De encuestas y morcillas: hacia un proceso electoral a ciegas
Foto: Alcaldía de Bogotá

De encuestas y morcillas: hacia un proceso electoral a ciegas

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Habrá encuestas, pero muchas menos: habrá menos morcillas vigiladas y para el público, pero muchas cocinadas en lugares oscuros y que pueden producir intoxicación en los consumidores.

Luego de la veda de encuestas obligada por la denominada Ley Mordaza, el 5 de noviembre el gerente de la firma Cifras y Conceptos, César Caballero, presentó su Polimétrica, con los resultados de una encuesta desarrollada bajo los exigentes y dudosos parámetros de la nueva normatividad. Los detalles de calidad de la encuesta se pueden revisar con claridad en la Ficha Técnica, en la cual se indican todos los aspectos requeridos por la nueva normatividad, pero también los estándares de calidad con referencia internacional con los cuales la firma encuestadora desarrolla este tipo de productos desde hace años. 

Esta ley, una supuestamente bien intencionada norma llena de exabruptos técnicos y efectos políticos perversos, que contó con el apoyo de todos los sectores del espectro político y que pasó por debajo de la atención de los propios legisladores y de la opinión pública, entró en vigencia y, de una vez, modificó el predesarrollo de la contienda electoral. Siempre cabe preguntarse qué motivó a los legisladores en un proyecto que, originalmente, había presentado Rodrigo Lara varios años antes. ¿Cómo se logró tanto consenso? Porque, en efecto y sorpresivamente, Clara López, Angélica Lozano y Paloma Valencia llenaban sus bocas de alabanzas a la norma aprobada. Y el presidente, tan confrontacional y disruptivo, firmó de una.

Así las cosas, y aunque se presentaron tutelas y otras figuras jurídicas contra la norma, en efecto las encuestas públicas desaparecieron. En un escenario en el cual salían, semanalmente, varias encuestas de intención de voto, muchas con problemas técnicos y de calidad, se podía generar una discusión al respecto y se desvelaban los sesgos, prejuicios, ignorancias múltiples e intereses abiertos o camuflados de periodistas, analistas y ni qué decir de las redes sociales; con la ley, la cuestión cambió por completo o casi por completo. 

En muchas de estas circunstancias, posiblemente, triunfaba la mentira y lo no cercano a la realidad. De un momento a otro, quedamos a oscuras, como en el apagón del ahora uribista César Gaviria. Como lo dijo una experta estadística colombiana de origen chino: “Es mejor no tener información, que tener mala información”. ¿Será verdad? ¿Será un proverbio chino? ¿Será, simplemente, una falacia? ¿Aplica en China, pero en Colombia?

Durante la veda y la mordaza, que será vista como un claro retroceso en la democracia colombiana producto de las buenas malas intenciones de todos los sectores y sus operadores, igual se hicieron muchas encuestas por distintos encuestadores y para múltiples interesados: protocandidatos, partidos, protocoaliciones; no en vano se desinflaron o inflaron potenciales candidaturas. La diferencia: solo los financiadores y directos interesados conocían los resultados y algunos, dizque Melquiperiodistas, publicaban en redes los resultados, en la muy colombiana práctica de violar sin violar la ley. Una democracia que pasaba de la mala información visible a la pésima información disponible por los más ricos y poderosos o, en este caso y por particular coyuntura, a los cercanos al poder mientras tanto. 

En el buen estiercolero generado por los efectos inmediatos de la ley aparecieron otros efectos indeseables: sondeos vestidos de encuestas, encuestas vestidas de sondeos, casas de apuestas con Vicky resultados o De la Espriella pronósticos y más Melquiperiodistas intentando fijar tendencias de intención de voto. 

Y claro, no podían faltar los operadores políticos defendiendo la pureza de sus causas: desde Rodrigo Lara hasta Angélica Lozano. Todo un Master Chef de rara cocina antidemocrática en curso.

Y entonces apareció la Polimétrica de noviembre. La publicación de los resultados ha generado un conjunto variopinto y deplorable de efectos que seguramente se extenderán y marcarán un cambio inesperado en el desarrollo del proceso electoral de 2026, producto sin duda de los efectos esperados, inesperados y desesperados de la Ley mencionada.

Utilizando una metáfora ciclística que no es novedosa, se presentaron los resultados de intención de voto para varios grupetos de protocandidatos de los distintos sectores y, especialmente, de los 31 de casi 100 que parecían tener más importancia para los distintos financiadores del ejercicio. Se indica con claridad que el panorama no solo es incierto, sino que la etapa en terreno llano apenas está comenzando. Y que, dado el rigor estadístico aplicado en el levantamiento de información, los protocandidatos de los distintos sectores se ubican en los distintos grupetos acorde con los porcentajes de intención de voto alcanzados. Adicionalmente, se indican tres resultados significativos: gústele a quien le guste, el presidente Petro tiene el 44% de favorabilidad, tal cual lo indican más de 3.316 encuestas en 54 municipios. Pero, igualmente, la intención de voto parece crecer más en la derecha del espectro. Y, por sobre todo, a la fecha de recolección de información, hay una gran mayoría de colombianos que no han decidido por quién votar.

Pese a espacios que parecían extensos y suficientes en los cuales se presentaron con detalle los resultados, se indicaron con rigor y claridad los componentes de la ficha técnica y se plantearon las condiciones en que se pudo adelantar, financiar, desarrollar y presentar la encuesta, las reacciones en contrario no se hicieron esperar y mostraron los efectos perversos y tremendamente antidemocráticos de la mencionada ley. 

Que los ciudadanos del común sospechen de la morcilla, perdón, de las encuestas, es ya un lugar común alimentado irresponsablemente por los medios, los opinadores, los protoanalistas y aquellos que no resultan bien calificados, sean políticos, empresarios, líderes de opinión y cosas parecidas. 

Que los periodistas muestren sin vergüenza su ignorancia, sus sesgos, sus prejuicios, sus preferencias frente a los resultados, no es una novedad, es una corroboración que, en esta ocasión, se siente lamentablemente incluso en aquellos que se supone están en un top del análisis, la información, la capacidad de discernir, como Los Danieles, por mencionar algunos. Por consiguiente, una encuesta que pretendía señalar cómo andaban las cosas en términos de incertidumbre y de difícil capacidad de pronóstico, queda inmersa en lecturas pobres, desenfocadas, simplistas y proclives a los usos dañinos de los periodistas bottom, como un Luis Carlos Vélez. O sea, ni los que podrían dar algo de luz ayudan a evitar que los promotores interesados de la oscuridad se impongan.

Y en el terreno de los operadores políticos, las reacciones eran esperables, casi que anticipables, aunque no en el tono, el alcance y la bajeza de sus desarrollos. Era obvio que aquellos que tuvieron resultados esperables no dijeran nada. Y que los que no figuraban con buenos resultados reaccionaran. Y que, eventualmente, los no considerados cuestionaran. Todo ello era predecible y más si estamos en Colombia. Sin embargo, la reacción en conjunto muestra de qué están hechos varios de esos líderes que se ufanan de su pureza, superioridad moral y supuestas solo buenas intenciones al actuar. 

Foto: Pixabay: F1Digitals

Valga decir que la reacción de Peñalosa y sus cercanos, al no ser incluidos, indica una inveterada incapacidad de leer la realidad política y su lugar. Pero siempre será posible amenazar con recursos jurídicos. Y la reacción de Claudia López muestra muy bien de qué está hecha. Hay que tratar de llevarse la dignidad y la reputación de las personas antes de aceptar que se han tomado las peores decisiones en la estrategia política. Y con esa odiosa y autoproclamada superioridad moral de pacotilla: ensuciar y ensuciar para no dejar ver el fracaso propio. Algo así como la Avenida 68 en Bogotá… Ahora bien, sin ingenuidad: si Sergio Fajardo no hubiese quedado en el grupo de los escapados, seguramente habría reaccionado de manera semejante o peor. Y, claro, falta la respuesta de los economistas exministros… Son nuestros operadores políticos hoy…

Esta semana se ha hecho público que ninguna encuestadora va a hacer o publicar encuestas de intención de voto, aunque luego Invamer y CNC recularon y anunciaron encuesta a fin de mes. Entre la Ley Mordaza y el linchamiento público y sin responsables a la Polimétrica se delinea el inmediato futuro del proceso electoral de 2026: un proceso a oscuras, mientras en la oscuridad se cuecen habas. 

Las reacciones y efectos de esta presentación marcan un panorama distinto, diferente, en un sentido negativo, respecto de la transparencia y la visibilidad del proceso electoral en curso. Y marcan, también, desarrollos que no se sabe muy bien si mejorarán, beneficiarán o empeorarán la calidad del debate democrático en el país, en un entorno que, sobre todo, parece hablar de un proceso electoral a oscuras, como en el apagón de Gaviria, mientras se abudinean los pronósticos a favor de los más pudientes. El país pasa de la manida frase de que las encuestas, al igual que las morcillas, es mejor no saber cómo se hacen, a no tener ni siquiera la posibilidad de comer morcillas porque por una supuesta ley democrática ya nadie vuelve a hacerlas para que se vendan en el mercado y por encima de la mesa. Pero como a los colombianos les gusta la morcilla, lo que se ha potenciado es un conjunto de mercados ilícitos que funcionarán al margen y en medio de la prohibición. Habrá encuestas, pero muchas menos: habrá menos morcillas vigiladas y para el público, pero muchas cocinadas en lugares oscuros y que pueden producir intoxicación en los consumidores.

Y así vamos…

Le recomendamos: La consulta del Pacto: ¿renovación o fractura?

Acerca del autor

Andrés Dávila
andresdavila@razonpublica.org.co | + posts

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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Andrés Dávila

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Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

3 comentarios de “De encuestas y morcillas: hacia un proceso electoral a ciegas”

  1. Excelente artículo, realmente las encuestas no definirán el presidente, el electo presidente si todo se hace con transparencia será el candidato que le llegue a la gente con propuestas y soluciones viables y realizables. La gente está cansanda de tanta utopía que propicia la corrupción y de soluciones nada .

  2. Decía Antonio Caballero que el problema no eran tanto los candidatos, sino sus patrocinadores. En una perspectiva no fajardista, el punto no es fingir pureza de absoluta libertad con respecto a los poderes de facto, sino de cómo esos poderes emplean lo que en una perpectiva liberal son herramientas de la democracia, que se suponen neutras u objetivas, como las encuestas.

  3. Este es un artículo basado en una ilimitada cantidad de supuestos sobre la calidad estadística de las desconocidas encuestas a las cuales hace referencia. También presupone que están demostrados la ignorancia y los condenables objetivos de quienes promovieron la ley regulatoria. Y, cómo si fuera poco, da por sentado que ya está demostrada científicamente la mala fe y los sesgos analíticos de todos los periodistas y analistas que se han ocupado del asunto. Y todos estos supuestos, para poder inferir que las encuestas ya realizadas, y las que se realizarán en materia de preferencias electorales y de acuerdo con esta regulación, serán una farsa que los tontos ciudadanos colombianos se comerán tan felices como comen una morcilla sin decir siquiera «está boca es mía».
    Dónde están demostrados todos los presupuestos en los cuáles se basan este cúmulo de afirmaciones? Si se trata no de una simple sátira sin fundamento sino de una crítica rigurosa: por qué, si quien escribe es un analista serio, ni siquiera anexa unas notas donde se remita a los análisis y estudios en los cuáles se fundamentan sus presupuestos? Tal parece que este médico es más peligroso que la enfermedad. Es deplorable que Razón Pública, siempre tan cuidadosa con la calidad de los análisis, haya dado cabida a un escrito como este.

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