India y Pakistán: Entre la guerra y la no guerra | Razón Pública
Foto: Flickr: cod_gabriel

India y Pakistán: Entre la guerra y la no guerra

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Desde su nacimiento como Estados, India y Pakistán han vivido bajo una tensión permanente que ha estallado en guerras abiertas y permanece latente incluso en tiempos de “paz”. La clave está en la historia compartida, la partición traumática y la disputa por Cachemira.

Una guerra sin tregua real

El título de este artículo es intencional: el dilema entre estos vecinos, gemelos de nacimiento, no es entre la guerra y la paz. 

La guerra está latente desde 1947, y a veces emerge sin desplegarse del todo. Así ocurrió en 1947, 1965, 1971 y 1999. Aun sin fuego cruzado, se respira el aire de lo bélico.

Para entender cómo se llegó a esta tensión sin fin, hay que remontarse al proceso de independencia de la India, desde los años veinte hasta las terribles matanzas colectivas de 1947 a 1949.

Trece siglos de coexistencia

Detrás de las guerras hay una historia compleja de contacto e interrelación entre hindúes y musulmanes en el subcontinente. 

Los musulmanes llegaron entre los años 711 y 712, en una expansión simultánea a la invasión islámica de la península ibérica. Desde entonces, la India fue escenario de una larga convivencia —no siempre pacífica— entre comunidades religiosas distintas.

Esa coexistencia fue posible durante siglos porque existía una identidad común por encima de la afiliación religiosa. Los choques no escalaban. Pero todo cambió en el siglo XX, cuando las identidades comunitarias dieron paso a identidades nacionales enfrentadas, en el contexto de las negociaciones con el poder británico.

De la aldea a la nación

El imperio mogol, de raíz islámica y turcófona, gobernó desde 1526 hasta su decadencia en 1761 y su disolución en 1857. Entonces, el poder pasó al Raj británico, primero mediante la Compañía de las Indias Orientales, y después directamente bajo la Corona.

En 1885 se fundó el Partido del Congreso, que buscaba reformas y participación política. Con el tiempo, tomó fuerza la idea de una India independiente y secular. Pero entre los musulmanes, desde 1928, Muhammad Alí Jinnah pasó de apoyar esa visión a plantear la necesidad de un Estado musulmán propio. En 1939, ya parecía inviable una nación única.

Independencia, partición y violencia

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido y el partido del Congreso negociaron la independencia. Pero las posiciones del Congreso y la Liga Musulmana eran irreconciliables. Se optó entonces por la partición del territorio en dos Estados: India y Pakistán.

Las provincias fueron asignadas según mayoría religiosa, salvo los principados, que podían decidir. Algunos fueron divididos (como Punjab o Bengala), otros permanecieron independientes por un tiempo, y varios fueron anexados con posterioridad. En 1961, la India ocupó Goa y Diu, colonias portuguesas.

Lo que siguió fue una tragedia. La violencia de la partición desplazó a más de doce millones de personas y causó la muerte de cerca de un millón, según cálculos razonables. De una población total de 390 millones, 330 quedaron en la India y 60 en Pakistán. La India retuvo 42 millones de musulmanes, mientras que muy pocos hindúes permanecieron en Pakistán.

Peor todavía: el nuevo Estado pakistaní nació dividido en dos bloques territoriales separados por más de 1.600 kilómetros: el Pakistán Oriental (hoy Bangladés) y el Pakistán Occidental, unidos solo por la religión islámica. Esta escisión geográfica, étnica y lingüística fue una fuente constante de tensión, que derivaría décadas después en la guerra de independencia de Bangladés. Era un país partido en dos desde su fundación, sin cohesión nacional ni viabilidad territorial duradera.

Foto: National Army Museum

Cachemira: la causa permanente

La posesión de Cachemira ha sido el principal motivo de guerra. Aunque la mayoría de su población era musulmana, el príncipe gobernante —hindú— eligió unirse a la India. Pakistán argumentó razones demográficas; India, razones jurídicas.

Jinnah envió milicianos pastunes, que ocuparon parte del territorio, pero el ejército indio logró frenar su avance. 

Hasta hoy, la India controla dos tercios del territorio; Pakistán, el tercio restante. La creación de un Estado cachemir independiente no tiene respaldo real.

La sombra de China

En 1950, China anexó el Tíbet y formuló reclamaciones territoriales contra la India. 

En 1962 atacó por sorpresa, venció militarmente y se convirtió en un vecino incómodo en la frontera norte de Cachemira. Esta tensión aún pesa sobre las relaciones sino-indias.

Entre la contención y la escalada

Desde 1947 hasta hoy, los enfrentamientos armados han sido contenidos por razones estratégicas. La guerra de 1971 fue clave: permitió a India apoyar la independencia de Bangladés y eliminar el flanco oriental de Pakistán.

Ambos países tienen armas nucleares, con arsenales entre 110 y 150 cabezas cada uno. India ha evitado proyectar esas capacidades hacia China. En fuerzas terrestres y aéreas, India lleva ventaja, pero Pakistán puede sostener un conflicto prolongado. En el mar, la superioridad india es abrumadora, aunque poco decisiva en este contexto.

Pese a la retórica nacionalista de ambos lados, los gobiernos no buscan conquistas territoriales más allá de Cachemira. La densidad demográfica y los costos de ocupación limitan las ambiciones. En lo marítimo, los intereses de Pakistán se reducen al acceso por Karachi, mientras la India mira al Indo-Pacífico como un espacio vital.

Ya se ha anunciado un nuevo cese al fuego. Es probable que la racionalidad geoestratégica prevalezca sobre los discursos incendiarios. Por ahora, India y Pakistán seguirán en su guerra sin guerra.

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Acerca del autor

Armando Borrero
armandoborrero@razonpublica.org.co | + posts

Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Armando Borrero

Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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