El petróleo y la geopolítica del caribe | Armando Borrero Mansilla

El petróleo y la geopolítica del caribe

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La relación que sugiere el título es obvia y no requiere mayores explicaciones. Los únicos que no parecen entenderlo son el presidente Petro y la ministra “genio” que lo acompañó en el primer momento. Para el resto de la humanidad es claro que el petróleo y el gas deben pagar sus propios funerales. La transición energética es costosa y el país no podrá pagarla cabalmente y a tiempo, si no exporta el raspado de la olla de los combustibles fósiles. Esperemos que el caso Venezuela los ilumine.

¿Qué hace una flota naval de los Estados Unidos en el Caribe, lista a intervenir en Venezuela? ¿Sacar a un dictador mediocre como tantos de la historia dolorida de Centroamérica y del Caribe? En ese caso ¿por qué no empezar en Nicaragua? Para no hacer muchas preguntas bobas pasemos a las respuestas de bulto: Venezuela tiene bajo sus llanos de la Orinoquia, reservas petroleras reputadas como de las más grandes del mundo. Los jugadores de la partida por Venezuela han generado una situación potencialmente conflictiva que pone a este país en una fila de privilegio en la competencia mundial por el poder.

Si bien el petróleo venezolano no es el más apetecido por el momento por causa de su densidad, si es un seguro energético para el futuro. Para los Estados Unidos es particularmente importante. Además, Venezuela está dentro del área de seguridad de la gran potencia, tanto por el petróleo y el gas, como por el control de las rutas marítimas que llevan al Atlántico sur, al Cabo de la Buena Esperanza para llegar al Índico y al Cabo de Hornos, la vía alterna al Pacífico.

En 1981 hubo un detalle para no perder de vista. Venezuela fue el único país del continente que obtuvo una flotilla de cazabombarderos F-16. Pasaron 25 años antes de que otro país latinoamericano, Chile, fuera autorizado para comprarlos. La razón por la cual Venezuela los tuvo, fue su escogencia como aliada de privilegio para los Estados Unidos con un papel de importancia en la vigilancia y protección de la ruta de los grandes tanqueros que abastecían a la gran potencia, por entonces importadora del petróleo proveniente del Golfo Pérsico. La seguridad de la ruta había sido puesta en jaque por la presencia de Cuba en la isla de Grenada, donde amplió un aeropuerto que podía ser usado para fines militares.

El interés está dictado por la geopolítica. Se trata, además, de asegurar todo el zócalo sur petrolero del Caribe. Guyana se ha convertido en una potencia petrolera de primera línea y allí confluyen intereses que han sido amenazados por el régimen venezolano. 

Cuando Chávez llegó al poder comenzó una deriva nueva en la política exterior venezolana. Había petróleo para todo: para Cuba, para “hacer amigos e influir sobre las personas”, para armar a Venezuela y sentir que sobre sus ingresos nacía una gran potencia. Como buen populista ignaro, estranguló la gallina de los huevos de oro. Los activistas fieles reemplazaron a los expertos y la producción petrolera se hundió.

El pajarito de Maduro no resolvió el endeudamiento con China, con Rusia y con Irán. Tampoco casarle pelea al único comprador que le pagaba el petróleo en dinero contante y sonante fue buena idea (No se trata de alabar lo existente en el mercado petrolero, pero en la coyuntura el remedio fue peor que la enfermedad) Hoy Venezuela no tiene margen de negociación ni a quien apelar, como al Chapulín, para tener protección.

El régimen venezolano está solitario ante el embate. América Latina no se atreve a solidarizarse con un gobierno tan repudiado. China y Rusia, seguramente, temerán más por la deuda impaga que por la camaradería política. Por otra parte, ni la una ni la otra potencia tienen capacidad para proyectar poder militar en el Caribe. El Brasil mira por sus intereses que no coinciden con los de Venezuela. Colombia no tiene margen ninguno de acción ante el dilema venezolano. Lo único que puede hacer es permanecer en una política que no comprometa el futuro, porque dentro de 100 o 200 años Venezuela seguirá en el mapa como vecino.

La situación para los países de América Latina resulta muy dura. Se trata de contemplar el uso de la fuerza contra uno de los propios, sin tener argumentos, ni medios para impedirlo, o para proponer y sustentar alguna alternativa viable. La inflexibilidad de la dictadura chavista no deja, por ahora, campo para mediaciones. Solamente resta esperar que, ante la tragedia, la sensatez se imponga y que se logre una salida negociada para el conflicto. La delgada franja que podría concretar la solución pacífica, sería un punto en el que se encuentren el interés de los Estados Unidos por no llegar al extremo de afectar al pueblo venezolano con la aplicación de su poder militar y el de los dirigentes de la dictadura por conservar la vida, la libertad (así sea en el exilio) y por lo menos, la pretensión cínica de una parte del botín.

Acerca del autor

Armando Borrero
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Cofundador de Razón Pública.

Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Cofundador de Razón Pública. Sociólogo, Especialista en Derecho Constitucional, Magíster en Defensa y Seguridad Nacional. Se ha desempeñado como Consejero Presidencial para la Defensa y Seguridad Nacional. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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