César Caballero, autor en Razón Pública

Compartir:

¿Por qué hay tantos precandidatos presidenciales?

No ha terminado el segundo año del actual período presidencial pero, ya 55 personas “suenan” como posibles aspirantes presidenciales.

Estamos lejos de la votación formal de primera vuelta: mayo de 2026 y por ello me parece prematuro medir la intención de voto. Sin embargo, es claro que la campaña presidencial ya inició. En este temprano momento creo que es posible y necesario realizar ejercicios alternativos. Por ejemplo, el Diario La República (2024) ha presentado un análisis de redes para varios de estos candidatos que sugiero mirar. https://www.larepublica.co/caja-fuerte/los-presidenciables-con-mejor-engagement-en-facebook-3870285

Ahora, pongo a consideración otro análisis, que se construye con dos técnicas de investigación complementarias: la primera, los resultados de Polimétrica donde 1607 personas que representan a 6.8 millones de votantes se autoidentificaron ideológicamente, en una escala numérica de 1 a 6, siendo 1 de izquierda y 6 de derecha; la segunda, cuatro grupos focales donde pedimos a la gente que mencione posibles candidatos y los organice de izquierda a derecha en los mismos 6 grupos, de acuerdo a como ellos los perciben.

La gráfica presenta varios hechos políticos claros:

  • Hay candidatos para todos los gustos.
  • La derecha (6) tiene una gran cantidad de candidatos, pero no tantos votos.
  • La izquierda (1) tiene menos candidatos y menos posibles votantes.
  • La centro-izquierda (3) tiene pocos candidatos y muchos votantes.
  • Dentro de los 55 candidatos posibles, solo 14 son mujeres, es decir, el 25%.

Presento ahora cuatro razones que explican este amplio abanico: Primera, estamos ante un proceso de cuatro vueltas presidenciales; Segunda, no hay figuras claras o dominantes en esta carrera; Tercera, muchos de ellos son solo “presuntos”, y finalmente, el mismo presidente con sus declaraciones precipitó el inicio temprano de la campaña.

Cuatro vueltas presidenciales

Para iniciar, recordemos que la combinación de reglas formales e informales del proceso electoral colombiano hace que en la práctica tengamos 4 vueltas presidenciales, que por un lado, estimulan la existencia de múltiples candidaturas, y por el otro, aseguran un proceso que fuerza a la generación de convergencias políticas.

Si bien las campañas iniciarán formalmente luego de las parlamentarias de marzo de 2026, es claro que existen muchos incentivos para que los candidatos inicien la campaña antes. Si se presentan por firmas o buscan una consulta, partidista o interpartidista tendrán un período más amplio de tiempo para hacer campaña oficial, recoger recursos y aparecer en medios, de forma legal, entre tres y seis meses antes.

Además, muchos de los candidatos saben que no deben derrotar a los demás en mayo, sino que inicialmente deben ser los triunfadores ante algunos de sus copartidarios o personas del mismo segmento y que el proceso les permitirá ir avanzando poco a poco. Nadie necesita hoy el 40% de los votos. Con el 5 o 6% puede ser competitivo en uno de los diversos procesos de consultas.

En ese sentido, el primer momento definitivo lo tendremos entre octubre y noviembre de 2025 cuando sabremos los candidatos de los partidos y las personas que lograran recoger las firmas. Creo que a este punto llegaremos con más de 30 candidatos.

Un segundo momento importante es la elección de congreso en marzo de 2026, allí es posible que tengamos entre 4 y 6 consultas abiertas, bien sea de partidos o interpartidistas. Ese es un momento importante, pues allí habrá cerca de 20 millones de colombianos que saldrán a las urnas y podrán escoger entre alguna de las consultas.  Lo normal es que en ellas participe un número que puede oscilar entre 12 y 20 candidatos.

Como tercer momento, luego de estas consultas, tendremos entre 6 y 10 candidatos que irán a la primera vuelta formal en mayo de 2026. Es usual que los votos estén dispersos y ese día se elijan dos personas para ir a la segunda vuelta formal.

Finalmente, tenemos la cuarta vuelta, que sucede en junio y a la que van los dos candidatos más votados en mayo tal y como se ve en la siguiente tabla.

Tabla vueltas presidenciales 2026

No hay figuras claras o dominantes

La segunda es que hoy no existe un corredor principal o candidato a derrotar. Las tres personas que lograron las mayores votaciones en 2024 no podrán ser candidatos, uno es el presidente, otro está condenado y el tercero es alcalde de Medellín. Si bien en el listado de 55 personas que presentamos hay grandes diferencias en términos de viabilidad política, no parece haber uno que pueda declarase con mayor favoritismo.

Presuntos candidatos

Para la tercera razón acojo el argumento desarrollado por Javier Duque quien señaló que en la campaña del 2018 tuvimos candidatos, auto candidatos y pseudo candidatos. No todos lo que están en este listado en realidad creen que puedan ser presidentes, pues muchos utilizaran la campaña para impulsar sus nombres a otros procesos electores, como las regionales de 2028, otros buscaran ser formulas vicepresidenciales, otros desean ser tenidos en cuenta como ministros y algunos más presentan sus nombres como forma para aumentar su viabilidad como candidatos a senado. Es decir, en estos 55 hay mucho “presunto candidato” pero, es casi probable que ya estén los 10 o 15 aspirantes reales.

Declaraciones que precipitan la campaña

Finalmente, las declaraciones del presidente sobre la necesidad de que su proyecto político tenga más tiempo, las difusas referencias a una constituyente y sus llamados a que el Pacto Histórico se unifique como partido han generado un ambiente donde el silbato de partida para la contienda electoral ya fue dado por el mismo presidente de la república.

Referencias

La República. (2024). Los presidenciables con mejor engagement en Facebook. La República. https://www.larepublica.co/caja-fuerte/los-presidenciables-con-mejor-engagement-en-facebook-3870285

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

La democracia colombiana no está en crisis ni en bloqueo institucional. Por supuesto que tiene problemas, retos y necesita mejorar, pero es un sistema con legitimidad y muchos de sus componentes funcionan y cuentan con un apoyo ciudadano importante.

Para comenzar hay alternancia en quienes ejercen el poder: Uribe, Santos, Duque y Petro representan visiones muy distintas y alternativas de país. Igual ocurre en los niveles territoriales: Jaime Castro, Antanas Mockus, Enrique Peñaloza, Gustavo Petro, Claudia López y Carlos F Galán. La democracia colombiana “SI” produce una alternancia real en el poder.

También existe una división de los poderes. Las altas cortes han puesto límites a los abusos del ejecutivo y en esos casos han contado con el apoyo de la sociedad. Juzgaron y encontraron a los culpables en el proceso de las chuzadas a la Corte Suprema, impidieron la segunda reelección de Uribe. Tumbaron leyes de los últimos cuatro presidentes y han condenado penalmente a un volumen importante de parlamentarios.

La siguiente tabla muestra algunos indicadores sobre elementos de nuestro sistema democrática que son muy bien evaluados. Para comenzar, hoy el 94% de los ciudadanos entienden el tarjetón electoral. Este fue una gran novedad en los inicios de los años 90 y hubo confusiones y problemas de diseño, pero es claro que a lo largo de los años el tema ha mejorado y a fuerza de usarlo los colombianos entendemos mejor este elemento de nuestro sistema electoral.

El siguiente elemento es que el 92% de las personas afirman tener inscrita la cédula en el municipio en que habitan. Esto es muy importante pues un buen censo electoral es el primer paso para controlar el delito de trashumancia, que no es otra cosa que el trasteo de votos, particularmente importante en las elecciones locales.

El tercer elemento para destacar es que para el 79% de las personas es “Absolutamente importante” vivir en una democracia. Esta respuesta refleja cómo, a pesar de sus problemas, los colombianos valoramos el sistema democrático. Muestra de ello son los importantes niveles de participación electoral que hoy tenemos. En años reciente hemos visto niveles de participación del 60% en varias elecciones. Como he señalado en otros momentos, es posible que tengamos un sobre registro del censo electoral, por el alto volumen de colombianos viviendo fuera del país y que no cambian su registro electoral. Si se ajustan los indicadores podemos estar hablando de niveles del 64%, lo cual para ser una democracia sin voto obligatorio es realmente importante.

El 64% de las personas también considera como “Muy importante” poder tener elecciones libres, imparciales y transparentes, lo cual muestra la valoración que le damos a que nuestra decisión de voto sea contabilizada de forma adecuada y que con ello podemos generar cambios en nuestra sociedad. Igual pasa con los cambios en el ejercicio del poder que hoy tiene un 53% con el mismo nivel de importancia.

Soy consciente de que nuestro sistema democrático tiene muchas falencias, el uso de la violencia como forma de hacer política, así como la financiación ilegal de las campañas, tanto por prácticas de corrupción como por dineros de origen ilícito son dos de los mayores retos del sistema. Pero no comparto las voces que consideran que la colombiana sea una democracia fallida, que requiere constituyentes o reelecciones. Todo lo contrario, nuestros sistema de gobierno, como hemos documentado, muestra importantes apoyos ciudadanos y es funcional para lograr un control al abuso de poder por parte de los poderosos.

2 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

La idea de una renta básica universal como mecanismo para aumentar la libertad de las personas no es nueva: Podemos afirmar que lleva rondando por lo menos 130 años. El inglés Thomas Paine en su libro “Justicia Agraria” reflexionó sobre las bondades de esta idea.

En el Reino Unido después de la primera guerra mundial y en Estados Unidos a finales de los años 60 también se presentaron discusiones sobre la iniciativa. En Canadá, entre 1974 y 1979 se adelantó un experimento bajo la figura de “Impuesto de ingreso negativo”, liderado por el padre del actual primer ministro del país, Justine Trudeau.

En India, Corea del Sur, Namibia y Kenia se han realizado ejercicios regionales con el apoyo de organizaciones nacionales, multilaterales y en algunos casos ONG´s internacionales. En las evaluaciones hechas sobre estos ejercicios queda claro que no se presentan masivas desvinculaciones del mercado laboral, que algunas personas generan emprendimientos con estos recursos, que se dan efectos positivos sobre actividades de capital social, que en algunos casos aumenta el marco de cualificaciones de las personas, en particular mujeres y que en general este tipo de medidas parecen tener efectos positivos sobre el bienestar psicológico de las personas.

Colombia tiene una larga historia de transferencias monetarias condicionadas – TMC, que han demostrado sus beneficios, pero también limitaciones. El DNP ha venido trabajando para unificar la información sobre las personas naturales que reciben algún tipo de TMC. Esto es un paso muy importante para entender la magnitud de recursos y esfuerzos de coordinación involucrados en la tarea de apoyar a las personas con mayores vulnerabilidades en el país. En nuestro país también se ha planteado el tema de la renta básica universal. Entidades como el DNP y De Justicia han publicado documentos con reflexiones y estimaciones sobre los posibles costos beneficios de una política pública de este tipo.

Creo oportuno insistir en la discusión de una renta básica universal como una estrategia complementaria para promover el bienestar en la sociedad colombiana. Para su tesis de Maestría, en la Universidad Externado, Diana Rojas utilizó los resultados de una encuesta a 2.560 ciudadanos indagando sobre lo que harían las personas si se diera una renta básica universal de $300 mil, sin ningún requisito distinto a la ciudadanía colombiana y sin ninguna contraprestación por parte de quien la reciba. La gráfica muestra los resultados a esta pregunta:

Es importante resaltar que la opción de “Dejar de trabajar” es la más baja y sólo fue tomada por el 7% de las personas. Es decir, el volumen de personas que encontrarían un desincentivo para vincularse al mercado laboral por esta medida si existe, pero parece ser realmente bajo. Como se puede observar las otras opciones pueden generar efectos positivos, no solo a las personas y sus familias, sino también a la sociedad en su conjunto.

Por género es importante resaltar que las mujeres dedicarían más a actividades comunitarias y causas sociales que los hombres. Dos tipos de acciones que ayudan a fomentar el capital social de las comunidades.

Con un monto equivalente a los $225 mil mensuales, similar al propuesto por el gobierno para los mayores de 70 años sin ninguna protección social, podríamos estar cerca a superar la situación de indigencia, por ingresos, para toda la población. Esto sería un logro social sin precedentes. Es importante señalar que esto no implica reemplazar la totalidad de los subsidios ni de las TMC, pero si claramente implicará una revisión y racionalización de los mismos.

Una medida de este tipo podría dar una base para el ejercicio de libertad de elección de millones de personas y con ello contribuir no solo a su bienestar sino también desatar muchos frentes de colaboración social e iniciativas individuales y comunitarias que podrían redundar en el progreso del país.

Finalmente, este tipo de políticas públicas pueden tener un impacto positivo en la valoración del ocio y sus efectos. Como bien ha señalado Byung-Chul Han “La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana”.

Apreciado lector de esta columna, hágase esta pregunta que titula este texto: ¿qué haría usted si en Colombia se diera una renta básica universal?

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

Las mascotas son una parte creciente de la realidad colombiana. De hecho, en 2011 el 38% de los hogares en las grandes ciudades tenían una y para 2024 este indicador ha ascendido al 57%. Todo indica que su presencia en nuestras vidas cotidianas seguirá creciendo. Es una nueva realidad social, que como ocurre en otros casos, tiene efectos positivos y negativos. Con el fin de elevar el nivel de discusión sobre este tema hemos conformado una alianza con el Instituto Humboldt y la facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes.
Hemos organizado el tema en tres grandes tópicos: Vida silvestre como mascotas, Mascotas abandonadas y, finalmente, convivencia ciudadana y mascotas. Para comenzar, es importante señalar que la ley colombiana prohíbe, no sólo el tráfico de nuestra fauna, sino también su tenencia y, sin embargo, al preguntarle a los hogares colombianos por este tema, un 4% reconoció que en la actualidad tienen animales silvestres como mascotas en sus hogares. En el contexto de la muestra que diseñamos esto significa un volumen cercano a 156 mil animales silvestres colombianos que hoy están en hogares urbanos como mascotas.  Al preguntarle a las personas si han visto en los últimos 5 años que alguien tenga como mascota a un animal silvestre en su hogar, un 26% manifiesta haber visto aves, es decir cerca de 1.6 millones de aves están en hogares como mascotas, seguramente enjauladas.

Una tenencia responsable de mascotas excluye a la vida silvestre de esta situación. Hoy en Colombia eso no sucede.

En segundo lugar, están los animales ferales y semi ferales. Se trata de perros y gatos que son abandonados, o dejados en “libertad” y por lo tanto interactúan de forma libre y sin control con las especies nativas de nuestro territorio. En este caso se convierten en animales invasores, pues ponen en riesgo la vida silvestre. Se calcula que, en 2022, más de 3 millones de aves fueron cazadas en Colombia por perros y gatos ferales y semi ferales. Los científicos han venido denunciando esta situación sin mucho eco y solo algunos pocos casos llegan a los grandes medios, como el caso del oso de anteojos que contrajo moquillo en Chingaza. Se trata de una enfermedad cuyo agente vector son los perros. O el capibara que fue destrozado en cámara por una manada de perros ferales.

El país tiene que empezar a controlar estas especies y reducir al máximo el abandono de perros y gatos, algunos de los cuales siguen en las ciudades, pero en otros casos se trasladan a zonas rurales y parques naturales donde se convierten en cazadores letales.

Finalmente está el tema de la convivencia. El 40% de los hogares tuvieron durante el 2023, al menos un problema de convivencia con dueños irresponsables de mascotas. Algunas personas creen que las normas no les aplican a ellos y deciden no cumplirlas. Las más básicas y que están consagradas en la ley son: recoger los desechos, que su mascota este siempre con triadilla, y que no pueden ingresar a restaurantes que no tengan habilitado un espacio especial y aislado para las mascotas.

Una situación común, pero aún no medida, es la ausencia de espacios seguros para que niñas y niños jueguen en parques públicos sin los riesgos bilógicos del orín y el popó de los perros. Otro tema es la comida procesada para las mascotas. En varias de las etiquetas de estos productos, particularmente las de alto costo, se incluye aceite de pescado y otras especies marinas como pulpos, lo cual implica que estamos matando especies marinas para alimentar a las mascotas.

Debemos aumentar, en volumen y calidad, la discusión pública sobre estos tres temas. El propósito es que continuemos viviendo con las mascotas, pero de una forma más responsable. En los tres casos que he mencionado: vida silvestre, animales ferales y convivencia, con sólo cumplir la ley habríamos avanzado mucho. Pero hay perri papitos y perri mamitas irresponsables que se niegan a cumplirla de forma sistemática.

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

Tenemos clara evidencia del surgimiento de una nueva juventud de derecha en Colombia. Pero es una derecha distinta a la que estamos acostumbrados en el país.

El estudio de “Que quieren y sienten los jóvenes en Colombia” realizado en una alianza entre la Universidad del Rosario, El Tiempo, la Fundación Hanss Seidel y Cifras y Conceptos, en sus 8 mediciones, que acumulan un total de 17.040 encuestas llegando a 40 municipios  muestra de forma clara esta nueva realidad.

Para comenzar miremos la pregunta con la cual se construye la distinción entre izquierda, centro y derecha. Se ha decidido utilizar la alternativa de “autoidentificación” donde, sin definir el significado de izquierda o derecha se les pide a las personas que se ubiquen en una escala de 1 a 6. La pregunta específica es:

“En una escala de 1 a 6 donde 1 es Izquierda y 6 es Derecha, ¿Dónde se ubica usted?”

Los resultados están disponibles para las seis escalas pero, por facilidad analítica y de comunicación, se agregan las marcaciones 1 y 2 como izquierda, 3 y 4 como centro y, finalmente, 5 y 6 como derecha. La siguiente gráfica muestra como ha evolucionado esta pregunta en los 4 años durante los cuales se ha realizado la medición.

Lo primero que sobre sale es que se trata de un tema dinámico y que se va a justando de acuerdo con las realidades del contexto en que las personas forman sus opiniones: En las 8 mediciones hemos vivido una pandemia, un paro nacional y la elección del primer gobierno de izquierda en Colombia. Fue precisamente en mayo del 2021, cuando se presento el Paro Nacional que los jóvenes se identificaron en menor medida con la derecha: apenas un 7%. En contraste, es luego de 15 meses del gobierno de Gustavo Petro que ese indicador ha ascendió al 37%.

Ahora bien, ¿cómo son esos nuevos jóvenes de derecha? ¿Qué piensan? Observando los datos de la última medición, donde incluimos varias preguntas para intentar caracterizarlos es posible afirmar que son muy distintos a la derecha tradicional colombiana.

Para comenzar geográficamente están más en los Santanderes, Antioquia y la Costa Caribe. Es decir, dos zonas que tradicionalmente se asociaban con fuerzas políticas liberales  como la Costa y los Santanderes hoy se han convertido en territorios donde la derecha está creciendo. El caso de Antioquia no parece ser una novedad ni una sorpresa. En contraste tienen una baja presencia en el Valle.

Por rangos de edades están más concentrados entre los 21 y 29 años. (El estudio toma el rango entre 18 y 32). Por nivel socioeconómico se asocian con la derecha el 48% de ingresos bajos y sólo el 9% de quienes están en ingresos altos. En esencia están trabajando 58%

Sobre su posición frente a algunos temas es también muy interesante: Es claro que rechazan la Interrupción Voluntaria del Embarazo, 57%. Pero frente a temas como políticas pro paz, igualdad de género y un enfoque de salud pública en la política de drogas, apoyan estas políticas en porcentajes superiores al 63%.

Ahora bien, dentro de los jóvenes de derecha también hay diferencias significativas. En un ejercicio de árboles de decisión, que busca encontrar grupos homogéneos entre sí, pero diferenciados frente a otros segmentos, encontramos que en contra del aborto legal está el 79% de los jóvenes que solo han terminado la primaria, mientras que quienes tienen título universitario lo rechazan en un 33%: una diferencia de 45 puntos.

También les preguntamos si estarían dispuestos a conversar con una serie de grupos de personas diversas. Lo primero que es importante resaltar es que en general sí lo harían. Porcentajes superiores al 60% en todos los casos así lo demuestran y marcaciones de nada dispuesto inferiores al 36% lo ratifican.

Con quienes estarían más dispuestos a conversar: con campesino, Indígenas y personas de derecha con porcentajes entre el 75% y 91%. En la otra orilla, se muestran un poco menos dispuestos a conversar con Feministas y personas de izquierda con disposiciones del 60%. Si bien es alta y mayoritaria, muestra diferencias de 30 puntos.

Hoy tenemos una nueva juventud de derecha muy fuerte en Santanderes y la costa y que se muestra más pro paz y políticas de salud pública frente a las drogas y que están dispuestos a conversar con personas de diferentes posiciones. Eso sí rechazan el aborto legal y están menos dispuestos a conversar con personas feministas y de izquierda.

3 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

Yu Takeuchi fue un icónico profesor de física en la Universidad Nacional. En alguna ocasión le preguntaron si él creía que los japoneses eran más inteligentes que los colombianos, y contestó:

“Un colombiano solo es mucho más inteligente que un japones solo. Pero dos japoneses juntos son mucho más inteligentes que dos colombianos juntos”.

Creo que la Orquesta Filarmónica de Bogotá ha desarrollado un método de planeación, trabajo en equipo y construcción de equidad que merece ser estudiado y difundido, como un ejemplo del trabajo colectivo de alta calidad de los colombianos.

Para que el director de la orquesta de la filarmónica se pare frente a un grupo de 100 músicos, los dirija y nos deleite con una pieza musical han sido necesarias muchas cosas:

  1. Un equipo tuvo que planear los cerca de 500 conciertos anuales de la orquesta.
  2. El área administrativa y jurídica debe haber organizado los contratos y las asignaciones presupuestales necesarias.
  3. Otro tuvo que conseguir las locaciones, hacer los arreglos jurídicos y de seguros.
  4. El grupo de logística se asegura del transporte de los instrumentos, la llegada de los músicos, así como preparar las condiciones acústicas, de sonido y de luz.
  5. La orquesta debe haber ensayado la presentación y en ese proceso se concilian los talentos fortalezas y debilidades de cada uno de los músicos.
  6. El director debe haber planeado al detalle la interpretación y realizado ajustes y correcciones con cada uno de los 100 músicos.
  7. Se tiene un director y algunos músicos alternativos, previendo emergencias.
  8. Si uno de los músicos de la orquesta estudió en uno de los 63 centros filarmónicos: 36 en colegios públicos, 19 en las localidades, 7 hospitalarios y el de la paz, podría llevar un proceso de educación, y entrenamiento de más de 10 años.
  9. El grupo de comunicaciones tuvo que realizar una buena convocatoria y publicidad para que el público llegue al concierto. Hoy la Filarmónica cuenta con una comunidad digital que acumula las 312 mil cuentas en distintas redes.

Todo esto, y mucho más, sucedió antes de que el director indique el inicio del concierto.

La Filarmónica es ejemplo de una política pública que con continuidad en tres administraciones, el respeto al trabajo de los otros y el deseo de hacer parte de una organización de calidad, ha creado uno de los mayores orgullos culturales de la ciudad. Hoy tiene tres grandes líneas de trabajo:

  • Una red de 18 orquestas o grupos musicales, que en un proceso continuo de práctica colectiva reúne a cerca de 700 músicos de la más alta calidad en el país.
  • Un programa de formación musical en varios escenarios: 38 instituciones educativas públicas y 19 programas en las localidades. En los últimos 10 años cerca de 220 mil niños y jóvenes han recibido una formación promedio de 4 horas semanales. Producto de ese esfuerzo colectivo, 400 músicos educadores han logrado la conformación de 1.028 agrupaciones sinfónicas en colegios, hospitales, localidades y el coro de la Paz, que hoy hacen parte de la cadena de valor de la Sinfónica.
  • Un Programa de fomento musical que busca visibilizar tanto los talentos como la existencia de una cadena de valor que se ha construido en torno a la filarmónica. De esta plataforma de apoyo han surgido, entre otras, la mejor voz del mundo de 2023 y la primera mujer Directora Asistente de la orquesta Suisse Romande.

Para que una orquesta funcione bien no es necesario que todos sean virtuosos.  Deben tener un nivel similar y es fundamental que respeten el trabajo de sus colegas y que el tiempo dedicado a las prácticas colectivas sea de un alto nivel de concentración.

He tenido la oportunidad de ver algunos de los ensayos. Como observador he podido notar que un volumen importante de las correcciones del director a los músicos se refieren a que alguien llega demasiado tarde o muy pronto a una nota específica. Entonces vuelven a repetir desde un punto de la partitura hasta que todos lo hacen bien.

Son horas continuas de un trabajo profesional con un alto nivel de concentración y exigencia física.  David García lo ha descrito bien al decir que los músicos de la Filarmónica son un tipo de deportistas de alto rendimiento.

Entonces, el método filarmónica es una combinación de talento, disciplina, capacidad logística, preparación, administración de recursos y trabajo realizado de forma coordinada y a tiempo. Es una demostración de que los colombianos sí podemos funcionar colectivamente y lograr estándares de alto nivel. No en vano, la Filarmónica ha obtenido dos premios Grammy.

Los elementos del método

A continuación presento algunos de los elementos del “Método de la filarmónica”:

  • Llegar a tiempo en las citas, las prácticas, la logística, los contratos, las notas. No antes, no después, llegar a tiempo, sin faltas ni excusas.
  • Un proceso de ensamblaje. Para lograr su cometido es necesario un proceso de ensayo y organización que inicia con la práctica de cada músico en solitario, luego su trabajo se agrega a una de las secciones de la orquesta y finalmente el grupo empieza a ponerse en conjunto bajo la batuta del director.
  • Cuidar los detalles. Practicar, precisar y volver a ensayar es parte del secreto de la Filarmónica. La calidad sólo se consigue con un proceso de corrección y de esfuerzo colectivo en los detalles.
  • Nivelar al equipo. No todas las personas están siempre en el mismo nivel; por eso es necesario el aporte del director y del grupo. Como el producto final es un trabajo en equipo, el grupo es consciente de la necesidad de brindar ayuda, colaborar y cubrir cuando sea necesario.
  • Gestionar la incertidumbre. Un concierto es un producto que sucede en un espacio físico y temporal delimitado. Por ello, la Filarmónica siempre tiene una alternativa, por si el director se enferma o uno de los músicos falla. Por su puesto hay elementos que no se pueden gestionar en pocas horas, como un nuevo escenario.
  • El director, los músicos, el personal de apoyo, las áreas administrativa y de comunicaciones deben preparase, estudiar lo que ocurre en el concierto pero no quedarse sólo mirando su parte, sino observar el conjunto, estudiar no para brillar como individuo sino para aportar al logro colectivo.
  • Espacio para creación. Para quienes no tenemos una formación musical académica es difícil notarlo, pero el trabajo de una orquesta es enormemente creativo. La misma partitura, escrita por un gran compositor hace 200 años, suena muy distinto dependiendo del director, de la orquesta y de las innovaciones en instrumentos. Por ello, si bien la partitura indica un plan, siempre hay un gran espacio para la creación.
  • Sembrar y replicar. En los últimos 10 años la Filarmónica ha replicado su método en el proceso de formación, con 400 músicos formadores para niños y niñas. Allí se está sembrando el futuro de la música académica del país, así como un proceso de integración social.
  • Continuar, persistir. En la Filarmónica lo saben y son conscientes: nada de calidad se logra en procesos cortos. Y por ello, este grupo humano persiste diariamente.

Algunos retos

“No me resulta fácil determinar la verdadera altura del muro que separa a un profesional de un amateur, a un músico aficionado…Nuestra tarea más importante es la de encontrar un pasadizo que nos permitiese atravesar el muro en ambas direcciones”.

Haruki Murakami,

Música, Sólo Música.

La Filarmónica funciona muy bien y tiene logros extraordinarios, pero también tiene fallas y puede mejorar. Presento algunas sugerencias.

  1. Es prioritario y necesario obtener una sede propia. La alternativa planteada por la actual administración de tenerla en la APP del Campin es apropiada, pero si ello se logra no debe cambiar el espíritu móvil y de presencia territorial de la Orquesta.
  2. El área de planeación ha iniciado un esfuerzo por medir el impacto de una de sus actividades: el programa de formación musical en instituciones educativas. Ese esfuerzo debe extenderse a otras áreas: La red de orquestas, la creación y consolidación de un ecosistema filarmónico, la ampliación de audiencias, indicadores de eficiencia, eficacia e impactó.
  3. Existe un ecosistema filarmónico Con la Orquesta como punto de partida, Bogotá podría construir un ecosistema de servicios y productos derivados de la actividad de la Filarmónica, que no sólo le preste servicios a ella sino que lo haga también a otras expresiones culturales de la ciudad, con la potencialidad de convertirse en referente internacional.
  4. Asociación de amigos de la Filarmónica. Es una figura que ya existe para museos y otras iniciativas públicas culturales. De hecho, la alianza que se tiene con el Teatro Mayor es ejemplo de ello. Tiene varias ventajas: primero, la flexibilidad en algunas actividades, segundo, la ampliación de los aliados de la Orquesta y tercero, el desarrollo de activades de mercadeo y posicionamiento de marca.
  5. El esfuerzo realizado cada año es muy grande y tengo la sensación de que las audiencias de la Filarmónica no están en el volumen que compense las actividades. Hoy existe una audiencia con iniciación musical, pero el reto planteado por Murakami, de construir pasadizos en ese gran muro que es la música académica es enorme en una ciudad como Bogotá.
  6. Una alternativa son los llamados conciertos educativos. El caso de “El conciertazo” realizado en España es ejemplo de ello. Propongo que en todo concierto, haya siempre un componente educativo a nuevas audiencias.
  7. Más allá de las familias. Una cosa que me ha sido notoria es la existencia de vínculos familiares en la filarmónica. Es posible que sea inevitable por ser el hogar donde se inicia la formación en la música académica, pero creo importante señalar esa existencia e invitar a los miembros de la comunidad a una reflexión sobre este tema.
  8. El valor de una marca. La Orquesta Filarmónica de Bogotá es una marca con prestigio. Es un activo intangible sobre el cual es necesario seguir trabajando y aprovechar su existencia. Ello implica procesos legales (registro de la marca) y las posibilidades de su uso en labores de mercadeo y generación de audiencias.
  9. Eventos simbólicos. La Filarmónica ya ha experimentado las siguientes iniciativas y por ello propongo que se busque institucionalizar una serie de eventos emblemáticos:
    • La celebración anual del nacimiento de la filarmónica con un concierto de gala
    • La invitación anual a un artista colombiano para construir un “pasadizo”: que la filarmónica lo acompañe en algo de su música y que el artista busque llegar a un “nivel” Filarmónico.
    • Organizar desde la Filarmónica algunas orquestas de temporada. Una convocando a músicos de las 18 agrupaciones hoy existentes, otra a los mejores prospectos del programa de formación y una más convocando a músicos internacionales.
  1. La Orquesta se ha propuesto un proceso de equidad y para ello es necesario buscar no sólo la formación y el gran desempeño profesional, sino también generar espacios de encuentro entre diversos segmentos de la sociedad. La Filarmónica podría propiciar más de esos espacios y encuentros.

Es una metodología especial que hoy ha sido adecuada a la Misión de la entidad. Logra música de alta calidad, un enorme proceso de formación, así como una adaptación a la realidad de nuestra ciudad y del país. Los repertorios incluyen el reconocimiento de la música colombiana y la integración de diversas comunidades.

Quiero terminar diciendo que el “Método Filarmónica” es una demostración de que dos colombianos juntos si pueden ser tan inteligentes como dos japoneses juntos.

1 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

El pasado domingo, 23 millones de personas salimos a votar. Eso, según el cálculo oficial, es una participación del 59%. Nada mal para un sistema electoral que no contempla el voto obligatorio.

Pero hay un elemento adicional y es la discusión sobre la posible “sobre estimación” del volumen total del censo electoral. Aunque se trata de un instrumento técnico certificado por la Registraduría, presenta una serie de limitaciones que han generado dudas sobre las estimaciones de la población que propone.

La discusión empezó en 2003, cuando la Registraduría Nacional y el DANE, que en ese momento estaba bajo mi dirección, firmaron un documento técnico en el que reconocieron la existencia de una posible sobreestimación del censo electoral. Dicho documento salió a la luz pública el 25 de octubre de 2003, cuando el entonces presidente perdió el referendo y afirmó que se había fraguado un fraude y que el censo electoral estaba inflado.

Más allá́ de las discusiones políticas, es cierto que, al comparar los datos de la Registraduría con los del censo de población realizado por el DANE aparecen diferencias importantes en que podrían explicarse por las siguientes razones:

  •  Se calcula que hay cinco millones de colombianos en el exterior, pero solo un millón se ha registrado en los consulados, por lo cual hay un subregistro de migrantes.
  •  El registro de las defunciones en el caso del DANE se actualiza de forma sistemática y periódica, pero en la Registraduría depende, en buena medida, de la decisión de las familias de oficializar la muerte legal de sus parientes.
  •  Los desaparecidos que, según fuentes oficiales, pueden alcanzar el millón de personas y que, por la misma razón, no pueden ser dados de baja en el censo de la Registraduría.

En palabras sencillas, esto implica que podría haber cerca de cinco millones de colombianos en el exterior sobre los que existen dos grandes dudas: no sabemos si siguen vivos o no, pues si fallecieron su defunción no se contabiliza en las estadísticas oficiales del país, y tampoco sabemos qué tan vinculados están a su nuestro país. Lo que sí sabemos es que pese a tener la posbibilidad legal de inscribirse en el consulado, han preferido no hacerlo.

Reconociendo las bondades de un diseño garantista del sistema electoral, creo que es necesario propiciar la discusión sobre los criterios que empleamos para establecer el universo real, pues sobre él se realizan los cáculos de participación y de abstención electoral.

El DANE y la Registraduría, realizaron en 2022 un ejercicio técnico en el que plantean de forma transparente y rigurosa estas diferencias: dos censos realizados por dos entidades distintas con propósitos diferentes que muestran diferencias importantes a lo largo del tiempo. En ambos casos, la legislación ha impuesto una serie de reglas de procedimiento que dificultan conciliar estos datos. No obstante de forma analítica, si es posible afirmar que el censo electoral está sobre estimado.

Como se observa en la siguiente tabla, al ajustar los datos del censo electoral usando los datos de colombianos en el exterior del DANE, la ONU y la OIM la tasa de participación aumenta hasta niveles del 62.4% .

Año  % Participación Participación ajustada Diferencia
1986 46,3 49,9 3,6
1990 42,5 47,8 5,3
1994 43,3 49,3 6,0
1998 41,0 46,2 5,2
2002 46,5 52,2 5,7
2006 45,1 50,9 5,8
2010 44,3 50,6 6,3
2014 41,0 44,2 3,2
2018 53,0 57,0 4,0
2022 58,2 62,4 4,2
2023 59,2  61,1 1,8

Nota. Datos tomados de la Registraduría Nacional, DANE, MOE, OIM y ONU (1986-2022)

Con base en estos cálculos, es posible afirmar que en los últimos cuarenta años la participación política ha estado alrededor del 50 %, siendo 44,2 % el porcentaje más bajo (obtenido en las elecciones de 2014) y 62,4 % el más alto (alcanzado en las elecciones de 2022).

Repensemos la afirmación según la cual uno de los problemas de nuestra democracia son los altos niveles de abstención pues, contrariamente a lo que sostienen algunos analistas en las últimas diez elecciones, una cantidad importante de colombianos, casi siempre más de la mitad de los autorizados para hacerlo, han salido a votar de forma recurrente. Estas cifras sugieren que el sistema electoral colombiano es mucho más vital y legítimo de lo que suele creerse.

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Compartir:

Tres elementos dan contexto al proceso de elecciones regionales que estamos viviendo: Primero, el atrincheramiento de la clase política en los escenarios regionales; segundo un claro movimiento del péndulo entre izquierda, centro y derecha y, tercero, la muy pobre gestión, por decirlo amablemente, de una buena parte de los mandatarios locales considerados como alternativos.

Una parte importante del establecimiento político colombiano asumió la pérdida del poder político nacional y entendió que el país es tan grande y diverso que en los escenarios regionales pueden ubicar un espacio de poder mientras el gobierno de “izquierda” ejerce la conducción nacional. Dentro de ellos, un segmento es de clara oposición al Presidente Petro pero otros, los más, se dieron cuenta que el Pacto Histórico tiene votos pero no candidatos y por ello veremos candidatos de la clase política con el respaldo tácito o explícito del movimiento del actual presidente.

En las últimas elecciones regionales, un 40% de los votantes activos del país se autoidentificaban como de derecha y solo el 16% con la izquierda. Uno de los efectos del gobierno del Presidente Duque fue disminuir esa base de derecha que para el momento más intenso del estallido social se ubicó en el 12%. En contraste la izquierda avanzo hasta un 30% al momento de la elección del presidente Petro. Hoy, las cosas se han vuelto a mover: la derecha se está recuperando y llega al 29% y la izquierda vuelve a ocupar un espacio de tan solo el 16%. El péndulo se ha movido y ese es un elemento central del contexto en el cual iremos a las urnas. De hecho, de forma consistente en todas las encuestas, la mayor preocupación de los ciudadanos hoy es el tema de seguridad, una de las banderas clásicas de la derecha colombiana.

Identificación ideológica
En 2019 llegaron al poder local, particularmente en las alcaldías, una serie de figuras públicas que la opinión pública identifico como “alternativos”. Las distintas evaluaciones de su gestión, desde los Cómo Vamos, pasando por el Panel de Opinión, Polimétrica y los estudios de favorabilidad muestran que el grueso de esos mandatarios terminan su periodo con guarismos realmente bajos. Quintero en Medellín, Ospina en Cali, el señor de Liberland en Manizales y Dau en Cartagena son ejemplo de ello.

Un elemento adicional es la fuerte presencia mediática del Presidente de la República, que ha conseguido dos cosas importantes: fijar la agenda pública e impedir que nuevas figuras de liderazgo puedan competir en mejores condiciones. Esto ha beneficiado a los nombres ya posicionados y con reconocimiento ante los ciudadanos y ha limitado el cubrimiento mediático de nuevos liderazgos.

Así que lo más probable es que el país elija como mandatarios locales personas con experiencia en la gestión pública, que representan al estamento político en coaliciones con el Pacto Histórico. Lo previsible es que nombres conocidos como Dilian, Villalba, Char, Amaya, Rey, Turbay, Gutiérrez, Verano y Rivas, entre otros, sean nuestros nuevos mandatarios locales, de una clase política que se atrinchera  en las regiones, aprovechando un cambio de tendencia en el péndulo y los votos del presidente Petro, para reemplazar al fallido experimento de los alternativos.

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Foto: Facebook: Colpensiones

Compartir:

Hay realidades demográficas, laborales y financieras que no se pueden ignorar, pero también es posible un sistema pensional de cobertura universal, equitativo, sostenible y funcional para el país. Estas serían sus bases.

César Caballero*

Realidades que sí importan

Cuando Colombia discutió su primera ley de pensiones, en 1946, la esperanza de vida era de 42 años. En ese momento se estableció que quien lograra cotizar 1.000 semanas, es decir 19 años, podría tener una pensión (Ley 90 de 1946).  Casi medio siglo después, al discutirse la ley 100 de 1993 la esperanza de vida había ascendido a 69[1] años. Se fijaron 1.300 semanas o 25 años de cotización y una edad de 57 años para mujeres y 62 para hombres (Ley 100 de 1993). Ahora, en el 2022, cuando nos aprestamos a discutir una nueva y necesaria reforma pensional, la esperanza de vida ha seguido aumentando y se ubica en 75[2] años. La demografía importa.

El sistema pensional entrega grandes subsidios a muy pocos, algún monto a otros y nada a la mayoría. Por eso sólo el 25 % de los mayores de 65 años tienen algún nivel de protección en la edad adulta. No obstante, el grueso de los subsidios va a 3.000 personas con pensiones superiores a los $10 millones, que no pagan impuesto de renta sobre ese ingreso.

El mercado laboral colombiano tiene una enorme informalidad, y esto explica por qué un gran número de trabajadores no cotizan al sistema de seguridad social. Por eso, en el caso concreto de las pensiones, es muy difícil que una persona alcance los requisitos mínimos en cuanto al número de semanas de cotización.

Hoy hay 24,8 millones de personas dispuestas a trabajar, de las cuales 2,4 están desempleadas, 13,1 más están en el sector informal y 4 millones adicionales cotizan con un ingreso inferior a un mínimo. De los 10 millones que restan y están aportando, 8 lo hacen sobre un salario mínimo. Es decir, sólo 2 millones de personas, de 22,5, cotizan más de un mínimo. El mercado laboral importa.

Actualmente tenemos que dedicar 18 billones para pagar las pensiones de 1,57 millones de personas. Los pocos ahorros que hicieron fueron robados o usados para otras cosas.  Esta es una de las razones por la cuales estamos pagando un IVA del 19 %, para poder cumplirles a quienes tienen un régimen especial o lograron las 1.300 semanas. Las finanzas públicas importan.

El sistema pensional entrega grandes subsidios a muy pocos, algún monto a otros y nada a la mayoría. Por eso sólo el 25 % de los mayores de 65 años tienen algún nivel de protección en la edad adulta. No obstante, una parte importante de los subsidios va a 3.000 personas con pensiones superiores a los $10 millones, que no pagan impuesto de renta sobre ese ingreso.

Por otro lado, el 80 % de los recursos del régimen de ahorro individual están concentrados en dos fondos de pensiones. Las normas autorizan el cobro de hasta el 3% de los aportes en costos de administración, así como la posibilidad de realizar inversiones de estos recursos en proyectos de los dueños de las empresas que administran el ahorro.

Colpensiones y Colombia Mayor, que administran los recursos del régimen de prima media y del subsidio pleno a los adultos mayores, están sometidos a los cambios políticos del gobierno de turno. La regulación y el gobierno corporativo importan.

Por esto, si alguien afirma que no es necesario reformar el actual sistema de pensiones y mantener lo que ya tenemos, está mintiendo. Si alguien dice que es posible ampliar la cobertura y los beneficios sin que haya más aportes, también está mintiendo. Si afirman que la demografía, el mercado laboral, la equidad, las finanzas públicas o la regulación del sistema no importan, también mienten.

Foto: Maguared - Teniendo en cuenta las dificultades que atraviesan las mujeres para obtener una pensión, se propone subsidiar su aporte entre 24 y 36 semanas por cada hijo.

Le recomendamos: Reforma pensional: ¿equidad o crisis fiscal?

¿Qué debe buscar la reforma?

Por ello propongo cuatro objetivos para un cambio de fondo que:

  • amplíe la cobertura,
  • aumente la viabilidad financiera del sistema,
  • corrija las inequidades y el mal funcionamiento, y
  • refuerce el sistema de ahorro nacional para un periodo prolongado.

Parámetros y pilares

El sistema de pilares propuesto por el gobierno parece una buena ruta para alcanzar los objetivos anteriores, y comparto su idea de seguir subsidiando una parte de las pensiones. Pero es posible, deseable y necesario que sean asignados de una mejor forma.

No es posible dar más beneficios ni aumentar la cobertura sin cambiar parámetros ni traer nuevos recursos al sistema.

Es imperioso entender y aceptar que la edad de pensión de hombres y mujeres debe unificarse y aumentarse. La demografía es clara: la esperanza de vida aumento y lo previsible es que continúe en esa ruta. No aceptar la realidad demográfica sería un enorme acto de irresponsabilidad.

Además, con la irrupción de nuevas ciudadanías y la aceptación de personas no binarias en nuestra sociedad, la distinción en la edad de pensión entre hombres y mujeres puede generar discusiones futuras respecto a los beneficios. Al unificarse en una sola edad esta fuente de incertidumbre y conflicto desaparece.

Lo segundo es que debemos movernos a un sistema donde se subsidie más el ahorro de las personas para que se mejore la equidad, se de viabilidad a las finanzas públicas y se fomente el ahorro nacional.

Acojo la propuesta del gobierno de sistema de pilares, donde toda persona mayor de 65 años reciba una pensión o un apoyo para esta edad así:

  • El primero, plenamente subsidiado y administrado por Colombia Mayor para todos los que no logra pensión y tienen 65 años o más.
  • El segundo, administrado por Colpensiones, que garantizará una pensión mínima, y nada más, para todos aquellos que logren la edad y las semanas.
  • Y el tercero para quienes logren mayores niveles de ahorro, administrados por los Fondos de Pensiones.

En el primer pilar se entregará el 20% del salario mínimo para quienes no tienen otro tipo de apoyo. Sin embargo, como las condiciones de las personas cambian con el paso del tiempo, se aumentará en un 10% cada cinco años como una forma de celebrar la vida: así una persona de 70 años recibirá el 30% del mínimo, una de 75 el 40 y los mayore de 80 el 50%.

Así mismo, habrá un escalón con el programa de Beneficios Económicos Periódicos (BEPS) cuando la persona haya logrado ahorrar algo en el programa o cuando tenga cotizaciones en el sistema, pero no haya acumulado el número de semanas requerido para la pensión mínima. Recordemos que la mayoría de los que participaron en el sistema actual alcanzaron apenas 450 semanas de cotización. En este caso, se trasladarán los recursos ahorrados, y el programa BEPS dará la contrapartida del 25 % de ese valor. Esa persona entonces recibirá dos pagos: el 20% del mínimo de Colombia Mayor más su ahorro en BEPS. En este pilar el subsidio entre un 45% y un 100%.

El segundo pilar, administrado por Colpensiones, recaudará todos los aportes de un salario mínimo legal vigente (SMLV) y dará a todas las personas, que cumplan con los requisitos, la garantía de pensión mínima y el pago de un SMLV como su pensión. Aquí es importante reforzar la contribución de solidaridad para quienes ganen más de 2 salarios mínimos de tal forma que el subsidio explícito de quienes aportan más, por tener salarios mayores, sea menor que para el resto de quienes lo hagan con el mínimo. Podemos estimar que, con los nuevos parámetros de edad de retiro y semanas cotizadas, más el aporte de solidaridad el subsidio se moverá entre un 10 y un 45%.

El tercero será administrado por los fondos de pensiones y entregará un segundo pago a los pensionados correspondiente a su ahorro por encima de un SMLV, más los rendimientos logrados por su fondo. En este pilar no tendrá ningún subsidio.

Para que sea posible ampliar la cobertura del sistema es necesario reestructurar los beneficios que hoy se otorgan y en ello es central que la edad de pensión sea de 65 años y el volumen de semanas cotizadas aumente a 1.500, o cerca de 30 años.

Los recursos del sistema

Además del sistema de pilares, sugiero algunas reformas que añadirían recursos al sistema.

Primero, las personas con contrato de prestación de servicios hoy cotizan sobre el 40% de su asignación mensual; esto quiere decir que mientras una persona en nómina cotiza el 16% de un salario mínimo, una persona por prestación de servicios solo lo hace por el 7%.

Por eso propongo dos cosas: que se aporte sobre el 50% del ingreso base de cotización y que el Estado entregue como subsidio el entre el 1 y el 8% faltante para quienes no alcancen a cotizar sobre el 100% del salario mínimo.

Quienes devenguen más de dos salarios mínimos por prestación de servicios cotizarán hasta allí para Colpensiones y el resto al Fondo de pensiones que escojan y en ese caso no tendrán ningún subsidio al momento del aporte.

Es importante recordar que dicho sistema puede recoger a un volumen importante de trabajadores informales que cuentan con alguna capacidad de ahorro.

Es riesgoso que el ahorro pensional este concentrado en dos fondos con el 80 % del total. Como en todo mercado funcional es imperativo establecer un límite a la participación del mercado. Debe haber un límite del 25% al total del ahorro pensional, distinto del primer salario mínimo, que podrá tener cada fondo privado. Esto implica revisar las barreras de entrada para los operadores del sistema y una regulación clara que evite la concentración del mercado.

En el caso de los contratos de prestación de servicios, acorde con la propuesta del gobierno, se prohíbe que el Estado tenga este tipo de vinculación por valores inferiores a dos SMLV, con lo cual tampoco habrá ningún subsidio al aporte. Allí hay hoy 900 mil personas.

Además, propongo destinar a financiar las pensiones de todos los colombianos y colombianas el 10% de los recursos de regalías, de las utilidades de todas las empresas industriales y comerciales del Estado y de las privatizaciones y concesiones que hoy tengan todas las entidades públicas.

Como otra alternativa está la parafiscalidad del 4% de las Cajas de Compensación. Este es uno de los temas que aumenta la distancia en los costos laborales entre el contrato de prestación de servicios y los de nómina. Por ello propongo disminuir en 1 punto dicha obligación y destinar otro adicional a los aportes pensionales de todos los empleados. Las cajas continuaran con el 2% y habrá que redefinir sus responsabilidades y el tipo de gobernabilidad que se da al interior de ellas.

Finalmente están los aportes al fondo de solidaridad, que en este nuevo esquema propongo que se hagan de forma incremental desde los aportes del tercer salario mínimo consignado en los fondos privados, con aumentos por cada salario adicional hasta el tope hoy establecido.

Es imperativo destinar nuevos recursos al sistema pensional. Recordemos que hoy no existe un ahorro para las pensiones del Colpensiones y que es imperativo reconstruir dicho ahorro con el fin de garantizarle a quienes hoy aportan que habrá recursos en el futuro.

La propuesta es que la mitad de dichos recursos se destinen tanto a Colombia Mayor como a Colpensiones para la ampliación de su propia cobertura y al subsidio del programa BEPS. La otra mitad será para reconstruir el Fondo de ahorro pensional de Colpensiones.

Ajustes al funcionamiento del sistema

Durante los últimos 30 años el país ha construido unas instituciones para administrar su sistema de pensiones que debe mantenerse y mejorarse. En ese periodo se ha demostrado que tiene logros, pero también una serie de elementos que deben ser corregidos.

Es riesgoso que el ahorro pensional este concentrado en dos fondos con el 80 % del total. Como en todo mercado funcional es imperativo establecer un límite a la participación del mercado. Debe haber un límite del 25% al total del ahorro pensional, distinto del primer salario mínimo, que podrá tener cada fondo privado. Esto implica revisar las barreras de entrada para los operadores del sistema y una regulación clara que evite la concentración del mercado.

Además, el costo de administración máximo sobre el valor de los aportes debe disminuir a un rango cercano al 1% y hacer más transparente el tipo y costo de seguros que se deben asumir. Por ejemplo, la garantía de pensión mínima está dada por la constitución y las sentencias judiciales y por ello no debería ser cobrada como un costo para los aportantes. Es necesario hacer más transparente para los ahorradores el tipo y los montos de los seguros que tendrá el sistema.

Tampoco debe haber ninguna exención tributaria a las utilidades obtenidas por los administradores de los fondos privados de pensiones.

Finalmente, dado el nuevo papel de Colpensiones en el sistema, es urgente dotar a la entidad de una institucionalidad similar a la que hoy tiene el Banco de la República. Miembros con periodo fijo y dedicación exclusiva a proteger el ahorro pensional del país.

La equidad

Actualmente hay personas con grandes pensiones en el régimen de prima media y que reciben grandes subsidios. Esta situación es altamente inequitativa.

Dada nuestra tradición de respetar los derechos adquiridos, creo que la única medida posible es eliminar la exención tributaria que hoy tienen las grandes pensiones. El país viene aceptando la idea de que, quienes reciban pensiones de más de $10 millones, tributen sobre los montos superiores a ese nivel.

La transición

Colombia debe establecer un régimen de transición que sea razonable y aplicarlo a quienes les falte menos de 10 años en las condiciones actuales o tengan ya más de 1.000 semanas cotizadas.

También es importante resaltar que la idea es mantener el ahorro global que hoy se tiene y en ningún caso disminuirlo. Es decir, los recursos de los trabajadores que hoy están en los Fondos de Pensiones se mantendrán allí hasta el momento de la pensión de cada persona.

En ese sentido, solo las nuevas cotizaciones de 1 SMLV irán a Colpensiones y las restantes seguirán siendo depositadas en los fondos privados. En el caso de Colpensiones se llevará la contabilidad de los aportes de cada persona, para que, en caso de no lograr las 1.500 semanas a los 65 años, sus recursos puedan pasar al programa BEPS. Así tendremos el ahorro de nuestras pensiones, al menos en 6 grandes jugadores: Colombia Mayor, Colpensiones y, como mínimo 4 fondos privados.

Es claro que podemos tener un régimen de pensiones con mayor cobertura, mayor viabilidad fiscal, menos inequidades y una mayor diversificación en los administradores del ahorro nacional de largo plazo.

[1] Fuente: Banco Mundial.

[2] Fuente: Banco Mundial – Último año disponible año 2020.

Puede leer: No gravar las pensiones elevadas, un error y una injusticia

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

Foto: Facebook: Gustavo Petro

Compartir:

El presidente sigue siendo popular y el gobierno va por buen camino, pero tendrá que acelerar el paso de los anuncios a las soluciones. Aquí diez desafíos para el gobierno del Pacto Histórico en los meses y años por venir.

César Caballero*

Un comienzo que promete

El gobierno del presidente Petro va bien:

  • En el Congreso, avanzó su agenda legislativa, incluyendo una importante reforma tributaria; además, mantiene una coalición política funcional.
  • En lo económico, termina el año con una tasa de desempleo de un dígito; comenzó a estabilizar las cuentas fiscales; aprovecha un buen crecimiento económico; logró un acuerdo con sindicatos y empresarios para el aumento del salario mínimo, y se superaron las metas del recaudo tributario.
  • En orden público, puede destacar la disminución en las tasas de homicidios en Buenaventura y Medellín, la instalación de la mesa de negociación con el ELN y un cese al fuego unilateral de varios grupos. Esto dentro de su estrategia de paz total.
  • En relaciones exteriores, reestableció las relaciones consulares y diplomáticas con Venezuela; ha impulsado una agenda sobre la legalización de la marihuana, el medio ambiente y el maltrato animal, y respalda la aplicación de la sentencia de la Corte Constitucional sobre el aborto.
  • En temas agrarios, ha alcanzado logros importantes: el acuerdo con Fedegan, la legalización de títulos a comunidades y la entrega de la emblemática finca de un paramilitar a víctimas del conflicto.

Algunos funcionarios han cometido “fuego amigo” con una serie de declaraciones que no son imprudencias sino claras irresponsabilidades, con lo que agravan la incertidumbre de agentes económicos. Allí está el ministro de Hacienda, como el “adulto responsable”, tapando los autogoles de algunos miembros del propio gobierno.

Todo ello explica que mantenga altos índices de favorabilidad: según la última encuesta polimétrica de Cifras & Conceptos (de agosto de 2022), tiene una aprobación del 62 %, con lo que supera los primeros cien días tanto de Santos (2014) como de Duque (2018).

…pero ¿cumplirá?

No todo marcha bien. Hay cosas realmente indefendibles del actual gobierno.

Que Francia haya negado su beneplácito a la postulada por Petro para la embajada francesa y que un reconocido youtuber sea el designado para la embajada de México: apenas ejemplos de que en materia del servicio diplomático el “cambio” se ha quedado en el discurso.

Algunos funcionarios han cometido “fuego amigo” con una serie de declaraciones que no son imprudencias sino claras irresponsabilidades, con lo que agravan la incertidumbre de agentes económicos. Allí está el ministro de Hacienda, como el “adulto responsable”, tapando los autogoles de algunos miembros del propio gobierno.

Con este balance de cuatro meses intensos, el presidente Petro comienza el 2023 con el propósito de sentar las bases de su legado. En lo que sigue presentaré una selección de los diez retos que pueden marcar su gobierno y la sociedad colombiana en 2023.

1. La inflación

Es lo más retador para las políticas del gobierno. Seguramente el indicador del 2023 será inferior al de 2022; pero aun así estará lejos de la meta de referencia del Banco de la República: 3 %. Varios esfuerzos económicos y sociales se borrarían si no se controla la inflación. Por ello es urgente contar con medidas más comprensivas y coordinadas.

El Banco de la República ha cumplido su tarea, subiendo tasas de interés, y es muy posible que este año inicie una nueva fase de restricción del crédito disponible, al aumentar el nivel de encajes bancarios: el porcentaje de los depósitos que, legalmente, un banco no debe utilizar, cuyo fin es mantener la liquidez.

Pero para esto necesita la colaboración del gobierno.

El acuerdo de congelamiento de tarifas de energía es un logro importante que debería extenderse por un periodo. Igualmente, haber logrado un aumento del salario mínimo por consenso contribuye a moderar las expectativas inflacionarias. También lo hace el anuncio de romper la indexación de muchas tarifas al aumento del índice de precios al consumidor (IPC).

Pero todo ello podría no funcionar si además no se controla el gasto público.

Lo deseable es que la adición presupuestal no sea de los 20 billones de pesos que se piensan recoger con la tributaria, sino que su volumen sea inferior, con lo cual se completaría un círculo virtuoso de medidas para controlar la demanda agregada.

2. Las reformas sociales

En sesiones extra, se anunció el conjunto de reformas sociales. Entre ellas estarían el Plan de Desarrollo y las reformas pensional,  de salud, laboral y de tributos locales. Me parece sensato discutirlas de forma coordinada, pues todas tienen efectos directos sobre el mercado laboral, que claramente requiere muchos ajustes.

Pasados cuatro meses del gobierno, no se ve un norte claro para el conjunto de las reformas; tampoco se conocen sus textos, soportes técnicos ni estimaciones de impacto. Sin esos detalles, construir un consenso será muy difícil, y, para el Congreso, será irresponsable aprobarlas.

Quiero ser claro: las reformas se necesitan, son urgentes, y el cambio tiene apoyo político y en la opinión. Pero, como bien lo mostró la Polimétrica ya citada, la gente quiere reformas; pero no necesariamente las que el gobierno está planteando.

Si el gobierno se demora en presentar sus cartas más allá de la primera semana de marzo, los tiempos políticos empezarán a complicar su trámite. Por otro lado, si bien el gobierno se ha mostrado conciliador y dispuesto al consenso, no parece ser el caso de la ministra de Salud.

Respecto de las pensiones, hay anuncios de que la reforma se presentará en abril o mayo, con lo cual es posible que ya este gobierno no tenga la fuerza política para tramitarlo.

3. Mover la maquina estatal

El presidente Petro tiene un buen diagnóstico sobre la sociedad colombiana y sus necesidades, pero no aparenta tener un buen grupo de políticas para solucionarlos. Además, no todo su equipo ha entendido que la fase de activismo debe combinarse con el diseño riguroso de políticas y con ponerlas en práctica.

Hasta el momento, en muchas entidades, los cuatro meses se han pasado en talleres, reuniones, foros y asambleas más propias del activismo que del diseño de soluciones concretas.

Creo que es entendible que el primer gobierno de izquierda en 200 años tenga gente sin experiencia; también que los ajustes de coordinación al comienzo de la gestión sucedan con todas las administraciones, y, por supuesto, que haya “adanistas” que creen que todo lo hecho en el pasado está mal y que ellos sí harán las cosas bien desde el principio.

Todo eso obstaculiza a los gobiernos; pero el nivel de adanismo, desconocimiento y activismo de muchos de sus miembros está llegando a niveles de franca incompetencia. Su primer efecto notorio es la lentitud y, en otros casos, parálisis de la estructura del Estado colombiano, que ya se observa en muchas entidades.

4. Cambio: el vacío del discurso a la realidad

El actual gobierno ha llegado con el discurso del cambio. Por ello, es inaceptable mantener muchas prácticas indebidas solo porque “los otros” también lo hacían; pronto comenzará a desanimar a las bases de apoyo del petrismo. Polimétrica identificó que hay un 37 % de “incondicionales” con el presidente, pero los expectantes y los escépticos que aún lo apoyan suman un 33 %.

Malos nombramientos, uso del servicio diplomático para pagar favores, indelicadezas con el uso de los recursos públicos, mensajes confusos sobre las políticas: cosas usuales en gobiernos de Colombia; pero un gobierno de izquierda que por años prometió acabar con todo ello no puede pretender quedar impune frente a dichas prácticas.

5. Madurar ideas, en público o en privado

Lo usual al formular políticas en Colombia era que el presidente o uno de sus ministros tuviera una iniciativa, la discutiera en el consejo de ministros, la sometiera a un filtro ante los técnicos y la discutiera con grupos específicos de interés; después, la presentaba al público.

El presidente Petro tiene un buen diagnóstico sobre la sociedad colombiana y sus necesidades, pero no aparenta tener un buen grupo de políticas para solucionarlos. Además, no todo su equipo ha entendido que la fase de activismo debe combinarse con el diseño riguroso de políticas y con ponerlas en práctica.

Con el presidente Petro las cosas son distintas: a él o a uno de sus funcionarios se les ocurre una idea, la lanzan en un trino o la presentan en una rueda de prensa; despues empiezan a discutirla internamente y se comienzan a diseñar detalles técnicos. Mientras tanto, se discuten y negocian los temas con el público, en lo que usualmente el gobierno ha cedido.

Eso trae como consecuencia un desgaste del gobierno, de su capacidad de coordinación, de las instancias técnicas, y, por ello, de la viabilidad de sus propias propuestas.

6. Indelicadezas con el gasto público y corrupción

Ya hemos visto la imprudencia con los recursos públicos de algunos miembros del gobierno y del círculo cercano al presidente. No han entendido que en una democracia el servicio público es para servir a la mayoría y no para darse pequeños privilegios.

Es tan recurrente que forma un entorno donde es más probable la corrupción. Por ello es imperativo que el presidente dé mensajes claros de que cuidará más los bienes públicos. De no hacerlo, pronto perderá una de sus principales banderas de cambio.

7. La paz total

Es una apuesta política de mucha importancia. Y creo que, aún si no logra la totalidad ni la mayoría de sus propósitos, puede traer mucho bienestar a la sociedad colombiana. Pero su éxito exige mucho más que la voluntad política del presidente y el concurso del comisionado de paz.

Se necesitan muchos otros apoyos, comenzando por la Fuerza Pública, que simplemente con su inmovilidad puede dañar los esfuerzos por la paz. También hacen falta todas las entidades de gobierno necesarias para secundar los esfuerzos de pacificación. Por supuesto, el concurso de otras ramas de poder público —como los jueces y la Fiscalía—, para que la paz total pueda cumplir con una parte de sus promesas.

Aquí el tiempo sí que corre en contra de la voluntad política del gobierno. Cada día que pasa, que se improvisa, que se comete un error, va disminuyendo el espacio político del presidente y de su gobierno para avanzar.

Foto: Facebook: Gustavo Petro - Conseguir el apoyo de las fuerzas militares para el propósito de paz total es uno de los retos del gobierno durante este año.

Le recomendamos: La paz total bajo el gobierno Petro: avances y pendientes

8. Modelo de intervención territorial

Los grandes retos para cambiar a Colombia también alcanzan a las zonas más apartadas, no solo en las ciudades, y la capacidad del Estado varía demasiado.

En las grandes ciudades hay mejores condiciones para hacer realidad las políticas; en la medida en que se llega a zonas más rurales, esa capacidad se deteriora hasta llegar a cero. En esos espacios los grupos ilegales han ocupado el poder.

Hoy el gobierno necesita un modelo de intervención territorial nuevo y efectivo, no para Medellín u Honda, sino para el Catatumbo, Arauca o Algeciras.

Hasta el momento no hemos visto una reflexión sistemática sobre la presencia del Estado. Y, si el Gobierno pretende que sus iniciativas incidan en todo el país sin una estrategia, quedará atrapado en la lentitud estatal.

9. La práctica de los logros sociales

El gobierno ya agotó el margen de espera que Colombia podía darle. Pero ya es necesario hacer notar mejoras concretas y substanciales en la vida de las personas. Para ello el crecimiento económico, la tasa de desempleo y los indicadores de pobreza y bienestar del país son la mejor forma de evaluar lo que está sucediendo.

Todos los analistas coinciden en que este año el crecimiento económico será menor, por lo que es previsible que la tasa de desempleo vuelva a aumentar. En ese sentido, las personas no se conformarán con derechos formales, sino con que sea posible vivirlos. El reto del gobierno será mantener lo que el país ya ha alcanzado y expandirlo. Sin lo primero, lo segundo no tiene sentido ni posibilidad.

10. El pacto histórico en las regionales

El actual gobierno verá en las elecciones regionales un primer balance de su viabilidad política a largo plazo. La coalición que lo llevó al poder es distinta de la que hoy gobierna, y una parte importante de sus líderes está en el gobierno nacional, razón por la cual tendrán que construir nuevos liderazgos y alianzas.

El gobierno del cambio se medirá según un estándar exigente: mantener los gobiernos alternativos en Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena, Santa Marta, Manizales, Villavicencio, Tunja y Cúcuta, entre las ciudades principales.

Varias de ellas no se ven posibles para el Pacto Histórico y su coalición. En cada región las dinámicas difieren; quienes han perdido en la contienda nacional tienen, como siempre, todos los incentivos para hacer mejores propuestas a los ciudadanos en las regionales.

El gobierno del cambio ha prometido transformar la realidad de los colombianos más vulnerables; lograrlo dependerá de su habilidad para enfrentar estos retos. De no hacerlo, se quedará siendo el gobierno del buen diagnóstico, pero sin soluciones: un gobierno de activistas buenos para denunciar y acusar, pero malos para ejecutar y solucionar. Ese sería el camino hacia la frustración de millones de personas que creyeron en la ilusión de tener una vida mejor, más justa.

Puede leer: Petro: entre convicciones ideológicas y decisiones estratégicas

0 comentarios

César Caballero

Escrito por:

César Caballero

*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.