Los avatares de Iván: ¿qué viene para su último año de gobierno? - Razón Pública
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Los avatares de Iván: ¿qué viene para su último año de gobierno?

Escrito por Andrés Dávila
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Se acerca el último año de gobierno de Iván Duque en medio de la pandemia, las restricciones presupuestales y la incertidumbre política. ¿Qué sigue?

Andrés Dávila*

La pandemia

Queda poco más de un año para que el presidente Iván Duque culmine su mandato y todo indica que la crisis sanitaria se extenderá por un largo tiempo aún.

Cuando la pandemia comenzó, en marzo de 2020, el presidente enfrentaba serios problemas de gobernabilidad. Desde noviembre de 2019, las movilizaciones sociales tenían a Duque casi contra las cuerdas, pero la pandemia las desactivó como por arte de magia. La deuda externa venía aumentando y el país tenía dificultades para cumplir la regla fiscal, y la cuarentena obligatoria agravó la crisis económica.

Entonces, el gobierno se preocupó por mantener las condiciones de tranquilidad en el sector financiero, por su importancia para evitar remezones que limitaran aun más el margen de maniobra en circunstancias adversas. En tiempo récord, el gobierno logró crear un “ingreso solidario” para apoyar a los más vulnerables, aunque evidentemente los montos fueran comparativamente bajos.

Fue interesante el juego de poderes y equilibrios entre el nivel nacional, regional y local. Al principio, el juego estuvo marcado por los reclamos de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. Con el paso del tiempo, hubo un aprendizaje conjunto acerca de quién tomaba las decisiones y cómo estas debían modularse de acuerdo con las oleadas de contagios.

Desde noviembre de 2019, las movilizaciones sociales tenían a Duque casi contra las cuerdas, pero la pandemia las desactivó como por arte de magia.

En los tres niveles, sin embargo, se volvió costumbre gobernar por decreto y acudir a un repertorio de medidas de control. Esto sobrecargó a la Policía con múltiples obligaciones, en un afán por hacer efectiva la disciplina social.

Hacia la gobernabilidad

De forma paradójica, el presidente convirtió la crisis en una oportunidad para mejorar sus niveles de favorabilidad y las condiciones de gobernabilidad.

Después de año y medio de una pésima relación con el Congreso, las cosas empezaron a cambiar: el presidente nombró nuevos ministros y el Congreso perdió fuerza por la necesidad de sesionar de forma virtual. En un lapso breve, el presidente logró tener mayorías en el Congreso e hizo elegir a Margarita Cabello, su exministra de Justicia, como procuradora general de la Nación.

Con los órganos de control a su favor y una Fiscalía de bolsillo, la situación de Duque parece mucho menos amenazante. Por ahora, no es claro que el presidente haya sabido usar ese cambio favorable en la gobernabilidad, pues lo ha “gastado” principalmente en corregir los errores del expresidente Uribe en su afán innecesario por enlodar a Iván Cepeda.

Pese a su aparente irrelevancia, el Congreso sido una pieza fundamental para el presidente en algunos casos, por ejemplo, en la aprobación de la ley de vacunas, el presupuesto general de la Nación y otras reformas.

Foto: Presidencia de la República - A poco más de un año para culminar su mandato el presidente Iván Duque enfrenta una situación compleja.

Los conflictos sociales

Pero no todo iba por el mejor camino. Aumentaron los asesinatos de líderes, el conflicto se exacerbó en varias regiones y la inseguridad urbana no estaba en su mejor momento.

En septiembre de 2020, los excesos de la policía produjeron un repentino estallido social. Mientras tanto, la fuerza pública seguía tensionada, con rupturas internas y sin un liderazgo civil apropiado.

Y entonces llegó el 2021, entre una nueva ola de contagios, nuevas cuarentenas y una sociedad agotada, cada vez menos dispuesta a encerrarse, entre otras cosas, por los legados de pobreza, el desempleo y las quiebras que se suman día a día.

El panorama político

En el ámbito político, el panorama aún no acaba de configurarse. Desde temprano empezaron a manifestarse muchas intenciones de candidaturas presidenciales y varias iniciativas de coaliciones.

Para algunos analistas, que fungen de videntes o adivinos, el tema ya está definido. En mi caso, veo un panorama fragmentado, con muchas aspiraciones sueltas y coaliciones que se decantarán dentro de un año, cuando se elija un nuevo Congreso.

La clase política tiene sus intereses, sus rituales y sus momentos. Varios congresistas reconocidos han anunciado que no se volverán a presentar a las próximas elecciones y, aunque el sistema político esté fragmentado, esto no impedirá que los partidos se reorganicen y obtengan resultados.

Además, es importante notar que venimos de jornadas electorales con una alta participación. Todo esto desvirtúa o, al menos, pone en entredicho tanta afirmación gratuita sobre la pérdida de importancia de los partidos.

Por lo que dicen las encuestas hoy, Gustavo Petro parece picar en punta, sin un rival claro. Pero allí la memoria es engañosa: Uribe, Zuluaga, Petro y Duque han sido candidatos exitosos del último mes. Y, hay que decirlo, es probable que la cuestión se defina entre la izquierda petrista, el que diga Uribe y algún candidato de centro, si es que se deponen los egos.

El último año de Duque

En esta última fase de gobierno, el presidente Duque enfrenta varios desafíos: un panorama político novedoso por lo incierto; restricciones presupuestales; el desgaste normal después de tres años de gestión; y, por supuesto, una pandemia. Estos retos no parecen fáciles de solucionar y, en algún punto, podrían poner en jaque la continuidad de la democracia.

Por ahora, Duque le apuesta a su “Ley de solidaridad sostenible” que es, en realidad, su tercera reforma tributaria. Lo cierto es que esta reforma ni siquiera cuenta con el apoyo del partido de gobierno y es, por lo tanto, una reforma que cambiará, pero que es difícil anticipar cómo.

Por lo que dicen las encuestas hoy, Gustavo Petro parece picar en punta, sin un rival claro. Pero allí la memoria es engañosa: Uribe, Zuluaga, Petro y Duque han sido candidatos exitosos del último mes

El gobierno también le apuesta a su decisión de fumigar cultivos ilícitos con glifosato. Aunque hay un cúmulo de evidencias en contra de la utilidad y la pertinencia de esta medida, los funcionarios del gobierno nacional insistirán en sus argumentos. En relación con el Acuerdo de Paz, hay un hecho más o menos cierto: el entorno nacional y la elección del presidente Joe Biden obligan a tomar decisiones para hacerlo cumplir.

En síntesis, el presidente enfrenta retos difíciles, pero no extremadamente amenazantes. El panorama es desafiante e incierto, pero puede sobrellevarse. Después de dos presidencias poderosas y prolongadas (el Frente Nacional Uribe-Santista), este gobierno se recordará por su fragilidad, su incompetencia y su habilidad extraña para hacerse fuerte en circunstancias adversas.

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