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Primera vuelta: seis cosas importantes que no se han destacado

Escrito por 1r1cx
Victoria del uribismo en primera vuelta

Victoria del uribismo en primera vuelta

Daniela GarzonUna larguísima campaña por fin llegó a primera vuelta, con algunos resultados previsibles, otros históricos y unos muy sorpresivos. 

Daniela Garzón*

Conocidos los resultados de las votaciones de hoy, y luego de una campaña larga y desgastante, estas son las conclusiones más visibles que deja la primera vuelta y que dan pie para comenzar la carrera hacia la segunda:  

1. El uribismo sigue siendo la primera fuerza

Con el 39 por ciento de los votos (más de 7´500.000) Iván Duque fue el rotundo ganador. Desde la consulta del 11 de marzo, que en parte anticipó los resultados de la primera vuelta, era previsible que el uribismo cosecharía una nueva victoria electoral.

Luego de perder en el 2014 por un poco más de 900.000 votos frente a Santos, el Centro Democrático logró ganar el plebiscito en 2016, la consulta del 11 de marzo y las elecciones a Congreso, donde será el partido con más escaños en Senado y el segundo en Cámara.

La victoria de Duque, sin embargo, no se explica solo por ser “El de Uribe”: los escándalos judiciales han golpeado la imagen del expresidente, que hoy tiene casi tanta imagen negativa como positiva.

El discurso de ser la sangre fresca del uribismo y el extremo centro, sin investigaciones ni posiciones muy duras -que de hecho cambiaron con el paso de la campaña y la anexión de sectores como el de Viviane Morales, o con sus declaraciones sobre el embarazo adolescente– le ayudó a Duque a construir una imagen alejada de la oscuridad de sus aliados. La ambigüedad soterrada le sirvió para convencer a la vez a los uribistas pura sangre, a los uribistas moderados, y seguramente, a la gran mayoría de los asustados por Petro. 

Ahora tiene tres semanas para mover el antipetrismo y derribar el techo que el antiuribismo pondrá a sus aspiraciones presidenciales. Si lo logra, el Centro Democrático tendrá su primer presidente -y Uribe ganará luego de ocho años en la oposición-.

2. El récord de la izquierda

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El récord de la izquierda. Petro es candidato en la segunda vuelta 
Foto: Facebook Gustavo Petro. 

Por primera vez un candidato de izquierda competirá en la segunda vuelta.

Desde Carlos Gaviria, que obtuvo 2´613.157 votos en 2006 -cuando Uribe se reeligió en primera vuelta- ningún candidato de izquierda había tenido esperanzas ciertas de llegar a la Casa de Nariño.

Gustavo Petro se llevó el 26 por ciento de los sufragios (más de 4,8 millones de votos), con un discurso apegado a las nuevas ciudadanías, a la protección del medio ambiente, al animalismo y “de ladito” a la desigualdad y a la pobreza. Este último tema no lo pudo atizar lo suficiente por el miedo latente del “castrochavismo” con el que lo relacionan.

Su imagen desfavorable, que es su peor enemiga, es casi del 60 por ciento y es mucho mayor que la de Duque, que ronda el 40 por ciento según la última encuesta de Guarumo.

Un reto para la segunda vuelta será cómo ordenar el discurso para conseguir los votos que le hacen falta, cuando su rival -que le lleva cerca de tres millones de ventaja- apelará con más ahínco a los fantasmas del populismo y de la crisis cada vez más aguda de Venezuela – y con su techo de favorabilidad más bajo-.  

La pregunta del millón para Petro es si se arriesga a tratar de mover la abstención profundizando su discurso en contra del establecimiento, la desigualdad, la pobreza y la corrupción -con lo que lo llamarían “castro-chavista” y alentador del odio de clases- o si prefiere apostarle todo a quedarse con los votos de Fajardo y De la Calle, manteniendo su discurso de ser el candidato verde.

En un panorama sin guerrilla la izquierda puede fácilmente ganar terreno, toda vez que la relación directa con las armas, la violencia y la criminalidad va desvaneciéndose y afloran los conflictos sociales y políticos propios de un país con niveles tan altos de concentración de la riqueza y de la tierra.  

3. Primeras elecciones sin las FARC

Estas elecciones pasarán a la historia por ser las primeras presidenciales luego de la firma del Acuerdo de Paz.

No es un dato menor, teniendo en cuenta que la mayoría de los últimos presidentes se han elegido sobre la base de su posición respecto de las FARC y a la posible salida del conflicto. En parte por eso fue difícil definir un tema preponderante en estas elecciones, como argumenta el director de esta revista, ya que la guerra nos tuvo confinados durante más de cinco décadas.

Sin las FARC y con el cese al fuego del ELN -que mantiene las conversaciones con el gobierno en La Habana- son mucho menores las alteraciones del orden público que desincentivan la votación y -como dije más arriba- el espacio político para la izquierda es más grande.  

También sin las FARC, el país empieza a discutir otros temas de una incipiente agenda que nos indicará hacia dónde iremos en los próximos años -y que será clave en la carrera hacia la segunda vuelta-. Sin fuego cruzado, Colombia transita a ser otro país de Latinoamérica. 

4. La derrota de la paz – y el engaño de las FARC como poder político

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Primeras elecciones sin las Farc y con la Farc. 
Foto: Twitter Rodrigo Londoño @TimoFARC

La votación de alrededor de 400.000 votos que obtuvo De la Calle demuestra que estas elecciones son la derrota del Acuerdo de Paz como bandera política.

El descalabro se gestó desde la victoria del No que obligó a renegociar el acuerdo, y con la decisión de refrendarlo vía Congreso, lo que hizo evidente su poca legitimidad política.

La campaña de De la Calle arrancó mal desde que en la consulta liberal apenas consiguió 365.658 votos, una cifra menor que la de firmas avaladas para la candidatura de Marta Lucía Ramírez -440.502- quien pasó con el número más bajo. Ni qué hablar de las consultas de Duque y Petro que acabaron relegándolo a él, a Fajardo y a Vargas Lleras de la elección de hoy.

A De la Calle le pasaron factura ser el negociador del Acuerdo, seguir fiel a las decisiones de Gaviria y al lastre del Partido Liberal, pues no pudo desligarse de la política tradicional, de la cual reniegan los votantes de opinión. Nunca levantó cabeza en las encuestas y aunque en los últimos debates fue protagonista, la suerte ya estaba echada.

La paz tampoco logró consolidarse como eslogan en esta campaña porque alude al pasado: ya se cumplió su principal objetivo, que era la entrega de fusiles de las FARC. Ahora Colombia hace el tránsito desde un conflicto periférico hacia los problemas típicos de un país en desarrollo, que permanecían ocultos por el rol principal de la guerra.

Estas elecciones y las del 11 de marzo además corroboraron que las FARC eran un poder militar y no político. Los cincuenta mil votos que sacaron a Senado no alcanzarían ni para una curul, no lograron llevar la candidatura de Rodrigo Londoño hasta las elecciones de hoy, y no se vieron los ríos de dinero que supuestamente moverían para inclinar las votaciones.

Dos perspectivas quedan alrededor del Acuerdo luego de estas votaciones:

  • Se desmitifica uno de los postulados del No acerca de la entrega del país a las FARC. La FARC tendría que trabajar mucho para llegar a ser una fuerza política importante y empieza prácticamente desde cero.  
  • Subsiste la desazón por creer que fueron excesivas las concesiones del Acuerdo –amnistía y justicia transicional solo para los delitos más graves, curules automáticas, financiación del partido, etc.- para una guerrilla que tuvo cincuenta años en jaque al Estado con miles de víctimas de por medio, pero que en disputa democrática tiene menos de cien mil votantes, algo insignificante.

5. Abstención vs. Polarización

Colombia tiene una larga tradición abstencionista, que la hace ser el único país de América Latina donde la participación política ha estado entre el 50 y el 32 por ciento en los últimos treinta años.

Pero estas elecciones, con 19´618.940 votos -el 53,3 por ciento del censo electoral- dan cuenta de que la disputa entre Duque y Petro, más el avance de algunos sectores de opinión como el de Fajardo y la Coalición Colombia, pueden mover un buen número de los votantes que usualmente están al margen. El primer campanazo se conoció con las consultas, en las cuales participo la mitad del total de los votantes aun cuando los candidatos en ambas estaban prácticamente definidos.

La extraña polarización (que es más bien múltiples fragmentaciones) visible desde el plebiscito, y que ha mutado en los fantasmas del castrochavismo y el peligro de la venezolanización, entre el uribismo y el antiuribismo, el petrismo y el antipetrismo, ha hecho que hoy se supere con creces el 40 por ciento de la participación que hubo hace cuatro años.

Ahora la pregunta es si la votación de hoy será superada en segunda vuelta, y si el enfrentamiento entre la derecha de Duque y la izquierda de Petro logran seguir movilizando masivamente.

Ni siquiera el Acuerdo de paz logró mover tanto a los votantes como las elecciones de hoy, que se definirán dentro de tres semanas entre quienes tienen miedo de perder lo que tienen -desde una finca hasta una bicicleta- y quienes tienen miedo de volver al uribismo que ya experimentó el país durante ocho años, más los aventureros que confían en que Petro y su proyecto será mejor que lo que hemos vivido hasta ahora y la fuerza de la civilidad de Fajardo, que sin duda es una sorpresa y que puede inclinar la balanza. Una mezcla de miedo y esperanza que solo el 17 de junio sabremos quién gana.

6. Maquinarias vs. Encuestas vs. Voto de opinión

Las encuestas por fin acertaron. Aunque subestimaron especialmente a Sergio Fajardo, sus tendencias se confirmaron hoy: los candidatos en segunda vuelta serán Duque y Petro.

Acertaron también en el peso de las maquinarias en estas elecciones, que era la gran incógnita: Vargas no alcanzó ni los dos millones de votos que Cambio Radical obtuvo en las elecciones a Congreso. Su millón y medio de votos son el peor revés en la muy larga historia de las maquinarias.  

Su principal competidor fue Petro, que le ganó en la Costa, su fortín porque allí estaban sus principales aliados. Así se ratifica que:

  • El peso de las maquinarias ha ido reduciéndose y el voto amarrado a las redes clientelares es cada vez más difícil de obtener.
  • Las emociones cuentan mucho más en las elecciones presidenciales, y mover las maquinarias solo es contundente en las legislativas.

Otra victoria de la opinión son los 4’500.000 votos de Fajardo, muestra de cuánto se ha fortalecido este sector y de que no es cierto que el país estaba dividido solo en dos opciones. Le faltaron un poco menos de 300.000 votos para superar a Petro y ahora sus decisiones sobre posibles alianzas serán decisivas.

Nos esperan tres semanas frenéticas de campaña, de seguir recorriendo el país y llenando plazas, en búsqueda del nuevo habitante de Palacio. 

*Politóloga de la Universidad Nacional y coordinadora editorial de Razón Pública.

 

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