
Ucrania: teoría y práctica de la guerra
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Se siente un placer, un tanto extraño, porque no es el placer hedonista que busca evitar el dolor, cuando en el trabajo académico se encuentra una coincidencia entre la teoría, muchas veces repasada, y un fenómeno que cobra explicaciones como si fueran calcadas del texto soporífero que las contiene. Más satisfactorio si ese texto tiene una distancia temporal apreciable respecto del fenómeno estudiado, porque la califica como enunciado válido y perdurable.
La reflexión viene de observar el transcurso de la guerra de Ucrania a través de las proposiciones de Carl von Clausewitz, hoy sacado del olvido al que se quiso someter su obra. La Nota de 1827, especie de memorando para afrontar la revisión del libro primero de su obra cumbre, parece escrita para entender los sucesos de la guerra desde cuando el dictador ruso lanzó sus fuerzas sobre el vecino con la convicción de lograr el objetivo en dos semanas, convertidas hoy en 3 años y medio. La decisión de la guerra es racional, pero racional no significa que esté libre del error: la mala evaluación de la realidad, el pensar con el deseo, la ambición que nubla el juicio, puede llevar al desastre.
En la Nota de 1827, Clausewitz introduce la diferencia entre guerras de inhabilitación y guerras de ventaja. Uno de sus mejores críticos, Hans Dolbrück, les da mayor precisión a los conceptos al conferir para la primera, de inhabilitación, la estrategia de derrocamiento y para la segunda, de ventajas, la estrategia del agotamiento. La primera busca imponer, la segunda negociar con ventajas.
Putin se decidió por la estrategia de derrocamiento: un esfuerzo enérgico en un solo sentido, dirigido al focus del poder para obtenerlo todo. En dos semanas esperaba cerrar con éxito el conflicto. Pero aquí surge el problema de la libertad del otro. No calibró la posibilidad de una resistencia a ultranza de los ucranianos, ni la calidad de los medios que utilizaron. Pronto, empantanado, debió recular y recurrir a la otra estrategia propuesta por Clausewitz, la del agotamiento, la de buscar en la ocupación de unas provincias fronterizas las ventajas para negociar.
La renuncia al derrocamiento no es, sin embargo, inocente. Significa reducir las expectativas, cambiar el objetivo de una captura total, por unas ventajas menos ambiciosas para negociar. En ese punto, tanto la moral del pueblo, como la de los combatientes, sufre. De modo necesario, el sentimiento hostil de la población, otro concepto clausewitziano, ya no satisface totalmente a la intención hostil del dirigente político. La guerra de agotamiento, si se estanca, agota también al agresor. El desgaste subsecuente afecta a los contendores y la guerra así planteada lleva a ver el camino de la paz en una perspectiva diferente.
En esta segunda fase, se produce lo que Clausewitz describe en metáforas poco frecuentes en sus escritos. Escribe en su Nota: ”… mientras tanto la guerra se arrastra lentamente, como un hombre desfallecido y hambriento.” El cansancio se manifiesta con fuerza en los dos bandos y el factor moral cobra más importancia. Así puesto el problema ¿qué sigue para la guerra ruso-ucraniana?
El defensor hace honor a otra formulación de Clausewitz: “la defensa es la forma más fuerte de la guerra.” Ucrania puede permanecer a la defensiva, como ha estado la mayor parte del tiempo y apostar al cansancio y el desgaste del agresor. Tiene una postura difícil, si se tiene en cuenta que la resistencia depende de apoyos internacionales que han demostrado cierta inestabilidad para mantenerse intactos hasta el final, pero ese tema merece tratamiento aparte.
Las dos partes de la contienda están puestas en la misma gama de la estrategia de agotamiento. Cada lado juega a negociar cuando el oponente demuestre fallas en su voluntad de combatir hasta alcanzar una decisión militar, o hasta cuando uno de los bandos alcance una suma de ventajas que permita doblar el brazo del contendor.
En principio Rusia puede movilizar más recursos materiales para la guerra. Ucrania se ha revelado como una sociedad recursiva e imaginativa para resistir. Pero depende del exterior para el grueso de los suministros bélicos. Esas voluntades tienen sus propios intereses y su solidez depende de cómo se perciban ante la amenaza rusa. Es fácil ver a un bloque báltico muy sólido y a una Europa Central con contradicciones notorias. Rusia tiene lastres. La posición china es interesada por causa de los suministros rusos de gas y petróleo, pero no es sólida porque sus intereses, van primero.
La sociedad rusa es otra variable para tener en cuenta. Su debilidad económica y demográfica puede llevar a desfallecimientos en los apoyos sociales. De hecho, una buena parte de la juventud ha mostrado grietas en su voluntad de hacer parte de las fuerzas armadas: hay una tasa alta de emigración y el régimen carga la mano sobre las poblaciones menos urbanizadas y modernizadas. Acudir al recurso de las tropas norcoreanas es una muestra de debilidad. Ucrania tiene limitaciones en reclutamiento. El futuro inmediato dará pistas.
Acerca del autor
Armando Borrero
Cofundador de Razón Pública.
Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.
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