La lógica de las masacres en los Montes de María | Columna Armando Mercado

La lógica de las masacres en los Montes de María

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La semana pasada se cumplieron 25 años de la que es considera por muchos como la peor masacre cometida en el contexto del conflicto armado contemporáneo en Colombia. En la masacre de El Salado perpetrada por grupos paramilitares entre el 16 y el 22 de febrero del 2000 murieron aproximadamente 60 personas, además de cometerse múltiples actos de tortura, violencia sexual y el desplazamiento masivo de casi toda la zona baja de El Carmen de Bolívar.

En esta columna no vamos a profundizar en su historia, los victimarios o las víctimas, pues sobre esto existen valiosos informes del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), investigaciones académicas, reportajes periodísticos y sentencias judiciales que dan cuenta de lo que ocurrió. En esta columna vamos a tratar de comprender un poco la lógica detrás de las masacres cometidas por los grupos paramilitares en la región de los Montes de María entre 1997 y 2005.

Tanto guerrillas como paramilitares cometieron en esta región asesinatos selectivos, secuestros, amenazas, masacres, desplazamientos, violencia sexual entre otros repertorios de violencia. Lo que varía entre ambos grupos es la predilección por ciertos repertorios y su frecuencia. Las FARC-EP, ELN y ERP por ejemplo cometieron muchísimos secuestros, mientras que los paramilitares no tantos. Por el contrario, los paramilitares del Bloque Montes de María de las AUC cometieron muchísimas masacres, mientras que las guerrillas cometieron muchísimas menos. 

Según los planteamientos del politólogo Stathis Kalyvas en su obra La lógica de violencia en las guerras civiles, el tipo de violencia letal (como las masacres) que ejercer un actor armado contra la población civil en contextos de guerra interna, varía dependiendo el grado de control territorial que tenga dicho actor. Si el actor armado tiene un control hegemónico o casi hegemónico sobre un territorio, tendrá pocos incentivos para ejercer violencia letal contra la población de dicho territorio, puesto que la conoce, tiene un fuerte control social sobre esta y le obedecen la mayor parte del tiempo, y en los casos en los que le toque ejercer violencia letal aplicará violencia selectiva (con nombre y apellido de la víctima en específico) puesto que tiene suficiente información sobre la zona. 

Por el contrario, si el actor armado no tiene el control hegemónico de un territorio, no le es tan fácil ejercer violencia selectiva contra la población, puesto que no tiene información confiable sobre la zona, por lo que, en caso de necesitar ejercer violencia letal, esta no será tan selectiva, sino más bien colectiva o indiscriminada (no tanto con nombre y apellido de la víctima en específico, sino contra grupos/poblaciones enteras).  

Los paramilitares se hicieron con el control casi hegemónico de las zonas más costeras y planas de los Montes de María (San Onofre, María La Baja) y las zonas ribereñas al rio Magdalena (Zambrano, Córdoba Teton). Por el contrario, nunca lograron convertirse en un actor hegemónico en las áreas rurales de los municipios de las zonas más montañosas de los Montes de María (El Carmen de Bolívar, Ovejas), donde las guerrillas, especialmente de las FARC-EP siguieron manteniendo un fuerte control hegemónico de las zonas rurales de estos municipios. 

Aplicando los planteamientos de Stathis Kalyvas, esto explicaría porque la mayor parte de las masacres y la mayor parte de las víctimas de masacres, cometidas por los grupos paramilitares -como la masacre de El Salado- se concentraron en El Carmen de Bolívar y Ovejas, municipios cuyas zonas rurales los paramilitares no controlaban y dónde el actor hegemónico seguía siendo la guerrilla. Al no controlar la zona los paramilitares recurrieron a una estrategia de tierra arrasada cometiendo masacres en contra de la población civil en general, considerando a la casi totalidad de los habitantes de veredas y corregimientos como auxiliadores de la guerrilla o base social de esta. Esto produjo el desplazamiento masivo de miles de campesinos y el abandono de miles de hectáreas de tierra. 

Retomando los planteamientos de la politóloga Abbey Steele en su obra Democracia y desplazamiento durante la guerra civil colombiana, podríamos afirmar que los paramilitares convirtieron a buena parte de los pobladores del área rural del municipio de El Carmen de Bolívar, en lo que la autora denomina como un colletive targeting o un blanco militar colectivo, por ende, las masacres y los consecuentes desplazamientos masivos produjeron la limpieza política de supuestos colaboradores de la guerrilla. 

Aunque existe un importante avance en el esclarecimiento judicial de los hechos, principalmente por las confesiones de los exparamilitares y algunas acciones disciplinarias en contra de integrantes de la Fuerza Pública, todavía falta por establecer con una mayor profundidad el rol que jugaron elites políticas, económicas y agentes de la Fuerza Pública en la planeación y ejecución de la masacre de El Salado. Tampoco se nos debería olvidar que – pese a su magnitud – la masacre del El Salado del 2000 fue solo una de las aproximadamente 71 masacres cometidas por grupos paramilitares entre 1997 y 2005 en los Montes de María. 

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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