A nueve años de la firma: un breve balance personal

A nueve años de la firma: un breve balance personal

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El pasado lunes 24 de noviembre se cumplieron nueve años de la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -Ejército del Pueblo (FARC-EP). Con casi una década de implementación haremos un breve balance de cómo nos ha ido y de los retos que todavía faltan, a partir del último informe del Kroc Institute for International Peace Studies de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos. 

Tanto el Estado colombiano como las FARC-EP establecieron que fuese el Instituto Kroc el responsable de hacer el seguimiento técnico a la implementación del acuerdo, a través de su Iniciativa Barómetro de la Matriz de Acuerdos de Paz (PAM), por tal motivo desde 2016 el Instituto Kroc ha monitoreado la implementación de 578 compromisos contenidos en el texto del Acuerdo Final. En su último informe publicado este año titulado Navegando las aguas de la paz: avances, retos y oportunidades en el octavo año de implementación diciembre 2023 a noviembre 2024, el informe nos muestra los siguientes niveles generales de cumplimiento. 

El vaso se puede ver medio lleno o medio vacío. Si sumamos los porcentajes de Completa e Intermedia, se podría decir que un 53% del acuerdo se ha implementado o se está implementado a grandes rasgos. Pero también si sumamos los porcentajes de Mínima y No Iniciada se podría decir que del 47% (casi la mitad) de los acuerdos no se ha implementado nada o casi nada. O también si tomamos solamente el porcentaje de Completa, se podría decir que luego de ocho años, un tercio del acuerdo ya está implementado (34%). Pero veamos que dice el Instituto Kroc con respecto a la implementación de cada uno de los seis puntos del acuerdo en específico.

Sorprende ¿o no? del que es quizás el punto más relacionado con la causa secular de nuestra guerra – la tierra – el punto número uno del acuerdo llamado Reforma Rural Integral, sea el que presenta el nivel de cumplimiento más bajo de todos, con tan solo un 9% completado. En el que sería quizás el impacto cuantitativo más poderoso del acuerdo por su magnitud, no se ha logrado alcanzar la meta de los 3 millones de hectáreas para redistribuir a través del Fondo Nacional de Tierras, ni los 7 millones de hectáreas formalizadas. Ya sea por la falta de voluntad durante gobierno del Iván Duque, o la buena voluntad, pero sin el marco jurídico adecuado para acelerar el proceso del actual gobierno de Petro, estamos quedados en este punto. 

Con respecto al segundo punto llamado Partición Política sus niveles de cumplimiento son mejores que el anterior pero también muy bajos, con apenas el 14% completado. Temas como la aprobación del Estatuto de la Oposición y las Curules de Paz son hijos de este punto, pero se quedaron en el tintero todavía la Reforma Política a temas como la creación de un verdadero Tribunal Electoral que remplace al partidizado Consejo Nacional Electoral -solamente recuerde lo que pasó esta semana en el CNE y saque sus propias conclusiones- un sistema electoral mixto o las nuevas formas para mantener la personería jurídica de los partidos que no dependa del umbral, etc.    

El punto número tres llamado Fin del Conflicto, es uno de los que presenta un nivel de complimiento mayor con un 51% completado. Esto se explica en parte puesto que muchas de sus disposiciones tenían que ver específicamente con los procesos de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) de las FARC-EP, lo cual ya se cumplió y se logró a grandes rasgos de manera exitosa. Esto también implicaba la creación del partido político de la antigua guerrilla, el cual primero se llamó Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) pero luego pasó a llamarse Partido Comunes. Sin embargo, en este punto también hay temas pendientes, relacionados por ejemplo con la garantía a la vida de los desmovilizados, pues a la fecha 456 de sus excombatientes han sido asesinados, violencia letal de la que también fueron objeto en el pasado los desmovilizados del EPL, PRT, CRS entre otros.

Si el primer punto del acuerdo tenía que ver con la causa secular del conflicto con las FARC-EP, el punto número cuatro tiene que ver con uno de los motores que explican no tanto su origen sino su continuidad: el narcotráfico. El punto llamado Solución al Problema de las Drogas Ilícitas tiene un bajo nivel de cumplimiento con tan solo un 24% completado, en parte porque el Estado ha sido muy poco eficiente en concertar con las comunidades campesinas la implementación de los programas de sustitución de cultivos de uso ilicitito, sumado con el hecho de que el debate que propone el Acuerdo en torno a políticas públicas sobre legalización/reglamentación/regularización de ciertas drogas, no depende solamente de Colombia, sino de ciertas agendas globales donde nuestro país ha tratado de incidir proponiendo un cambio de paradigma, pero dónde los vientos ahora mismo soplan muy fuerte en otro sentido, o mire la política balística contra las drogas de Trump en el Caribe.

Un punto dónde el avance es algo considerable es el punto número cuatro relacionado con Victimas y Justicia, con un 40% completado. Algunos logros que explican este porcentaje son la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad, la existencia y funcionamiento de la Jurisdicción Especial para la Paz -de hecho, hace dos meses emitió sus primeras dos sentencias de corte restaurativo- y también la existencia y funcionamiento de la Unidad de búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas. Si bien han existido críticas -algunas desproporcionas y mal intencionadas, pero otras muy constructivas y razonables- a la celeridad y los resultados de estas instituciones, este punto tiene una arquitectura institucional que demuestra estar funcionando y que seguramente en próximos años se verán resultados mas contundentes. 

Llegamos al último punto del acuerdo llamado Mecanismos de Implementación, Verificación y Refrendación, el cual es el que tiene el porcentaje de cumplimiento mas alto, con un 61% completado. Al igual que el punto número tres, esto se explica en parte porque muchas de sus disposiciones tenían que ver con las fases iniciales e incluso previas al inicio del acuerdo, algunas de las cuales ya se cumplieron, como el Plebiscito para refrendar o no los acuerdos, o la posterior creación y puesta en funcionamiento de las instancias encargadas de hacerle seguimiento y verificación, tanto a nivel nacional como la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación de la Implementación (CSIVI) o internacional como el Mecanismo de Verificación y Misión de Verificación de la ONU. 

El informe del Instituto Kroc es mucho más amplio, detallado y rico en sus análisis de lo que yo expongo en esta columna. También es cierto que no es la única manera de hacerle seguimiento al acuerdo de paz, ni necesariamente la manera como el Instituto registra los avances es perfecta -ver por ejemplo las críticas de Gutiérrez Sanín (2020) al respecto-, pero es una buena manera de aproximarnos a comprender los logros, obstáculos, retos y problemas relacionados con su implementación. Los procesos de paz hay que entenderlos como coyunturas críticas, o mejor, ventanas de oportunidad, que hay que aprovechar para realizar las reformas estructurales que el país necesita. Pero como toda ventana, así como se abre, se puede cerrar.        

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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