
De aviones, drones y abejones
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Con todo el afecto y el respeto que le guardo a Rafael Pardo, pionero acertado de la nueva visión de los problemas de la defensa y la seguridad en la Colombia de los últimos 35 años, debo expresar mi desacuerdo con la visión que propone en su columna del 13 de abril en El Colombiano, acerca de la reposición de equipos de superioridad aérea para la Fuerza Aérea Colombiana (todavía no asimilo el nombre pretencioso de “Aeroespacial”)
Escribe el exministro Pardo “En Colombia no se ha combatido con aviones desde la guerra con el Perú hace noventa años. No necesitamos aviones de combate” Reviro: esos aviones se necesitan principalmente para no tener que usarlos en combate. Como docente, acostumbraba decirles a mis alumnos que “el gasto en defensa y seguridad es una inversión cuyo mayor rendimiento se produce cuando no es necesario aplicarla”. La primera misión de las armas del Estado, es disuadir desafíos armados.
La historia contrafactual es más una diversión que otra cosa. Pero, a veces, plantear hipótesis sobre lo que pudo ser y no fue, puede servir como herramienta para el análisis histórico. Vuelvo la memoria a 1932 ¿El dictador peruano, Sánchez Cerro, hubiera respaldado el asalto de los colonos peruanos a Leticia en septiembre de 1932, si Colombia hubiera tenido en ese momento la fuerza aérea que construyó a partir de ese conflicto (la magnífica flota de los Curtiss Hawnk P-36) y si hubiera contado también con un ejército equipado, capacidades navales en el Pacífico y fluviales en los ríos del sur? Seguramente no. Pero con la miseria de fuerzas que nos habían dejado los gobiernos de la hegemonía clerical-conservadora, Sánchez Cerro tuvo la tentación de salir de la orfandad política que vivía en el momento.
Los aviones de superioridad aérea no se pueden reemplazar todavía con los drones de hoy. Las grandes potencias trabajan en aviones no tripulados, naves sumamente complejas y costosas. Los drones se necesitan para las misiones que les son propias y serían un buen estímulo para las fabricaciones nacionales. La CIAC de la Fuerza Aérea produce drones y puede ser ampliada tanto su capacidad productiva, como su desarrollo científico-tecnológico.
Vuelvo al primer punto. La misión de los aviones, sean los Grippen, los F-16 o los Rafale, es “estar ahí”. Para recordar, además de la experiencia de 1932, están los sucesos de agosto de 1987, cuando Colombia fue amenazada por el gobierno venezolano de Lusinchi en una noche etílica de recordación ingrata. En ese momento, de la flota de Mirage-5, sólo 2 podían volar. No se trata de estimular armamentismos desaforados y sueños de grandeza bélica. Es solamente, tener capacidades para disuadir y no para agredir. La mesura debe imponerse en ese plano de la defensa, pero tampoco “…se puede andar inermes con semejante tesoro” como caracterizó López de Mesa la indefensión colombiana de 1903.
Cuando un Estado es percibido como inerme, comienzan los problemas. No es una ley de las ciencias naturales, pero se acerca. El orden internacional anda de capa caída y parece tomar el rumbo de la ley de la selva. Los Estados nacionales siguen siendo competidores. Los gobiernos autoritarios cobran aire en el mundo de hoy y tienden a ser agresivos. Mantenerse en el derecho internacional es una virtud, pero detrás de la puerta no sobra una buena tranca.
En materia de costos, la pacificación de la sociedad y el resguardo de la seguridad externa, tienden a ser mejor escenario para el despliegue de las capacidades productivas, que el desorden y la inseguridad, tanto en lo interno, como en lo externo. Ojalá la decisión de recuperar las capacidades de las fuerzas del aire, se haga extensiva a los esfuerzos de la Armada (se avanza en la fabricación de la primera fragata hecha en los astilleros de COTECMAR) por poner al día la flota y se recupere la capacidad de cubrir el territorio para el Ejército Nacional.
En cuanto al tipo de aviones que se adquieran, las tres ofertas son aptas para las necesidades del momento. Las prestaciones de los tres son similares. El Rafale tiene alguna superioridad, pero es costoso. La oferta del F-16 tenía la ventaja de ser para cubrir un escenario de máximo 20 años, que no es una mala idea en estos tiempos de cambio vertiginoso. En 20 años el combate aéreo puede ser algo que no imaginamos. También es menor el costo total por no ser un equipo nuevo. Pero en el ambiente político internacional hay mucho ruido negativo. El Grippen es una opción menos costosa que el Rafale, es una nave muy versátil y tiene capacidades para operar a menos costo en un rango de pistas muy amplio. Se teme que los tiempos de entrega sean muy lentos y es un factor para estudiar con cuidado.
Como conclusión, el país necesita capacidades para la defensa aérea y tenerlas es más una garantía de paz, que un peligro de conflicto.
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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