La consulta inconsulta del Pacto Histórico | Razón Pública 2025
Foto: Alcaldía de Santiago de Cali

La consulta inconsulta del Pacto Histórico

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El resultado de la consulta del Pacto Histórico sorprendió a todos: más de dos millones de votos, múltiples denuncias de fraude y un panorama político reconfigurado para 2026. Entre la ironía y el desconcierto, la izquierda aprendió a sumar votos, y la derecha, a cantar fraude.

Entre la incredulidad y la sorpresa

Contra todo pronóstico, el domingo pasado (26 de octubre) el Pacto Histórico adelantó la consulta para definir su candidato a la presidencia y el orden de su lista cerrada a Senado. 

Ocho días antes, en un país que vota con particular regularidad, las elecciones para los Consejos de Juventud mostraban unos rasgos interesantes. En efecto, hubo una mayor participación que en la primera elección de estos Consejos. Pero, paradójicamente, los jóvenes votaron por los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, y de derecha. De hecho, el partido que más creció fue el MIRA, partido cristiano que antes de las nuevas reglas tenía mucha presencia en tales consejos. En fin, cualquier analista no petrificado hubiese advertido la debacle.

En tal contexto, con un presidente y su familia y su ministro del Interior incluidos en la lista Clinton por obra y gracia del nuevo Imperialismo Yanqui (que no respeta sino los caprichos del Pato Donald), después de muchos avatares, tensiones, decisiones e indecisiones, se llevó a cabo la consulta. Cerca de veinte mil mesas se dispusieron en el territorio y la consulta se llevó a cabo.

Todos cantan fraude

Un primer asunto, destacable, fue la manifestación más profunda del ser nacional. Todos los sectores cantaron fraude. 

Es una práctica cultural, es una convicción desde antes de nacer, es un leitmotiv que se dispara con facilidad. Como comerse los mocos. Y, en efecto, todos cantaron fraude, solo que en momentos y horas distintas.

La izquierda, proclive a cantar fraude y a poner en duda cualquier proceso eleccionario, cantó fraude desde la semana previa y hasta, más o menos, el mediodía del domingo. Cuando la Registraduría informó sobre la votación en curso, la izquierda entendió que era mejor callar.

Pero entonces, el Centro y la Derecha y la Ultraderecha, comenzaron a cantar fraude. Y, como es obvio, figuras destacadas de los medios y los gremios y los partidos, replicaron la idea. Incluso, un importante número de videos de, oh sorpresa, influenciadores paisas, copiados por variopintas élites, nos contaron sobre el fraude adelantado por el Pacto con la complicidad de la Registraduría y los jurados de votación. Y, claro, allí se quedaron. Replicando la idea.

Lo que dicen los resultados

Hablemos, entonces, de los resultados. 

El conteo habla de dos millones setecientos cincuenta mil votos. En cualquier caso, una cifra importante que superó las expectativas de todos los sectores. Tanto, que rompió los prejuicios de unos y otros. Hasta el millón quinientos mil, los sectores de derecha que acusaban a todos de mamertos, arrodillados, obligados a votar (prueba infalible de su carácter democrático), les duró el precario y antidemocrático argumento. Y entonces, la consulta se volvió un hecho político y electoral real.

Por ello, vale la pena desentrañarlo. Y para ello, varios puntos a tener en cuenta. Un buen volumen de votos, con tres significados:

  • La izquierda, en contravía o como producto de su historia, está aprendiendo a conseguir votos y, parece que a mantenerlos. Pero esto amerita una lectura más detenida en el futuro.
  • La oposición, en general petrificada, desde la ultraderecha al centro, puede quedarse en la parodia del fraude o pellizcarse y actuar. La reunión Uribe-Gaviria es una señal en esa dirección.
  • Iván Cepeda y la izquierda se posicionan. Toman la delantera simbólica y comunicacional. Por ahora, solo eso.
Foto: X: Registraduría Nacional del Estado Civil

Las lecturas desde afuera 

  • Tanto en redes, como en medios, como en partidos y movimientos de ultra y derecha, pero también en el centro, la pulsión inicial fue desconocer, cuestionar, invalidar y acogerse a la idea de que los mamertos (término equívoco para referirse a cualquiera de izquierda) votan por obediencia irracional.
  • Dados los resultados, la segunda reacción, ya mencionada, fue inventar un gran fraude. Lo que no sabían es que eso los acercaba al ser nacional. Los hacía colombianos, como todos esos que desprecian y les producen asco.
  • Algunos, tal vez con un hálito de espíritu democrático, entendieron que el resultado era un llamado de atención para 2026. Que esos más de dos millones de votos eran un cace importante para lo que viene. Y que, petrificados, no van a ganar las elecciones. Al respecto hay voces de la ultra, la derecha y el centro derecha (no hablo del centro porque este país es tan derechoso que no hay centro).
  • Otros, incluidos dizque periodistas, se dedicaron a querer demostrar que la votación obtenida era un fracaso, incurriendo en una burda comparación con los resultados de 2022. Una forma inapropiada y políticamente inútil de negar la realidad. Y una muestra de ignorancia, ignorancia aprendida, ignorancia latente y fundante (lo siento Luz María).

Entre el resultado y sus efectos

El resultado es significativo. Por eso es importante desglosarlo. 

Para empezar, hay que advertir lo ya señalado: un resultado importante que revive la vigencia y potencialidad de las consultas partidistas en octubre del año previo a la elección. Solo que esto es un albur. Habrá que ver qué sucede en 2029.

Lo segundo a señalar es que a los votos obtenidos hay que descontarles los votos nulos y los tarjetones no marcados, cerca de 400 mil. Fue un porcentaje alto, cerca del 14%, pero no ajeno a una tradición. Esto para no magnificarlo (cierto, Pascual), ni ignorarlo.

Lo tercero es su efecto inmediato: una lista cerrada y en cremallera que implicó, ya, la aceptación de la votación de Carolina Corcho para que encabece la lista al Senado y el retiro, por ahora tranquilo, de María José Pizarro. Y el peso de los influencers de las redes, fenómeno a considerar y analizar.

Lo cuarto es un dato de realidad. Con lo obtenido, ni Cepeda es presidente, ni el Pacto tiene mayoría en el Congreso. Pero Cepeda entra en una condición distinta a la posible coalición del Frente Amplio e, incluso, si fuera solo, tiene una base significativa. No le da para ganar, pero es un actor relevante, como dirían los comparativistas. Y el Pacto reafirma, en algo, su situación.

Lo quinto es otro dato de realidad. El Polo y el Pacto apuntan a unos 13 o 14 senadores. Su intención, ilusa, era 30; su propósito: conservar los 20 que tienen; su realidad: 13 o 14, a lo sumo. 

Con la buena noticia de que ningún partido tendrá más de 15 senadores. El escenario es un Congreso y un sistema político y de partidos fragmentados. 

Posiblemente, lo que pierdan los partidos, lo ganen las coaliciones oportunistas, como la de las cuatro iglesias: el Mira, el Moir, la iglesia familiar y la iglesia egocéntrica, reunidas en torno al umbral.

Reacomodos y alianzas

Lo sexto es la decantación de algunas candidaturas. 

La noticia de la semana es la candidatura de Juan Carlos Pinzón por el partido Oxígeno de Ingrid Betancourt quien, además, se reunió con el expresidente Uribe en un ejercicio de legitimación de esta candidatura de derecha. 

En esa misma línea se dio la reunión de los expresidentes Uribe y Gaviria. Aunque fue en Medellín, fue presentada como la asistencia de Uribe y el secretario del partido al lugar donde fueron convocados. De la reunión no salió una decisión, sino un mensaje simbólico que intentaremos descifrar.

Lo séptimo es, en efecto, la reunión de los dos patriarcas en sus territorios. Con una salvedad necesaria: partido tradicional, el Liberal. El Centro Democrático es un adolescente que no sabe si sobrevivirá a su creador. El mensaje no es contundente e intenta ser políticamente correcto. 

Un malpensado podría atisbar que allí hay un germen de otro Frente Nacional, al que le faltan dos fichas: Santos y Vargas Lleras. En todo caso, expresa preocupación de las élites tradicionales, del centro derecha, por el futuro de la democracia colombiana y por la posibilidad de que la izquierda siga en el poder.

¿Y la izquierda?

Y mientras tanto, en la izquierda surgen preguntas. El presidente Petro en el mundo árabe facilita los acuerdos sobre lo sucedido. Pero ¿a su regreso?

En la misma línea, el resultado muestra un mejor desempeño en las periferias, falta saber por qué, mientras hay retrocesos importantes en bastiones electorales como Bogotá. Pero eso sí, no cabe la lamentable lectura sesgada y oportunista de La Silla Vacía, mientras se acogen lecturas como la de Pares

En cualquier caso y así haya sido significativa la injerencia de impresentables, como lo han denunciado las congresistas Kathy Juvinao y Jennifer Pedraza, hay un hecho político electoral que condiciona las respuestas y estrategias de sus propios y de los contrincantes. Veremos.

Le recomendamos: La consulta del Pacto: ¿renovación o fractura?

Acerca del autor

Andrés Dávila
andresdavila@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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Andrés Dávila

Escrito por:

Andrés Dávila

*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

3 comentarios de “La consulta inconsulta del Pacto Histórico

  1. Analisis que calla (y oculta):

    Qué la consulta no era solo para elegir a la persona que disputaría con el izquierdista de Roy Barreras la candidatura a la presidencia, sino también las listas al Senado.

    La participación y el triunfo de los clanes políticos en las votaciones.

    Pequeños detalles

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