
El Catatumbo: desorganización social y violencia
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De territorio mítico a enclave de violencia: el Catatumbo resume medio siglo de errores acumulados.
Olson, Garcíaherreros y Abodaikadura
Hará 57 años estos tres nombres sonaron para colombianos y venezolanos. Bruce Olson comenzó, por allá en el año 1961, su misión con los indígenas Barí, popularmente motilones. Llegó por Venezuela a las estribaciones del cerro de Bobalí con la idea de evangelizar a los indígenas que resistían todo esfuerzo de contacto y asimilación, en una especie de último reducto frente a la colonización desde la llegada de los españoles.
El sacerdote eudista Rafael Garcíaherreros, recordado por el Minuto de Dios, había mostrado interés, desde los años treinta, en la evangelización de los aparentemente irreductibles, pero sus superiores no autorizaron el intento. No fue hasta 1963, cuando la Iglesia Católica, siempre celosa de la homogeneidad religiosa de los colombianos, autorizó al cura nortesantandereano para oponer una contraofensiva evangelizadora a los avances protestantes de Olson.
Abodaikadura fue el nombre del cacique popularizado por los medios a raíz del encuentro con Garcíaherreros y el origen del apodo que se extendió por Cúcuta para los jóvenes que no tuvieran un peluquero a la moda.
Hasta esos momentos de la historia, los motilones fueron un mito para los cucuteños. En la estación del ferrocarril de la ciudad, los sábados de la llegada de los obreros petroleros para pasar el fin de semana, una multitud de mujeres, las legítimas, las ilegítimas y “las otras”, esperaban en el andén: las dos primeras para asegurar el salario familiar y las terceras para enseñarles como gastárselo en una noche. De vez en cuando, bajaban en camillas obreros heridos por las “paletillas” (flechas) motilonas y se reforzaba el sentimiento de frontera de la civilización que reinaba en Cúcuta.
El encuentro de dos mundos
Contra las posibilidades de ampliar la frontera agrícola del departamento Norte de Santander, conspiraba el peligro de los ataques motilones. No fue la única causa del aplazamiento de las migraciones al Catatumbo, pero si pesó mucho contra la idea de tener una parcela aislada en las cercanías de Tibú, el enclave petrolero con aires de misterio que explotaba la COLPET (Colombian Petroleum Company)
Removido el obstáculo del peligro motilón, las colonizaciones contenidas entraron en la misma dinámica poblacional del Caquetá, el Putumayo, el piedemomte llanero. El Urabá y el Magdalena Medio. En Colombia, aún las colonizaciones promovidas por la Caja Agraria en los años 50s y 60s, se tornaron incontroladas. La desorganización social tiene su origen en el desorden mismo del proceso de poblamiento, semejante al ¡sálvese quien pueda! propiciado por la ausencia del Estado. Sobra decir que el daño ambiental fue pavoroso. La montaña deforestada muestra hoy zonas completamente desertizadas por las manos de los colonos.
Coca, frontera, guerrilla y paramilitares
Treinta años después, en 1994, la Consejería Presidencial para la Defensa y la Seguridad Nacional hizo llegar un informe sobre la existencia de 350 hectáreas sembradas de coca en el Catatumbo a la oficina del “Zar” Antinarcóticos. El informe se desestimó. ¿Qué eran 350 hectáreas frente a las decenas de miles que se enfrentaban en el país? El criterio de la Consejería era contrario: 350 hectáreas eran erradicables y se podía prevenir la reproducción del cultivo con una acción fuerte de control. Pero en el dilema de las cifras se perdió la oportunidad de intentar el freno (Es probable que el Estado, como de costumbre, no hubiera revertido la tendencia)
Cuatro años después, en 1999, se contaban cerca de 12.000 hectáreas sembradas de coca. Para ese entonces, hacían presencia en el Catatumbo el ELN y el EPL (desde los años setenta) y el Frente 33 de las FARC, establecido desde 1980. La disputa se profundizó en ese año de 1999 con la llegada de los paramilitares que comandaba Mancuso. Estos constaban de tres estructuras: el bloque Catatumbo, el frente Héctor Julio Peinado y el frente Resistencia Motilona del Bloque Norte. Muy pronto coparon el territorio y las FARC se replegaron hacia el cerro de Bobalí todavía selvático. El ELN y el EPL se replegaron hacia el occidente y el sur de la región durante los cinco años siguientes. Las áreas de coca crecieron exponencialmente y la presencia paramilitar se caracterizó por masacres y opresión permanente de la población.
En esta historia hay un factor decisivo para el crecimiento de los cultivos ilegales. La frontera con Venezuela es porosa: está definida por líneas geodésicas en la llanura que rodea por el occidente al lago de Maracaibo. Hasta la mitad de la segunda década del siglo sirvió para proveer y estimular la producción de cocaína. Las ventajas comparativas que ofrecía eran: insumos para la producción de la base de coca, a saber, gasolina a precios subsidiados en Venezuela, casi gratuita, y cemento más barato que el colombiano (necesario para complementar la cal que se produce artesanalmente en el campo nortesantandereano) Además, Venezuela estaba abierta para para el acceso al aparato financiero. El lavado de dólares era muy fácil y la salida de la cocaína totalmente impune.
Este panorama de facilidades ha variado. Venezuela pasó a tener escasez de gasolina, pero eso no ha debilitado el potencial cocainero del Catatumbo: solo lo encareció sin quitarle competitividad. Hoy constituye, todavía, el trasfondo de las disputas por el control del territorio y de la población.
La crisis social de 2025
En enero de 2025, el asesinato de una familia en Tibú, fue atribuido por el ELN al Frente 33 de las disidencias de las FARC. El incidente desató una escalada del ELN en sus acciones armadas contra el frente mencionado. Las tensiones acumuladas de la competencia por el dominio territorial explotaron y se dispararon por todo el territorio del Catatumbo. La población siempre atrapada entre los bandos que les exigen lealtad exclusiva, fue la víctima más afectada: masacres y asesinatos selectivos se multiplicaron. Las líneas poco definidas que separaban a los contendores se borraron y provocaron una emigración de tamaño considerable. Oficialmente se habla de 80.000 desplazados, pero muchas entidades, especialmente la Defensoría del Pueblo, llevan la cifra a 110.000 desplazados.
La ciudad de Cúcuta, ya bastante afectada por la inmigración venezolana, ha sido la más afectada con los desplazamientos, seguida por Ocaña. Los efectos se proyectan hasta Santander y su capital, Bucaramanga y al departamento vecino del Cesar. En casi un año se ha avanzado poco en la solución del problema y hoy la tensión continúa. Las Fuerzas Militares y la Policía no logran el control efectivo del territorio y la crisis se siente con fuerza entre la población que ha permanecido en el Catatumbo. El confinamiento en los hogares se ha hecho normal para estos habitantes. Las afectaciones económicas y la restricción de los servicios de salud y educación, los golpean con fuerza.

El papel de Venezuela
El papel de Venezuela no puede dejar de mencionarse. Venezuela es parte interesada por la participación del gobierno venezolano en los negocios ilegales y por el papel de territorio de refugio para los grupos armados colombianos, especialmente del ELN, una organización que hoy es más venezolana que colombiana y que cumple funciones políticas y económicas en ese país. El ELN ha replicado en áreas auríferas de Venezuela, el modelo de explotación del oro en el bajo Cauca colombiano y en lo político funge como fuerza de control de la población, función que ejecuta en favor del régimen. Más todavía, se le atribuyen funciones de defensa externa en la frontera con Colombia. En los momentos actuales, dada la situación singular del gobierno venezolano a partir de la detención y extracción del presidente Maduro, la norma ha sido guardar silencio sobre el status de esa, otrora, guerrilla colombiana.
Los intereses implicados en el Catatumbo son muy grandes y no siempre hay claridad sobre los mismos, pero una cosa es cierta: los límites que marca el conflicto entre tres actores ilegales colombianos, conspiran contra el modelo de Paz Total propugnado por gobierno actual de Colombia. En la situación actual, sin claridad sobre el destino del gobierno venezolano, es muy difícil formular interpretaciones sobre el papel que puede jugar Venezuela en la solución del conflicto en el Catatumbo.
El desastre ecológico
El desastre ecológico del Catatumbo es monumental. En primer lugar, la desforestación para facilitar el cultivo de la coca y la extracción de madera en volúmenes muy grandes, han transformado el paisaje de la región. El sistema hídrico ha sido reducido y el río Catatumbo tiene épocas de sequía prolongadas. En el pasado, el Catatumbo fue un río navegable que fungió como vía para el comercio cucuteño orientado al exterior por la vía de Maracaibo. De eso solamente queda el recuerdo. La erosión hace cada vez más difícil la agricultura y hasta el mismo cultivo de la coca comienza a sentir los efectos. Lo mismo pasa con la ganadería.
Los impactos negativos de la transformación del territorio se proyectan también a Venezuela. Sería interesante saber si hay estudios en ese país sobre la sanidad ambiental del Lago de Maracaibo. Cabe esperar que los grados de salinidad hayan aumentado en las aguas, en un proceso similar al acaecido en Colombia con la Ciénaga Grande del Magdalena.
La pequeña cuenca fluvial conformada por los ríos Zulia, Sardinata y Catatumbo, es más importante para Venezuela que para la propia Colombia. En un futuro que ya no se ve tan lejano, el desastre de la región puede convertirse en fuente de conflictos. Ojalá la crisis social de hoy estimule el estudio de las consecuencias a lado y lado de la frontera. La producción agropecuaria del Zulia occidental, es importante en Venezuela y está en peligro. La situación aflictiva abre oportunidades por aprovechar.
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Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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