
Las elecciones del 8 de marzo: lo que se puede decir por ahora
Compartir:
Las elecciones legislativas y las consultas del 8 de marzo dejaron un panorama político fragmentado y difícil de interpretar. Sin embargo, entre cifras, percepciones y cansancio electoral (luego de la extenuante jornada), algunas certezas comienzan a asomarse en medio de la incertidumbre.
Un observador especial
Escribo este análisis en condiciones particulares: del contexto venían muchas incertidumbres y una tendencial crispación que, sobre todo, llamaban a la prudencia y la sensatez, al ver como todos los analistas y opinadores al final se decantaban según su corazoncito. Con una excepción.
El cansancio proviene de un día dedicado a la Observación Electoral, con más de 70 estudiantes bajo mi responsabilidad, y con un helado aguacero bogotano que tuvimos que aguantar para asistir al preconteo en muchos puestos de votación.
La incertidumbre por su parte proviene de unos resultados que los simples mortales que seguimos esto con el ánimo de entenderlo y tratar de explicarlo — eso sí, con calificaciones muy diferenciadas– consideramos todavía difícil de discernir y decantar. Salvo una excepción…
Por eso en lo que sigue no pretendo sentar cátedra, establecer verdades infalibles, sino intentar balance sensato, medido, de lo sucedido y apuntar hacia un juego de incertidumbres hacia las elecciones presidenciales el próximo 31 de mayo, en la primera vuelta. Con una excepción…
Tres hechos obvios, pero importantes
No sobra comenzar por algunos lugares comunes en los balances electorales que sin embargo importan al país:
- Hubo elecciones, no sin problemas que afortunadamente no pasaron a mayores. En esta ocasión, el problema principal consistía en que el presidente responsable de las elecciones se había empeñado en demostrar su ilegalidad.
- Y como hubo elecciones, tendremos nuevo Congreso, a la vez muy parecido y muy distinto del Congreso anterior.
- Tendremos primera vuelta presidencial.
Estos tres hechos contrastan con las “narrativas” del castrochavismo, de Petro dictador y, bueno, de varias cosas que seguirán circulando por ahí.
Abstención normal
También es común decir que más de 126 mil mesas, más de 800 mil jurados y un despliegue, no exento de fallas y dificultades, permitió que más de 20 millones de colombianos participaran en las elecciones. Esto da, en conjunto, una tasa de participación del 49,6%, que se ubica en la cota baja, especialmente respecto de 2022, pero que se mantiene en sus niveles habituales.
No se dio, claramente, un aumento hacia 21 millones, aunque cabe aclarar que los votos válidos estuvieron por encima de los 19 millones en el caso del Senado.
Aunque opinadores y medios abren muchas veces hablando de la baja participación, lo cierto es que para una democracia sin voto obligatorio y que vota tantas veces en lapsos cortos (posiblemente 3 veces este año), la cifra es normal y hasta destacable.
Paz y problemas logísticos
Según la Misión de Observación Electoral, MOE, estas fueron las elecciones con menos reportes de irregularidades y delitos en los veinte años de labor que ha tenido la entidad en Colombia. Fue un hecho afortunado y algo sorprendente, debido al clima de crispación de los últimos días. Según el balance imparcial de esta organización, no hubo desastre, ni gran dificultad –lo cual no niega la existencia de violencia, amenazas y delitos dispersos.
Al respecto, sin embargo, habría que señalar que, pese al enorme esfuerzo logístico, algo desmejoró de 2022-2023 a 2026. Sitios más incómodos, mesas apiñuscadas incluso en sitios tradicionalmente utilizados, y falta de alternativas frente a eventos climáticos como las lluvias torrenciales que mencioné más arriba.
Las consultas
Por ahora, veo al menos dos resultados que parecen contradictorios y que, además de requerir interpretación, refuerzan la creencia de que el sistema político y electoral colombiano, muy estable en muchas cosas, también produce sorpresas que aumentan la incertidumbre.
–Primero, es innegable que la votación total por las consultas fue menor que la de años anteriores: algo más de 8 millones doscientos mil votos, válidos un poco más de 7 millones. Aunque al proyectar las cifras históricas habríamos esperado al menos 12 millones de votos, la no participación de tres candidatos bien posicionados en principio (Cepeda, de la Espriella y Fajardo) y el hecho de que solo una de las tres consultas fuese relevante (la Gran Consulta), ayudan a entender lo sucedido.
–Segundo, el resultado de la Gran Consulta tendrá efectos políticos inmediatos hacia la primera vuelta, tanto por el volumen de votación (más de 5 millones 800 mil votos) como por poco más de 3 millones doscientos mil para Paloma Valencia y por los obtenidos por Juan Daniel Oviedo.
La derecha se debate ahora entre sumar sin restar o algo así como una polarización fragmentada o una fragmentación polarizada, rasgos aplicables aunque con ponderaciones distintas a lo que sucede en la izquierda. Y bueno, entre izquierda y derecha.

El Congreso
Para Senado, por su parte, los resultados tranquilizan por la participación alcanzada.
Pero también se redefine una fragmentación en la cual parece que tanto el Pacto Histórico como el Centro Democrático lograrían aumentar entre tres y cinco curules respecto de 2022, consolidando algún predominio, mientras el Partido Liberal, la Alianza por Colombia, el Partido Conservador y el Partido de la U apenas se mantienen o pierden algo de fuerza.
La fragmentación se confirma con lo obtenido por Cambio Radical-Alma, Ahora Colombia (del Mira, Dignidad y el Nuevo Liberalismo) y Salvación Nacional. De nuevo, una fragmentación polarizada o una polarización fragmentada.
Eso sí, con la derrota dolorosa para el Frente Amplio Unitario, lejos de alcanzar el umbral.
Para Senado quedarán, también, por precisar “los quemados ilustres” y los triunfadores inesperados, así como el balance de listas cerradas y abiertas.
Los resultados de Cámara tomarán tiempo en llegar y en ser entendidos.
¿Qué pasó?
El resultado de las consultas, adobado con la conformación del Congreso, marcará en algo el derrotero hacia el 31 de mayo.
En principio, parecen innegables tres resultados:
- Una derecha fuerte pero dividida y que depende o de la experiencia electoral de Uribe o de que se haga realidad electoral y políticamente la sumatoria diversa y compleja de la Gran Consulta que, al menos en la tarima, parecía incluir a Ingrid Betancourt también. También está la incógnita de si Abelardo sí o Abelardo no. Como el voluntarismo aquí se vuelve inmanejable, dejémoslo al estilo politólogo: si o no.
- En el centro, el resultado que parecía favorecer a Claudia se vio empañado por lo obtenido por Oviedo y siempre queda el albur de si Fajardo todavía existe electoralmente. Se puede argumentar, según gustos y pasiones, por el sí o por el no, elijan ustedes. Y queda el albur de sí, tal y como se están dando los movimientos político-electorales, el centro existe y tiene posibilidades.
- Y a la izquierda parece salir fortalecido Cepeda, pero muchos sospechamos de su techo político y electoral. Y allí reaparecen ficciones y narrativas. Para algunos, Cepeda es el mejor candidato del mundo mundial y lo está demostrando, para otros necesita a Roy et. al. para llegar al centro y no sobran los que reviven la paranoia con el comunismo y el castrochavismo.
Acerca del autor
Andrés Dávila
*Politólogo, maestro y doctor en ciencias sociales de la FLACSO, México, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
3 comentarios





Me parece importante destacar
la afinidad descarada
por emplear el término castro chavismo en este artículo ,dicen por ahí,dime qué escribes y te diré quien eres
asi es
«En Colombia, el rumbo presidencial lo definen las chequeras. En nuestra línea del tiempo, los apellidos se volvieron partidos, los partidos política y la política negocios. En la recta final, pesarán más las transacciones y la ‘buropatología’. La élite jurídica buscará neutralizar o capturar actores políticos, mientras la élite política operará desde su experiencia tradicional. Por último, la élite tecnócrata se mostrará ambivalente, temerosa de las reformas sociales que alteren el orden estructural.»