¿Exguerrilleros en las Fuerzas Militares? - Razón Pública
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz ¿Exguerrilleros en las Fuerzas Militares?

¿Exguerrilleros en las Fuerzas Militares?

Escrito por Armando Borrero
Armando_Borrero

La posibilidad de convertir a los guerrilleros reinsertados en miembros de una institución nacional puede ofrecer muchas ventajas si se hace adecuadamente. Aquí, un análisis de la propuesta más allá de los alarmismos.

Armando Borrero Mansilla*

Las dos caras de una idea

Se ha oído, entre muchas propuestas sobre lo posible en un postconflicto, una referida al destino de la tropa guerrillera en un proceso de reinserción. Se trata de la creación de una guardia nacional para encuadrar a los desmovilizados.

La propuesta tiene dos facetas que pueden juzgarse de la siguiente manera:

Sería algo así como una combinación de Fuerzas Armadas y SENA, para evitar que se sumen a las actividades que ofrece un panorama de descomposición social.

A) Crear una guardia nacional es una mala idea.

B) Tener bajo control institucional a los antiguos guerrilleros es una buena idea.

¿Cuáles son las razones para descalificar una parte de la propuesta y la aceptar otra?

La creación de una guardia nacional o algo similar, como cuerpo intermedio entre las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, es una idea persistente en algunos sectores políticos desde fines de los años ochenta.

En teoría parece sensata, pero en la práctica, si se estudia con cuidado la organización colombiana de la fuerza pública, resulta ingenua y muy difícil de llevar a la práctica. En Colombia, entre las Fuerzas Militares y la Policía Nacional no queda mucho espacio institucional para una tercería.

Si Colombia tuviera el modelo de policías locales, en su variante de modelo fragmentado, cabría la posibilidad de una tercera fuerza; pero con una Policía única, que si bien es un cuerpo civil, adopta formas organizativas y normas disciplinarias de tipo militar, la posibilidad de un cuerpo intermedio es poco realista.


Combatientes de las Farc en formación.
Foto: Wikimedia Commons

Ejemplos en el mundo

Las guardias del modelo policial continental europeo surgieron en el siglo XIX para el control del campo y para algunas otras tareas especiales. La Gendarmería francesa, la Guardia Civil española, los Carabinieri italianos y, aunque algo diferente, la Policía de Fronteras alemana, son ejemplo de ese modelo continental de policía.

En América Latina, dicho de paso, el modelo local no ha sido ejemplo de nada bueno y mejores resultados ha dado el centralizado, y a veces militarizado. La razón del problema no es el modelo en abstracto, sino el sistema político como contexto y condicionante de una Policía fragmentada.

En Colombia, la Policía Nacional cuenta con un cuerpo de policía rural, el Cuerpo de Carabineros, que cumple una misión similar a la asignada en el modelo continental europeo, a los cuerpos intermedios.

Los británicos, que comenzaron con el modelo comunitario, local y fragmentado, utilizaron cuerpos policiales militarizados y centralizados en sus territorios coloniales. En la propia metrópoli, la Policía británica de hoy es cada vez más centralizada y cada más lejana del modelo local estricto. Los Estados Unidos, por su parte, conservan el modelo fragmentado y así, cada estado encuentra su camino.

En resumen, el problema es de adaptación al contexto social, geográfico e institucional en cada caso. Las necesidades dictan la senda por escoger.

¿Cómo implementarla?

Ahora bien, si se optara por una guardia como la propuesta, la pregunta sería cómo organizarla: ¿De dónde se obtendría el cuerpo de cuadros de mando, oficiales y suboficiales, para encuadrar a la tropa?

Sacar oficiales de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional sería generar otro problema. Estas fuerzas tienen problemas de escasez de cuadros de mando y no sería sensato acentuarlos.

La opción es llamar oficiales retirados, dicen otras voces. Esto es incierto: la mayor parte están ya bien insertados en el mercado laboral, o llevan mucho tiempo retirados y ya no son aptos para el servicio sin ser sometidos a una formación de tipo nuevo.

Además, se debe tener en cuenta que las formaciones militar y policial son diferentes y la homologación requeriría un período de formación adicional, también para los que provengan del servicio activo en una y otra fuerza.

En militares y policías no hay en el momento mucha simpatía por esta propuesta. Pero si se estudia con cuidado la experiencia internacional, se puede encontrar la posibilidad de, por lo menos, abrir un debate tranquilo con ellos.

Si la opción para resolver lo mencionado fuera establecer un programa de formación para oficiales y suboficiales nuevos, con los contenidos propios de un nuevo tipo de cuerpo, tampoco se resolvería el problema. Se formarían los cuadros subalternos y se tendría que esperar por un largo período para llegar a los grados superiores necesarios para conducir la guardia nacional.

En últimas, todo lo anterior, ¿para qué? Para reproducir lo que ya existe: el Cuerpo de Carabineros de la Policía Nacional.

Lo inteligente es no complicar las soluciones y fortalecer lo existente. Los escuadrones móviles de carabineros son una idea muy buena y ampliar tanto su tamaño como su cobertura es lo apropiado.


 

 

 

 

 

Soldados del Ejército Nacional.
Foto: Globovisión

No repetir los errores

La buena idea de la propuesta es encuadrar en un cuerpo controlado por el Estado a los exguerrilleros. La experiencia centroamericana apoya el propósito de no caer en los errores allí cometidos.

Comienzo por mencionar una anécdota reveladora: con ocasión de un foro realizado en El Tiempo, hace ya varios años, tuve la oportunidad de preguntarle al general salvadoreño Mauricio Ernesto Vargas, por qué en El Salvador se había aceptado la incorporación de antiguos guerrilleros en la recién creada Policía Nacional Civil y en cambio se había rechazado la posibilidad de incorporar algunos al Ejército.

La respuesta fue tajante: “¡porque nos equivocamos! Creímos que eran jóvenes ideologizados en grado alto y constatamos después que eran iguales a cualquier otro joven salvadoreño de los estratos populares. Al terminar el conflicto quedaron a la deriva, con la única experiencia de la violencia y actuaron en consecuencia. Muchos se dedicaron a actividades delincuenciales y contribuyeron al grado elevado de violencia social que sufrió El Salvador”. Esas fueron, palabras más o palabras menos, sus apreciaciones.

Es necesario evitar esa experiencia, o una peor como la de Guatemala. Si los guerrilleros rasos jóvenes, entre los cuales hay muchos que llegaron a la guerrilla por la falta de oportunidades o forzados, son encuadrados en cuerpos de algún tipo (se pide imaginación y creatividad) quedan bajo control institucional, pueden ser educados para una futura vuelta a la sociedad, se previene un regreso prematuro a sus comunidades que pueda generar cadenas de venganzas y contravenganzas, crecerían en edad (cuanto menos jóvenes, menos propensión a la violencia) y no se generarían sentimientos de exclusión y rechazo.

Hay que recordar que estos son jóvenes acostumbrados a una disciplina feroz y arbitraria, que encontrarían muy tolerable la de un cuerpo institucional. Un cuerpo tal no tiene que ser necesariamente armado, o serlo en forma ligera si su misión lo exige.

En militares y policías no hay en el momento mucha simpatía por esta propuesta. Pero si se estudia con cuidado la experiencia internacional, se puede encontrar la posibilidad de, por lo menos, abrir un debate tranquilo con ellos.

Hay tareas para un cuerpo policial o militar en los campos de la protección del medio ambiente, del control de las fronteras y de la contribución, mediante acciones de extensión agrícola, a la difusión de alternativas a los cultivos ilícitos.

Lo inteligente es no complicar las soluciones y fortalecer lo existente. Los escuadrones móviles de carabineros son una idea muy buena y ampliar tanto su tamaño como su cobertura es lo apropiado.

Un cuerpo de oficiales y suboficiales preparados adecuadamente, puede dirigir estas agrupaciones, en lugares apartados (por seguridad de los propios reinsertados) para conducirlos en el tránsito difícil a una vida nueva. Sería algo así como una combinación de Fuerzas Armadas y SENA, para evitar que se sumen a las actividades que ofrece un panorama de descomposición social.

Muchas alternativas son posibles: una puede ser incorporar desmovilizados a una fuerza militar, sin mezclarlos inicialmente con las tropas reclutadas normalmente, para evitar roces y rechazos, y paulatinamente, ya evaluados, incorporarlos plenamente libres de estigmas.

Al principio se estacionarían en zonas apartadas, también por prevención y prudencia, y serían sometidos a programas de educación y entrenamiento para su vuelta a la sociedad.

Otra posibilidad es incorporarlos como auxiliares policiales en tareas de protección del medio ambiente o de promoción de programas de mejoramiento social.

En fin, se deben pensar soluciones que contemplen la permanencia en instituciones que den garantía de control, orden, protección y educación. Con buena voluntad y realismo se puede encontrar un camino para hacerlo.

 

* El perfil del autor lo encuentra en este link. 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies