Claudia Sheinbaum: serenidad, firmeza y gobierno - Razón Pública

Claudia Sheinbaum: serenidad, firmeza y gobierno

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En el firmamento de los gobernantes latinoamericanos ha aparecido una estrella. La afirmación no se refiere al programa de gobierno, a los resultados o a la ideología que lo rige. Se refiere al estilo. Sorprende Claudia Sheinbaum en un conjunto de mandatarios latinoamericanos que han optado por hacer payasadas, exhibir malos modales, hablar más de la cuenta y concentrar las energías en la propaganda mentirosa y retorcida de las redes sociales. Esta mujer es diferente.

En las pantallas, por cuenta de las amenazas de Trump, se ha hecho visión cotidiana. Elegante con sobriedad, es decir, doblemente elegante, serena, segura, con una expresión que nunca cae en estridencias, con los músculos faciales contenidos, transmite la imagen de una gobernante informada y en control de todo lo relacionado con el oficio. A veces tiene uno la tentación de pensar que exagera su exposición mediática con las mañaneras, pero también se debe considerar que abandonarlas sería un desplante para quien reconoció sus capacidades y le allanó el camino a la presidencia. De todas maneras, usa ese espacio para hacerlo con contenido, con disciplina comunicativa y con un estilo que no tenía su predecesor.

Contrasta, y de qué manera, con personajes como Milei , Petro o el inefable Maduro. Lejos de actuar a la loca en el complejísimo, y hoy caótico campo de las relaciones internacionales, mide sus actuaciones en función de los intereses de México y de la talla del contendor. Transmite tranquilidad para su pueblo, no se aventura en suposiciones y al contrario, le da tiempo a las realidades para que se hagan nítidas y así, poder decidir con conocimiento y razón. En todo sentido, una líder con autoridad y carácter.

Menuda tarea la que ha asumido. Es difícil suponer el curso de la evolución que tomará el divorcio de tres economías que habían llegado a una interrelación tan intensa en el marco de un tratado de libre comercio que ya había alcanzado su madurez. Una cosa si es comprensible: la mente de un mejicano está más preparada para ver a los Estados Unidos con desconfianza, que la mente de un canadiense, en cuya historia no cabe la noción de una discrepancia seria con los Estados Unidos. No es un dato menor y puede explicar la diferencia de reacciones. La ira canadiense se expresa con el vigor de la sorpresa ante lo jamás esperado.

Lo que viene para los tres países del mercado norteamericano es incierto en los detalles, pero con seguridad será perjudicial para las tres economías. La posición mejicana parece ser la más equilibrada, pero su vulnerabilidad es grande, sobretodo en el corto plazo. En el largo plazo, lo previsible es el desplazamiento de las grandes corrientes comerciales a escenarios y actores nuevos. En ese orden nuevo, el mundo de centros múltiples de poder podrá emerger con mayor rapidez de la esperada y la China se perfila como uno de los ganadores. Los sismos económicos y políticos del mundo de hoy se inscriben en una transición aplazada desde el fin de la guerra fría.

Para los Estados Unidos, la inercia de la historia provoca una pérdida de   flexibilidad para adaptarse a un mundo diferente. Su esplendor fue la segunda posguerra y el mundo bipolar. Pero las fuerzas que sustentaron ese mundo han desaparecido. Los Estados Unidos y la Unión Soviética fueron potencias que compitieron por poder, pero nunca estuvieron ligadas por relaciones económicas importantes entre sí. Ahora el entretejido económico, social y cultural es global y complejo, y las relaciones con China no pueden ponerse en los términos de una competencia bipolar. Despunta un mundo de centros múltiples de poder.

Lo más grave de los síntomas que se expresan en guerras comerciales como la que  Estados Unidos plantea a México y a Canadá, es la ausencia de una racionalidad económica que se ponga por encima de las competencias geopolíticas. Es una confusión entre los síntomas aparentes y las causas reales ocultas por las ideologías y por la idealización del pasado. No es una casualidad que en la historia reciente se haya desatado un ataque contra la racionalidad, en todos los planos del pensamiento, la política y la cultura.

Mientras esto sucede, en Colombia vivimos un gobierno que lejos de prepararse para las convulsiones previsibles, hace todo lo posible para que las consecuencias sean peores de lo que se anticipa. La política exterior, si es que hay una, se rige por los espasmos del gobernante, por slogans recocidos sacados de un mundo que ya no existe y sin que se pongan en manos de expertos el acopio de la información, la reflexión y los instrumentos para actuar. Como tantas veces en la historia, al país le llegarán los temblores de la gran crisis y lo encontrarán, como siempre, con los calzones abajo.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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