EL PÉNDULO DE FOUCAULT | Columna Armando Borrero

EL PÉNDULO DE FOUCAULT

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En estos días de sismicidad política acusada leí un artículo de Francisco Gutiérrez Sanín titulado ¿Guerra Civil? En el que afirma que la derecha política en Colombia tiene una base social real, pero que la izquierda y la centroizquierda de hoy también tienen una base social que él califica como “formidable”. Me acerco con pisadas suaves y poco ruidosas a tal afirmación, porque respeto mucho la tarea investigativa del profesor Gutiérrez Sanín y porque soy consciente de los peligros de la subjetividad cuando de percepciones se trata. Pero percibo que hay exceso de optimismo en suponerle a la izquierda colombiana una base sólida y más bien, veo un péndulo político que se acelera en la única dirección que puede tomar un péndulo cuando ya llegó a la izquierda y se devuelve: ¡a la derecha! Sueño con que aparezca Foucault y lo detenga en la mitad.

En meses pasado una de mis columnas de Razón Pública se refería a la orfandad de diseños socialistas que sufría la izquierda desde la caída de la Unión Soviética y el regreso de China a formas netamente capitalistas de su economía. La crisis es innegable y solamente la socialdemocracia puede mostrar resultados exitosos, así sean menos radicales que los propuestos por el marxismo-leninismo-maoísmo. Decía también que, en América Latina, con la posible excepción de Brasil y Chile, que mantienen todavía partidos estables de izquierda, la tendencia es hacia movimientos populistas que tildé de “fascistoides” (y lo sostengo) al estilo de los acaudillados por Chávez, Petro, Ortega, Castillo y Evo Morales. Son diferentes entre sí, en intensidad y procedimientos, pro con un trasfondo común.

En este punto debo detenerme para aclarar una definición que parece tremendista. En América Latina el concepto de fascismo ha derivado a una equiparación de las derechas, puestas en la misma bolsa. Con palabras como “facho” se califica todo lo abarcable por la idea conservadora. Hay un conservatismo de estirpe liberal que no cabe en el estigma de lo “facho” y hay regímenes dictatoriales, pero no totalitarios, que tampoco caben. El fascismo es republicano, totalitario y modernizante. Los conservatismos tradicionales son diferentes.

Se ha deformado el concepto inicial de fascismo como una ideología que privilegia el colectivismo en lo social y en lo político, que es anti-liberal y anti-burguesa, capaz de golpear simultáneamente a los capitalistas y a la clase obrera. En la historia real, en Europa, se decantó por aliarse con las derechas, aunque no faltó la alianza con anarquistas en casos establecidos. En Colombia, algunos movimientos de tipo nacionalista rozaron aspectos del fascismo y algún contagio se dio en la ANAPO, en el gaitanismo (aquí camino sobre brasas) y por supuesto, de manera más definida, en sectores del partido conservador.  

El M-19 fue un movimiento indoctrinario, con fuerte presencia de sectores anapistas. No hizo nunca una definición ideológica, no tuvo un programa y se comunicaba, básicamente por eslóganes “con el pueblo, con las armas, al poder” y otras por el estilo. Entre sus primeros fundadores primaban los “extremistas de los medios” antes que de los fines. De ese nicho nació un populismo que Petro ha explotado al máximo y que en una coyuntura como la del 2022 logró posicionarse como el progresismo ante la cara poco atractiva de la derecha representada por un innombrable. Nació un movimiento con caudillo iluminado, con ofertas demagógicas, sin claridad en los fines y sin una organización de partido, o por lo menos de movimiento estructurado. La cauda, es una sumatoria de sectores políticos diversos y otras formas de presencia social como organizaciones comunitarias, movimientos reivindicativos de origen tradicional o racial, grupos urbanos que claman por participación y una minoría de los antiguos partidos de izquierda radical, típicos del siglo XX. Tampoco faltan los oportunistas del clientelismo dominante.

Esas masas, y sobre todo las urbanas, no parecen ser una izquierda estructurada. Hoy se palpa en el ambiente una desilusión generada por la incompetencia, las incoherencias y el desgobierno. Son masas disponibles para quien entienda su momento. La polarización es la norma y el gobierno empuja. El Estado se debilita y se pierde su capacidad de integrador social. Las amenazas armadas han revivido, primero aupadas por una derecha primitiva que se dedicó a deslegitimar los acuerdos de paz y luego por un gobierno de “izquierda” que no entiende el valor de las instituciones como freno para las fuerzas centrífugas que acechan a todo Estado ineficaz. No sobra añadir que una fuente de desintegración amenaza en la forma de delincuencia internacional organizada. Los negocios ilícitos globales se suman a los otros factores de parálisis estatal.

La peor cara que ven las masas es la corrupción. Que esta sea vieja y endémica no importa. Se vive el aquí y ahora. Agranda la desilusión. Profundiza el movimiento pendular. Hay espejos en el entorno en los que la izquierda colombiana no se quiere mirar porque asoman caras: Milei, Bolsonaro, Bukele, Katz, Mulino…

1 comentarios

Armando Borrero

Escrito por:

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

Comentarios de “EL PÉNDULO DE FOUCAULT

  1. Muy buen análisis. Muy útil para comprender la igravedad de la situación q padecemos en el país y lo difícil de superarla. Gracias

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