EL CASO DE LAS ARMAS DE ISRAEL EN COLOMBIA | Columna del día

MOTIVACIONES INVERSAS: EL CASO DE LAS ARMAS DE ISRAEL EN COLOMBIA

Compartir:

La vinculación de las industrias y los servicios israelitas al sector de defensa y seguridad colombiano comenzó, si la memoria no falla, con los contratos de mantenimiento de la flotilla de Mirages que el gobierno adquirió en los años setenta y ha continuado por décadas. El gobierno Gaviria negoció el contrato para solventar el deterioro de la fusilería alemana, causado por el embargo de piezas de repuesto al que fue sometido el país por denuncias de violación de derechos humanos. Por un detalle sin importancia, fácilmente subsanable, el contrato no pudo ser firmado por el ministro Pardo y lo hizo el ministro Botero en los primeros días del gobierno Samper. Más adelante, en el año 2010, INDUMIL adquirió la licencia para fabricarlo en Colombia y comercializarlo en el mundo. Ha sido un éxito en varios sentidos, no solo en las ventas en el mercado internacional, sino en la incorporación y en el desarrollo propio de tecnología. 

En 1994, como consejero presidencial para la Defensa y la Seguridad Nacional, asistí a una reunión con los parlamentarios que se opusieron a la aprobación del contrato: Ingrid Betancourt, Ramiro Lucio, Guillermo Martínez Guerra y Roberto Camacho Weverberg. Esgrimí como argumento decisivo, sumado a los de tipo técnico, que Colombia necesitaba un proveedor seguro en cualquier circunstancia que se presentara y ese proveedor era Israel. No viene al caso comentar las hipótesis sobre los intereses que pudieran estar detrás de la oposición. Recuerdo si, la gallardía de Roberto Camacho, quien mejor conocedor del problema por su familiaridad con los ámbitos militares, puso punto final a la reunión al declarar que yo tenía razón y que él, por su parte, dejaba de lado la oposición. 

Decidí escribir este recuerdo en primera persona, para asumir cualquier suspicacia que pueda aflorar en el debate de hoy, cuando las motivaciones se invierten. En 1994, primaron las consideraciones pragmáticas. Colombia no podía llegar a situaciones de indefensión en medio de la lluvia de denuncias que podían caer, justificadas o injustificadas, en un conflicto tan complejo en materia de incidentes, como suelen ser las guerras que se hacen dentro de la propia sociedad.

Hoy, el presidente Petro, a la inversa, esgrime un argumento moral para llevar la relación, comercial y tecnológica, a un punto de ruptura. Puestas las cosas bajo un lente pragmático, el presidente se dispara en el pie (¿con un Galil?) porque Israel no sufre afectación práctica alguna. El costo cae sobre Colombia. Se expone la seguridad nacional. Es posible que este concepto no signifique mucho para el presidente, pero los colombianos si sabemos lo que duele cuando se pierde. Hace treinta años privó el pragmatismo para salvaguardar la seguridad. Hoy se expone la seguridad en aras de un gesto.

El antecedente de estos sucesos tiene un trasfondo de política difícil de explicar. Condenar la actuación de Israel en Gaza es tan imperativo como condenar el terrorismo de Hamás. Los horrores del extremismo, sea sionista o yihadista, niegan la noción misma de humanidad. En esta misma columna, en octubre del año pasado, escribí que Israel no podía dejar de cometer las equivocaciones del pasado. Tras los sucesos del 7 de octubre se ocultaba un fato, un terrible destino inevitable, al lado del cual las actuaciones de 1982 y 2006 en el Líbano, palidecen.

La política internacional de Colombia no se puede exponer como un objeto fraccionado. Es justo exigir que se respeten los derechos del pueblo palestino. La tradición colombiana viene desde las reservas de Alfonso López Pumarejo en 1947 frente al proyecto de partición de Palestina y el voto constante, año tras año en las Asambleas Generales de la ONU. Esa tradición solo fue abandonada en el gobierno de Duque, cuando Colombia optó por una melancólica abstención. Pero también es justo aceptar el hecho de la existencia del Estado de Israel: se trata de lo que es, no de lo que pudo haber sido y no fue. La mejor contribución de Colombia debe ser alinearse con Naciones Unidas y así, contribuir al multilateralismo, tan vapuleado en las últimas décadas, en la promoción de la paz y de la justicia.

Gobernar es una tarea que presenta grandes dificultades para el revolucionario. Este trata de cambiar el mundo. Pero gobernar, aún dentro de un proyecto revolucionario, implica adoptar conductas conservadoras de lo que se tiene y se debe preservar. El activismo revolucionario tiene límites. Puede ser muy perturbador como método de gobierno. Hay fundamentos que no se pueden destruir y en primer lugar, la seguridad. Esa primacía le viene de la función esencial de la asociación política, la insoslayable para que exista el Estado, que es la pacificación de la sociedad y el monopolio de la fuerza. Vale decir, la seguridad.

Acerca del autor

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

2 comentarios

Armando Borrero

Escrito por:

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

2 comentarios de “MOTIVACIONES INVERSAS: EL CASO DE LAS ARMAS DE ISRAEL EN COLOMBIA

  1. Bajo este argumento puede indumil producir armamento de licencia Israelí, ó las operaciones de indumil están detenidas?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

De racismo, clasismo y poder en Colombia

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Las 12 uvas por Colombia 2024

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Releer

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

El cancerológico

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.