La diplomacia en el cuarto de San Alejo - Razón Pública

La diplomacia en el cuarto de San Alejo

Compartir:

El espectáculo que presentan algunas de las relaciones internacionales en Hispanoamérica es el de una batalla callejera en los bajos fondos de una ciudad fuera de control. Un cruce de palabras entre Petro, Maduro,  Milei, Bukele y Ortega, o una “visita” de Noboa a una sede consular, para mencionar los más pendencieros de la escena que se vive en los medios de comunicación, nos deja con la sensación de estar en medio de una batalla callejera entre pandillas que se disputan a navaja sus áreas de influencia. Los usos de la diplomacia tradicional se condenan como amaneramientos aristocráticos indignos de las calidades redentoras de los gobiernos populistas que a la derecha o a la izquierda, prolongan en el exterior sus prédicas de cambio con vulgaridad rampante.

Los usos de la diplomacia no se desarrollaron como capricho. Simplemente, para tratar los asuntos que contraponen a las naciones cuando sus intereses chocan o se interfieren es necesaria una buena comunicación. Esa calidad no se logra con insultos y patadas en la espinilla. El uso de las buenas maneras permite tratar con objetividad y sin adrenalina, los asuntos que deben ser removidos o mejorados en relaciones tan complejas. El trabajo diplomático exige una calificación de nivel alto en conocimiento de los problemas, en capacidad para tramitarlos de manera que no se interrumpa la comunicación y en conseguir que los efectos de bola de nieve puedan ser anticipados y controlados. Es como hacer la guerra con perfumes y no con derramamientos de sangre.

Ahora bien, las buenas maneras en el trato personal no son la esencia de la labor: son instrumentos necesarios para llegar más fácil a los acuerdos y arreglos. La profesionalización implica un dominio refinado de un campo amplísimo de habilidades, saberes y capacidades comunicativas que no se subsanan con detalles como convertir en norma las identidades raciales (si es que existen las razas a la luz de la genética moderna) o  las culturales (caribe con caribe, género con género o ideologías similares) Entre otras cosas, pedir identidad racial para la labor de las relaciones exteriores, es caer en racismo (hoy se busca resaltar la igualdad por capacidades y eludir la calificación por el color de la piel) Un embajador colombiano  de origen africano en Ghana, pero sin dominio del inglés y sin conocimiento de las economías del café, el cacao y el petróleo ¿sería mejor embajador que uno blanco o mestizo, por aquello de negro con negro, caribe con caribe, mujer con mujer y… viceversa también?

No se puede negar que las desigualdades sociales implican una competencia también desigual en los planos culturales y educativos que se requieren para el oficio diplomático. Pero esas desigualdades se deben combatir en otros campos de las políticas estatales, como las educativas y las de reducción de las distancias en los ingresos económicos.

En los años sesenta apareció la obra de Pierre Bordieu y Jean-Claude Passeron titulada “La Reproducción”. En esa obra se propone una teoría para explicar como la escuela refuerza la perpetuación de las desigualdades sociales y culturales. Por medio de la violencia simbólica que impone una cultura dominante, legitima las diferencias sin recurrir a la violencia material. La escuela favorece a quienes ya portan una cultura aceptada y limita a los estudiantes que no están familiarizados con ese mundo.

Para superar esas desigualdades es más efectivo profesionalizar el servicio, para que la igualdad se consiga con la homogeneización de los conocimientos en la escuela diplomática y en la práctica de una carrera escalafonada que puede llevar por competencia a los más altos cargos del servicio exterior. El gobierno actual, como en casi todas sus iniciativas, prefiere hacer las cosas al revés: eliminar la formación profesional y nombrar, en esta especie de neo-clientelismo populista, a un activista político, sepa o no sepa leer y escribir.

Otra práctica que no se entiende es la manejar las relaciones de gobierno a gobierno, como relaciones de gobernante a gobernante, mediante la práctica adictiva de las redes sociales. El resultado es nefasto: gobernantes muy ignorantes, que es la modalidad dominante, se insultan y se descalifican. Las relaciones entre Estados se personalizan y crecen más las enemistades gratuitas e inútiles que las relaciones de colaboración y entendimiento, precisamente cuando los problemas tienden a saltar fronteras y se requiere, más que nunca, la práctica colaborativa en los entornos regionales y mundiales.

En nuestra Iberoamérica, tenemos un espejo para mirarnos. Uno de los servicios exteriores más eficientes del mundo lo tiene el Brasil. Es profesional de carrera, no atiende nada distinto de los intereses nacionales brasileños y no es afectado por prácticas de clientela y amiguismo. No es moneda de cambio para recompensas políticas. Es una profesión.

Se acerca otro disparate gubernamental en Colombia, cuando más necesidad se tiene de interactuar eficazmente con el mundo. Tal parece que para el ejecutivo lo mejor es apartarse del mundo real y buscar en nuestro ombligo los “paraísos de cucaña”, como los llamó el inolvidable Estanislao Zuleta.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

1 comentarios

Armando Borrero

Escrito por:

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

Comentarios de “La diplomacia en el cuarto de San Alejo”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

COLUMNA DE OPINIÓN

¿Transición en Venezuela?

COLUMNA DE OPINIÓN

Cuidado: responsabilidad vs. ayuda

COLUMNA DE OPINIÓN

Justicia transicional y polarización

COLUMNA DE OPINIÓN

LA GUERRA EN LAS CIUDADES

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!