
La selección Colombia
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El equipo, además de la gran hinchada que nos hizo sentir colombianos en México, Estados Unidos y Canadá, jugó un magnificó Mundial. Se hizo sentir y reconocer. Un equipo alegre, combativo, capaz, desafiante.
Ganar sin ganar, sin ganar
Y nos vamos del Mundial cuando parecía más posible llegar a la final. Pero somos Colombia. Nos tocó un partido muy difícil, contra Suiza. Se jugó como tocaba, se compitió como tocaba. Se llegó hasta los tiros desde el punto penal. Y perdimos, como suele sucedernos.
Un equipo que empezó a llamar la atención porque proponía más allá de lo común. Pero frente a la disciplinada y ordenada Suiza, Colombia tenía que romper. Y no lo logró. El fútbol es así.
Perdimos porque no sabemos Ganar. Ganamos sin ganar. No está mal, pero es así. Eso somos.
Cambiar esto es lo difícil. Ahí estamos. Somos, pero no parecemos. Somos. Yo seguiría con Lorenzo
Lorenzo y la identidad
Lorenzo logró algo difícil de conseguir. Logró un equipo que creía en lo suyo. Logró que el equipo fuera y fuera. Y lo hizo alrededor de James Rodríguez. El único futbolista que generaba respeto en todos sus rivales. Se la jugó por eso y, en general, le salió bien. Al final, como suele suceder, queda el vacío.
Pero Néstor Lorenzo lo hizo. Después de 2018 Lorenzo convocó. Y nos hizo volver a sentir que la selección es la selección. Busquen datos, referencias, noticias, encuestas; Lorenzo, a su manera y en sus formas, logró convocar de nuevo.
Durante dos años y algo más Lorenzo y sus muchachos se hicieron famosos. Una gran primera vuelta en las eliminatorias y grandes logros en los amistosos. Con Japón y Corea, con Alemania y España. Así se llegó a la Copa América y se consiguió llegar a la final, en la cual perdimos con un gol en el minuto ciento y algo.
Luego vino un momento difícil. De ganar todo a perder todo. En el último minuto, contra Brasil y Uruguay. En partidos rebeldes, con Ecuador, Bolivia y Paraguay. Y decisiones cuestionables más un muchacho que era, pero que no pudo ser: John Jáder Durán.
Finalmente, se logró clasificar con datos engañosos: fuimos terceros, con buenas cifras de goles y solo por detrás de Argentina y Ecuador. La supuesta eliminatoria fácil con un atasco de equipos con puntaje y goles muy semejantes.
Antes del Mundial un gran riesgo: amistosos con la favorita Francia y la posible rival Croacia. Y el equipo cometió errores costosos y quedó como un equipo sin posibilidades. Sin embargo, Lorenzo y el combo pensaban lo contrario.
Así se asumió el Mundial. Al modo Lorenzo y compañía. El equipo, además de la gran hinchada que nos hizo sentir colombianos en México, Estados Unidos y Canadá, solamente jugó un magnificó Mundial. Se hizo sentir y reconocer. Un equipo alegre, combativo, capaz, desafiante. Con y sin James. A Portugal lo minimizamos, antes de que España lo despidiera.
Y llegamos al partido clave. Contra una Suiza de chocolates y relojes. Partido serio y difícil. Se jugó hasta el alargue, hasta los penales. Y perdimos.
Leo, veo y escucho a una tracamanada de periodistas que juzgan y deciden que Lorenzo se debe ir. Yo veo otras cosas, buenas, regulares y malas. Entre las buenas, la capacidad de jugar los 120 minutos sin conceder, sin desconcentrarse, con resiliencia y capacidad de intentar hasta el final. De hecho, fuimos más en el alargue y dos decisiones malas de Quintero y Campaz nos dejaron en los penales. Pero no hay nada que cobrar, así la colombianada esté desatada portándose mal. Son del Tigre, malas personas.
Entre las regulares, la dificultad para imponerse teniendo más. Sin embargo, esto es más fácil decirlo que hacerlo. El equipo jugó a lo suyo, pero enfrentó un equipo muy serio y difícil. Un equipo que, por varios momentos, nos quitó el balón, supo contrarrestar nuestras virtudes y limitó las posibilidades de manera sistemática. Con la paciencia y la sapiencia de un reloj suizo. Así lo trabajaron y así llegaron a la definición por penales.
Entre las malas, llegar sin llegar, ganar sin ganar. El equipo, sus jugadores, estuvieron ahí. Les faltó la decisión correcta, el disparo adecuado. Así somos. Por eso, llegamos a los penales y en lugar de tener la ventaja, nunca estuvimos a punto de ganar, sino a punto de perder. Y no pudimos salir de ahí. Eso somos y eso hicimos. Que el gran Dávinson, de un mundial soberbio, la pusiera contra el palo y que, además, no rebotara adentro, sino afuera. Y que el Cucho pateara con convicción donde siempre lo hizo exitosamente, y el portero suizo lo supo contrarrestar. Y Camilo, el gran Camilo, casi tapa la primera y luego no vio una. Así es el fútbol. Lo malo es que merecíamos más y no pudimos. Y toca esperar…
También, nos dimos cuenta de que teníamos lo que teníamos y no teníamos más. Es así y hay que manejarlo. Los suizos lo hacen. No se creen más, saben lo que tienen. Somos lo que somos, tenemos lo que tenemos…
Pero los colombianos estuvieron siempre ahí y eso no se puede perder… El himno colombiano cantado con furor y efervescencia quedó en la historia. Ningún otro país lo logra. Eso somos. La colombianada…
Y hacia adelante
Es inevitable sentir la frustración. Es inevitable sentir que no somos y no podemos. Es inevitable.
Sin embargo, la vida sigue. En meses jugaremos un mundial sub 17 y vamos como campeones de la Conmebol. En 2027 habrá campeonato mundial de fútbol jugado por mujeres. Y venimos de caer en octavos y queremos, mínimo, llegar a semifinales. Es más, nos damos el lujo de, por razones impresentables, dejar por fuera a Yoreli y a Catalina. Pero así somos, con machorros en la dirección. Y después del Mundial, los Olímpicos. Y entre tanto suramericanos y mundiales. A unos vamos, sí o sí. A otros no.
Somos, aunque no se quiera hacer conciencia, una potencia regional. Somos ejemplo, somos referencia, somos lo que otros desean ser. Y no nos damos cuenta. Con una infraestructura despreciable, como lo señaló Radamel Falcao García. En medio de esa precariedad, somos. Todo indica que la Federación cumple y proporciona los mínimos y los máximos. Colombia es un protagonista. No es un invitado de piedra. Fracasaremos en algunas. Pero estamos y somos. Eso sí, Ganando sin Ganar.
Y en el caso de la selección de mayores masculina una oración laica porque se tomen las decisiones adecuadas. Si me preguntan, dejaría a Lorenzo. Y haría una campaña para acallar la carroña proveniente de un personaje innombrable. El fútbol es así. Toca aguantar y seguir…
El equipo está armado. Necesita recambio, porque si algo se vio contra Suiza fue la falta de herramientas para derrotar ese planteamiento. Pero el recambio no es gratuito ni se da en automático. Lorenzo lo puede gestionar. Sin Lorenzo, a empezar de cero.
Y seguimos. El desgaste, lo que ello signifique, está ahí. Puede servir y puede no servir. Está ahí.
Vienen varios retos: el Mundial Juvenil, el Mundial de Mujeres, los Olímpicos. Allí estaremos y seremos. Ojalá…
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Acerca del autor
Andrés Dávila
*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
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