A barajar el mundo | Columna Armando Borrero Mansilla

A barajar el mundo

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Quería volver a los temas locales y descansar de geopolítica y guerras, pero el aceleramiento de los procesos de cambio en el poder mundial se llevan por delante las intenciones buenas o malas. En los últimos días se ha proclamado, con modales poco acostumbrados, la posición nueva del gobierno de los Estados Unidos frente al conflicto Rusia-Ucrania. 

El punto de partida es tratar de entender la lógica del gobierno Trump, al poner patas arriba el apoyo a Ucrania. Por más impredecible y “atravesado” que sea el presidente de los Estados Unidos, alguna lógica debe subyacer al peligroso abrazo con el déspota de Moscú. Lo que está en juego es tan grande que no es posible atribuirlo a cuestiones afectivas.

La clave puede estar en el almendrón de la puja planetaria que se centra en la oposición China-USA. El acercamiento entre China y Rusia ha tenido siempre un tufillo contra-natura. En el largo plazo, el mayor peligro que puede tener Rusia es el de su vecino en las tierras orientales que el zarismo llevó hasta el Pacífico y que la historia de China considera arrebatadas por Rusia a una China en su peor etapa, sometida a los apetitos de las potencias occidentales y del Japón. Las necesidades las han acercado, pero en el fondo todo permanece igual.

En las provincias orientales de Rusia se ha dado un proceso de emigración interna: la población rusa se ha marchado a la Rusia europea en busca de mejor vida y ha sido reemplazada por inmigrantes chinos y mongoles. En algunas provincias cercanas a Vladivostok la proporción de chinos ya está en el 70% de los pobladores. Se configura la clásica “punta de crecimiento” de la que trataban los cultores de la vieja geopolítica.

En los ámbitos centrales de Asia, en el mundo de los tan, tan, tan, la mayor parte de los cuales fueron repúblicas soviéticas (Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán) o muy influida por la URSS como lo fue Afganistán, se libra una competencia con guantes blancos entre los dos potencias. Rusia ha monopolizado el campo de la seguridad y de la colaboración militar y China juega, con éxito relativo, a ser el socio comercial dominante. Se anota que China también se ha introducido en el campo de la seguridad, con el manto de la seguridad privada en el campo de la protección de oleoductos e instalaciones relativas al sector energético. La paz en Ucrania también libera recursos para el futuro ruso.

Con esa misma lógica, se explica la competencia en el nivel planetario: la pretensión americana de controlar el litoral de Groenlandia y el canal de Panamá le daría a los Estados Unidos un elemento de negociación frente a  China, diferente de la sola contención militar en el Indo-Pacífico. Si bien esas dos rutas no tendrán el volumen de los estrechos de Malasia, algo añaden a la baraja del jugador americano.

¿Qué aporta la paz en Ucrania? El fin de la guerra en Europa aporta una liberación de recursos a los Estados Unidos que pueden reforzar la presencia de América en el frente que se perfila como el más importante de la confrontación mundial. Cerca del 70% del tráfico marítimo mundial pasa por los estrechos de Malasia. Hacia esas latitudes se traslada el frente de confrontación. Allí confluyen los intereses de China, los del AUKUS y los de India, Japón, Singapur, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Malasia, Tailandia, Myanmar, Brunei y los países africanos situados en el zócalo Índico, amén de la proyección a Europa toda, por causa del comercio mundial.

La América Latina, que durante la guerra fría no tuvo papel principal alguno en la confrontación, comienza a cobrar importancia en este panorama. El canal del Ucayali que dará paso de la extensa ruta hídrica del Cono Sur al Pacífico y las carreteras y vías férreas de Brasil a sus vecinos del Pacífico, especialmente al Perú, más las que se proyectan en México, son una adición a la complejidad de la conectividad mundial.

En el plano económico aparece para América Latina la competencia de tres grandes proyectos de inversión: el programa americano “América Crece” , la Franja y la Ruta de China y Global Gateway de la Unión Europea. En buena parte están enfocados a infraestructura y no son ajenos a la competencia mundial en curso. La lejanía de América Latina se acorta y la presencia de la región en los juegos de poder mundiales puede ser, tanto una oportunidad, como una fuente de controversias negativas. Del manejo político que se haga dependerá un futuro diferente para la inserción iberoamericana en el mundo.

La competencia se esboza y es de esperar que la tensión desatada por el cambio de orientación del gobierno norteamericano, pueda manejarse con cordura, buenas maneras y respeto por un orden mundial multipolar al que las potencias de hoy ya no estaban acostumbradas.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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