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¿Y ahora qué?

Escrito por Andrés Dávila
Fórmulas en segunda vuelta: Gustavo Petro e Iván Duque

Andrés DávilaConjeturas sobre las alianzas o las coaliciones para la segunda vuelta

Andrés Dávila*

Los hechos relevantes

Lo obviamente positivo:

  • Elecciones en paz, sin prácticamente ningún episodio de orden público para resaltar;
  • Récord en participación, con el 53 por ciento (una cota alta en el histórico de abstención en Colombia);
  • Desarrollo normal de los comicios, y
  • Resultados en un lapso muy breve para alejar cualquier duda sobre un posible fraude.

Visto de esta manera, hay que decir lo que suele decir el presidente de turno: “esta jornada  marcó un hito destacado para la democracia colombiana”.

Y varios resultados significativos, especialmente en relación con la segunda vuelta que tendrá lugar el 17 de junio:

1. De una parte, el triunfo claro, pero no suficiente, de Iván Duque (con 39 por ciento), candidato del Centro Democrático y ganador de la consulta del “No”, con el respaldo evidente del hoy senador Uribe, del expresidente Pastrana y del exprocurador Ordóñez, que lo deja a unos dos millones de votos de la Presidencia: Duque todavía necesita atraer una porción importante de los votos del centro para no correr riesgos.

2. De otra parte, la votación histórica que obtuvieron tanto el candidato de la izquierda, Gustavo Petro, como el tercero en la contienda, el centrista Sergio Fajardo: estos récords seguramente traerán cambios notables en la conformación del espectro político.

La votación de Petro me hace recordar las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1991, un oasis en medio de las muy precarias votaciones que los partidos o movimientos de izquierda habían tenido y siguieron teniendo en Colombia. Por su parte Fajardo, aunque no alcanzó a pasar a la segunda vuelta, tuvo un desempeño claramente mejor que el que hace poco sugerían las encuestas.

3. Por el lado de los perdedores, la votación de Vargas Lleras fue inesperadamente baja y puso de presente los problemas de la campaña y el candidato, con su serie de decisiones erráticas que llevan a preguntarse: ¿qué habrá sido de las supuestas maquinarias que históricamente han movido la jornada electoral, y que incluso inspiraron modelos de pronóstico donde el ganador sería Vargas?

Igual suerte corrió el candidato “perfecto”, Humberto de la Calle, aunque su baja votación solo sorprendió por la escasa acogida que tuvo, en definitiva, su honesta y sincera campaña.

4. Pese a la mayor tasa de participación, bajaron el voto en blanco, el voto nulo y los tarjetones no marcados, muy posiblemente como consecuencia del alto grado de competencia y del papel que habría jugado el voto “útil” o “estratégico” en esta competencia a cinco bandas.

5. Mirados en su conjunto, los resultados apuntan a la intensa división entre los electores – que muchos denominan “polarización”-, lo cual reabre el debate sobre el centro del espectro ideológico y del electorado que quedó allí a disposición de los vencedores.

Preferencias reveladas

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Vargas Lleras aceptando su derrota
Foto: Canal Capital-Señal en vivo

Una vez conocidos y aceptados los resultados, poco a poco los candidatos hablaron ante sus seguidores y colaboradores, pero también ante los medios y la ciudadanía.

-Iván Duque, además de agradecer al conjunto variopinto de los sectores que lo acompañaron en una coalición  compleja -así sea de derecha y coincida en oponerse al presidente Santos y a las negociaciones de paz-, aprovechó para reconocer a sus contendores y empezar a tender puentes especialmente con Vargas y Fajardo, aunque incluyó también a De la Calle.

Duque cumplió el ritual de proponer un debate de ideas con Petro de aquí a la segunda vuelta, mientras sus huestes coreaban proclamas delirantes contra la Cuba comunista. Curioso, pues el candidato afirmaba que la cuestión no era mirar al pasado, sino apostarle al futuro.

-Gustavo Petro aprovechó su largo discurso para un complejo ejercicio: reafirmar, aclarando, su posición y sus propuestas, pero explícitamente moderó los aspectos más controversiales y causantes de temor en el centro y la derecha. Por eso convocó a la posible alianza con De la Calle y Fajardo, mientras ignoraba a Vargas Lleras, a la vez que marcaba diferencias con Duque a propósito de las dos visiones de país que quedaban en contienda.

La referencia a una sociedad de clase media digna y a la idea de que acabar la pobreza no significa empobrecer a los ricos, recoge bien el (difícil) esfuerzo de Petro para acortar diferencias.

Con una lectura bastante voluntarista, Petro insistió en sus grandes posibilidades de ganar, dado que su candidatura no tiene un techo cierto, mientras que la de Duque estaría entre el estancamiento y el descenso.

-Sergio Fajardo reconoció, agradeció, lamentó, pero ante todo no develó ni una posición ni una estrategia en relación con la segunda vuelta. Por el contrario y de manera bien deliberada, habló de iniciar el camino hacia las elecciones locales y regionales de 2019, basadas en las mismas estrategias y forma de hacer política que llevaron a este  resultado que hace pocas semanas parecía improbable.

Fajardo insistió en la coalición que lo acompañó en campaña como el núcleo central del trabajo hacia el futuro. El silencio ante las urgencias inmediatas puede tener varias lecturas, pero cabe interpretarlo como un dejar en libertad a su simpatizantes para decidir su voto en segunda vuelta. Una interpretación que de inmediato recogieron las redes como un mensaje por el voto en blanco en la segunda vuelta, única salida, según varios sectores, que reflejaría los mensajes centrales de la campaña.

-Por su parte Germán Vargas, de manera escueta, reconoció la derrota, llamó la atención sobre el trabajo adelantado que ofreció a los candidatos vencedores y anunció que la decisión sobre a quién apoyar la dejaría para después, dado que no la tiene lista.

-Y Humberto de la Calle solicitó deponer diferencias y avanzar en una coalición que pudiese ganarle a Duque, con un trasfondo sobre salvar la paz que se hizo notoriamente urgente.

En todos los discursos anteriores llamó  la atención la camaradería y el buen trato hacia los otros candidatos, posiblemente advertidos sobre el costo de la agresividad en estas elecciones.

Con estas preferencias develadas, cabe intentar un balance de lo que se viene en las próximas tres semanas.

Espacios para la incertidumbre

Elecciones presidenciales.
Elecciones presidenciales.
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

Aunque ganaron los candidatos ubicados en los dos extremos del espectro, hay varios factores que llaman a la negociación y a los acuerdos para sumar un número decisivo de los votos que hoy están en el “extremo centro” del espectro (o en lugares semejantes).

De entrada, polarizar no parece ser hoy una buena estrategia de campaña. El gran reto para Duque y Petro es hacer coaliciones en el centro que, históricamente, son complejas y frágiles, pero que aquí resultan imprescindibles y urgentes. Y para esto tienen que convocar a sus huestes -reafirmando posiciones más o menos extremistas- al mismo tiempo que se acercan a los líderes que parezcan ubicarse en el centro.

La cuestión es cómo llevar a cabo dos tareas que parecen excluyentes, recién cerrada la jornada electoral y evitando caer en contradicciones abiertas o en trabas autoimpuestas.

El primer pero u obstáculo a esa estrategia de negociación es el hecho de que los perdedores todavía no han jugado ninguna carta clara:

  • De la Calle, tal vez el que más, porque frente a la tibieza de Fajardo, tuvo el sincero reconocimiento de su derrota y fijó su derrotero.
  • Los demás, es decir Vargas Lleras y Fajardo, hicieron guiños y aclaraciones, pero no develaron una estrategia definitiva.

Bajo estas circunstancias, lo que sigue es un intento de concretar apoyos y sumar y sumar y sumar:

  • Aun no hay gestos que allanen el camino, y por ahora, a juzgar por la experiencia, es más probable que hablen los sectores cerrados a la banda.
  • Pero en vísperas de una elección decisiva, abundan las razones para abrirles espacio a los del centro en lugar de aferrarse al dogmatismo.
  • Tal vez quepa pensar en una estrategia de confrontación estilo Trump, que sin embargo operaría como catalizador de una negociación más expedida (algo así como  su tira y afloje de estos días con Corea del Norte).
  • O incluso que la estrategia de alianzas nos sorprenda con algo inesperado, como por ejemplo una –pensable- negociación entre Petro y Vargas Lleras.

Así las cosas, se puede dibujar un escenario de polarización destructiva que, al menos en principio, fue rechazada hoy. De allí que, aunque pueda prefigurarse un empate muy semejante al del plebiscito, la convergencia hacia el centro parece inevitable. Pero cabe también un escenario de fragmentación que hasta podría llegar a la actitud de “vender cara la derrota”.

En todo caso el ganador necesita conquistar el centro, y no se ve la fuerza capaz de hacerlo  por sí sola. Sobre todo con un centro que funciona como extremo y que rechaza contactos y contaminación (la señal que hasta ahora han emitido Fajardo y Claudia López).

La larga y poco grata historia de polarizaciones que dan paso a coaliciones y que incluso se elevan al rango constitucional (como decir el Frente Nacional), hace que la otra división –la derivada de matices que comienzan desde el centro- parezca pertinente en esta coyuntura de Colombia.

Por todo lo anterior, lo que se sigue será muy es interesante y hay que tener todos los elementos analíticos a disposición para anticipar, más que para concluir. Ya veremos.

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

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