Chocó: entre el olvido, la marginación, y el peor terremoto del siglo en Colombia*
Foto: Municipio de Dosquebradas

Chocó: entre el olvido, la marginación, y el peor terremoto del siglo en Colombia*

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San José del Palmar, municipio epicentro del sismo de 7.4 grados que sacudió a Colombia, solo contaba hasta ayer con 32 millones de pesos para atender el desastre natural. Retrato del abandono estatal en una rica región de nuestro país.

El lunes 10 de agosto un terremoto de magnitud 7.4 le movió el piso a muchos colombianos. Amanecimos en pánico con las noticias que se compartían en redes sociales sobre un fuerte temblor. Rápidamente empezamos a ver imágenes y videos de Cali, donde edificios se balanceaban; la cúpula de la catedral en Manizales se inclinaba peligrosamente; gente huía mientras edificios a sus espaldas se desmoronaban en Pereira, y reportes de la intensidad y duración del sismo eran emitidos desde Bogotá. Las noticias reportaban con lujo de detalles los pormenores del terremoto en algunas de las principales ciudades de Colombia.

En contraste, a las 9:00 p.m. del mismo día todavía era muy difícil encontrar reportes claros e imágenes de la situación en el epicentro del sismo, San José del Palmar, un municipio del Chocó que nadie había escuchado mencionar y que sufrió de lleno el terremoto reportado como el de mayor magnitud en Colombia en lo que va corrido del siglo XXI.

Se presume, por el reporte de la Gobernación del Chocó, que San José del Palmar, con aproximadamente cinco mil habitantes, quedó aislado, sin agua, electricidad, comunicaciones, o vías de acceso. Otros 9 municipios del Chocó, incluyendo a Quibdó, la capital, sufrieron graves daños en su infraestructura, y hasta hace unas horas, las cifras de muertos ascendían a 75 personas. Fuera del radar institucional, el alcalde local, en un mensaje aislado, expresó que solo contaba con 32 millones de pesos de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos para atender esta calamidad. El presidente Abelardo de la Espriella hizo presencia en Quibdó, donde prometió que “nunca más será la tierra de los olvidados”.

La dificultad para acceder a estas poblaciones y los obstáculos para lograr conseguir información sobre ellas no es más que el reflejo del racismo estructural que la población afrodescendiente del Chocó ha sufrido por siglos.

Así como la información no llega, tampoco llega la capacidad institucional, y la rapidez para atender la emergencia se encuentra con talanqueras de atraso estructural. Es una zona del país que es invisible para los medios, para el poder institucional y para la inversión de capital.

El terremoto llega a esta zona y no la encuentra en igualdad de condiciones frente al resto del país. Pese a su inmenso potencial turístico y su exuberante naturaleza, el Chocó solo existe en nuestro imaginario como zona de frontera. Su densa selva es su gran potencial y a la vez la causa de su aislamiento.

El rezago se refleja en su pobreza monetaria del 67.4 % (Dane), la más alta de Colombia, un déficit habitacional del 88.4 %, y una conectividad digital de solo el 18 %, por mencionar algunas cifras. La mayoría de los municipios cuentan únicamente con transporte fluvial o aéreo y una escasez crítica de infraestructura hospitalaria y educativa. La falta de presencia estatal se da todos los ámbitos. Por lo general se suple con la presencia del Ejército Nacional cuando ocurren alteraciones del orden público, ya que su territorio denso en selva y aislado de la presencia estatal es preferido por grupos al margen de la ley y organizaciones que promueven la minería ilegal.

Lo que es claro es que la tragedia llega a esta esta región del país en donde el grado de vulnerabilidad de la población es mayor a la de otras ciudades afectadas. Aquí la población no cuenta con vivienda alterna donde refugiarse, ni con ahorros extra para solucionar el hambre. La mayoría de trabajos provienen de la informalidad y con la misma incertidumbre que los consiguen, así se esfuman en medio de una tragedia. No hay información básica de lo que sucedió en el epicentro, no hay números claros de víctimas, ni listas de requerimientos médicos, ni acceso garantizado. Es duro decirlo pero lo que no aparece en los medios de comunicación, no existe.

El reto para el gobierno no será solo “reconstruir” –expresión usual cuando ocurren estos desastres–, sino más bien empezar por construir lo que previamente no existía. En este momento los habitantes de san José del Palmar son “visibles”, o existen en los medios solo por haber sido el epicentro de un desastre natural; lo que quisiéramos ver es que los recursos lleguen no solo durante esta emergencia sino durante los próximos cuatro años de gobierno de manera que suplan las  necesidades básicas insatisfechas de estas regiones. Esperamos que el Chocó no esté solo presente en los posts de las redes sociales de manera efímera, sino que sus necesidades insatisfechas se suplan realmente gracias a la voluntad política de descentralizar el Estado.

Le recomendamos: La niñez primero: la promesa que Colombia aún debe cumplir

*Una versión de este texto se publicó en Contexo Media el 11 de agosto de 2026.

Acerca del autor

Beatriz Toro P
btoro@razonpublica.org |  + posts

*Antropóloga de la Universidad de los Andes. Magíster en Desarrollo Social de la Universidad del Norte.

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Beatriz Toro P

*Antropóloga de la Universidad de los Andes. Magíster en Desarrollo Social de la Universidad del Norte.

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