
¡Clausewitz vive! Política y guerra en el Medio Oriente
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“Si la política exige de la guerra lo que esta no puede dar, actúa contra sus principios”. En la decisión de la guerra la exigencia que hace la política suele ser errada por cálculos equivocados, por información deficiente o, lo más frecuente, por pensar con el deseo. Pensar la historia reciente lleva la memoria a Pearl Harbor, a las Malvinas y al trágico 7 de octubre de 2023 cuando Hamás abrió las puertas del infierno. El principio filosófico de “la libertad del otro” debe tener albergue en la mente de los estrategas para contener las convicciones propias. Para enunciar ese principio en colombiano “una cosa piensa el burro, y otra el que lo está enjalmando”.
El 7 de octubre Hamás lanzó un desafío destinado a atraer una respuesta de Israel que hiciera entrar en crisis la dinámica de los acuerdos de Abrahám y que volviera a poner en primer plano las reivindicaciones del pueblo palestino. Por supuesto, no podían ignorar la magnitud de la respuesta israelita. La deseaban. Pero la realidad desbordó los cálculos. El complicado juego de poderes en el área no fue alterado en lo fundamental y más bien favorece a los que se quería debilitar.
La respuesta de Israel no satisface plenamente a los Estados Unidos, pero tampoco destruyó los lazos políticos fuertemente establecidos desde la guerra del Yom Kippur, 50 años atrás del fatídico 7 de octubre. El gobierno americano tomó las medidas que el cálculo geopolítico le exigía y en el mismo sentido lo ha hecho Irán. Éste último, al parecer tomado de sorpresa, no se ha dejado llevar a extremos por las decisiones de Hamás. Con plena conciencia de sus limitaciones, juega a preservar sus avances en materia nuclear, aún a costa de perder su influencia en Siria y en el Líbano y de ver disminuido el poder de su instrumento supranacional, Hezbollah. Ha pasado mucho tiempo desde Ciro el Grande como para preocuparse de la postergación del sueño imperial persa.
Los Estados Unidos e Irán han entrado en el pensamiento clausewitziano del todo: pensar en la paz en medio del fuego, y no olvidar la posibilidad de la guerra en el silencio de las armas. La guerra es la política hecha por medio de las armas: el pensamiento de Clausewitz, que en los últimos años se había desestimado por causa de malas lecturas o por extrapolaciones fuera de contexto hechas por pensadores ideologizados, cobra actualidad de nuevo: la guerra es la política misma y la guerra tiende a los extremos, son las verdades fundamentales del pensador prusiano.
El Medio Oriente seguirá siendo un campo minado. Las incertidumbres abundan y hacen volver a la memoria pasajes de Nietzche y de Jünger (toco madera) que ven un carácter sacrificial en la guerra, en la cual sólo el fuego y el dolor pueden conducir a un mundo nuevo y a la paz. La lógica geopolítica llevará la región a una competencia tripartita entre Irán, Turquía e Israel. Egipto no completa un cuarteto porque sus intereses principales están en África, como lo entendió Sadat en su momento, conclusión que lo apartó de la visión panarabista de Nasser. Arabia Saudita tiene dinero, pero no integra otros factores de poder e influencia para competir y aglutinar a las sociedades propiamente árabes.
Israel, en cambio, se proyecta en el mundo con más propiedad que cualquiera de sus vecinos, a pesar de su escaso tamaño territorial y demográfico. Israel cuenta con el pueblo judío y con su cosmopolitismo, con una cultura apta para la racionalidad política liberal, con un potencial científico-tecnológico de punta que lo empotra con sillón de preferencia en el primer mundo y con la posesión de un arsenal atómico. Carga, además, con una historia terrible de persecuciones que ha hecho de la seguridad su principal cometido como Estado.
El camino trazado por Clausewitz pone a la región ante dos opciones: caer y dejarse llevar por la tendencia de la guerra a los extremos, o atender a la racionalidad de la política que Occidente inauguró en Wetsfalia para neutralizar factores de enfrentamiento (no siempre con éxito, pero ha ayudado) entre los que se destaca un desarrollo posterior, el hecho de haber eliminado en la práctica la guerra entre democracias vigentes.
Es dable pensar que la situación de hoy implique un período de reposo, tras la virulencia de los encuentros en el año largo de guerra que se ha vivido. Es posible que se dé un fenómeno nuevo en Siria, la conversión de un proyecto autodefinido como revolucionario, en un proyecto de construcción de Estado con todo lo que este implica en asumir conductas conservadoras de gobierno y de relación con el entorno. Si la razón prevalece y se refuerza la posibilidad de la democracia en la región, habrá lugar para caminos nuevos en el mundo atormentado que vio nacer las primeras civilizaciones históricas.
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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