Cese bilateral del fuego: ¿oportunidad u obstáculo? - Razón Pública
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Cese bilateral del fuego: ¿oportunidad u obstáculo?

Escrito por Armando Borrero
Armando Borrero Mansilla

Armando Borrero MansillaLa declaración unilateral de las FARC fue una maniobra hábil aunque peligrosa, pero también podría ser el paso decisivo hacia la paz que necesita Colombia. Balance razonado sobre los peligros y sobre las ventajas que implicaría un cese al fuego recíproco.

Armando Borrero Mansilla*

soldados marchando

Negociar en medio de la guerra

La política de paz no había estado tan movida desde cuando se instaló la mesa de negociaciones en La Habana.  En efecto: los avances de los últimos días, como el anuncio del cese al fuego por parte de las FARC y la disposición del gobierno a discutirlo, son los pasos más audaces que se han dado en el curso del proceso.  

Alcanzar ese punto fue posible gracias a dos preacuerdos básicos entre el gobierno y los insurgentes: adoptar una agenda muy concreta y negociar en medio de la guerra. Dialogar sin treguas previas fue una decisión sabia para asegurar el avance de las conversaciones, porque de esta manera se asimilaban mejor los incidentes y se contralaba el daño que pudieran ocasionar.

Por eso mismo, cuando las FARC optaron por la idea de un cese al fuego, el gobierno se mostró reticente. La razón no podía ser más obvia: un cese al fuego sin que las guerrillas se concentren para establecer líneas de control y verificación, se hubiera convertido en una fuente de incidentes y recriminaciones continuas. Las acciones propias de una guerra de guerrillas son por naturaleza muy poco previsibles, y se requiere un alto grado de confianza – que en Colombia, por supuesto, no ha existido- para evitar la tentación de abrir fuego.

El peligro se hace mayor tanto por la dispersión de las guerrillas en el territorio nacional como por las dificultades de la geografía y la presencia simultánea de distintos grupos armados ilegales. En un escenario de cese al fuego, los incidentes aislados acabarían por determinar la política y – como ocurrió en procesos anteriores- precipitarían la ruptura de las conversaciones y la postergación de los acuerdos de paz.

Presidente Santos
El Presidente Santos ordenó al equipo negociador del gobierno en La Habana discutir
el cese bilateral del fuego con las Farc.
Foto: 
Presidencia de la República

Posiciones invertidas

El cese unilateral del fuego de las FARC fue una maniobra muy compleja. Parecería que sus dirigentes estuvieran leyendo a los filósofos de la posmodernidad y conocieran la obra de Gilles Deleuze y Felix Guattari, pues al tomar esta decisión se pensaría que fueron inspirados por conceptos como el de las “geometrías inversas”.

Me explico: durante las negociaciones de La Habana los incidentes que podían dañar el proceso o los intentos de forzar cambios en la agenda pactada se atribuían usualmente a las FARC – o sea que eran ellas quienes corrían con el mayor costo político-. Pero ahora, al declarar unilateralmente el cese al fuego, se invirtió la relación o la “geometría” del proceso.

Alcanzar ese punto fue posible gracias a dos preacuerdos básicos entre el gobierno y los insurgentes: adoptar una agenda muy concreta y negociar en medio de la guerra. 

Si las FARC estaban “adentro” y el Estado estaba “afuera” a la hora de denunciar las acciones que amenazan la continuidad del proceso de paz, la decisión de alto al fuego pondría a las FARC “afuera” y dejaría “adentro” al Estado como responsable de los actos que- como las operaciones militares- ponen en riesgo el proceso. Ahora las FARC serían las  “palomas” y los agentes del Estado serían los “halcones”.

La maniobra fue ingeniosa pero no necesariamente contribuye a la culminación exitosa de las conversaciones: nada bueno puede salir de intentar poner al Estado contra la pared, y tampoco conviene que una de las partes introduzca puntos no previstos en la agenda – como es el cese de fuego. La experiencia internacional muestra que esas maniobras conducen, casi siempre, al fracaso de las conversaciones.

Afortunadamente, el gobierno obró con inteligencia y optó por tomar la “movida¨ de las FARC como una oportunidad para seguir avanzando: un  cese bilateral negociado podría  mejorar mucho el ambiente en torno al proceso de paz y generar confianza entre la ciudadanía, que hasta ahora se ha mostrado esperanzada pero renuente a concederle credibilidad al proceso.

Los peligros del cese

El cese bilateral puede ser muy positivo siempre y cuando se consiga evitar la “fricción” del tiempo y controlar las crisis de confianza. En efecto, acordar el cese al fuego entre las partes antes del acuerdo final implicaría dos peligros principales:  

1. Una prolongación exagerada de las conversaciones, que le quitaría apoyo popular al proceso y propiciaría el aumento de los incidentes dañinos.

2. Que ante la prolongación de las conversaciones, las FARC cayeran en la tentación de seguir fortaleciendo sus frentes (y es difícil controlar esta tendencia).

Este segundo peligro merece una atención especial. El fortalecimiento militar de la guerrilla sería una tarea que involucra a todas sus unidades de manera permanente, y que además  estimula intereses particulares de los varios jefes o los diversos frentes. Y si primaran estos intereses, el de lograr la paz podría pasar a un segundo plano.

Por eso algunas voces han llamado a aprender de otros procesos de paz a este respecto. El ejemplo más citado es el de Irlanda, donde un precario cese al fuego no obstaculizó la firma del acuerdo porque esta se produjo en poco tiempo.  Pero no hay que olvidar que el Ejército Republicano Irlandés (IRA por su nombre en inglés) era un grupo esencialmente urbano y no una fuerza propiamente guerrillera: las condiciones del reducido ámbito rural del Ulster y el tamaño del grupo armado le hicieron imposible superar el terrorismo como estrategia prevalente.

El caso colombiano es bastante distinto, aunque no se puede pasar por alto que un mal diseño de la tregua también tendría costos elevados.

Las bondades del cese

Por otra parte, un cese al fuego en el momento propicio no solo sería recibido con alivio por parte de la ciudanía, sino que seguramente aceleraría los acuerdos finales. Bien construido y con garantías reales, este primer acuerdo no puede ser más que positivo.

Si se cumple cabalmente, el cese aliviaría en mucho la vida de los campesinos, alejaría el peligro del terrorismo urbano, permitiría conjurar los fantasmas del secuestro y de la extorsión, y reduciría la vulnerabilidad de la población ante prácticas como el minado de campos y caminos. Para las Fuerzas Militares y la Policía, el cese al fuego implicaría, ni más ni menos, una ventana de confianza y la atenuación de las enemistades profundas que han resultado de  tantas décadas de enfrentamiento.

Además, si el cese al fuego llegara a ser realidad, aumentaría bastante el apoyo popular a las negociaciones.

Igualmente, el cese sería un buen laboratorio de las primeras etapas del posconflicto. La conducta respetuosa de las FARC respecto de la población civil sería un factor decisivo para consolidar el proceso. Los combatientes de lado y lado deben aprender a contenerse como una condición esencial para ir disminuyendo los temores recíprocos, y para empezar a reconocer algún tipo de identidad común (en cuanto colombianos) que desmonte los odios arraigados entre ellos.

Delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc en La Habana, Cuba.
Delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc en La Habana, Cuba.
Foto: Delegación de Paz de las Farc-EP

La política al ruedo

Hasta ahora, la escena pública en Colombia ha sido dominada por la guerra. Cuando un conflicto se prolonga, el lenguaje inicial de objetivos políticos se desdibuja y prima el lenguaje militar de medios y procedimientos para destruir al otro adversario. No es que la guerra deje de ser la política misma, sino que cambia su lenguaje.

Pero ahora, si el cese funcionara, el lenguaje de la política (“agonal”, es decir por medios pacíficos) podría reemplazar al lenguaje “polemial” (el de la guerra). Si se levanta el telón para que puedan aclararse y difundirse las tesis o posiciones políticas de los distintos actores, los colombianos podremos conocer los alcances y las limitaciones de cada bando es decir, tanto del establecimiento como de la insurgencia.

Ahora las FARC serían las  “palomas” y los agentes del Estado serían los “halcones”. 

Indudablemente surgirán entonces las voces de quienes se oponen al proceso o a los acuerdos pactados, pero también sería posible que las mayorías aíslen esas voces o que una buena experiencia del cese al fuego limite sus objeciones.

Por su parte, los tibios se moverán según funcione o no funcione el cese al fuego, y los partidarios de la paz tendrán más ánimos si este se cumple de manera efectiva. En uno u otro caso, el cese al fuego será la piedra de toque: de ese tamaño es lo que se juega hoy en La Habana.

Las primeras declaraciones de las FARC en este año son bastante alentadoras, pues en ellas reconocen que el gobierno actuó de manera constructiva al recoger el desafío que implica su declaración unilateral de cese al fuego, admiten que los incidentes de la guerra afectan el   proceso de paz y reiteran su compromiso con el mismo.

Pero ahora tendrían que venir las pruebas tangibles de buena voluntad y de disposición para afrontar las dificultades, porque la construcción de la paz será trabajo de Hércules.

 

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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