MORDISCOS EN EL MAPA ¿QUO VADIS COLOMBIA?
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MORDISCOS EN EL MAPA ¿QUO VADIS COLOMBIA?

Escrito por Armando Borrero

En medio del ruido que producen el desorden de la política y la ideologización de todos sus procesos, la incompetencia gubernamental estimula una dinámica disolvente de la institucionalidad. Se trata del ejercicio de la autoridad en un territorio y sobre la población que lo habita, el fundamento último de la existencia de un Estado nacional moderno. Es un problema que no se puede ideologizar en sus presupuestos últimos. Vale para cualquier orientación ideológica y se trata de procesos que están demoliendo la arquitectura estatal de Colombia.

De los tres monopolios esenciales del Estado, fuerza, justicia y tributo, el de la fuerza es el primero y más importante. No es un punto de vista guerrerista, ni autoritario, sino una constatación histórica: sin el monopolio de la coacción, no es posible imponer los otros dos monopolios que exige la posibilidad de existencia de una asociación política que funge de marco regulatorio de la vida social. En Colombia nos hemos insensibilizado a los “mordiscos” que sufren esas funciones estatales por parte de grupos armados de diverso origen y propósito, y de grupos familiares o de clientela política. Pero no estábamos habituados a ver al Estado, intencionado o despistado, como facilitador de esos mordiscos,

En todo el mundo las autoridades compiten con la autoridad de otros actores. Pero esa parte díscola, en los Estados fuertes y funcionales es marginal, y hasta tolerable en ciertas circunstancias. Pasado ese límite, la cara del paciente palidece. En Colombia se ha pasado esa frontera. Extensiones grandes del territorio caen aceleradamente, bajo el poder de grupos que delinquen. Algunos con justificación política, pero todos con el telón de fondo de negocios gigantes: narcotráfico, oro, coltán, esmeraldas, extorsión, secuestro y tráficos de armas y personas.

Al mirar el mapa, se encuentra que el área del Pacífico está fuera del control del Estado en gran parte. Áreas extensas de los departamentos de Nariño y Cauca no conocen más autoridad que los grupos armados, sean el ELN, las disidencias de las FARC o milicias del narcotráfico. Al norte, Buenaventura sufre una tragedia sin nombre en medio de las disputas de todo tipo de bandas que buscan imponer su salvaje ley, y más allá, el Chocó, escenario de disputas por las rutas del narcotráfico en el entramado fluvial y marítimo que brinda facilidades para los embarques al exterior. Las disputas entre el Clan del Golfo y el ELN, dejan a la población en medio del fuego y lejos, muy lejos, de la protección estatal.

En la parte norte, en la bisagra entre Pacífico y Caribe, está el centro de gravedad del poder detentado por el Clan del Golfo. Con la máscara curiosa de un supuesto movimiento “gaitanista”, ha logrado arraigo y capacidad de gobierno paralelo en regiones del Chocó, Antioquia, Córdoba y es presencia importante en toda la costa Caribe. En el Oriente colombiano se tiene una frontera descontrolada en grado sumo. La región del Catatumbo, productora de coca, es tierra de disputa entre guerrillas y bandas del narcotráfico, con consecuencias devastadoras para la seguridad de los colonos y del medio ambiente. El desgobierno ha penetrado en las áreas urbanas, ya afectadas por la crisis venezolana.  En Arauca, región que por décadas ha sido lugar de dominio paralelo por parte de las guerrillas, la disputa cobra proporciones mayores entre el ELN, asentado por décadas y acostumbrado a cogobernar, y las disidencias de las FARC en sus dos versiones, Nueva Marquetalia y Estado Mayor Central. Un factor adicional de desestabilización es la protección que el Estado venezolano les proporciona al ELN y a la Nueva Marquetalia.

En la macro-región Centro-Sur de Colombia, los Llanos Orientales y gran parte de la Amazonia, la desorganización está liquidando el sosiego logrado tras los acuerdos de paz con las FARC. Regiones que se habían estabilizado, como la frontera entre Meta y Guaviare, donde, tradicionalmente, se hace un tráfico intenso de pasta base de coca, han vuelto al ambiente que se vivió en los años noventa del siglo pasado. En medio de este cuadro, el Estado descuida la seguridad nacional, tanto en lo interno como en lo externo, reduce medios y capacidades de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional y pacta ceses del fuego bilaterales, sin que existan las condiciones para que puedan funcionar, con el resultado previsible de cargar todos los costos políticos sobre las espaldas del Estado.

En este cuadro, la política oficial estimula la fragmentación del control territorial y de población con el apoyo a Primeras Líneas, Guardias Campesinas y Guardias Indígenas. La paz total se transforma en desintegración estatal y profundiza los determinantes de la guerra que se pretende acabar. Ni hablar de la inseguridad ciudadana que agobia a la sociedad: ¿Quo Vadis Colombia?

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3 Comentarios

Álvaro noviembre 27, 2023 - 9:39 am

Así como está fuera el control por parte del estado, la política sucia está cada día más desbordada donde los intereses hacia un pueblo se perdió y lo único que interesa es el lucro de los sentados en el congreso, es necesaria la reforma de estos entes porque esto es una anarquía

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