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Presidenciales: el lugar de los partidos y la maquinaria

Escrito por Yann Basset
Logos partidos politicos

Logos partidos politicos

Yann BassetUnos partidos ayudaron bastante más que otros, y las maquinarias que eligieron al Congreso no aportaron casi nada. Pero ambos hechos tienen una explicación y tienen importancia para lo que sigue. 

Yann Basset*

Presidenciales vs Legislativas

Los resultados de la primera vuelta confirman que las elecciones presidenciales y las parlamentarias funcionan de maneras muy distintas, y que de hecho pueden llegar a ser independientes: 

  • El candidato del Centro Democrático duplicó con creces el porcentaje que había obtenido  su partido el pasado 11 de marzo. Sergio Fajardo hizo lo propio con los porcentajes  sumados de la Alianza Verde y el Polo Democrático. Gustavo Petro quedó muy por encima del modesto porcentaje que habían logrado las listas de la decencia. 
  • Y mientras tanto Vargas Lleras obtuvo apenas la mitad de los votos de Cambio Radical, sin hablar siquiera del partido de la U que lo apoyó oficialmente. De la Calle retuvo apenas  una pequeña fracción del voto del partido Liberal.

Así quedó en evidencia la dificultad de anticipar los votos de una elección presidencial en función de los resultados de las legislativas, como  esta vez intentaron hacerlo los “modelos de pronósticos” de Cifras y Conceptos o de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF).  Estos modelos partieron del supuesto – completamente irrealista – de que los congresistas  tenían una gran “capacidad para endosar el voto” hacia los candidatos presidenciales; por eso en el futuro habrá que ser más prudentes con este tipo de modelos. 

En cambio las encuestas resultaron una mejor herramienta para dibujar los escenarios- aunque cabe insistir en que ellas miden las preferencias del momento y es un error (frecuente) atribuirles un valor predictivo. 

¿Qué significa eso para los partidos y la famosa “maquinaria”? ¿Debemos concluir que no son actores relevantes en una elección presidencial? Quizás sería exagerado llegar a conclusiones tan radicales.

Congreso
Congreso de la república. 
Foto: Senado de la república

Los partidos en proceso de reorganización

Como escribí  hace unas semanas, los partidos funcionan mucho más para elegir congresistas que presidentes. En unas elecciones uninominales, cuentan mucho más la personalidad del candidato, sus discursos y  propuestas, de lo que cuenta su partido. Al fin y al cabo, los electores eligen una persona. 

A lo mejor el programa podría ser considerado como un vínculo entre las dos lógicas, en la medida que unos mismos principios o valores guiarían al votante en las dos elecciones.  Pero en la práctica los programas tampoco son eso; responden más bien a motivaciones coyunturales, cuando no oportunistas, de cada campaña en función del clima de la opinión en cada momento. 

Dicho eso, los partidos del siglo XXI, que se conectan mejor con la opinión pública – como el Centro Democrático, la Alianza Verde y el Polo Democrático- no están completamente  ausentes de la elección presidencial. Si bien estos partidos no necesariamente fueron la causa principal de los éxitos de Duque y de Fajardo, sin duda contribuyeron al inscribir sus candidaturas respectivas en el marco de proyectos políticos relativamente identificables. 

  • En el caso de Duque, el apoyo de Centro Democrático redobla y confirma su posición de candidato del expresidente Uribe, y por ende, de su proyecto de “seguridad democrática” de corte neo-conservador. 
  • La candidatura de Fajardo, por su parte, no hubiera sido igual sin la Coalición Colombia que logró agrupar a tres formaciones sobre un programa moderno de liberalismo en temas económicos y de sociedad, con énfasis en políticas sociales y de lucha contra la corrupción. 

A la inversa, los partidos tradicionales (Conservador y Liberal), o sus derivados (Cambio Radical y la U) no aportaron realmente elementos identitarios a las candidaturas de Vargas Lleras o Humberto de la Calle. El primero se definía por su propia trayectoria política y su papel de “ejecutor de obras” en el gobierno Santos, y el segundo, por su papel de negociador del acuerdo con las FARC, al margen de cualquier proyecto de partidos.

Los partidos sí pueden contar en una elección presidencial cuando son algo más que una simple red de congresistas.

Por lo demás, los proyectos de los partidos tradicionales se han venido diluyendo con el paso del tiempo, y el conservatismo clásico parece mejor representado hoy en el Centro Democrático que en las toldas azules, mientras que parte de la herencia liberal es recogida por la Alianza Verde, y otra por Gustavo Petro y sus partidarios.

Al pretender sumar sus redes de congresistas a la candidatura de Vargas Lleras sin mayor esfuerzo de justificación programática, la U y Cambio Radical no sólo aportaron poco, sino que acabaron por restar en términos de imagen, al proyectar sobre Vargas  los malos pasos o escándalos de buena parte de los caciques regionales que conforman estos movimientos.

En definitiva, los partidos sí pueden contar en una elección presidencial cuando son algo más que una simple red de congresistas, y cuando tienen una imagen reconocible en la opinión pública. Los nuevos partidos logran más o menos cumplir con esta condición, con lo cual pueden aspirar a un papel creciente en la medida en que se consoliden.

Germán Vargas construyendo viviendas.
Germán Vargas construyendo viviendas.
Foto: Vicepresidencia

La maquinaria y sus límites

Esto no significa que los viejos partidos asimilados a la maquinaria desaparecerán, pero sí que hay que empezar a repensar seriamente su papel. La misma expresión de maquinaria es quizás engañosa. Sugiere un engranaje implacable que funciona siempre de la misma manera independientemente del contexto. Vimos que no es así.

La imagen de la maquinaria designa en realidad redes complejas de clientelismo, es decir de intercambios de favores, más o menos cohesionados por relaciones de confianza. En estas redes, los votos se obtienen a cambio de acceso a bienes o servicios financiados directa o indirectamente por recursos públicos. 

No obstante, estas redes no funcionan según el modelo sencillo de la transacción comercial, porque los intercambios son muchas veces diferidos en el tiempo, en parte o en totalidad, bajo la forma de promesas de apoyos futuros. Por eso, la confianza es necesaria para mantenerlas. 

Por otra parte, se trata de redes jerarquizadas con varios niveles de intermediarios que cobran parte de los recursos por sus servicios en función del número de personas que son capaces de influenciar en los niveles inferiores. 

Ahí, la noción de confianza se vuelve problemática porque en cada plano, los intermediarios están en competencia entre sí para obtener más recursos (de patrones del nivel superior) e influenciar más electores o intermediarios del nivel inferior. En este juego, cada intermediario tiene que decir a sus patrones que tiene más seguidores de los que realmente tiene para tener acceso a más recursos, y a sus clientes que tiene acceso a más recursos de los que en realidad puede movilizar para tener más seguidores. 

Cuánto más multiplicamos los niveles de intermediación, más se parece la maquinaria a un esquema “Ponzi” de pirámide, cuya sostenibilidad es muy frágil. La confianza necesaria para mantener las redes, particularmente en los niveles inferiores, está socavada por la misma dinámica de competencia del sistema. 

Vista así, la maquinaria no es una fuerza todopoderosa que lleva disciplinadamente a los electores a votar por cualquiera siempre que es capaz de alimentarla con recursos nuevos. El tema de los recursos es clave desde luego, y la maquinaria se moverá más en la medida en que el candidato tiene más recursos disponibles, en particular para una reelección: 

  • Por eso le funcionó a Santos en 2014, pero no tanto a Vargas en 2018.
  • Por eso les funciona mucho más a los congresistas (que generalmente buscan la reelección) que a los candidatos a presidencia.

Pero el tema de los recursos no es el único. La importancia de la confianza muestra que la maquinaria no se alimenta solo de frías consideraciones comerciales. Necesita apostarle a un candidato que pueda cumplir en el futuro. 

En este punto se vuelve borrosa la supuesta frontera entre “voto de opinión” y “voto amarrado”. Sólo podrá cumplir un candidato que ganará, y para tratar de demostrar que ganará, el candidato presidencial tiene que mostrar que va bien en las encuestas (el candidato a Congreso no tiene tanto este problema porque las encuestas para el Congreso son escasas y de lectura compleja). 

Germán Vargas Lleras apareció temprano en la campaña como rezagado en los sondeos, y eso empezó rápidamente a socavar su poder de maquinaria. 

Germán Vargas Lleras apareció temprano en la campaña como rezagado en los sondeos, y eso empezó a socavar rápidamente su poder de maquinaria. Los congresistas y autoridades locales empezaron a dudar de invertir recursos y esfuerzos para apoyar una candidatura presidencial que parecía destinada a perder. Lo mismo calcularon los intermediarios antes de arriesgar su credibilidad en ella. 

Recapitulando: 

  • La maquinaria sólo sirve para los candidatos que pueden aportar muchos recursos, preferentemente los salientes, con perspectiva creíble de seguir ganando en el porvenir, en escenario de poca incertidumbre. 
  • También funciona de manera más eficiente a nivel local (disminuyendo los niveles de intermediación, y, por tanto, de desconfianza e incertidumbre) que a nivel nacional.

Todo eso muestra que la maquinaria no funciona en piloto automático, y que puede ser un arma de doble filo. En este ciclo electoral, varias condiciones se reunieron para limitar sus efectos, no sólo en las presidenciales, sino en las mismas legislativas gracias a las consultas que nacionalizaron las apuestas del escrutinio. 

Ahora bien, eso no significa que la maquinaria desapareció. Podrá seguir teniendo peso si el contexto se muestra favorable en escenarios futuros, particularmente en elecciones locales y legislativas. No obstante, en la medida en que la gente vaya dándose cuenta de sus costos, fragilidades e ineficiencias, podemos apostar a que perderá cada vez más peso en las elecciones colombianas.   

* Profesor de la Universidad del Rosario, director del Observatorio de la Representación Política (ORP) http://www.procesoselectorales.org/
@ORPoliticaUR

 

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