Jorge Mantilla

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Más que una victoria de la izquierda francesa, los resultados de la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias en Francia, fueron una derrota de la derecha global. Y fue así porque la mitología de la izquierda, sus verdaderas conquistas, se han cimentado en el arte de la resistencia. No pasarán, esa consigna de la batalla de Verdún (1916) durante la primera guerra mundial y posteriormente adoptada por la filas republicanas en la resistencia de Madrid  (1937) tras el levantamiento militar contra el orden constitucional en la guerra civil española, vuelve a resonar como desahogo ante el traspiés de lo que se esperaba fuera el avance definitivo de la extrema derecha en Europa.

Este desenlace electoral que sorprende y alivia evoca la vida y muerte del historiador March Bloch. El 16 de junio de 1944 Bloch fue ejecutado en París junto a otra treintena de “resistentes”. Habían transcurrido pocos días desde el desembarco de Normandía y los franceses seguían cayendo por decenas, fusilados por los nazis en París y en otras ciudades.  En su honor, hoy en el veinteavo barrio de París se puede encontrar la Plaza Marc Bloch con su respectiva placa conmemorativa.

Bloch, un medievalista consumado, fundó junto a otros historiadores como Lucien Febvre y posteriormente Fernand Braudel la Escuela de los Annales. Una postura historiográfica que buscaba centrar sus esfuerzos no en los grandes individuos sino en una “historia total” que pudiera narrar y entender los procesos sociales de larga duración. Es así, como en una de sus obras póstumas, se puede leer: «Extraño a todo formalismo confesional como a toda solidaridad pretendidamente racial, me he sentido, durante toda mi vida, ante todo y simplemente francés… Muero, como he vivido, un buen francés»

Y es que entre otras muchas cosas, quizás la más importante de las que estaban en juego era el significado y el estatus de ser Francés. De ser un buen francés como diría Bloch. No solamente por la agenda marcadamente xenófoba que desde hace años viene impulsando la extrema derecha francesa, con propuestas de deportación, de endurecimiento de controles migratorios, de blanqueamiento y eugenesia. También porque de fondo subyace el pasado colonial francés que hoy sigue vigente en el alma república.

La victoria de ayer es también la de los  “pied noirs” (pies negros), como se le denomina despectivamente a quienes provienen de las colonias francesas del norte de áfrica como Argelia, Túnez, o Marruecos; la de los migrantes que levantaron la banderas del movimiento los  “sin papeles” y se refugiaron en iglesias para no ser deportados; y de los jóvenes de los banlieues que expresaron su rabia contra la brutalidad policial y la marginalidad en las extensas jornadas del 2005.

Sin embargo, una vez pase la euforia y el alivio de ver la derrota de los neo fascistas, es importante que del ¡No pasarán! se transite rápidamente hacia nuevos consensos republicanos. Esta victoria del Nuevo Frente Popular en cabeza de Jean Luc Melenchón no hubiera sido posible sin los sectores del centro político y del Macronismo. Gobernar y hacerlo bien, implicara para la izquierda fabricar o mejor reconstituir y consolidar un nuevo cordón sanitario. Expresión con la que se ha conocido en Europa a las coaliciones de liberales, socialdemócratas e izquierdistas, para contener a la extrema derecha. Por ahora, aunque el cordón sanitario parece haber caído en las elecciones europeas, sigue vigente en Francia.

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Jorge Mantilla

*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Esta semana se definirán los octavos de final de la Eurocopa y el torneo empieza a ponerse mejor porque cada partido será definitivo para que las selecciones avancen a la siguiente fase o queden eliminadas. Detrás de las jugadas estelares, del gran nivel de fútbol que estamos viendo, que contrasta con el de la Copa América, y de la enorme industria del fútbol, hay una Euro más cruda que permanece a la expectativa del desenlace del momento que hoy vive el continente.

Se trata de la de los conflictos europeos, viejos y nuevos, que acechan en la puerta del sueño de la integración europea. El principal, acaso el menos evidente pero siempre presente, es el de la violencia. Según lo ha revelado el diario deportivo AS, la copa se juega en el marco de la amenaza yihadista en cabeza del Estado Islámico, que ha declarado objetivo militar a la copa y a tres estadios en particular: el de Berlín, el del Dortmund, y el de Múnich. Alemania es uno de los países mejor preparados en materia de seguridad y de respuestas ante el terrorismo. Ha desplegado más de 22.000 unidades de los servicios de seguridad para prevenir incidentes.

El domingo pasado, la policía tuvo que abatir a un hombre en el centro de Hamburgo, durante la previa al partido entre Polonia y Países Bajos. Versiones preliminares indican que el sujeto pretendía atacar a una multitud con una bomba incendiaria.

Pero la violencia que más parece preocupar a las autoridades alemanas no es la yihadista, sino la de extrema derecha. Los niveles son alarmantes. Durante el 2023 en ese país hubo cerca de 2.600 incidentes de violencia racista, xenófoba o antisemita, en un continente en donde las nuevas y viejas derechas galopan hacia el poder.

Todo esto se hace más complejo y evidente con la violencia social que encarnan las barras del fútbol, atravesadas por heridas de la historia nacional. Sólo en la primera semana la policía alemana ha tenido que atender batallas campales entre los ultras serbios y albaneses, en las que acabaron involucrados los ingleses. Quién más sino los ingleses. Un conflicto que data de 1878, cuando los albaneses fueron expulsados del recién creado Principado de Serbia. Una vez los Otomanos perdieron control de esos territorios, los serbios fueron tras los albaneses musulmanes.

De hecho, la selección Serbia ha amenazado con abandonar la Eurocopa por los cantos racistas, durante el partido Croacia vs Albania. En el minuto 59’, según la denuncia oficial interpuesta por Serbia, empezaron los canticos “maten, maten, ¡¡maten al serbio!!”. Todo ello recuerda las cruentas guerras de los Balcanes de la década de los 90, cuyas heridas aún permanecen abiertas.

Ni que hablar de los disturbios entre aficionados de Turquía y Georgia en el estadio del Dortmund, antes del arranque del partido. Georgia, que debuta en su primera participación en la historia por Eurocopa, fue reconocida por Turquía tras la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, nacionalistas turcos reclaman la región de Adjara y Batumi como parte de la Turquía Otomana.

También hay una violencia muda, pero más profunda. Esa que sufren los jugadores africanos nacionalizados europeos, en un panorama en el que el racismo aumenta en países como Francia o Bélgica. Ya lo dijo Mbappé, estrella francesa hija de migrantes africanos, ante la inminente llegada Le Pen y los ultranacionalistas al poder en Francia: “No quiero representar a un país que no representa nuestros valores”.

Para la próxima entrega de esta columna, ya sabremos las llaves de la semifinal, pero también los resultados de las elecciones anticipadas en Francia. Ahí podremos externos más a fondo en esa violencia migratoria que atraviesa a Europa, y por su puesto a la Eurocopa.

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Jorge Mantilla

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Me tomó más de tres décadas escribir esta carta. Aprovecho el día del padre -que se avecina o que ya pasó, qué importa- para saldar una cuenta pendiente, soltar el pasado y encarar lo que sea que venga con la tranquilidad que produce aceptar las cosas como son y no como quisiéramos que fueran. 

Dicen los expertos, que las heridas de la infancia nos marcan y determinan la estructura de nuestra personalidad. Que nos hacen como somos, a pesar de nuestros intentos por cambiar lo que somo o por parecer diferentes. Hay heridas del abandono, de la injusticia, de la humillación y del abuso. Estas heridas, dicen los expertos, condicionan la manera en cómo reaccionamos a los eventos que enfrentamos a lo largo de nuestras vidas. Cada una de estas heridas tiene su espejo que a la vez es su antípoda y su marca. Consisten en mecanismos de defensa o de navegación con los que, a pesar de no haber sanado, vamos por la vida gestionando nuestros vacíos. 

La mía es la herida de la insuficiencia, al menos así se ha sentido al largo de los años. Aún no sé cuál habrá sido la tuya, Papá. Me ha sido difícil llegar a esa conversación, no sé si lo haga. Sabes que soy una persona tímida, a veces callada. Las personas así somos torpes para expresar lo que sentimos o para pedir ayuda salvo cuando ya es demasiado tarde. Vivimos con el agua al cuello. 

 Últimamente me pregunto, más seguido que antes, que fue lo que te pudo haber pasado de niño que me ayude a entender lo que nos pasó a mi hermana y a mí de niños. Durante años te tuve más miedo que respeto. Recuerdo aún, con cada palmo de mi cuerpo, el terror que me producía escuchar la llave empalmar la cerradura, el volumen de tu voz acercándose por el pasillo, el golpe mudo. Quisiera entenderlo, pero ya no es necesario. 

Hoy sé que hiciste lo que pudiste con las herramientas que tenías a los dieciocho años. La paternidad adolescente te arrebató el sueño de ser abogado y te hizo madurar a las malas. A los golpes. Fuiste demasiadas cosas demasiado joven. Por eso, a pesar de la herida que me produjo haber crecido entre la violencia y la adicción, nunca pude odiarte. 

Es inevitable sentir culpa y vergüenza de exhibir esta herida. Cómo si la vida no fuera demasiado cruel con la gente, verdaderamente cruel, como para lamentarme de una infancia sin carencias materiales. Techo, comida, educación, vacaciones en el mar, lo tuve todo. Sin embargo, el reconocimiento que no encontré en tu figura, lo terminé buscando en lugares donde me fue imposible encontrarlo. Quise sentirme suficientemente en los aplausos ajenos, en las noches de fiesta sin fin, en las amistades de temporada. Siempre tropezando con las mismas piedras del “reino de los hambrientos”, como lo llama el budismo. 

Papá, la vida nos ha sido generosa en grandes proporciones, quizás más de lo que merecíamos. Nos permitió reencontrarnos como amigos, ver a nuestro equipo salir campeón aquella noche eterna, ir a lugares que atesoraré por siempre en mi corazón, escuchar las mismas canciones cada fin de año. Los ritos que nos hacen lo que somos.

Te perdono Papá, no tengo nada que reprocharte. Aún me es difícil llorar, pero ya me siento suficiente. No porque haya logrado lo que me propuse, o por ser la persona con la que soñaba ser hace una o dos décadas. Ya me siento suficiente, por lo contrario. Los años me enseñaron a renunciar a mis ambiciones, a desoír los cuentos que mi ego me echa sobre el mundo y sobre los demás. No puedo borrar el pasado, no puedo borrar lo que hiciste, no puedo borrar lo que hice. Todo ello me pertenece.

 Espero que vivamos el tiempo que nos queda juntos con calidez, con la ternura y el cariño que ambos merecíamos sólo por el hecho de ser niños. Mi fortuna, que la tienen pocos, es poder perdonarte en vida. Te quiero, Papá. Ya soy suficiente. 

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Al igual que los ríos tienden a retomar su cauce y desbordarse cuando éste ha sido alterado, la geografía tiende de desbordar los mapas y poner las cosas en su lugar.  En días pasados el mundo se enteró de que hay un lugar en el mundo llamado Nueva Caledonia. Un lugar remoto que está que arde. Cómo sucede con todos los pueblos y naciones olvidadas, lo que sucede en estos lugares no llegaría a los titulares internacionales si no fuese por alguna crisis, ola de violencia, o tragedia humanitaria que allí se desate.

Este es el caso de Nueva Caledonia, un conjunto de islas entre Australia y Nueva Zelanda, que, a pesar de la distancia, es colonia francesa. Un paraíso de cerca de un cuarto de millón de habitantes en medio del océano que hoy se encuentra ad-portas de una insurrección por el choque entre los anhelos de soberanía de los nativos, y los derechos adquiridos de los habitantes de origen europeo que con el tiempo se convertirán en mayoría demográfica y electoral.

Es el relato de las soberanías traslapadas que solo pueden ser explicadas por el colonialismo. Un mundo cuyos vestigios se niegan a perecer y cuyos beneficiarios y también directos responsables son Francia, el Reino Unidos y Estados Unidos. Los únicos Estados que se atribuyen, aún hoy, soberanías que no les pertenecen y legitimidades que les son disputadas. Es la historia de decenas de islas del caribe, de las Malvinas, de la polinesia entre otros.

El caso es fascinante desde el punto de vista de la crisis de la representatividad de la política contemporánea. Un pueblo que se levanta contra el colonialismo al mejor estilo de las guerras de liberación nacional de la segunda mitad del siglo XX. Pero que lo hace a partir de una reivindicación inusual. La de no expandir la democracia al principio de un ciudadano, un voto.

El episodio, que ha provocado la visita del presidente Macron a semejante lugar tan lejano, vuelve a abrir la cicatriz que ha provocado el colonialismo en la historia del tiempo presente. Una marca que se extiende bien al pensamiento político contemporáneo y que resume de una manera extraordinaria el médico y antropólogo francés Didier Fassin en su último libro Por una repolitización del mundo; las vidas descartables del siglo XXI”. Padecemos de instituciones que no logran instituir el mundo social ni mejorar la vida – o acaso mantenernos con vida- en un tiempo de profundo desencanto de la política.

El ejemplo clásico es Haití. Otra colonia francesa, en donde todas las fórmulas del mundo ilustrado para construir una sociedad funcional han fracasado. El ejemplo más dramático por supuesto es Gaza, otro lugar remoto al que no se debe ir y en el que los muertos se apilan por miles en calles y fosas comunes. El colonialismo tiene esa mala costumbre de regurgitar ácidamente sobre el orden internacional cada tantas década.

Para fortuna de los poderosos sus crímenes rara vez son juzgados. Así, cada vez que el colonialismo regurgita lo hace sacrificando las vidas descartables. La de los migrantes varados en las costas de Europa, las de los enfermos de VIH abandonados a su suerte en África, la de los desplazados por la contaminación ambiental de la India, la de los mendigos a los que recientemente una ley les ha prohibido mendigar Suecia. Que arda entonces Nueva Caledonia.

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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El profesor Ismael Peña debe irse de la rectoría de la Universidad Nacional de igual forma en la que llegó, por la puerta de atrás. Casi que, a escondidas, el profesor designado en el marco de una cuestionada sesión del Consejo Superior Universitario (CSU), usurpó una investidura que ni la comunidad universitaria, ni la ministra de educación le han otorgado.

Ante un notario y de manera irregular, el profesor Peña selló el talante de lo que será su rectoría, si el gobierno nacional no toma cartas en el asunto. Una rectoría de espaldas a la comunidad universitaria, carente de cualquier viso de legitimidad, y que llevará a la universidad más importante del país a una crisis de gobernabilidad en donde no habrá ganadores.

La decisión de llegar a la rectoría por la puerta de atrás demuestra de manera elocuente que Peña no está a la altura de la Institución que pretende dirigir. Si él y sus amigos, que lo llevaron a ganar una votación irregular donde se violó el principio de mayoría, creen que pueden resolver la situación a punta de notarios y policías para imponerle un rector a la Universidad Nacional están muy equivocados.

Los mensajes alusivos a la defensa de la institucionalidad que el profesor Peña ha difundido a través de los canales oficiales de la Universidad contrastan con la manera en la que él y sus amigos rompieron la institucionalidad que dicen defender. Su afán es tanto y su grandeza tan poca que ahora piden una intervención militar desconociendo el principio de autonomía universitaria.

La crisis que hoy vive la universidad es producto del desconocimiento de la voluntad y del irrespeto a los estamentos universitarios y a la naturaleza de la educación pública: deliberante y democrática. También de la falta de transparencia que no solamente rodea la elección del nuevo rector, sino actuaciones de la administración saliente como por ejemplo la presunta malversación de casi 50 mil millones de pesos para la construcción de la sede Tumaco, según información recopilada por la revista Cambio.

Un hecho elocuente son los comunicados de diferentes cuerpos colegiados de la Universidad, como el consejo de la Facultad de Ciencias Humanas, en el que desconoce la posesión del nuevo rector. Es probable que en los días siguientes se repliquen más pronunciamientos en este sentido. La Universidad son sus facultades, sus estamentos, sus escuelas y centros de investigación.

Además de elegirse y posesionarse como rector de manera ilegal, y de solicitar una intervención militar de la universidad por la puerta de atrás, dice mucho del profesor Peña su obstinación por usurpar un cargo de esta manera. Con sus actos, Peña ha llevado el irrespeto a la comunidad universitaria, y la indignidad de la Universidad a un punto de no retorno. Del anonimato, ha pasado a ser el protagonista y un directo responsable de la crisis de la universidad.

Sin embargo, el gobierno y propio presidente Petro tiene muchas velas en este entierro. No solamente le asiste la responsabilidad de haber dejado pasar las artimañas que llevaron a la elección irregular de Peña en la del CSU llevada a cabo el 21 de marzo. La impericia de sus representantes ante el Consejo, y la falta de rigor de la ministra de educación fueron evidentes.  Ahora, ante un paro que lleva más de un mes, el gobierno debe tomar decisiones que determinarán el futuro de su relación con el movimiento estudiantil durante los próximos dos años.

Dejar que el profesor Peña se imponga como rector de la Universidad, sería una bofetada difícil de superar para un sector que se ha declarado en desobediencia civil y que se rehúsa a semejante arbitrariedad. Si el presidente quiere darle lecciones al país sobre la importancia del poder constituyente, debería empezar por apoyar la constituyente universitaria y designar un rector encargado que brinde las garantías para que este proceso se lleve a cabo.

Para que esto sea posible es necesario que la violencia salga- también por la puerta de atrás- de la ecuación del movimiento estudiantil. Las tomas de edificios, los tropeles y los ataques contra trabajadores de la universidad, desvían la atención del verdadero centro del problema: la necesidad de un nuevo modelo de gobernanza universitaria para la educación superior pública en Colombia. Al repetir los errores y la ceguera de las antiguas generaciones, el uso de la violencia en el marco de las actuales movilizaciones estudiantiles favorece sólo a quienes han pretendido usurpar la rectoría de la universidad y lesionan la legitimidad de la constituyente universitaria.

El profesor Peña debería tener algo del decoro que el ex rector de la Universidad del Rosario, Alejandro Cheyne no tuvo. Solo los intereses personales y económicos explicarían la decisión de aferrarse a la que sin duda será la rectoría más vergonzosa de la historia de la Universidad Nacional.

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Jorge Mantilla

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Hay un mantra sagrado en cualquier tertulia de izquierda que se respete: correlación de fuerzas. Consiste, desde una perspectiva ortodoxa, en una ecuación de poder en la que los avances de la clase dominante- como se ha referido el presidente a quienes marcharon ayer- se traducen en una pérdida de poder o un retroceso para los sectores progresistas. El resultado de esa correlación determina -se supone- la estrategia a seguir para alcanzar los objetivos de las clases populares.

Las marchas de ayer marcan un punto de inflexión en la correlación de fuerzas. El presidente podrá decirse las mentiras que quiera: Que fueron pocos, que marcharon los gomelos, que salieron engañados. Los videos y las imágenes son incontrovertibles. Hay una parte del país que no lo apoya.

Las manifestaciones de ayer son un segundo campanazo que cuestiona duramente la gobernabilidad del presidente en los dos años largos que le quedan en el cargo. El primer campanazo fue el hundimiento de la reforma a la salud en el legislativo. En poco tiempo, las mayorías legislativas del presidente se le fueron como agua entre las manos. Fiel a su talante, prefirió quemar las naves y recorrer el camino tortuoso de los decretos y las intervenciones a las EPS.

A pesar de que las marchas sean capitalizadas por la derecha, dejan claro que el presidente no es el dueño del poder constituyente. Puede que quienes salieron ayer a marchar sean minoría, pero son una minoría principal.

De hecho, si uno pone en perspectiva las marchas con las encuestas recientes sobre la popularidad del gobierno quizás no son tan minoría. Mucha gente, incluso de izquierda, desaprueba el desempeño de este gobierno. Lo anterior debería llevar al gobierno a reflexionar sobre su baja ejecución, sobre los escándalos de corrupción que lo rodean y, sobre todo, sobre la idea de una constituyente.

¿Si no controla el poder legislativo ni el poder constituyente con quien pretende gobernar? ¿Basta con tener un gabinete disciplinado? La respuesta es no. Mucho menos para un gobierno donde importa más la lealtad que el mérito. ¿Qué significa eso para la correlación de fuerzas?

Significa que el presidente tiene dos caminos. Ceder y buscar nuevas mayorías legislativas, o construir a su alrededor una jaula de aplausos que le confirme cada día que todo lo que hace lo hace bien. La segunda, por supuesto, es la peor opción.

Lastimosamente el presidente cayó en la tentación de responder al descontento social convocando a una manifestación a su favor. Una reacción apresurada, innecesaria, y que llevará al país a un escenario sin salida. Ver quien saca más gente a la calle. Una versión de democracia callejera que en poco o nada contribuye a que la agenda de gobierno sea una agenda posible.

Ganar las elecciones presidenciales no es un cheque en blanco para gobernar a antojo. No es apropiado ni bueno graduar a sus contradictores de paramilitares. Si es cierto, como dicen sus alfiles, que en el progresismo hay espacio para la autocrítica, esta es la hora de hacerla. Ejecutar, cumplir el plan de desarrollo, dejar el sectarismo y abrir la posibilidad, en serio, de hacer un acuerdo nacional.

El momento actual requiere de sensatez y pragmatismo.  Si lo que se quiere es implementar el plan de desarrollo y seguir avanzando en la aprobación de las reformas prometidas, el presidente debe alejarse de Twitter y de los aduladores. El tiempo se agota y hay que implementar. Ya, no mañana

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Jorge Mantilla

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Hasta ahora el balance de la política más importante del gobierno Petro es más agrio que dulce. Lo resume bien el último informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Antes de la paz total, el país tenía siete conflictos armados, ahora tiene ocho. Adicionalmente, dice el CICR, la situación humanitaria en los territorios no ha cambiado sustancialmente.

Sumado a esto, todas las mesas de conversaciones de paz que abrió el gobierno nacional presentan dificultades considerables. Mientras que el ELN está empeñado en obstaculizar los diálogos de paz en Nariño, el EMC amenaza con recrudecer la violencia justo cuando su unidad interna tambalea. En cuanto a la paz urbana, los avances son mínimos y el enfrentamiento político entre el presidente y el congreso por la reforma a la salud, deja el marco normativo para negociar con el crimen organizado en el aire.

¿Qué hacer? La salida es simple y pragmática. Negociar con quien se pueda donde se pueda. Que sea una salida pragmática no significa que sea fácil. Implica, en primer lugar, avanzar en el formato de los diálogos regionales de paz sin importar el chantaje de grupos como el ELN. Lo que demuestran las tensiones internas del ELN y la eventual división del EMC es que estos grupos son grupos regionales y que haberles dado el estatus de grupos nacionales con una agenda política nacional y una propuesta de país, fue una ficción y un error.

En segundo lugar, implica solucionar la asimetría que la Paz Total provocó entre la agenda de paz y la agenda de seguridad. No se pueden desconocer los resultados en materia de incautaciones de cocaína, de lavado de activos, las acciones que ha emprendido la fuerza pública frente a fenómenos como la extorsión, o los resultados operativos en el marco de la reciente ofensiva contra el Clan del Golfo. Sin embargo, el gobierno no ha logrado articular dichos resultados a la política de paz total por lo que la percepción mayoritaria de la ciudadanía es que el orden público se ha deteriorado.

Para salvar la paz total el gobierno debe considerar el uso de todas las herramientas de política pública a su disposición. La negociación con quienes tengan voluntad real de dejar las armas y comprometerse con la transformación territorial y la sustitución de las economías ilícitas; el uso decidido de la fuerza con quienes estén empeñados en seguir violentando a las comunidades o en matar militares y policías; y la canalización de recursos y proyectos concretos hacía las regiones más afectadas por la violencia.

En tercer lugar, casi tan importante como negociar con quien se pueda donde se pueda, es cumplir lo que se acuerda donde se deba. Es decir, cumplirle a las comunidades, centrarse en la construcción de confianza y de legitimidad, y mejorar la calidad de vida de miles de personas en el Chocó, el pacífico nariñense, el Cauca, Putumayo o Catatumbo. Este es el papel central que están llamados a jugar los “ecosistemas de paz” en cada una de estas regiones y de aquellas que se prioricen en el corto y mediano plazo.

Los “ecosistemas de paz” son herramientas de articulación de proyectos de inversión de las diferentes entidades del estado a través del Departamento de Planeación Nacional DNP) para impulsar estrategias integrales en el territorio. A pesar de que no han estado en el centro del debate, hoy por hoy, junto a los Diálogos Regionales de Paz, son la mejor -y quizás la única- fórmula que tiene el gobierno para salvar la Paz Total.

En esta lógica de paz territorializada son fundamentales las organizaciones sociales, las juntas de acción comunal y el movimiento social al que el gobierno sabe movilizar. Por algo la participación de la sociedad civil está en el centro de los distintos procesos de paz que abrió el gobierno tanto con el ELN como con las disidencias del EMC.

¿Cómo hacerlo? A través de los “ecosistemas de paz” y en el marco de los diálogos regionales con quienes están verdaderamente interesados en negociar. La seguridad y la paz serán los temas centrales de la campaña presidencial que empezará más temprano que tarde. Los trinos diarios sobre resultados de la fuerza pública sobre reuniones de alto nivel en todo el país no son suficientes para salvar la política de paz total. Si el gobierno quiere ganar en esta agenda lo que ha perdido en otras deberá darle una vuelta de tuerca a la estrategia y volcarse a la implementación territorial de la paz desde ya.

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Todos somos inteligentes el día después. El dicho es cierto y aplica perfectamente para el drama de lo sucedido esta semana con la elección del rector de la Universidad Nacional. Décadas de lucha del movimiento estudiantil para construir y hacer respetar la democracia universitaria se fueron por la borda en una historia de no creer. Utilizando un esquema básico de teoría de juegos, el establecimiento le ganó una partida al gobierno y al movimiento estudiantil,  dejándolos en ridículo.

La historia sería de risa si no fuera por lo que representa. Los muchos años que el profesor Múnera ha dedicado a la defensa de la educación pública, los sacrificios que el movimiento estudiantil ha hecho. No valieron. Y lo obvio ¿si no era en este gobierno, cuándo? No se entiende, al menos para quienes estamos lejos del poder, que quienes hoy gobiernan, no hayan usado ese poder para hacer respetar la voluntad de todos los estamentos de la Universidad. Profesores, trabajadores y egresados quedaron viendo un  chispero.

No hay que ir muy lejos. Fue el gobierno, con su idealismo y su arrogancia característica quien le dio la espalda a la Universidad Nacional. Claro, el problema es estructural y sin una reforma a la ley 30 de 1992 pocas cosas cambiarán en el largo plazo. Pero eso no es excusa. En esta ocasión se trataba no de resolver lo estructural sino de asegurar lo mínimo. El rector de la universidad más importante del país. Más que los votos y las declaraciones públicas, se trataba de  preparar la sesión del Consejo Superior Universitario, de conocer los mecanismos de funcionamiento de la instancia, de anticipar los escenarios posibles.

Lo anterior no excusa la manera cuestionable en la que Ignacio Mantilla y otros miembros del CSU se habrían puesto de acuerdo para amañar la elección si es cierto que se reunieron días previos a la votación como lo afirman algunas versiones. Un comportamiento éticamente cuestionable pero efectivo para obstruir la voluntad del gobierno y de la comunidad universitaria.

Lastimosamente, como en muchos otros temas,  una mezcla de idealismo e incompetencia se ha convertido en el mayor obstáculo del proyecto de cambio del presidente Petro. En este caso la lección es lapidaria pues apunta, a un altísimo precio, a la discusión abierta por el propio presidente entre técnicos y activistas. No bastan la lealtad, la convicción, y la disciplina de partido para hacer materializar los cambios de su programa de gobierno.  Mientras sus funcionarios y delegados juegan con teorías, sus opositores les aplican la teoría de juegos. Los confunden, los enredan, los sacan del camino.

Así quedó demostrado con quienes tenían la responsabilidad de defender y hacer respetar la voluntad de la comunidad universitaria. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, dicen, y es justamente eso lo que le está pasando a este gobierno. Sus anuncios y sus grandilocuencias no pasan de eso y salvo sectores como ambiente o tierras,  los discursos pocas veces se convierten en realidad.

La Universidad Nacional está herida y ojalá sea el profesor Múnera quien con su acostumbrada claridad pueda inspirar un movilización amplia y pacífica. Desde antes de posesionarse, Peña- el rector elegido la semana pasada por el Consejo Superior Universitario- carece y carecerá de legitimidad.

Por su parte, sería bueno que el gobierno y la propia ministra de educación tengan un poco de autocrítica con lo sucedido. Asumir la responsabilidad evitaría, en buena medida, el matoneo y la persecución que se ha desatado contra la representación estudiantil o contra sus propias delegadas. Por dolorosa que sea, esta lección deberá ser tenida en cuenta hacia futuro en otros escenarios en donde el gobierno ha optado por nombramientos y delegaciones cuya lealtad y disciplina garantiza poco en ámbitos y decisiones donde el detalle y lo técnico, como optar por un mecanismo de votación u otro, terminan siendo definitivos.

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*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Esta semana la banda conocida como Espartanos se levantó de la mesa de paz de Buenaventura, revelando la fragilidad de la Paz Urbana que ha intentado construir el gobierno nacional en ésta y otras ciudades como Medellín, Quibdó y Barranquilla. En su comunicado de tres páginas, Los Espartanos exponen las grietas de una estrategia que desde un inicio se ha caracterizado por las buenas intenciones más que por avances sostenibles para un cese de la violencia y el crimen en estas ciudades.

La noticia es preocupante, pues Buenaventura fue el primer laboratorio de la Paz Total, e incluso se llegó a considerar como un caso de éxito por los voceros del gobierno. Durante parte del 2022 y del 2023, las múltiples treguas entre Shottas y Espartanos condujeron a una reducción del homicidio. Una buena noticia desde cualquier punto de vista.

Sin embargo, con el paso de tiempo ha quedado claro que no hay un plan concreto que conduzca el proceso de paz a buen puerto. Al final es paradójico que sean los jóvenes afrocolombianos empobrecidos que componen estas bandas los que le hagan un llamado de seriedad y sensatez al gobierno nacional.

Esta nueva crisis está compuesta por incumplimientos a lo acordado que son inverificables pues los mecanismos diseñados para ello funcionan a medias o no logran establecer responsabilidades ni sanciones; por la dilación de los tiempos necesarios para desarmar estructuras con cientos de jóvenes en sus filas; por los espacios de participación en donde se discute, pero no se decide; y por las denuncias de connivencia o complicidad de agentes del estado con los Shottas, la banda rival.

La denuncia sobre la complicidad de la Fiscalía de Buenaventura con los Shottas merece ser tomada con la mayor seriedad. Claro, lo que diga un grupo criminal como Espartanos carece de credibilidad, pero ya hoy sabemos, por la investigación de las autoridades, que a la cabeza del CTI Buenaventura estaba alias “Pacho Malo” y un complejo entramado al servicio del narcotráfico.

Ahora bien, lo más inquietante es la manera en la que el gobierno nacional y particularmente su política de Paz Total viene cayendo en los que los profesores Bill Cooke y Uma Khotari denominaron la Tiranía de la participación. Esto es la sobre abundancia de instancias de participación que terminan siendo inconducentes y generan un impacto negativo en la medida en que las asimetrías de poder existentes acaban minando la legitimidad del propósito inicial.

Y es que hacia donde uno mire, los acuerdos que se han alcanzado con el EMC, el ELN, la Segunda Marquetalia y otras bandas, los mayores “avances” giran alrededor de la participación de la sociedad civil. No es menor el riesgo de que estos procesos de participación acaben siendo un saludo a la bandera.

La experiencia con las miles de iniciativas de la sociedad civil que surgieron  en el marco del proceso de paz con las antiguas FARC para los municipios priorizados por los Planes de Desarrollo con enfoque Territorial (PDET) dan cuenta de ello. Por un lado, muchos de estos planes quedaron estancados, por el otro una parte importante de los recursos destinados a la transformación territorial se perdieron en el escándalo de corrupción de los Ocad- Paz durante el gobierno Duque.

Este gobierno, además de comenzar su mandato con diálogos regionales vinculantes para darle forma al plan de desarrollo, montó asambleas cocaleras, e incluso una “asamblea científico popular por la transformación del pacífico nariñense” organizada por el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación en Tumaco. Todo esto sumado a las instancias de participación con las que ya cuentan los municipios, que en muchos casos superan la docena entre consejos consultivos, consejos juveniles, de mujeres, de la tercera edad.  El listado parece interminable.

Al final, las comunidades se desgastan, las propuestas que se hacen a través de estas instancias de participación pierden su potencial transformador, quedándose engavetadas en los cajones de funcionarios públicos, o en el peor de los casos conllevan a casos donde las obras y proyectos quedan inconclusos sin que nadie de cuenta de ello.

Algo similar está por suceder con los diálogos regionales de Nariño. A pesar de que requiere el compromiso de los actores armados, que confinan, desplazan y mantienen las hostilidades, el compromiso de estos no ha pasado de una declaración de intenciones, haciendo que los esfuerzos del gobernador hayan quedado en un nuevo espacio de participación de las comunidades. Mientras tanto, en zonas rurales del Telembí, en el municipio de Magüi Payan, los combates entre grupos armados continúas dejando más de tres mil familias desplazadas en los últimos días.

Estas realidades opuestas, muestran la manera en que la tiranía de la participación puede jugar en contra de la paz total. Mientras tanto las comunidades pierden la paciencia pues al final fue el gobierno quien creó unas expectativas que hasta el momento no ha podido cumplir. La desconfianza aumenta y el estado, con sus múltiples tableros, parece lento ante la urgencia manifiesta de los territorios.

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Jorge Mantilla

*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

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Este fin de semana fue asesinada Ludivia Galindez, reconocida líder social del Caquetá. A pesar de contar con un esquema de protección de la Unidad Nacional de Protección (UNP), sicarios la balearon en la puerta de su casa. Un día después, en la vía que conduce que Popayán a Ibagué, fueron hallados 74 kilos de cocaína en una camioneta de la UNP. En su interior viajaban un protegido junto a sus dos escoltas, los cuales fueron judicializados por las autoridades. Ambas caras, la de la corrupción y la incompetencia, son dos caras de una misma moneda que representa la delicada situación de la entidad creada con el fin de proteger a los colombianos con mayor índice de riesgo: políticos, magistrados, expresidentes, altos funcionarios del estado, defensores de derechos humanos y líderes sociales.

Dado que se trata de la vida de cientos de protegidos y de millonarios recursos públicos destinados a favorecer el crimen organizado, se requiere una SOS, una campaña nacional para recuperar la entidad. La situación es sintomática de un país en el que el crimen organizado ha venido capturando las instituciones que fueron diseñadas para enfrentarlo. Una búsqueda rápida en Google muestra decenas de escándalos en todas las entidades y a todos los niveles; Fiscalía General de la Nación, Policía Nacional, Fuerzas Militares, la judicatura. Decir que todos los funcionarios de estas entidades son corruptos sería una injusticia y una mentira, pero considerarlo un problema aislado de unas cuantas manzanas podridas, no sería otra cosa que ceguera e ingenuidad.

El caso de la UNP alcanzó su mayor nivel de decadencia en diciembre del 2022. A pocos meses de iniciado el gobierno Petro, un vehículo asignado al esquema de protección del entonces subdirector de la entidad, Ronald Rodríguez, fue detenido en Caloto, Cauca con 150 kilos de cocaína. Su conductor, hoy convertido en testigo, ha revelado vínculos entre la UNP y la fuga de alias Matamba de la cárcel la Picota en marzo del 2021. Matamba, antiguo jefe de la organización Cordillera Sur, aliada del Clan del Golfo tenía además probados nexos con miembros de la fuerza pública, que, según el testigo, incluyen la provisión de armas por parte del General Zapateiro, comandante del Ejército Nacional entre el 2019 y el 2022.

La historia se pone más turbia. Según fuentes de la UNP, Ronald Rodríguez, a quien el juez 13 de control de garantías le otorgó medida de reclusión intramural, tendría vínculos con la Oficina de Envigado y con la Terraza.  Desde el antiguo DAS, esta persona imputada por los delitos de concierto para delinquir, tráfico de estupefacientes y peculado por uso, llego al segundo cargo más importante de la UNP, poniendo la entidad al servicio de la mafia.

A diferencia de otras entidades como del Departamento Nacional de Planeación (DNP) los dilemas frente a la UNP no son sobre el carácter técnico de su direccionamiento, o sobre la idoneidad de los perfiles que ocupan los cargos directivos de la entidad. La de la UNP es una disputa entre quienes están al margen de la ley y quienes, siguiendo las disposiciones del presidente, han intentado sacar las mafias de la entidad.  Un caso clásico de ¿quién nos cuida de quienes nos cuidan?

La labor de su director Augusto Rodríguez, y del equipo que lo acompaña ha sido silenciosa y del más alto riesgo. Silenciosa porque a pesar del esfuerzo y el riesgo que han asumido se ha logrado poco. Limpiar la casa resultó una tarea monumental, riesgosa y frustrante. Silenciosa también porque desde el momento en que asumió el cargo la vida del director y de sus funcionarios más cercanos han estado en peligro. Intentos de atentados, seguimientos, amenazas, retenciones en su propia oficina, de todo contiene la trama al interior de la UNP.

Una parte sustancial de la penosa situación que padece una entidad central para la reducción de la violencia y la construcción de paz es la de los más de diecinueve sindicatos que carcomen la entidad. Según cifras de la entidad, la UNP cuenta con once mil empleados de los cuales cerca de dos mil se encuentran sindicalizados. Lamentablemente varias de estas organizaciones se han aferrado a los esquemas de corrupción interna que pretendían ser desmontados por este gobierno. No es poco el poder y el botín que se juega, con el manejo de más de nueve mil escoltas y cerca de cinco mil vehículos, incluyendo las camionetas blindadas.

Nada bueno puede esperarse de la UNP si su director no recibe el respaldo institucional requerido para poder limpiar la entidad. Las denuncias interpuestas sobre lo que pasa al interior de la entidad, permanecen estancadas en la Fiscalía, y deberá ser una prioridad de la Fiscal General entrante si se quiere que la Unidad pueda llevar cabo la tarea para la que fue creada.

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Jorge Mantilla

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Jorge Mantilla

*Investigador en Conflicto y Crimen Organizado.

ISSN 2145-0439

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