
Las filas totalitarias
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En esta semana que termina, la televisión mundial llevó al mundo la imagen del matrimonio entre el espectáculo y la ideología. Bien conocida es la relación estrecha entre los regímenes autoritarios (y más si llegan al extremo de totalitarios) y los desfiles marciales llevados al límite de la perfección en materia de alineación geométrica y sincronización de los movimientos. Las tropas formadas reproducen el pensamiento único que se impone a una sociedad.
El espectáculo chino fue formidable en materia de perfección marcial, En el pasado se tuvo ya la imagen de los desfles hitlerianos y de los stalinianos. Pero tanta uniformidad y precisión no se había alcanzado en la historia. Debe reconocerse también la elegancia del espectáculo. Allí no cupo detalle alguno que estuviera fuera de lugar en una disposición sobria de los destacamentos.
Pero hay una realidad que no se escapa: el desfile no fue una remenbranza patriótica de 1945. Fue un anuncio. El anuncio de un poder que ya no necesita de la discreción para presentarse ante el mundo. Trae a la memoria el ¡Lafayette, aquí estamos! de 1917, cuando los Estados Unidos le anunciaron al mundo su presencia definitiva y la entidad de su poder.
Los efectos del reacomodamiento geopolítico fueron puestos a la vista. Estados que no han resuelto sus diferencias con China aparecieron en primer plano junto al anfitrión. La presencia más sorprendente fue la de la India, que si bien es miembro del grupo de Shanghai, fue con su propio jefe de gobierno puesto en primer plano. China es el rival en el Indo-Pacífico, pero ante el repliegue de los Estados Unidos, la consistencia del AUKUS se devalúa. No es que las distancias se hayan salvado: se trata de hablar con el que les ofrece diálogo y para eso se diluyen los problemas fronterizos que desde 1962 pesan en el alma india y la alianza china con Pakistán. Como diría un colombiano, la política es dinámica.
En el cuadro que dibuja el espectáculo del desfile pekinés, hay un actor importante puesto en una situación dramática: es el Japón, atrapado entre el avance chino y el repliegue americano. El dilema japonés no es nuevo. Hace 20 años ya se discutía en medios públicos de Tokio si el Japón, por no ser una potencia atómica, podría ser considerado por los Estados Unidos como un aliado indispensable. La tesis del momento planteaba una duda sobre si los Estados Unidos estarían dispuestos a ir a la guerra nuclear por defender a un Japón que no estaría en capacidad de aportar disuasión creíble en la situación contraria.
El dilema solo se salva si el Japón da el paso al club nuclear, decisión complejísíma para una sociedad que ha tenido el rechazo del arma atómica como un emblema moral casi que irrenunciable. La situación se complica por el hecho de estar no solo enfrentados a la China, sino tambien a Rusia por el reclamo japonés a la ocupación rusa de las islas Kuriles desde el fin de la segunda guerra mundial y a una Corea del Norte hostil y con armamento atómico. La posición japonesa se parece, en términos geográficos, a la de Corea del Sur. Uno y otro país están frente a la soledad territorial.
Ahora bien, la estrategia china ha sido de cautela y pragmatismo ante los vecinos y los socios. Una vez proyectada al más alto nivel del poder global ¿perdurará en esta actitud? La respuesta que da la historia depende de si se conforma un mundo multipolar o si se llega a una nueva bipolaridad. En el primero de los casos podría aplicarse aquel apunte de Luis XIV que reza: ¡al aumentar el poder, es necesario redoblar la gracia! Pero en el segundo caso, la competencia obliga a esgrimir los instrumentos duros del poder, tal como sucedió en la guerra fría del siglo pasado.
Especular sobre una foto recuerda las prácticas del PRI mexicano y de los partidos comunistas: ¡el que se mueve, no sale en la foto! Es posible que se muevan los vecinos de la China en el Mar Meridional y el candidato obvio para acompañar a Filipinas sería Vietnam. Todo depende la estrategia que elijan los Estados Unidos y sus aliados, En este escenario de repliegue, la India seguramente maniobraría en la dirección de obtener una garantía china de seguridad para salvaguardar sus intereses en el Indico y sus accesos a las rutas más importantes del comercio mundial.
Por el momento la sensación dominante es la del lanzamiento de China al estrellato, por una parte, y por otra la incertidumbre que ha dejado florecer la política actual del gobierno norteamericano. Desde el mirador excéntrico que es Iberoamérica, sólo nos queda el escalofrío de saber que no contamos para nada.
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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