Dos años de Duque: un balance de sus tropiezos y metidas de pata - Razón Pública
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Dos años de Duque: un balance de sus tropiezos y metidas de pata

Escrito por Andrés Dávila
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La marca distintiva del gobierno Duque han sido los ventarrones, los escándalos y las salidas en falso. Esta es la historia triste pero cierta.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara*

Dos años de Duque

Sin querer queriendo, como el Chapulín Colorado, Iván Duque llegó a la mitad de su período de gobierno. Como siempre sucede, esta es una oportunidad para que los analistas hagan balances y cortes de cuentas.

El mandato de Duque comenzó con un viento de agosto: una ventisca que sacudió y casi tumba la tarima presidencial. Desde entonces, su gobierno ha estado atravesado por otros ventarrones similares, tropiezos y metidas de pata que han puesto en grave peligro al país.

El siguiente será el balance de las ventiscas que han ocurrido a lo largo de estos dos años y que marcarán para siempre la gestión del presidente.

Un gobierno débil

La primera ventisca —literal y metafórica— de Duque ocurrió el 7 de agosto de 2018, el día de su posesión.

El entonces presidente del Senado, el bachiller Ernesto Macías, inauguró el gobierno de Duque con un discurso particular: lleno de cifras maltrechas y abusadas, una celebración exaltada y auto sobredimensionada de su partido, e insultos y malos tratos a las altas cortes y la Fuerza Pública.

Desde entonces fue claro que comenzaba un gobierno distinto de los cuatro anteriores. En vez de comenzar con una gran coalición, personalista o partidista, este gobierno arrancó con un pie débil y sin apoyos significativos.

Le tocó estrenar el Estatuto de la Oposición, la presencia de la FARC en el Congreso y una oposición variopinta, pero impulsada bajo las nuevas reglas. En lo internacional, el gobierno estuvo plegado desde el principio a los Estados Unidos hasta la indignidad.

Duque conformó un gabinete paritario entre hombres y mujeres, mayoritariamente joven, técnico, con unos cuantos ministros y funcionarios de recorrido y, en apariencia, con experiencia. Pero pronto se hizo evidente la falta de equipo: se pusieron de moda las declaraciones salidas de tono de los funcionarios, los equívocos y las incongruencias.

Para colmo de males, los ministros y ministras con recorrido y los funcionarios con experiencia se hicieron visibles por sus errores, sus salidas en falso y las propuestas encontradas entre el gobierno y el partido de gobierno.

Esa ventisca amainó cuando el gobierno acordó con los rectores y los estudiantes aumentar el presupuesto de las universidades y la ministra de Educación aprendió a negociar con los “stakeholders”.

Vino después el escándalo que condujo a la renuncia de Juan Pablo Bieri, el recién nombrado director de la Radio Televisión Nacional de Colombia (RTVC), y que mostró cierto “talante” en el manejo de los medios que empeoraría con el pasar de los meses.

Foto: Flickr: Centro Democrático El tercer inconveniente del gobierno Duque, fue la derrotas del Centro Democrático en las elecciones regionales.

El show y el ridículo

La segunda ventisca —después del atentado a la Escuela de Cadetes General Santander— vino de la mano del entonces fiscal, Néstor Humberto Martínez, el hijo del “maistro Salustiano”.

Desde la rueda de prensa en donde, patéticamente, quisieron mostrar gran eficiencia investigativa, el fiscal y el ministro de Defensa abrieron un semestre de malas rachas: enredado en el escándalo de corrupción de Odebrecht, Martínez renunció con un show mediático que su padre le habría reprochado, porque estuvo lleno de falsedad y mentiras. Y, por su culpa, Santrich quedó libre y se fugó.

En vez de gobernar, Duque se dedicó a apoyar las objeciones a la JEP hasta fracasar rotundamente. Por poco, casi no logra tener su propio Plan Nacional de Desarrollo. En el Ejército estalló un escándalo de corrupción y falsos positivos, que trajo cambios en la cúpula y que empezó a mostrar dificultades que acabarían de agravarse después.

Y en lo internacional, Duque hizo el ridículo varias veces: falló en su estrategia de apoyar a un gobierno interino en Venezuela, habló de los siete enanitos en la Unesco, presentó imágenes falsas en la ONU sobre la presencia del ELN en Venezuela, y así…

El paro nacional

La tercera ventisca se cocinó a lo largo del segundo semestre de 2019 y estalló en noviembre, tras el notorio fracaso del Centro Democrático en las elecciones locales y regionales.

El paro nacional se extendió con movilizaciones, protestas y cacerolazos hasta que llegó la navidad. El manejo de la protesta recordó una versión envejecida y torpe del Estatuto de Seguridad: se impusieron sospechosos toques de queda, acompañados de falsas noticias sobre vándalos a punto de meterse en los conjuntos residenciales de la ciudad.

Con escobas, machetes, paraguas y armas de fuego, muchos ciudadanos de Cali, Bogotá y otros municipios dejaron ver el alma paraca que lamentablemente parecen llevar adentro los colombianos.

La Fuerza Pública no estaba preparada, pero usó la fuerza sin control para contener la protesta: asesinaron a Dylan Cruz, reprimieron excesivamente a los marchantes y detuvieron arbitrariamente a las personas que estaban cerca de la Universidad Nacional.

Pese a las escandalosas declaraciones de los gremios del comercio sobre las pérdidas que produjeron las marchas, paradójicamente, el país cerró el año con un desempeño económico notable, al menos, en la perspectiva regional.

Y continuaron los escándalos en el sector de seguridad y defensa:

  • En noviembre, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, se vio obligado a renunciar cuando se supo que ocho niños habían muerto en un bombardeo del Ejército;
  • En diciembre, Duque anunció la salida del comandante del Ejército, Nicacio Martínez, rodeado de críticas sobre corrupción y falsos positivos;
  • Por último, a la mala gestión del ministro saliente se sumó la ignorancia del tema militar por parte de su sucesor Carlos Holmes Trujillo.
Foto: Facebook: Iván Duque A Iván Duque le tocó enfrentar una pandemia en medio de los comentarios desatinados de todo su equipo de gobierno.

La pandemia

La cuarta ventisca, ya en 2020, fue la pandemia: un verdadero huracán que sacudió no solo al Gobierno Nacional, sino a los recién estrenados alcaldes y gobernadores.

Y aunque ha habido errores en el manejo de la crisis, vale la pena reconocer algunos aciertos que han salvado al Gobierno:

  • La asesoría de Manuel Elkin Patarroyo se limitó a una intrascendente reunión. En cambio, las decisiones se han apoyado en el criterio del experimentado ministro de Salud, Fernando Ruiz, y de la directora del Instituto Nacional de Salud, Martha Ospina;
  • Se creó el programa de Ingreso Solidario y se amplió la cobertura de las transferencias, aunque con el tradicional “nadadito de perro” de nuestras políticas;
  • Se repartieron las competencias y responsabilidades para contener la pandemia entre los niveles de gobierno, aunque a tientas y no sin encontronazos.

Pero, junto con la pandemia, llegó el primer remezón serio en el gabinete de Gobierno. Entonces, en una caída libre en su popularidad y gobernabilidad, Duque les dio cabida a otros partidos con sus cuotas y su apoyo.

La detención de Uribe

En las últimas semanas, con un claro deterioro de la situación de orden público, marcado por masacres y asesinatos de líderes sociales, llegó la más reciente ventisca: la detención preventiva de Uribe.

Esta ventisca es refrescante, por aquello de la separación de poderes, pero preocupante, por la reacción del presidente y tantos funcionarios dispuestos a atacar y no a acatar. Este episodio ha desatado las reacciones improcedentes de congresistas del partido de gobierno y de tantos periodistas que creen que hacer periodismo es opinar con las vísceras.

Se trata de una ventisca incierta, al fin y al cabo, pero que de entrada le pone más retos y dificultades a un gobierno débil, así se haya arropado de sus “amiguis” de confianza en la Fiscalía, la Defensoría y falta ver dónde más.

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