
Entre amarguras y canibalismos: la selección Colombia a setenta días del Mundial
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Un análisis sobre la crisis de narrativa tras las derrotas de la Selección Colombia frente a potencias mundiales. Frente al canibalismo mediático y la amargura de redes, surge una mirada sensata sobre el equipo de Néstor Lorenzo y James Rodríguez a solo setenta días del Mundial.
La selección Colombia, dirigida por Néstor Lorenzo y comandada por James Rodríguez, acaba de sufrir un momento crítico. Perdió dos partidos frente a Croacia y Francia, tercero y segundo del Mundial de Qatar, y segundo y primero del Mundial de Rusia. Como suele suceder en el ámbito de las redes y los medios, se oyen voces muy dramáticas y estentóreas. Todas olvidan algo muy sencillo: el fútbol es un juego en el que se puede ganar, empatar o perder. Y, en esta ocasión y a diferencia de la historia reciente, nos tocó perder.
Resultados recientes
Para un observador que trata de ser imparcial, cosa imposible, los partidos no son el desastre que inunda la narrativa de redes y opinadores. Pero los partidos sí mostraron que somos menos de lo que nos creemos y más de lo que hoy pensamos. Y que en el planteamiento de los partidos pudo haber errores —yo no los veo—, pero los resultados son una constatación.
Contra Croacia, un equipo maduro y difícil, arrancamos ganando. Empataron rápido y se encontraron un gol en un tiro de esquina por error del portero. Y luego fue una lucha por empatar que no se concretó. Y, a la vez, en cada contragolpe de Croacia tuvimos que convertirnos en seguidores de varios señores: el de Buga, el de Monserrate, etc. Pero ante la suplencia del tercer equipo del mundo los pusimos a quemar tiempo, a hacer faltas tácticas no necesariamente bien sancionadas. Y perdimos 2 a 1. Pero fuimos y no fuimos inferiores. En la lectura inmediatista, fuimos un desastre. En mi lectura mediatista, fue un muy buen partido que ya mostró costos por decisiones técnicas y por errores puntuales.
El reto frente a las potencias europeas
Contra Francia, hablo de tres partidos, casi cuatro. El primero, durante casi treinta minutos, mostró dos equipos que se enfrentaban cara a cara. Y allí lo destacable es la capacidad de mirar de frente a Francia, así sea un segundo o tercer equipo. Aquí la memoria echa una mano: basta volver a cuando no éramos capaces de mirar de igual a igual a un rival de esta envergadura, así fuera la segunda, tercera o cuarta alineación. Y allí no nos fue mal, pero era difícil sostener la apuesta. Lo interesante es cómo cientos de dizque periodistas deportivos no se han tomado el trabajo de ver el partido y constatar que en esos treinta minutos fue, con retos y dificultades, de igual a igual. Claro, teníamos uno menos por tener a James (dicen las voces carroñeras predominantes), que igual puso un pase de gol desde su inoperancia, pero eso tal vez les da más valor a los treinta minutos. Y el desequilibrio no llegó por la enorme superioridad francesa, sino por un infortunio, tal vez un rasgo que acompañó los dos partidos de preparación. Ser colombiano va asociado a la mala suerte.
El segundo arrancó con el gol en contra y se extendió hasta el 2 a 0. Con el golpe del gol en contra no tuvimos reacción, fue imposible, hasta que llegó el 2 a 0 con un error importante del arquero. Algo que los inteligentes periodistas deportivos y la mayoritaria opinión de los hinchas no reconocen tiene que ver con destacar que el equipo no se descompuso. Que mantuvo, pese a la dificultad, una posición en la cancha y quiso, siempre, ir por el partido. Así la superioridad de los franceses fuera clara y la disputa del balón fuera siempre algo en contra. Un equipo que, a la colombiana, pero con la desconsiderada mirada de sus coterráneos, no pudo ser valorado.
Reacción y carácter en la adversidad
El tercero mostró un equipo que quiso salir a dar la pelea, pero que luego de un error grave de un defensa quedó en desventaja de 3 a 0. En aquel momento un 6 u 8 a 0 parecían probables y el equipo se enlagunó. Allí entran las suposiciones: estuvimos a punto de ser defenestrados. Francia bajó el acelerador, Colombia recompuso. Hay que verlo más veces. La verdad, mientras los franceses metían a sus grandes figuras y todo anunciaba un desastre para Colombia, los cambios en Colombia permitían recomponer en algo la situación, y el equipo, seguramente aprovechando cierto aflojamiento de los franceses, pudo reaccionar y anotar por la vía de Jamilton Campaz, tras una buena decisión de Lerma. Somos malos, pero no tan malos…
El cuarto mostró un equipo que reaccionó. Posiblemente porque los franceses bajaron el acelerador, aunque los vi siempre atentos, pegando, incomodando. Y se logró anotar y estuvimos cerca del 3 a 2 y del 5 a 1. Pero el equipo no se arrugó ni se metió en su área. Un equipo valiente y decidido. Rasgos que hoy no sirven para nada, pero que en perspectiva de mundial son muy relevantes. Rasgos que hoy la jauría del canibalismo y la amargura no dejan ver. Hoy estamos, pese a los días santos, bajo el espíritu carroñero de la amargura y el canibalismo, en el cual, además, los colombianos se sienten felices.
El lastre del canibalismo nacional
Cabe, entonces, el análisis de la situación. Y allí el primer objetivo es la Selección Colombia de Fútbol. En fin, ya la amargura y el canibalismo llenan las redes. Lo promueven interesados perversos, pero está en la reacción normal frente a las dos derrotas. Es parte del ser nacional. Amargura y canibalismo… Los colombianos, no como la colombiana, sino como la Coca-Cola, somos así.
Tenemos que movernos en esas aguas infectadas. Todas las voces son negativas. Las de los que defendían a James, las de los que cuestionaban a James, las de los que despellejan a James. Las de los que defendían a Lorenzo, las de los que cuestionaban a Lorenzo, las de los que despellejan a Lorenzo. Queda poco para construir. Porque el canibalismo y la amargura no construyen, destruyen… Y muy a la colombiana, nos solazamos en ello.
Y entonces cabe una mirada sensata. Sin Vélez ni Mejía, que ya deberían jubilarse del comentario deportivo porque parecen carroñeros a destiempo. Una mirada con lo que dicen las cifras y el juego. No somos tan buenos y no somos tan malos.
En 1994 llegamos convencidos de que éramos invencibles, y hasta la muerte de un jugador nos costó. Hoy llegaremos con todo en contra, como en 1998. Pero hay diferencias. Aquella vez en realidad una generación decía adiós. Y al equipo de dirección técnica y al país les costó entender esto. O, tal vez, lo tenían muy claro y así lo vivieron.

Convicciones frente a la colombianada
Hoy hay un jugador cuya sensación es decir adiós porque ha sido el mejor. Distintivamente el mejor, así las aves de carroña del comentario lo quieran desconocer. Y va a luchar su presencia en los partidos del Mundial y lo va a querer. Pero seguramente si no está, lo dirá. Y el resto son una amalgama de profesionales decididos. Más o menos buenos. A diferencia de algunos de nuestros políticos, más bien decididos y capaces de demostrar muchas cosas en la cancha y frente a sus rivales. Pero el fútbol es el fútbol. Y a veces las cosas salen, como en 1990, 2014 y 2018. Y a veces no, como en 1994 y 1998. Siempre, la memoria invitará a revisar 1962. Y la colombianada decidirá…
La Colombia de hoy, sin dudas sobre su director técnico y su equipo, pese a la perversa y malvada acusación del ser más perverso del fútbol colombiano, se afirma en sus convicciones. No la tiene fácil, pues una cosa es llegar desde el triunfo y otra, desde la derrota. El director técnico ha manifestado lo que toca: están heridos, están convencidos pues es un trabajo de casi cuatro años. Hay calidad, hay capacidad, hay convicción. Hay también una realidad: somos buenos y no tan buenos. Pero depende…
Queda el país. Un país del Ganar sin ganar. Un país capaz de pagar diez veces más por el partido contra Portugal al cual podemos llegar eliminados. Un país de matones exitistas. Un país de resignados perdedores. Un país que, como en las elecciones, se desvive entre lo uno y lo otro. Eso somos… Un país del Ganar sin ganar…
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Acerca del autor
Andrés Dávila
*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
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