Los “malparquiados” de la historia - Razón Pública

Los “malparquiados” de la historia

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“Lo cogió malparquiado”, decimos en jerga bogotana, sólo que la referencia temporal en el tema que ocupa esta columna es milenaria. El conflicto sirio no es de los últimos trece años. La franja de tierra que va de Asia Menor a Egipto ha sido camino de tribus, pueblos, grandes civilizaciones de la antigüedad y hoy, de Estados nacionales y bloques de interés. Los que se parquean en la franja se exponen a ser atropellados por los sismos sociales y culturales que se suceden en la historia. En 1516, los otomanos vencieron a los mamelucos y se apoderaron de la franja. Mal que bien hasta 1917, los turcos de Selim I establecieron un orden estable hasta el reinado de Mehmed V, cuatrocientos años después.

En 1917 las tropas del general Allemby entraron en Jerusalén y al año siguiente, desmembrado el imperio otomano cuando cesó la tragedia de la Gran Guerra, empezó la pasión de los misterios dolorosos. Siria se debatió por años entre la oposición al mandato francés y sus conflictos internos. Los franceses separaron el Líbano, de impronta cristiana maronita en 1943 y les concedieron a los drusos su pequeño espacio en el sur. Pero, terminado el mandato francés al terminar la guerra, el mosaico de grupos de identidad, principalmente religiosos, no ha cesado de producir terremotos políticos.

Conviven en Siria musulmanes sunnitas, chiítas y alauitas, cristianos ortodoxos y cultos esotéricos como el de los drusos. En el mundo cristiano la tensión de origen fue entre el poder temporal y el poder espiritual, que llevó lentamente a la separación de Estado y religión. En el islam, el poder político y el religioso nacen unidos. El poder era herencia para los descendientes del Profeta en los dos campos, temporal y espiritual. Al tiempo, la guerra entre creyentes, entre miembros de la umma, quedó prohibida. Pero dado que el fenómeno bélico resiste toda prohibición, el impasse se resuelve por la vía de declarar infieles a los oponentes.

Además de las diferencias entre sectas musulmanas, hay, por supuesto, diferencias políticas y étnicas. Con esta última connotación se debe mencionar la presencia de los kurdos, otro legado del tratado de Versalles por causa del incumplimiento de la promesa de darles un Estado, el Kurdistán, hoy repartido entre Turquía, Irán, Irak, Siria y una esquina de Azerbaiyán.

Como si todo lo anterior fuera poco, en el mismo 1917 de la entrada de Allemby en Jerusalén, se hizo la declaración Balfour que prometió al sionismo un hogar nacional judío en Palestina. Hoy el Estado de Israel, es la mayor potencia militar del área, “parqueada” en el camino de la franja que recorrieron los hititas, los arameos, los asirios, los babilonios, los egipcios, los turcos, los árabes, los británicos, los franceses y faltan datos. En estas horas posteriores a la caída del régimen, Israel, por aquello de que es mejor prevenir que curar, se ha dedicado a destruir las capacidades militares que dejó el régimen de Assad en vacancia.

En un pasado reciente, Siria fue disputada por los imperialismos europeos cuando éstos ya estaban en su fase final. En la guerra fría fue puntal de las ambiciones soviéticas. Armada por la URSS hizo causa común con el Egipto de Nasser contra el Estado de Israel. Bien conocidas son las consecuencias de esas aventuras: las derrotas de 1967 y 1973, cerraron el ciclo. Desde entonces fue por un tiempo un “enemigo previsible” para Israel. Cuando se creyó en Occidente que la primavera árabe podía repetirse en Siria, llegó la guerra civil, la migración masiva de sirios a Europa y el final del experimento. Libia y Siria fueron a la disolución, Egipto dio reversa y continuó el modelo Nasser, Sadat, Mubarack, Al-Sissi. Túnez fue una estrella fugaz.

Hoy reina la incertidumbre. El entusiasmo por la caída de Assad fue brevísimo. Los antecedentes de los vencedores no dan esperanzas. Se habló de la influencia de Turquía y es posible que la haya, pero no hay garantías de un camino al estilo del régimen de Erdogan que por lo menos guarda las formas. Además para Turquía comienza la tentación de resolver el problema kurdo del norte de Siria, sendero que puede ahondar las diferencias con los Estados Unidos y estimular la resistencia kurda dentro de la propia Turquía. Subsisten grupos fundamentalistas de todo tipo entre los que descuella lo que queda de ISIS y su proyecto de califato. Otro palo en las ruedas está constituido por el régimen de Irán y su “proxy” Hezbollah.

La lección que deja el caso sirio es variada, pero para los colombianos se destaca el valor del Estado nacional moderno como arena de confrontación política pacífica y civilizada. Fragmentar la sociedad, debilitar la institucionalidad, perder el monopolio de la fuerza y abonar el autoritarismo, es un camino muy peligroso.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

1 comentarios

Armando Borrero

Escrito por:

Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

Comentarios de “Los “malparquiados” de la historia”

  1. Armando. Gracias por esa magistral síntesis del complejo tema alrededor de Siria. El mensaje que envías al final del análisis nos recuerda que si no respetamos la democracia y fortalecemos las instituciones el presente peligro de fragmentar nuestra sociedad ya es un poco mucho más que latente.

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