
Los discursos de los candidatos en la noche del domingo: luces, sombras, tranquilidades y preocupaciones
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El candidato perdedor afirmó que respeta el resultado de los escrutinios y que liderará una fuerza social y política que recoge el 50% del electorado. El ganador habló del triunfo de la democracia, de la cual deben enorgullecerse los colombianos, y de una nueva era, un cambio de orden, la patria milagro.
Luego de una jornada ejemplar en la cual se lograron cifras récord de electores en las urnas, más de 26 millones, y en la cifra de participación electoral, superior al 63,5%, la diferencia inferior al 1% entre lo obtenido por el ganador en el preconteo, apenas 250.000 votos de diferencia, puso de presente la importancia de los discursos, el del triunfo, pero también el de la derrota.
Como se ha vuelto costumbre, primero aparecieron los trinos del presidente, menos disruptivos que los de la primera vuelta, aunque manteniéndose en el carácter no vinculante del resultado del preconteo, en la aceptación del escrutinio y en una referencia siempre menor a la diferencia entre los dos candidatos que la que se conocía por los boletines de la Registraduría.
Mensajes clave
Primero se asistió al discurso de Iván Cepeda, candidato por el Pacto Histórico. En un mucho mejor discurso que el que ofreció luego de la primera vuelta, el candidato perdedor en el preconteo afirmó al menos cinco cosas relevantes. Manifestó la aceptación del preconteo, aunque señaló que era un resultado no vinculante y que se iban a impugnar los resultados de 33.000 mesas. Afirmó, en todo caso, respetar el resultado del escrutinio, proceso que continúa mientras se escribe esto. Expresó, con contundencia, liderar una fuerza política y social que recoge una cifra muy cercana al 50% del electorado colombiano, a los que agradeció, fuerza que se basa en la defensa de la democracia, de los derechos de las víctimas y de todas las minorías y que es respetuosa de la Constitución y las instituciones. Indicó que se mantendría una agenda de lucha por las reformas sociales, por el cambio, que han hecho parte de la agenda del gobierno de Gustavo Petro y del Pacto Histórico. Reconoció la importancia de la jornada electoral, notable por las cifras ya mencionadas.
Menciones a las campañas
Como era de esperarse, agradeció a todos los sectores de la campaña que lo acompañaron, siendo interesante la mención inicial a las víctimas, luego a las distintas poblaciones y minorías, pero también al conjunto de fuerzas que conforman el Pacto Histórico.
Hizo énfasis, luego, en los rasgos de la campaña, al diferenciarla de la del candidato rival, a la cual dedicó varios minutos para caracterizarla críticamente. Luego enunció, en contrario, los rasgos de su campaña, haciendo, de todas formas, caso omiso al apoyo del presidente y otros funcionarios pese a la prohibición de participación en política.
Los reconocimientos al Gobierno y al compañero presidente
Pasó luego al reconocimiento de los logros del actual gobierno, siempre en perspectiva de un proyecto colectivo impulsado por el Pacto Histórico. Habló de logros en el propósito del cambio y la transformación social. Habló de haber sacado a cuatro millones de personas de la pobreza e iniciado la primera reforma agraria. También, de haber puesto en el centro de la agenda la política ambiental la defensa de la vida, del agua, de los páramos, y de que ha hecho de la democracia una instancia fundamental de la vida social.
E hizo un reconocimiento abierto y que generó aplausos y consignas a favor de la figura de Gustavo Petro, nominado como el compañero presidente.
Diálogo sí, pero solo así
Entre los claroscuros si bien anunció mensajes serenos y tranquilos a los de la otra orilla, anunció la defensa de las conquistas y habló de impedir que se violente la democracia o el ejercicio político de la izquierda. Recalcó que la izquierda colombiana es una fuerza resistente acostumbrada a sobrevivir en las peores condiciones.
Se definió como una fuerza decisoria y advirtió que se equivocan quienes piensan que les pueden imponer decisiones. Con esa fuerza se dialoga, dijo.
Invitó, de manera serena, reflexiva y racional, al diálogo y la concertación, si es respetuosa y auténtica y se plasma en hechos políticos en bien de la nación.
Cerró citando a Salvador Allende, el presidente de Chile asesinado en el golpe de Estado.
No hubo una mención directa al hasta ahora nuevo presidente.
La parafernalia del Tigre
Luego de un largo y lento recorrido por las calles de Barranquilla, el candidato ganador según el preconteo arribó al escenario particularmente dispuesto para su alocución. Con una puesta en escena que mezcla imágenes, cánticos político-futboleros, arengas y consignas, inició un extenso discurso que comenzó con el grito de “Colombia, aquí está tu Tigre, aquí está tu presidente”, gritos acompañados de fondo musical y redoble de tambores. Enfundado en la camiseta de la selección Colombia, más allá de las disputas políticas y jurídicas al respecto, continuó con el agradecimiento a Colombia, a Dios, a su familia. Entre orador y animador, invitó al vicepresidente electo, quien dio unas breves palabras llenas de acusaciones.
Un discurso difícil de reseñar por los ires y venires temáticos, por las reiteradas referencias a los mismos temas en distintos momentos y con distintas y contradictorias aproximaciones.
El presidente de todos los colombianos
Hizo una referencia inicial al pueblo colombiano como el que lo impulsó a la defensa de la democracia, la institucionalidad y la libertad de la patria (la palabra más mencionada a lo largo del discurso). Reconoció luego, de manera bastante histriónica, su gratitud, emoción y responsabilidad como nuevo presidente de Colombia. Enseguida, planteó que era una decisión de los colombianos para recuperar su destino. Idea que acompañó de referencias a la dignidad nacional, la república y la esperanza. Habló del triunfo de la democracia, de la cual deben enorgullecerse los colombianos, y habló de una nueva historia, una nueva era, un cambio de orden, la patria milagro.
Dicho lo anterior, cambió de tercio. Señaló que terminaban las campañas y los enfrentamientos políticos. Y con la idea del servicio a la patria, planteó su lealtad absoluta con la Constitución de 1991. Juró defenderla con extrema coherencia para protegerla de quienes quieren cambiarla. Anunció gobernar para todos los colombianos, los que votaron por él y los que votaron por otro. Habló de que no habrá vencedores ni vencidos, no habrá retaliaciones, tampoco persecuciones. Y ello dado que en democracia no hay enemigos irreconciliables, hay colombianos que piensan diferente, pero tienen los mismos derechos. Y recordó que el presidente simboliza la unidad nacional.
A renglón seguido se comprometió a defender las libertades y derechos de los que no votaron por él. Igual, sus opiniones serán escuchadas y no deben temer por ellas. Prometió responder con hechos y obras y no con promesas.
Del país fracasado a la patria milagro
Con las mismas referencias breves y sonoras, pasó varias veces por los temas que se reiteraron desde la campaña: una narrativa, sin mucho sustento ni coherencia, sobre el país fracasado por culpa de quienes están en el poder; las referencias a la entrega del país por esos mismos responsables al narcotráfico, a los grupos armados ilegales, a la corrupción. Y la patria milagro que solucionará todo a punta de unidad, autoridad y actuaciones contrarias a las del actual gobierno. Trabajo compartido con gobernadores y alcaldes; con los jueces, cuyos fallos serán respetados, y con resultados y no con discursos y promesas. La única cuestión es que no hay ninguna referencia al cómo, salvo consignas y cánticos que terminan en el Tigre y la manada.
De la patria incluyente a las amenazas
En varios momentos, también, enumeraciones largas de poblaciones y territorios con eventuales mensajes de inclusión para los que no votaron por él. Y reiteraciones sobre respeto a los derechos y libertades y opiniones. Menciones especiales a los miembros de la fuerza pública con promesas de que ahora sí tendrán un presidente que los respalda y reconoce. Muchas menciones a Dios y a Jesucristo.
Sin embargo, un cierre amenazante porque cada tres frases, además de reconocer a la oposición y a su líder, aunque mencionado como el heredero de Petro, luego como el senador Cepeda, lo amenaza porque el Tigre muerde duro. Y la amenaza de que solo podrá hacer oposición dentro de los cauces institucionales, pero una advertencia por si intentan incendiar el país.
Con menciones también desordenadas sobre cuidar los votos, exigir el triunfo y pedir a los observadores que den su dictamen lo antes posible.
La oración a la patria
Y para el cierre, el guiño populista militarista final. Ningún colombiano que no haya prestado servicio militar, estudiado en colegio militar o que se haya convertido en reservista se sabe esa oración. Tal vez no sobraría responder con la otra oración a la patria: “Patria, te adoro en mi silencio mudo…”.
En principio, valoré el discurso por ciertos llamados a la unidad y al reconocimiento de la mitad de los colombianos y los anuncios de respetar derechos, democracia, instituciones, opiniones. Luego de volver a escucharlo solo puedo decir que es un albur. Veremos
Hoy ya hay un nuevo discurso de Cepeda…
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Acerca del autor
Andrés Dávila
*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
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