segundo gobierno Santos, con la necesidad de quitarle al entonces vicepresidente Germán Vargas Lleras responsabilidad sobre cualquiera de los asuntos de derechos humanos y acción humanitaria, que sus predecesores habían atendido, llevó a que el programa pasara a ser una oficina más de las consejerías presidenciales relacionadas con conflicto y paz, perdiendo capacidad de convocatoria al no tener al vicepresidente como cabeza de la política.

Aun así, y en relación con la firma del Acuerdo de Paz y la necesidad de ejecutarlo, llegaron recursos especialmente para el desminado humanitario. Y esta ha sido, sin duda, la labor más visible y notoria de la política para la acción integral, la cual, durante el gobierno Duque y lo que va del gobierno Petro, ha seguido la complicada labor de entregar municipios cuyos territorios están liberados de estos artefactos y, por tanto, la población campesina, indígena y afro, que los habita, puede desplazarse sin riesgo.

La prórroga no alcanzará

Actualmente, dos asuntos causan nuevas tensiones y problemas. De una parte, la comunidad internacional cercana al tema decidió entregar un mundo libre de minas en 2025.

De la otra, en el reflujo relativo del conflicto en Colombia, nuevamente los Grupos Armados Organizados (GAO) están sembrando minas para proteger cultivos, campamentos y territorios. Además, las comunidades han advertido de desplazamientos y confinamientos, mientras las cifras de nuevas víctimas han aumentado de nuevo, aunque lejos de los picos de casi 700 víctimas por año en 2005 y 2006.

El país tiene de nuevo alrededor de 150 víctimas al año, entre una cuarta y una quinta parte del peor momento, de las cuales el 60 % son civiles, cuando en el histórico no superaban nunca el 30%.

Con el avance hasta la fecha y pese a los diversos esfuerzos, el país no puede cumplir su compromiso a 2025 y sería bueno empezar el trabajo para solicitar una nueva prórroga.

Las cifras hablan de 889 municipios libres de minas en la actualidad. De estos, 299 han sido objeto de desminado humanitario y 185 confirmaron la ausencia de dichos artefactos usando el relacionamiento con las comunidades y otras metodologías avaladas internacionalmente. Los otros 405 nunca manifestaron presencia de estos artefactos.

Sin embargo, todavía quedan 99 que están siendo intervenidos, 12 por dar prioridad

y asignar ONG para desminado y 122 que no pueden ser intervenidos dadas las condiciones de conflicto y la presencia de GAO, guerrillas, disidencias; donde se siguen sembrando minas.

Es esta la razón sencilla y escueta que justifica, de manera transparente, las razones para una más que necesaria prórroga.

No sobra, en todo caso, reiterar que no basta con el desminado y menos si nuevamente estos artefactos se siguen sembrando en varias regiones. La Educación en el Riesgo de Minas y la Atención y Rehabilitación a las Víctimas siguen siendo prioritarias y urgentes. Tal vez es necesario recordar que se trata de una Acción Integral contra las Minas Antipersonal, a cargo de una comunidad que no es únicamente el gobierno o el Estado.

Si quieres la paz, prepárate para la guerra: Colombia debe comprar aviones caza

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Twitter

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La FIFA tiene más miembros que Naciones Unidas, y el fútbol es un modo de ganar imagen e influencia que utilizan muchos en distintos sentidos. Este es el clima de opinión a una semana del primer pitazo.

Andrés Dávila L.*

Las nuevas controversias del fútbol

Estamos a una semana del Mundial Qatar 2022. Es cierto que Colombia —como Italia, Chile, Egipto, y varios más— no clasificó; pero los 32 que lo lograron ya están camino a esa calurosa y diferente realidad.

Y, pese a los cambios de este mundial —por la fecha, por las condiciones, por lo sucedido y por sus múltiples exigencias—, el mundo futbolero se apresta a entrar en ese embrujo de un mes durante el que solo se habla de fútbol.

Los cambios para que Qatar 2022 fuera realidad han revivido discusiones políticas, sociales, de negociación, de corrupción, de adaptación, de violaciones de derechos humanos, y sobre trabajadores muertos —que, una semana antes, acompañan la antesala del evento—.

De allí, las declaraciones en contra del mundial del técnico Jurgen Klopp, de un cuasiconvicto como Sepp Blatter; la solicitud de Dinamarca de entrenar con camisetas alusivas a las violaciones de derechos humanos; la tenue flexibilización del mundo islámico en Qatar ante la avalancha de turistas e hinchas fundidos en la magia del gol.

El poder suave del fútbol

En este mundo de la inmediatez y las experiencias únicas (aparentemente), muchos anticipan que la injerencia de la política en el fútbol, el soft power como herramienta de los Estados o la diplomacia deportiva son cosas del siglo ⅩⅪ.

Pues bien, esto no es así. El fútbol se consolidó como espectáculo deportivo profesional, irónicamente, desde las últimas décadas de la Inglaterra del ⅩⅨ. Ha tenido relaciones diversas y complejas con la política y las manidas relaciones internacionales.

Desde hace más de un siglo, la FIFA se ha convertido en una de las organizaciones internacionales con más recursos, poder e influencia internacional. Su dominio se ha transformado junto con las sociedades; pero también con el fútbol como fenómeno social y como espectáculo deportivo capaz de paralizar —simbólicamente— al mundo durante un mes cada cuatro años.

La FIFA y el fútbol se han extendido, especialmente desde los años setenta del siglo ⅩⅩ; se repite que tiene más afiliados que las Naciones Unidas. Por ello, cabe preguntarse por la naturaleza de la FIFA: ¿es un organismo internacional?, ¿es una multinacional?, ¿es simplemente una Asociación que cobija a todas las confederaciones regionales y federaciones nacionales que rigen el fútbol?

El fútbol es una parte de nuestra historia

Ello, sin olvidar que, aunque como hinchas decimos que el fútbol es eterno, es bueno recordar que es un fenómeno histórico que tiene un comienzo en la Inglaterra del siglo ⅩⅨ, y posiblemente, algún día, un final.

La relación entre política y fútbol —al igual que entre violencia y fútbol y entre juego y fútbol— sigue ahí y ha sufrido transformaciones. Cabe recordar —mínimamente— cómo Mussolini utilizó los mundiales de 1934 (Italia) y 1938 (Francia) para demostrar su poderío; Hitler también lo intentó con los Juegos Olímpicos de 1936 (Berlín).

Solo que el fútbol —y el deporte en general— no son simples herramientas de soft power. De allí algunos hechos paradójicos:

  • los velocistas norteamericanos negros triunfaron en los Olímpicos de 1936;
  • Italia nacionalizó a futbolistas argentinos para conseguir la superioridad de su selección.

Fútbol y política, entonces, coleccionan ejemplos históricos:

  • Mundial de Suiza 1954: ganó Alemania, apenas en reconstrucción.
  • Mundial de 1970:
    • un partido eliminatorio sirvió de justificación para una guerra entre países;
    • Brasil fue campeón por tercera vez, un equipo relacionado con la dictadura del país.
  • Mundial de 1974: Chile clasifica porque la URSS se negó a jugar en el Estadio Nacional de Santiago, sede simbólica y real de la represión.
  • Mundial de 1978: avalaba una dictadura militar; ganó Argentina con varios hechos extrafutbolísticos, como el 6-0 contra Perú.
  • Mundial de 1994: Colombia juega bajo las amenazas de los narcotraficantes contra los entrenadores, que culminan con el asesinato de Andrés Escobar.

Habrá que evaluar más rigurosamente los mundiales como ejercicios de soft power y diplomacia deportiva en Sudáfrica, Brasil y Rusia.

Lo de Qatar, entonces, no es nuevo; no es diferente a esa compleja y, a veces, tensa relación. Pero hay al menos cuatro asuntos por destacar.

Foto: Wikimedia Commons - Muchos trabajadores muertos, muchas restricciones a la libertad, un mundo de subordinación y desconocimiento de las mujeres. Qatar, por ahora, no parece un lugar deseable.

Qatar es potencia, pero no del fútbol

Primero, obedece a una clara decisión política de Qatar. Esto coincide plenamente con la teoría del soft power y la diplomacia deportiva, anclada en los recursos petroleros y en el control de una familia sobre Qatar —uno de los países construidos sobre la explotación del oro negro—.

Hay, incluso, un documento de visión hasta 2030, que hace del mundial un eslabón hacia la modernización, diversificación y reconocimiento del Qatar. Por eso, no es solo el mundial; también se ha invertido en clubes de primera importancia, con la colaboración de Qatar Airways —por ejemplo—.

No importa, en ese caso, que el fútbol de Qatar sea irrelevante; que la liga sea todavía de mentirijillas, así un jugador catarí haya llegado al Villarreal de España. Y no importa que, por condiciones climáticas, se haya tenido que cambiar la fecha tradicional; no importa que el mundo del fútbol esté sometidos a estos cambios.

La corrupción, el otro espectáculo

Segundo, se consiguió sede después de que las prácticas de corrupción empeoraran. Claramente, no fue Qatar el primero y seguramente no será el último. Pero esta vez se transgredieron todas las líneas de contención y, como ha sucedido desde que se abrió la investigación contra la dirigencia de la FIFA, la todopoderosa organización ha quedado bajo la supervisión y tutela de varias justicias del mundo real —entre ellas, Estados Unidos—.

Grandes figuras como Blatter y Platini quedaron expuestos públicamente y con sus trayectorias sujetas a examen y, en no pocos casos, condena. Hubo un elemento crítico: el escándalo, por sí solo, pone en cuestión toda la estrategia de soft power.

Tradición mundial

Tercero, se rompieron tradiciones, prácticas y ritmos del fútbol mundial. Qatar quedará siempre como un atravesado que abre puertas a excesos de confianza: mundial con 48 participantes, mundiales de varios países, mundiales cada dos años.

No hay límite para el apetito de eso llamado la FIFA, cuya dirigencia, envalentonada, nunca considera que las cosas puedan cambiar —por ejemplo, con un cisma como el que hace un año estaba en ciernes—.

El fútbol está cambiando, para bien y para mal. Ni siquiera la pandemia sirvió para la reflexión. Cuando se acabaron el fútbol y los deportes por efecto del Covid, la vida siguió, y fue claro que la sociedad podía vivir sin fútbol y sin deportes.

Pero poco se aprendió y, de hecho, lo que se vio luego fueron las secuelas de un fenómeno que se cree eterno, invencible, ilimitado. Ni siquiera la reivindicación del fútbol femenino conduce a una mínima reflexión. Un deporte de machos heteropatriarcales que se sienten inmortales y eternos. Me siento, como Homero, escribiendo sobre los dioses del Olimpo.

Explotación laboral propia para ocio ajeno

Se extremaron prácticas laborales propias de la cultura; por tanto, el mundial se sostiene sobre muchos excesos: es paradójico para quienes gobiernan Qatar, que querían mejorar su imagen ante el mundo. Además —como ya se dijo—, los ingentes recursos motivaron la corrupción.

Mas esta vez se hizo visible y dramático, y ha despertado rechazo y desconfianza: muchos trabajadores muertos, muchas restricciones a la libertad, un mundo de subordinación y desconocimiento de las mujeres. Qatar, por ahora, no parece un lugar deseable.

El fútbol será ensordecedor

Pero ojo: faltan ocho días, y todavía se puede pensar y escribir esto. Desde el 20 de noviembre apenas habrá tiempo para tres o cuatro partidos diarios durante dos semanas, y todo lo aquí dicho no valdrá nada.

Valdrá la gran incógnita de si Qatar permitirá que los suramericanos muestren que no es cierta la tal superioridad europea —que les llena la boca a todos los arribistas de la región—. O de si se repite la variada superioridad europea, que debería entenderse como lógica. O de si la variación que implica Qatar le permite a un norteamericano, a un africano o a un asiático llegar a ser campeón. Veremos. Mi voto es por Argentina… y, luego, por Brasil.

Coda 1: Y ¿cuándo hablamos del significado del subtítulo mundial de la Sub-17?

Coda 2: Y ¿cuándo del fútbol de hoy, con Var y otros aditamentos, que lo hacen un videojuego?

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Presidencia de la República

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Los primeros pasos del gobierno frente a la Fuerza Pública anuncian cambios de fondo en el papel de los militares y los policías, la concepción de la seguridad y la relación entre civiles y uniformados. Antecedentes, razones y tensiones del remezón que ya está comenzando.

Andrés Dávila L.*

La espada del poder civil

El triunfo de Gustavo Petro y su posesión como presidente de la República ha tenido múltiples, complicados, esperanzadores y contradictorios simbolismos y significados.

No obstante, un ámbito particularmente sensible en lo simbólico, lo ideológico y lo programático es el de la seguridad y las relaciones que se han establecido y se desarrollarán entre el actual gobierno, particularmente el presidente y su ministro de Defensa, la cúpula militar y policial, y el aparato militar-policial o de la Fuerza Pública.

Una primera constatación, incluso con los desafortunados trinos del general Zapateiro y su ejercicio de desnudarse, no en Soho sino en Semana ante una pseudoperiodista, es la de la subordinación de nuestras fuerzas y de sus cúpulas profesionales ante el poder civil, la democracia, la Constitución y, por esas vías, el presidente y su ministro de Defensa.

Esto se acabó de constatar el día de la posesión con el cumplimiento de la orden de llevar la Espada de Bolívar a la Plaza, contrariando la decisión del saliente presidente (¿cómo es que se llamaba?) y, después, con el reconocimiento en la Plaza de Armas, cuando marcharon al paso la cúpula vigente y el nuevo presidente.

Un remezón con antecedes

Pero después han sucedido varios hechos y se han hecho varios anuncios que ameritan algunos comentarios, precisiones y advertencias.

Un primer anuncio, además del de la nueva política de Seguridad Humana, fue el de una cúpula que, de entrada, implicaba un intenso remezón, tan intenso que solo cabe compararlo con la disolución de la Policía en 1948, después de El Bogotazo.

Cabe anotar que en todos los gobiernos se han presentado fricciones entre el presidente y las fuerzas, en cabeza bien del ministro de Defensa (militar o civil) y las cúpulas, resueltos siempre a favor de los gobiernos civiles. En concreto, esto no ha sucedido aun con el gobierno Petro. Pero es importante tenerlo como referente.

Lo de ahora es un cambio profundo que puede resultar bien, pero que no evita pensar en que el remezón nos deja con unas Fuerzas sub-17 (ahora que andamos en mundiales de fútbol femenino en categorías menores).

Una revisión pausada permite encontrar remezones más o menos significativos. Por poner algunos ejemplos, con Uribe en su primer gobierno, cuando sacó al menos cuatro generales que se oponían a las operaciones y estructuras conjuntas (lo que después serían las Fuerzas de Tarea Conjuntas), o cuando, para permitir que el general Naranjo fuera director de la Policía, mandó a retiro a cerca de ocho generales.

O sea que los remezones también los hace la derecha y habría que agregar que Uribe se atrevió a poner como comandante del Ejército al primer general cristiano que hasta allí llegó.

Santos también removió e hizo remezones. Falló, por ejemplo, al pretender que un almirante podía ser comandante general de las Fuerzas Militares. Aprendió a remover internamente y potenciar a todos los favorables a la paz.

Duque, como en todo, obedeció órdenes y mantuvo la cúpula de Santos casi seis meses, mientras encontraba figuras relativamente mediocres pero manejables. Y así le fue.

Lo de ahora es un cambio profundo que puede resultar bien, pero que no evita pensar en que el remezón nos deja con unas Fuerzas sub-17 (ahora que andamos en mundiales de fútbol femenino en categorías menores).

Y claro, algún sub-17 puede ser como Linda Caicedo, pero también se quemaron generaciones que venían preparándose y no todos los de las fuerzas básicas logran consolidarse. Sin duda, hay debilitamiento al acudir solo a la juventud y un buen ejemplo de ello lo da el primer gabinete del gobierno Duque o el del gobierno Gaviria.

Queda por indagar de los más de 50 generales que pasaron a retiro, aunque a última hora algunos se mantuvieran como asesores, las razones de su exclusión. Se me ocurren tres: informaciones sobre participación en falsos positivos o violaciones de los derechos humanos; participación en casos de corrupción; y el conjunto de generales que no soportan que un exguerrillero sea su comandante supremo y tengan que obedecerle.

Lo que se percibe, fundamentalmente, es un gobierno decidido a cambiarlo todo con, por ahora, ideas generales que se enlazan con textos genéricos de Naciones Unidas y ONG’s y un, hasta ahora, relativamente afortunado uso de simbolismos y momentos.

Esto se da relativamente, pues algunos hechos no resultan afortunados: en el remezón se llevaron hasta a los que no tocaba; en lo de la dni, que tiene y no tiene que ver con lo que se está tratando, tanto la incursión exigiendo información, como la figura elegida para dirigirla suscitan inevitables interrogantes; en lo simbólico, la no asistencia al reconocimiento en la José María Córdova permite que se hable de que el principal problema del gobierno es la puntualidad del presidente.

Foto: Presidencia de la República - las esperanzas de los votantes y simpatizantes del nuevo gobierno son sin duda muy altas.

Puede leer: Los problemas del ejército colombiano

De la “seguridad democrática” a la “humana”

Además, es llamativo que la subordinación histórica e institucional permita que la nueva cúpula hable de “seguridad humana” y acepte que ya no combaten contra sino por la población y que el fundamento de su labor está patas arriba.

Pero cabe preguntarse por el conocimiento, la relación, la confianza, la tranquilidad y la seguridad (en cuanto a condiciones de vida como empleados del Estado) de militares y policías respecto de su situación y de estos cambios, especialmente en un momento cuando su favorabilidad ante la opinión se ha desbarrancado, hay fracturas internas importantes y asuntos como los de la verdad y la justicia transicional los tienen internamente divididos.

En el extremo está la sonora y democratera reiteración del presidente de que cualquier policía pueda llegar a general, mensaje en el cual no se sabe qué es peor: si lo barato y populista del argumento o el desconocimiento de cómo esto causa adhesiones de las bases de las fuerzas que contrarrestan los demás efectos negativos.

De entrada, parece que se desconoce que son instituciones que operan de manera jerárquica, inercial y con tremenda aversión al cambio. Cualquier balance de la ejecución-apropiación de la Doctrina Damasco indicaría los límites de estos cambios. Y eso que tal cambio no implicaba saltar a las antípodas.

Los primeros días del cambio

Y allí caben varios señalamientos no menores. Es muy interesante y valioso reconocer la convicción y el desparpajo del presidente y su ministro para, en los primeros cien días, lanzar al escenario todas sus propuestas, con prisa, sin pausa y sin pena.

Ellas incluyen, también, pasar la Policía a otro ministerio y eliminar el servicio militar. Aunque, como señala María Victoria Llorente, si tal modificación no se hace bien, puede causar efectos peores y desandar conquistas y capacidades de la Policía, justo cuando lo que más se necesita es mantener la demostrada capacidad y recuperar la confianza de la ciudadanía en un tema: la percepción de seguridad.

Lo del servicio militar obligatorio es el principal vacío de las entrevistas pomposas al ministro: no tiene idea del tamaño y composición del presupuesto del sector y, parece, no le interesa mucho. No es consciente de que es mayoritariamente de funcionamiento y tremendamente inercial.

Tal vez sería bueno advertirle que eliminar el servicio militar obligatorio, aunque sea loable, deseable y llamativo, puede costar un porcentaje importante de la reforma tributaria si se quiere mantener, mínimamente, la capacidad de nuestras fuerzas hoy.

Por otro lado, los aviones de la Policía son pequeños asuntos coyunturales, necesarios y seguramente acabarán comprándolos.

En fin, cabe decir que, a diferencia de otros colegas que dan prioridad a un análisis para dar tranquilidad, quiero señalar que, en términos institucionales y del funcionamiento, no hay amenazas reales de insubordinación, un eventual “ruido de sables” y demás, pero que dentro de las fuerzas y en su relación con el gobierno la situación debe estar caliente y seguirá así.

Es bueno no creer que por las declaraciones de un director o comandante se tiene ya el respaldo de la institución y sus hombres. Este periodo apenas comienza y veremos cómo sigue y cuál será el desenlace…

Posdata: Se realizó la ceremonia de reconocimiento del Ejército al presidente, al ministro y a la nueva cúpula. Empezó a tiempo y no hubo nada que lamentar. Y si, paradójicamente, un discurso que nos devuelve al período 1962-1965.

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

Foto: Facebook: Gustavo Petro

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La victoria de Gustavo Petro fue la punta del iceberg de una serie de paradojas en el sistema político colombiano.

Andrés Dávila*

Muchas paradojas y pocas conclusiones

Las elecciones del 19 de junio fueron un verdadero ejemplo de una democracia vital y vibrante en Colombia.

Esta afirmación puede tener muchos detractores, pero todos tendrán que aceptarla tarde o temprano. Todos han ganado y han perdido gracias al carácter tremendamente competitivo de nuestro sistema electoral.

Además, el resultado abre un amplio espectro de paradojas para opinadores, analistas y militantes. Conviene plantear algunas de ellas para la discusión y para análisis posteriores. No parece un momento para afirmar grandes conclusiones, pues el escenario es aún incierto.

La primera paradoja es el alcance y la magnitud del cambio que atraviesa la sociedad colombiana. De entrada, los dos candidatos que concurrieron a segunda vuelta tenían un mensaje de cambio y de rechazo al continuismo. En las elecciones, casi hubo un empate técnico entre los candidatos, con el lo cual el cambio se vuelve una etiqueta.

Cabe preguntarse lo que realmente espera la sociedad colombiana con este cambio. Más del 50 % de los que votaron, en una de las elecciones con mayor participación de la historia, prefirió el cambio propuesto por la izquierda. Sin embargo, el restante 49 % votó por un cambio que tenía unas connotaciones distintas.

Dicho esto, ¿qué cambió después de la segunda vuelta, y cómo?

Entre personalismos y partidismos

La segunda paradoja estriba en hasta dónde los partidos o movimientos políticos siguen movilizando a los electores o si están al borde de desaparecer. En este momento, como dicen algunos comunicadores, parece que asistimos a una pugna de personalismos.

Conviene indicar que este año, entre marzo y junio, vimos cómo la sociedad colombiana adoptaba comportamientos sucesivos aparentemente contradictorios e insostenibles. En las elecciones legislativas de marzo, primó la racionalidad partidista. Sin embargo, en las consultas ganaron las tendencias personalistas. Esta lógica sería a la vez confirmada y desvirtuada en las dos vueltas presidenciales.

¿Sobre cuál caracterización del sistema nos quedamos? ¿Cuál está más cercana a la realidad? ¿Existe en una tendencia partidista, populista, extremista y personalista en Colombia? Si es así, ¿es de izquierda, de centro izquierda, de centro, de derecha?

Democracia en crisis o democracia en ciernes

Para algunos, el triunfo de Petro y del Pacto Histórico significa una confirmación de una democracia en ciernes, dispuesta por primera vez a contar con un gobierno predominantemente de izquierda.

Aunque el resultado parece contundente y fue aceptado, es interesante recordar que para el hoy presidente electo y sus huestes, el fraude no solo era un hecho, sino una razón. Cabe anotar que los sectores que se consideran de oposición, el fraude también era inevitable.

La realidad fue otra y no hubo el mínimo atisbo de movilización y protesta. A lo sumo, celebraciones espontáneas y un gran trancón por la carrera 30 en Bogotá. El fraude, en consecuencia, parece ser un imaginario político que se usa a discreción.

Por tanto, más que una democracia en ciernes, los resultados hablan de una democracia madura. Ojo, no se ha dicho ejemplar y perfecta, solo histórica y comparativamente democrática.

Por lo pronto, se ven muchos sectores acomodándose a la nueva realidad y la pregunta está abierta: ¿somos una democracia en crisis o somos una democracia en ciernes? Ambas posibilidades tienen argumentos interesantes.

Pero, desde una mirada desapasionada y fría, las recientes elecciones son un excelente ejemplo de funcionamiento democrático. Esto no está exento de vacíos, limitaciones y desviaciones, pero el resultado es incuestionable.

El proceso electoral de 2022, en su conjunto, permite señalar lo siguiente: la sociedad colombiana está fragmentada. Esto se ve muy bien en la elección del nuevo Congreso.

No hay una bancada dominante puesto que todas dependen de las coaliciones. Las elecciones de mayo y junio indican una profunda división entre petristas y anti petristas. Las reacciones postelectorales pueden suavizar la polarización de forma temporal, pero tienen que convivir con la fragmentación caracterizada del sistema.

Hay tres asuntos a considerar, antes de ingenuos voluntarismos sobre una mejor Colombia. ¿Cómo manejará el presidente y su gobierno esta situación? ¿Cómo reaccionará ante éxitos, estancamientos o fracasos?

Puede leer: ¿Habrá gobernabilidad en el gobierno Petro?

Salvados o condenados

El escenario en que hoy se mueve Colombia es eminentemente político y partidista, pero no en su totalidad aunque el conflicto, la pobreza y las movilizaciones quieran cuestionarlo. En ese escenario, parece importante preguntarse por el tipo de relaciones predominantes. ¿Es el de la política, es el de la anti política, es el de la no política?

Una primera respuesta puede apuntar a que Colombia ha vuelto a moverse en el terreno de la realidad política en el que las perspectivas alternativas son bienvenidas siempre y cuando sean acertadas.

En un terreno algo más esotérico, cuando Álvaro Uribe llegó a la presidencia en 2002, estaba de moda la saga de Harry Potter de J.K. Rowling. No pocos vimos, en la llegada de Álvaro Uribe, algo muy cercano a la influencia del mal y del innombrable.

En ese sentido, tenemos en la figura de los “dementores” una idea clara de cómo ese tipo de energías, influencias o figuras se apoderaron de muchos funcionarios, instituciones y sectores políticos.

Siguiendo las analogías de Harry Potter, Juan Manuel Santos fue en dirección contraria a la de su mentor y gobernó pese a Vargas Lleras, una especie de Dobby, un ser menor y desleal.

Después, Duque repitió este ejercicio “dementorial” en otras circunstancias. ¿Él sería un Lucius Malfoy o sólo un Dudley Dursley? El caso es que, pese a su incompetencia, conviene preguntarse hasta dónde llegó el ejercicio de Duque y qué alcanzó. Por cierto, si Álvaro Uribe es el innombrable, ¿cómo llamamos a Duque? ¿El “subinnombrable”?

Este tema abre un espacio para los zombis políticos. Las decisiones del Consejo Nacional Electoral (CNE), después de lo aprobado para la UP, llevaron a darle vigencia a bancadas y movimientos que no participaban desde hace años.

En términos de derechos humanos fue una buena decisión. En términos de nuestra reciente realidad, fue una mala decisión con la mayoría de estos muertos vivientes, exceptuando a la UP.

Ésta se alió con el Pacto Histórico mientras que el Nuevo Liberalismo, el Movimiento de Salvación Nacional y Verde Oxígeno mostraron su falta de sintonía con la realidad política actual.

En conclusión, no hay nada definitivo. Estamos en tiempos de incertidumbre y de transición, lo que implica que hay que ajustar parámetros, criterios y mediciones. Es bueno tomar distancia, respirar y analizar la situación con calma.

De lo contrario, y como ya nos cansamos de ver en columnas de opinión o en portales, estamos salvados o condenados sin que el nuevo gobierno se haya posesionado todavía. Ambos casos son tristes y soberbios ejercicios de mala anticipación.

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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