
El eterno tema de la reelección
Compartir:
Entre jocosa y penosa, esta es la historia de cómo llegamos al “articulito” que cambió nuestro sistema político y que ahora queremos volver a suprimir. ¿Pero será peor el remedio que la enfermedad?
Andrés Dávila L.*
Crónica de una reelección anunciada
En 2003, tras un primer año muy activo y discursivo, el presidente Uribe había conseguido ocupar la mente de los colombianos con el mantra de la seguridad democrática.
Entonces quiso aprovechar su enorme popularidad para cumplir varios de los 100 puntos de su Manifiesto Democrático. Por eso en el segundo semestre de aquel año promovió un referendo con casi una docena de preguntas incomprensibles, que lo llevó a su primera derrota en las urnas en el mismo momento en que –además- la izquierda ganó la Alcaldía de Bogotá.
Al final resultó que cuatro años no alcanzaban para gobernar, ni bien ni mal.
Al año siguiente y para paliar aquel duelo doloroso, el tema de su reelección tomó vuelo repentino. En varias entrevistas el presidente confirmó que nunca se haría reelegir, pero fue Jenaro Pérez, el gerente de la Cooperativa Lechera de Antioquia (COLANTA), quien señaló, como si nada, que era necesario reelegir a Uribe, porque la patria lo necesitaba.
Poco después, al pasar por Bogotá entre sus varias gestiones como embajadora del presidente al que alguna vez acusó de paramilitar, Noemí Sanín señaló que era un imperativo histórico reelegir a Uribe.
Sin mucha convicción, la bancada de gobierno llevó el tema al Congreso y la propuesta estuvo a punto de ser rechazada en su versión inicial. Pero vinieron las controvertidas gestiones para conseguir los votos necesarios para reformar “el articulito”, con cohecho de por medio y otras peripecias tragicómicas.
Después la Corte Constitucional, que todavía tenía no era totalmente uribista y estaba encabezada por Manuel José Cepeda, dio vía libre al entuerto. Y Colombia entró así en la senda de los países donde la reelección presidencial había sido adoptada.
![]() El Presidente Santos durante su segunda ceremonia de posesión presidencial. Foto: Presidencia de la República de Colombia |
El discreto encanto de la reelección
Álvaro Uribe se hizo reelegir en primera vuelta en 2006, y en 2010 volvió a intentar una reforma constitucional que permitiera su segunda reelección inmediata. Esto lo hizo después de haberlo negarlo, de dudarlo (estaba en “una encrucijada del alma”, dijo), y finalmente de impulsarlo (tan de ladito que le quedó mal escrita la pregunta, aunque hasta carro de la Presidencia le hubieran dado al errático promotor de la iniciativa).
Esa vez, la Corte no siguió el juego y cerró el camino a una nueva reelección. Por eso fue necesario encomendarle los “tres huevitos” al exministro Santos, uno de los pocos que en el segundo semestre de 2002 había mantenido una oposición acérrima contra Uribe (aunque también contra Chávez, quien luego sería su nuevo mejor amigo).
Cuando llegó su momento – y en más de una ocasión- el presidente Santos negó su interés en reelegirse, y sus áulicos llegaron a argumentar que alguien de su estatura no se rebajaría así, y que su futuro estaba en la Secretaría General de Naciones Unidas.
Pero no. Al final resultó que cuatro años no alcanzaban para gobernar, ni bien ni mal. Y por eso, incapaces de repeler el abrazo del poder, mientras la figura exista, a ella sucumbiría también Santos.
Entre los presidentes que aún viven, puede decirse que tal vez el único que dignamente no ha intentado reelegirse es Belisario Betancur. Todos los demás con seguridad hubieran querido hacerlo, incluso César Gaviria, quien renunció patrióticamente a cualquier reelección en la Constituyente del 91, pero que ahora desea reencarnar en su hijo Simón para que este sea presidente.
La oposición a su eliminación
Así las cosas, en el actual proyecto de “reforma de equilibrio de poderes y ajuste institucional”, eliminar la reelección parece ser el único asunto que despierta consenso entre el gobierno y entre su coalición de Unidad Nacional, consenso al cual se suman la Alianza Verde y el Polo Democrático Alternativo.
Y en efecto: la reelección parece ser el único asunto que de veras requiere una reforma inmediata: hay que cambiar “el articulito” que desvertebró los equilibrios de la Constitución del 91 de maneras que todavía no hemos acabado de comprender, por otro articulito para ver si salimos de esa rara transición en que nos metió el uribismo.
Hay que cambiar “el articulito” que desvertebró los equilibrios de la Constitución del 91.
Pero claro, los uribistas tienen que oponerse a que borremos el articulito. Para ellos no puede quedar tan claro que el experimento salió muy mal y que – en verdad, y aunque no quisieron aceptarlo- la norma no podía ser solo para Uribe porque las reglas, mientras no se cambien, son las reglas y no pueden ser intuito personae,aunque así seguramente lo quisieran.
Y sigue la opereta: con excepción de la mente superior de José Obdulio, los senadores del Centro Democrático votaron al revés, en un acto que podría equipararse con la mala redacción del texto que se iba a votar en el referendo para la segunda reelección de Uribe.
![]() Plenaria del senado. Foto: Congreso de la República de Colombia |
La dichosa unificación de períodos
Pero el tema no se acaba aquí. Es plenamente comprensible que el uribismo se oponga a eliminar la reelección. Pero ahora resulta que el gobierno, con su coalición mayoritaria de Unidad Nacional, pretende un lado eliminar la reelección inmediata para presidente, y por el otro lado permitir la reelección de alcaldes y gobernadores.
Su excusa (porque no es más que eso) es explicar que se trata de corregir los problemas de gobernabilidad y de gestión resultantes de la disparidad entre los períodos de las autoridades locales y las nacionales. Esto disparidad es cierta, pero justamente a esto le apostamos para profundizar la magra y discutida descentralización colombiana. Y sin embargo los actuales mandatarios locales – como es obvio- apoyan plenamente esta contra-reforma.
Y en este punto los uribistas se oponen a la reelección porque están en la oposición y la orden es esa: oponerse. Pero tienen motivos más serios: el presidente, el vicepresidente y la Unidad Nacional temen que el Centro Democrático avance en las elecciones locales de 2015, y por eso quieren que los gobernadores y alcaldes actuales puedan atravesarse en el camino de los candidatos uribistas.
El tema seguirá
¿Qué va pasar después de todo estos? Cabe afirmar que la reforma importante es prohibir la reelección inmediata del presidente: con esto se harían innecesarios los ajustes para “restablecer el equilibrio de poderes”.
Sin reelección, hasta los excesos de los órganos de control pasarían a un segundo plano. Y los abusos de ciertos personajes en las altas cortes acabarían por debilitarse.
La bendita reelección presidencial inmediata nos sacó de un mundo de poderes controlados y tendencialmente débiles y nos llevó a un mundo de arbitrariedad continua. Y esta, además, se extiende por imitación.
La propuesta de unificación de períodos, por otra parte, se debate entre ser una mala propuesta insostenible y una reforma de fondo, sin estudio y sin consensos, al actual modelo de descentralización.
Paradójicamente, aunque por razones muy distintas, en esta ocasión muchos parecen compartir la oposición del Centro Democrático. Pero ello obedece, muy seguramente, al carácter descabellado de la iniciativa.
Ahora solo falta que alguno de nuestros innovadores institucionales, dueños de una imaginación -o una memoria- bien enredad, vuelva a poner sobre la mesa la vieja tesis de que un sistema parlamentario resolvería todos nuestros problemas.
* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México; profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
Acerca del autor
Andrés Dávila
*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
0 comentarios







