El debate: ¿La historia del inútil combate? - Razón Pública

El debate: ¿La historia del inútil combate?

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Medófilo Medina

Un balance del debate -y de los comentarios y reacciones al debate-. Fue el recuento de los nexos personales de Uribe con narcotraficantes y paramilitares, pero también un repaso de la historia social y política que implicó la emergencia de las nuevas elites.

Medófilo Medina

Foto del Senado desde arriba 

La prueba reina

Este miércoles 17 de septiembre tuvo lugar en el Congreso el debate que su proponente, el senador Iván Cepeda denominó “Álvaro Uribe, narcotráfico y paramilitarismo en Colombia. “

Un  columnista manifestó su decepción por la ausencia de novedades. No encontró que Cepeda hubiera mostrado “la prueba última y definitiva”. Se trata de expectativas más adecuadas a una sesión de pases de magia que a las que debería suscitar un calificado ejercicio de control político.

El expresidente Alvaro Uribe
​El Senador Álvaro Uribe Vélez.
​Foto: Presidencia de la República del Ecuador

La agitación previa

La breve pero agitada historia de la convocatoria al debate que transcurrió entre el 20 de julio y el 5 de agosto (cuando la Comisión Segunda del Senado aprobó la citación), es aleccionadora: negativa inicial en plenaria del Senado, traslado a la Comisión Segunda, alineamiento y realineamiento de fuerzas políticas, nueva negativa y nueva discusión, la constante del airado rechazo del Centro Democrático, trece senadores se declararon impedidos para votar alegando conflicto de intereses. Estos ires y venires de la proposición acrecentaron el interés  del público.

El debate se realizó en el Salón del Senado en sesión continua de casi 10 horas y contó con la presencia y participación de todos los sectores políticos y de funcionarios del Estado citados por Cepeda. El impacto inmediato fue enorme, como se pudo ver en las redes sociales. En instituciones y en espacios de encuentro colectivo se agolparon variopintos conjuntos de gente frente al televisor, en escenas dignas de un mundial de fútbol.

Líneas de tiempo

El debate remite a diferentes líneas de tiempo. Destaco dos: la primera corresponde al itinerario político-empresarial del hoy senador Álvaro Uribe, la segunda al debate público que ha tenido lugar sobre la conexión entre narcotráfico y política y sobre el engarce entre política y paramilitarismo de los cuales se ha nutrido la parapolítica.

En la primera, las fases están marcadas por los cargos públicos ejercidos por Uribe:

· Director de la Aeronáutica Civil entre 1980 y 1982

· Alcalde de Medellín entre agosto y diciembre de 1982

· Senador entre 1986 y 1994

· Gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997

· Presidente de la República entre 2002  y 2010.

Para la segunda yo tomo la curva de las controversias y denuncias que desde los años noventa acompañaron la gestión pública de Uribe. En comentario al debate, Lucy Nieto de Samper recordó la columna del  extraordinario periodista que fue Fernando Garavito donde reseñó las actuaciones y decisiones de Uribe a favor de narcotraficantes. “Ciertas yerbas del pantano” es el título de la columna publicada en El Espectador el 27 de agosto de 2000.  En ese proceso ocupa lugar meritorio el debate de Gustavo Petro sobre la parapolítica en el Senado de la República en 2007.

Esas nuevas “élites” regionales han configurado una corriente política nacional que por momentos ha ejercido la hegemonía​.

Un análisis exhaustivo del debate Cepeda – Uribe- narcotráfico- paramilitarismo requeriría sumergirse en el estudio del copioso acervo integrado por cincuenta piezas documentales debidamente registradas, así como por los videos, declaraciones y publicaciones que gracias al  trabajo realizado por el senador Cepeda está hoy al acceso del público y que igualmente fueron radicados ante la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía y la Comisión de Acusaciones.

La intervención de Cepeda, que tuvo que superar múltiples obstrucciones – desde la absurda reglamentación de la Comisión de Ética, el saboteo tecnológico y el realizado por el presidente de la Comisión Segunda Jimmy Chamorro- fue un discurso de inducción y a la vez de síntesis de las principales acusaciones.

Los segundos de José Obdulio

“¡Dios mío! Pero se llevaron la sorpresa de que Álvaro Uribe les respondió segundo a segundo y centímetro a centímetro lo dicho”.

El comentario de J.O. Gaviria fue el más inadecuado porque los nervios no le dieron a Uribe para oír al senador Cepeda, y por lo tanto su intervención no podía ser una respuesta sino la reedición del discurso repetido ante las acusaciones que lo han acompañado a lo largo de su vida pública. Eso sí, complementado con las nuevas entidades que suma al frente de sus enemigos: Telesur, Canal Capital y todos, excepto su bancada.

El senador Iván Cepeda
​El Senador por el PDA, Iván Cepeda.
Foto: Congreso de la República

De las personas a las familias y a los sectores

Hay quienes, con el ánimo de mostrar equidistancia, se quejan de que se trató de un debate personalista.

El control político se aplica a personas pero, si bien las acusaciones y  las denuncias hilvanaron la parábola del político, del terrateniente y hombre de negocios, el evento constituyó  una aproximación a procesos de un sector social que amasó fortunas y a su vez  nutrió formas de acumulación de capital ayudadas por el uso de la violencia, la intimidación y el despojo.

Es igualmente la exploración -desde el prisma que ofrece  la biografía de un dirigente político- del fenómeno de la parapolítica que en historia reciente de Colombia ha constituido la vía magistral de incorporación de un nuevo personal político, tarea que hasta entonces realizaba la oligarquía a través de la cooptación. Esas nuevas “élites” regionales han configurado una corriente política nacional que por momentos ha ejercido la hegemonía y que no está dispuesta a abandonar lo conquistado. La pretensión no sería ilegítima si no estuviera acompañada por el uso prolongado de métodos criminales y de formas de comunicación  que promueven valores de revancha y de muerte.

Es en la lógica de los dos párrafos anteriores en la cual inscribo el debate. En este sentido juzgo sobre su aporte. La opinión necesita comprender lo que ha venido sucediendo en Colombia para mejor asimilar el significado de lo que puede ser una solución acordada para el conflicto interno.

¿Más cerca de los tribunales?

Algunos se preguntan si el debate puso más cerca al senador Uribe de los tribunales. No creo que allí deba buscarse la significación de lo ocurrido esta semana en el Congreso.

Espero que con el paso de los días la huella pueda percibirse en los planos político y cultural. En los recientes procesos electorales y más allá de los eventos proselitistas, se ha venido manifestando una porción creciente de hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, que muestran disponibilidad para nuevas formas de vivir la política.

A esa franja pertenecen quienes apoyaron la candidatura de Antanas Mockus en la primera vuelta de las presidenciales de 2010 y que en buena parte votaron por la fórmula Clara López – Aída Abella en las elecciones del presente año. Es un público que muestra disponibilidad para la participación política y para el cual el tema de la verdad tiene una significación central, como seguramente también lo tiene para la gente del trabajo que protagonizó el Paro Agrario Nacional de agosto de 2013.

¡Chist! No perturbemos a La Habana

Con el pasar de las horas los medios de comunicación solidarios con el Establecimiento y no simplemente con el gobierno, han mostrado su inconformidad o escepticismo con el debate por la supuesta falta de novedad o por acentuar la polarización y con ello debilitar el proceso de paz.

La polarización estaba y no podrá extinguirse por el camino del silencio.

La polarización estaba y no podrá extinguirse por el camino del silencio. Esa polarización tuvo y tendrá en los procesos electorales ocasiones privilegiadas para retroalimentarse. Elecciones se seguirán haciendo. Igualmente la controversia o la abierta confrontación no podrán desterrarse del sistema si este tiene que ver con la democracia.

El reclamo por la verdad

Hoy por hoy la polarización  se produce y reproduce  sobre la disyuntiva de la búsqueda de la salida política a la guerra o por la continuación de ella hasta el aplastamiento total del enemigo sin importar cuanto haya que prolongar el desangre. Ese cuadro no lo modifica la cancelación del debate público el cual debe buscarse, eso sí, que sea cada vez más calificado.

Desde ese punto de vista no me parece muy inspiradora la invocación por Antonio Navarro de la sentencia del Nuevo Testamento “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. El slogan de “todos somos culpables” disuelve responsabilidades, evita la construcción de explicaciones sobre lo que ha sido lícito o legítimo y lo que no. Aún admitiendo la universal responsabilidad queda por saber, responsabilidad ¿de quién y sobre qué y en qué proporción?

Cuando se estableció el Frente Nacional y cuando aún se prolongaba La Violencia, entre 1957 y 1964 y los dirigentes de los partidos Liberal y Conservador ahogaron los esfuerzos por investigar las causas del desangre con el pretexto de impedir que se reabrieran las heridas. Esa terca negativa impidió advertir que sobre la violencia que se creía superada se estaba gestando una nueva. La que aún estamos viviendo. Los cogollos rojos y azules estaban demasiado ocupados en la partición milimétrica de los recursos públicos.  Por ello el  “¡tapen, tapen!”, o la fórmula de “todos somos culpables” no han sido buenas orientaciones en el pasado y no resultan  consejos saludables en el presente.

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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