SEGURIDAD HUMANA Y PAZ TOTAL | Armando Borrero

SEGURIDAD HUMANA Y PAZ TOTAL

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El gobierno actual definió la política de seguridad nacional con un concepto guía principal que la informa: el concepto de seguridad humana. En materia de búsqueda de la paz, el gobierno propuso la idea de la Paz Total. Una y otra política, están relacionadas de manera íntima. El concepto de seguridad humana establece las metas por alcanzar y la paz total los procedimientos para llegar a un entendimiento con los grupos armados y eliminar la violencia como método para alcanzar reivindicaciones políticas, económicas y sociales.

El concepto de seguridad humana comenzó sus andares en las últimas décadas del siglo pasado y tiene tanto raíces teóricas hincadas en la reflexión filosófica, como en las ciencias sociales. Implica una ampliación del inventario de las violencias. Estas no serán solamente las que impliquen laceración, herida y muerte por aplicación física de fuerza material, sino un conjunto variado de factores causantes de sufrimiento físico y moral. Más allá de las armas, otros factores y situaciones de constreñimiento en los campos del derecho a bienes materiales y a situaciones de ejercicio de libertades y promoción y defensa de la dignidad humana, han entrado a formar parte del inventario de lo que se concibe como seguridad.

Dos problemas serios se presentan en el andar del concepto de seguridad humana, tanto como concepto del acervo teórico de las ciencias sociales, como en su utilidad para definir lo que significa la paz. En el campo metodológico, los conceptos amplios, los que abarcan una gran variedad de áreas problemáticas y de disciplinas de estudio, son conceptos con una capacidad analítica débil. Los conceptos sirven para acotar los problemas de investigación científica o de reflexión filosófica, es decir delimitarlos para su estudio, comprensión e inclusión en un acervo de conocimientos. Un concepto es una palabra más su definición. Significado y límites lo hacen una herramienta de análisis.

El concepto de seguridad humana invade muchas áreas disciplinares ya establecidas, algunas de muy larga tradición. Se mete en campos de la economía, por ejemplo, en el campo de la lucha contra la pobreza o en el análisis de los factores de productividad, para mencionar sólo dos. Se mete en campos de la política social y en el cuerpo conceptual del derecho. Invade campos de la filosofía, especialmente de la ética y de la moral. En fin, es un concepto que mucho abarca y, por lo tanto, poco aprieta.

En segundo lugar, el concepto de seguridad humana complica la definición y extiende los alcances de lo que se entiende como paz. La paz siempre se concibió como la ausencia de la fuerza física aplicada, como el callar de las armas, como el fin de los enfrentamientos violentos llevados a cabo para alcanzar fines determinados. Era una definición que facilitaba la fijación objetiva de una situación política. Los cañones humeantes por el último disparo, implicaban el paso de lo polemial a lo agonal, vale decir de la búsqueda de unos fines por medio de las armas, al campo de la misma búsqueda por medios de debates, transacciones y acuerdos. El concepto era claro para establecer objetivamente la calidad del enfrentamiento: guerra o paz.

El concepto de seguridad humana le abre la puerta a la subjetividad. Esta apertura es bastante problemática en los conflictos internos. En los enfrentamientos interestatales la geopolítica manda la parada. En los internos puede presentarse tal variedad de factores que a veces se llega a la confusión total. Callan las armas, pero subsisten desigualdades económicas y sociales o de participación diferencial en política que lleva a desbalances de poder o a consideraciones de tipo moral; dignidad, reconocimiento, presencias simbólicas, etc. Las partes establecen la definición de la paz por la medida de sus pretensiones subjetivas. ¿la paz se determina por el índice de necesidades insatisfechas? Se puede llegar al absurdo en las pretensiones y a la negociación sin fin en la mesa.

La experiencia internacional muestra que los mejores acuerdos de paz en conflictos internos son aquellos que se centran en el campo de la política. Un buen ejemplo es el llamado “del viernes santo” (se firmó el viernes santo de 1998) que selló la paz en Irlanda del Norte. Los acuerdos apuntaron a la remoción de los obstáculos legales y materiales para el tráfico político: superar los impedimentos impuestos a la población católica para su participación en la política, para la igualdad de derechos y de acceso a la administración pública. Ahora serían los votos en condiciones justas y el debate parlamentario, los factores de resolución de problemas. El sector que se sentía atropellado por siglos de dominación y apartamiento alcanzó las condiciones igualitarias de competencia.

Otra cosa son los procesos de buscar lo que mordazmente denominó el presidente López, como “revolución por contrato”, es decir centrarse en la obtención de todos los objetivos del alzado en armas en la mesa de negociación. No se puede olvidar que la guerra es la política misma. Política es también su contraparte, la paz.

Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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