El caso de Rocío San Miguel - Razón Pública

El caso de Rocío San Miguel

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Sobrecoge el silencio sobre la prisión injusta de Rocío San Miguel en Venezuela. No es sólo el silencio oficial, apenas esperable, de un régimen ominoso que se niega a tratar la farsa de las acusaciones que inventó, sino el silencio de los medios de la comunicación, de los partidos democráticos y de las organizaciones de la sociedad civil en la vecindad regional, y de los organismos multilaterales hemisféricos cuyos cometidos incluyen la defensa de los derechos humanos.

El vértigo contemporáneo de las noticias lleva la humanidad a mundos demenciales. En febrero, marzo y abril de 2022 “hubo” una guerra en Ucrania. Hoy apenas aparece de vez en cuando en los medios. La tragedia de Gaza se perfila como una noticia más ante la indiferencia del mundo. Pronto el cambio climático será puesto en el olvido, mientras la humanidad asiste a su propio final como si fuera un concierto más de la banda de rock que se encuentre en la delantera de los “likes”.

Rocío San Miguel le apostó al sueño de una sociedad civil que controla al Estado, así como el Estado controla a la sociedad. El juego virtuoso de las democracias fue demasiado para un régimen que no sólo se destaca por su desprecio para los derechos humanos, sino que lo hace con una tosquedad ajena al mínimo de buenas maneras que se espera de quienes pretenden maquillar sus arbitrariedades. Acusar a Rocío San Miguel de conspirar para asesinar, es una enormidad no sólo falsa, sino de un mal gusto que asquea.

Control Ciudadano fue la organización no gubernamental que fundó Rocío para informar con honestidad y competencia profesional sobre el sector de defensa y seguridad venezolano. Gracias a su labor se supo de despilfarros y desfalcos, de contratos no cumplidos, pero debidamente pagados, de incompetencias e ineficiencias, de decisiones equivocadas, de injusticias y de mentiras. Lo publicado era comprobado y el lenguaje de un rigor profesional que siempre se cuidó de evadir las arenas movedizas de la emocionalidad y la descalificación. Se presentaban los hechos y las sustentaciones. Leer el boletín de Control Ciudadano es una lección de objetividad y honradez.

¿Pero qué significan estas virtudes para autócratas como Maduro, Cabello y los hermanitos Rodríguez? Asustan las izquierdas latinoamericanas degeneradas en populismos fascistoides. Izquierda que tiene por profeta de su reino a un autor que funda sus tesis en el pensamiento ahistórico de Foucault y el reaccionario de Carl Schmitt (mejores, eso sí, que su pretendido discípulo, Toni Negri) Si el faro que señala el futuro es Daniel Ortega “y el sol rojo que alumbra nuestros corazones” es Maduro, no hay tierra a la vista para la inteligencia.

Para volver al caso de Rocío San Miguel, lo que asusta es el silencio. Del gobierno español, y Rocío es nacional del Reino de España, no se sabe mayor cosa. De las organizaciones de derechos humanos, de las cuales Rocío fue luchadora destacada, tampoco se oye mucho. El régimen dictatorial ha impedido el acceso a la prisionera y solamente hay noticias fragmentarias de sus condiciones de vida en el ahora temible Helicoide de Caracas.

Ya es hora de remover el caso. Ventilarlo e incluirlo en la agenda de los derechos humanos, es el mínimo que se espera de las conciencias democráticas. En generaciones anteriores los intelectuales fueron “perros guardianes” de la justicia y de las instituciones democráticas. Zola en el caso Dreyfus, marcó el camino. Paul Nizan les dio sentido. Sartre llevó el banderín hasta el descarrilamiento. Goytisolo fue el “último mohicano” en su denuncia contra las atrocidades de la guerra de los Balcanes. Hoy, esa tradición languidece. Pero por aquello de poner las barbas en remojo, es hora de revivirla. Alguna reserva debe haber en pie para empezar de nuevo las cruzadas de la verdad.

El peligro es evidente. No se trata solamente de ser solidario con una persona ejemplar como defensora y sostenedora de derechos y libertades. Se trata de nosotros mismos. Se trata de los colombianos que podemos vernos en situaciones similares si la sociedad, fragmentada y silenciada no reacciona. Se trata de defender la dignidad y de resistir la disolución del individuo en el colectivismo fascista.

El primer paso debe ser la difusión de la historia. Si las redes sociales sirven para mentir y engañar, asimismo deben servir para lo contrario. Es urgente hacerlo, porque un régimen que le apuesta todo a la represión violenta, es un régimen que no tiene contención para el desafuero. El miedo que sienten pretenden paliarlo con una arrogancia impostada que justifica la represión. Olvidan esos personajes que gobernar por medio del terror tiene una vulnerabilidad muy grande. Cuando los pueblos pierden el miedo y expresan su oposición a despecho del mismo, el fin de las dictaduras está cantado. Si no lo creen, deben mirarse en el espejo del Sha de Irán y en el de los militares argentinos, para poner dos ejemplos al alcance de la mano.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Armando Borrero

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Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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